Cuando los cocaleros marcharon cantando

Hace treinta años, miles de campesinos del Putumayo marcharon hacia Florencia exigiendo al Estado cambios en las políticas de erradicación mientras entonaban el coro de un corrido mexicano: “La Cruz de Marihuana”. Entrevistamos a Alirio Castillo, fundador de Corridos Prohibidos, sobre los corridos cocaleros y el legado de esta música.

por

Rafael Quishpe


11.10.2026

Hay un dicho sobre los corridos que dice que estos son periódicos de época. Tienen la capacidad de contar con gran detalle acontecimientos locales y retratar de maneras particulares a sus protagonistas. O, como lo dice el profesor Juan Carlos Ramírez de la Universidad de San Diego, son una de las mejores herramientas o barómetros para tomarle el pulso a la sociedad. 

Entre 1994 y 1996 los campesinos y colonos vinculados a la producción de hoja de coca –en Caquetá, Putumayo y Guaviare–  se movilizaron masivamente en respuesta al incremento de las fumigaciones aéreas impulsadas por el gobierno de Ernesto Samper. El movimiento buscaba abrir el diálogo con el Estado alrededor de seis puntos: suspender las fumigaciones aéreas con glifosato, impulsar programas concertados de sustitución, invertir en infraestructura vial, acceder a créditos para pequeños productores, ampliar la cobertura en salud y negociación y reconocer a las organizaciones campesinas como interlocutoras legítimas.

Mientras marchaban, miles de campesinos entonaban el coro de un corrido como consigna. Se trataba de La Cruz de Marihuana, una canción mexicana compuesta por José Alberto Sepúlveda, e interpretada por el Grupo Exterminador, que se hizo popular en Colombia gracias a los discos Cantina Abierta Vol.1 (1995) y Corridos Prohibidos Vol. (1996). Ambos fueron creados por Alirio Castillo, productor musical colombiano que además lanzó al estrellato el Corrido del Cocalero de Uriel Henao. Una canción que los periódicos de la época ya denominaban como el “Himno de los Raspachines”. 

A 30 años de su lanzamiento y de las marchas cocaleras, conversamos con Castillo acerca de la historia de ambas producciones y su vigencia en el panorama actual de la escena norteña nacional. 

Rafael Quishpe: ¿Qué le llamó la atención cuando escuchó por primera vez La Cruz de Marihuana?

Alirio Castillo: No solamente la temática sino también la descarga. Es una canción agresiva, que de una vez se metía en el corazón y en el alma de la gente campesina, la gente del pueblo, la gente que yo estaba conociendo. Porque cuando yo empecé a hacer la promoción para los artistas independientes opté por ir al Huila, por ir al Llano, cubrir Boyacá, cubrir Santander. Era mi área, pero llegaba solamente hasta Neiva y de pronto me a entraba un poquito hasta Pitalito y de ahí no pasaba. Ir a Florencia o al Putumayo era otra historia. Era un riesgo que no estaba dispuesto a asumir porque la región era bastante complicada y conflictiva.

El señor Fernando Sarmiento (Q.E.P.D), director de Radio Recuerdos en esa época, me prestó el CD que contenía la canción. En la contracarátula estaban los créditos y el teléfono de la empresa que lo distribuía y que había grabado en México. Llamé y firmamos un contrato con los representantes legales y me dieron derechos por tres años de esa producción. Esa plata me la ayudó a conseguir Orlando Marín y de una vez armamos el disco de Cantina Abierta Volumen 1 y metimos esa canción. No como objetivo, pero sí como una canción muy clave dentro del producto. Ese fue el principio.

 Grupo Aguilas Del Norte – Cruz De Marihuana (Video Oficial)

¿Cómo se dio la relación del corrido La Cruz de Marihuana con el movimiento cocalero?

Esa canción adquirió una dimensión que yo jamás llegué a pensar. Se convirtió en un fenómeno nacional en cuestión de seis meses. Fueron los noticieros, lo que fue Univision y lo que fue El Tiempo. Y luego ya se pegaron Noticias Caracol y otros medios y se masificó el boom de La Cruz de Marihuana. Por ejemplo, en las crónicas periodísticas decían que más de 5.000 campesinos de La Hormiga y de Mocoa, en el Putumayo, se vinieron cantando, protestando y gritando a todo pulmón “cuando me muera, levanten una cruz de marihuana”. Esos 5.000 campesinos, cantando a todo pulmón ese tema… pues eso ya llamó poderosamente la atención. Eso no se había vivido nunca en la historia de Colombia, que una canción haya despertado tanto alboroto, precisamente en una marcha de los raspachines que venían del Putumayo hacia Florencia con la intención de congregarse en allí y luego venirse todos hacia Bogotá. 

¿Para usted qué tenía la canción que convocaba a la gente? ¿Por qué esa canción conectaba tan fuerte con la gente que marchaba?

Es una canción sobre los campesinos que se ven abocados a trabajar la tierra, a trabajar en esas cosas porque no tienen ninguna ayuda del Estado, ni de nadie en absoluto. Dependen de lo que puedan hacer ellos para sobrevivir. Yo me crié en el campo, en un región complicada: en Norte de Santander hacia el lado de Tibú, por la región de San Alberto. Yo viví todas esas experiencias de guerrilla, de abandono total del Estado hacia los campesinos. 

La Cruz de Marihuana hablaba de  un país como el nuestro, un país dominado por el narcotráfico. Y los cocaleros trabajaban la tierra para poderse regalar unos pesos. Ellos no consumen. Ellos la cultivan porque les pagan por cultivarla. Si acaso se toman sus tragos y esa  es una canción les sube la moral y les pone la sangre caliente. Se toman sus tragos, se emborrachan y son felices. Ese es su ambiente. Esa es su vida. Y ellos se acostumbran a ese ritmo de canciones y a ese ritmo de vida que vino con La Cruz de Marihuana; a decirles que lo que están haciendo vale la pena. 

Campesinos cocaleros protestando. Fuente: Comisión de la Verdad

Hablemos de ese tránsito al Corrido del Cocalero que se incluye en el disco Corridos Prohibidos Vol.1. A diferencia de La Cruz de la Marihuana, que venía de México, este cuenta directamente la experiencia de los cocaleros colombianos. ¿Cómo fue pasar de traer una canción de afuera a producir una canción que narra la realidad desde Colombia?

El Corrido del Cocalero es el drama de estos personajes raspachines. Compositores como Uriel Henao ya venían marcando este tema, creando a una generación de intérpretes y de compositores que no acostumbraban a cantarle a nadie en particular y Uriel empezó a investigar lo que estaba ocurriendo. 

Uriel Henao – El Corrido Del Cocalero (Video Oficial)

¿Cree que tanto el Corrido del Cocalero como La Cruz de Marihuana ayudaron a construir una imagen distinta del cocalero? No solamente como alguien vinculado a lo ilegal, sino como un campesino, como un trabajador, como un habitante de un territorio.

Sí, porque se narra su historia. Por ejemplo, como el corrido El Raspachín que dice: “soy el raspachín de los cocaleros”. Trabaja en eso y espera solamente los fines de semana para salir y tomarse sus cervezas, disfrutarse la vida y llevarle el mercado a la familia. Eso es lo de ellos. El campesino no consume, el campesino, si acaso, se fuma un cachito de marihuana para desestresarse, para reírse en la noche. Lo digo porque viví eso. Se reúnen todos a la luz de una vela, se toman un café, se fuman un cachito y empiezan a hablar y hablar, y a imaginar cosas y contar historias que realmente nunca suceden. Entonces ese fue el principio de un movimiento de música regional que llaman los mexicanos regional mexicana, aquí lo llaman regional colombiana, pero que le trajo muchas satisfacciones y trajo el principio de un movimiento de música en Colombia que vino para quedarse. 

¿Qué más estaban componiendo en esa época?

La otra canción que contaba una historia muy interesante fue La Kenworth Plateada. Era una canción que Uriel Henao grabó por iniciativa propia y me la presentó cuando íbamos a grabar para Corridos Prohibidos. Entonces yo le digo que listo. Le separé el estudio y empezamos a grabar. Esa canción narra la historia de una tractomula que sale de Bogotá, pasa por el Magdalena Medio, llega a Puerto Boyacá, luego sigue a otra región, a otros pueblos de todo Santander hasta llegar a Barrancabermeja, donde explota.  

Nombra además otras poblaciones como Cimitarra o Puerto Berrío. Nombra todas esas poblaciones en una historia que nunca sucedió, pero a Uriel se le ocurrió hablar de esos pueblos y la única manera de poder hablar de esos pueblos –que era su centro de operaciones, donde a él lo contrataban para hacer shows– era hacer esa canción. Cuando salió en Corridos Prohibidos y empezó a moverse la canción, la gente empieza a tejer historias que se imaginan que pasaron y le dan realmente vida a esa historia. Entonces, Uriel Henao, con la canción del Corrido del Cocalero hace más o menos lo mismo. Él se imaginaba la historia por lo que escribían los periódicos de la vida de un raspachín. Esa canción resultó gustándole a toda la gente, como La Kenworth Plateada y como otras historias como El Cartelazo del grupo Águilas del Norte. 

Ya han pasado 30 años de estas tres canciones ¿Qué cree que ha cambiado en el mundo cocalero que esas canciones narraban? ¿y qué cree que se mantiene igual?

Lo único que ha cambiado es que de Bogotá hasta La Hormiga ya no es una trocha inmunda. 

¿Cómo así?

El progreso llegó a esas poblaciones. Antes llegaba a Mocoa y luego continuaba para La Hormiga y veía al lado y lado de la carretera unas plantaciones inmensas de hoja de coca. Llegaba al pueblito y lo primero que veía eran las cantinas, y lo primero que escuchaba era La Cruz de Marihuana en todas las cantinas a la vez. Ahora esos pueblos están mucho más desarrollados, ya esas cantinas no existen, esas plantaciones de coca no existen. Ya la coca la están cultivando mucho más adentro, o sea, están tumbando más monte, están derribando árboles hermosísimos para cultivar coca más adentro de la selva. Es un desastre pero la gente tiene sus parcelas. Y una parcela cerca de La Hormiga, de Orito o de Mocoa, valen hoy un dineral. El campesino se sigue desplazando a regiones mucho más adentro de la selva y así seguirán por mucho tiempo. 

Artistas de Corridos Prohibidos Vol.1. Fuente: Alirio Castillo

Si usted tuviera que reescribir el Corrido del Cocalero para retratar lo que está pasando hoy en Colombia ¿le mantendría la misma letra o le cambiaría alguna estrofa? 

Hay que contar la historia de un cocalero que en aquellos años se movía, que tenía su mula, que tenía su perro, que tenía su vaca lechera. O de pronto no la tenía, pero aspiraba a comprarla y tenía que vivir de raspar y de entregar sus hojas raspadas para procesar. Y ahorita tiene la finquita, tiene la casita, porque no trafica con eso. Simplemente es un campesino que la cultiva y la entrega, pues no tiene las ganancias que tiene un traqueto. Entonces él sigue en lo de él y su vida es eso y no la prueba. No sabe para qué sirve sino sencillamente se la compran y él la vende. Eso es. 

Hemos hablado de las recepciones positivas de la canción, pero los Corridos Prohibidos en general, y particularmente esas canciones, reciben muchas críticas de un sector de la sociedad, ¿Usted qué le diría a estas personas que tienen esta lectura de que esas canciones glorifican la violencia o glorifican la labor de lo ilegal? 

Estas canciones no están exagerando nada, están contando las historias como suceden, como las vivimos o cómo las vive la gente en aquellas regiones. Cada cual traza su vida y tiene su estilo de vida para sobrevivir y criar a los suyos. Son gente muy chévere que ama la naturaleza, que ama la vida, que ama su entorno familiar. Los conozco y son amigos míos, cuentan historias a veces exageradas, pero es la manera como ellos ven la vida. Y realmente miran a los que vivimos en la ciudad con otra óptica, como gente con más poder que ellos y que ellos simplemente son raspachines y son campesinos, y la vida los puso allá y en eso tienen que vivir. Lo que sueñan ellos es que sus hijos crezcan, poderlos poner en una universidad, que se preparen y que enfrenten la vida de otra forma, no como la que vivieron ellos. 

Eso es una enseñanza.

¿Qué siente hoy cuándo escucha esas canciones? 

Siento que estoy haciendo las cosas bien. Ahorita me dedico a escribir yo mismo las canciones como a mí me parecen que deben ser, que es narrar las historias como son, como las sienten ellos y como las siento yo mismo, porque yo soy testigo de eso. Pues eso me tiene a mí hablando todos los días de corridos y de crear nuevos corridos. Con el lanzamiento del Volumen 30 fue un álbum que quise hacer para mostrar la historia de Colombia. Generalmente cuando uno como disquero lanza una producción de aniversario de 30 años piensa en sacar los más famosos de la serie. Yo dije no, hay muchas historias por contar, vamos a grabar nuevamente dos canciones que son emblemáticas en corridos prohibidos: La Cruz de Marihuana y La Pista Secreta. Son dos canciones que movieron muchísimo la serie y la gente aún las canta a grito, a pulmón, y además lo que quise hacer con ese par de canciones fue grabarlas también en México. 

¿Qué destaca de esa producción?

¡El color que le pusieron los mexicanos a esa canción ahorita en la nueva tendencia de los corridos tumbados! Ando ya metiendo a la gente joven en el cuento. Son 30 años haciendo corridos, no puedo llamar nuevamente a Uriel Henao ni a la Furia Norteña, ni a al Grupo Exterminador. No. Vamos a coger dos canciones de esas, las dos más importantes a mi juicio, y hacerles arreglos distintos sin perder el ritmo, sin transformar la letra, pero actualizadas. Quedaron bonitas. Y marca la nueva generación del corrido. 

COMPARTIR ARTÍCULO
Compartir en Facebook Compartir en LinkedIn Tweet Enviar por WhatsApp Enviar por WhatsApp Enviar por email

Rafael Quishpe


  • Ojalá lo lean
    (1)
  • Maravilloso
    (0)
  • KK
    (0)
  • Revelador
    (0)
  • Ni fú ni fá
    (0)
  • Merece MEME
    (0)

Relacionados

#ElNiusléterDe070 📬