Amaters: Las otras láminas del mundial

Una serie 070 de apuntes, collages, crónicas, memes, videos, audios y más exploraciones sobre el Mundial de Fútbol 2026. Cada día, una nota nueva.

por

cerosetenta


10.06.2026

Somos aficionados y fanáticos del fútbol que buscamos lo contracool, bajarle a la solemnidad, intentar la ironía… y fracasar siempre, pero con estilo.

Tendremos una especie de álbum del mundial. Cada día una lámina collage, un titular, un comentario, una anotación o una historia.

Organiza: Omar Rincón

Que el Mundial vuelva a pertenecernos


El mundial es una fiesta que se goza sin asistir a ella. Mateo apuesta por lo que considera un acto revolucionario: ver el mundial como niños porque recuperar la capacidad de asombro también es una forma de resistir.


Mateo Cruz Cataño, Antropólogo @macruzcat

5844 días, 16 años más jóvenes, viví el primer partido del Mundial de Sudáfrica 2010. Aquel que se repitió ayer, el mismo 11 de junio, pero con un mundo y un fútbol muy distintos.

En ese entonces, luego de llorar a cántaros por no cumplir con mi sueño de poder ver a Colombia por primera vez en un mundial, comprendí a lo que este país estaba habituado. Notaba en mi familia una costumbre de gozarse la fiesta sin asistir a ella, o mejor dicho, sin ganarnos el cupo. Disfrutábamos y nos encontrábamos en lo ajeno.

Aún recuerdo la rabia que sentí, en la etapa más banal de mi vida —y ciertamente la más feliz— por el horario tan absurdo en el que se decidió dar inicio a ese mundial. ¿A quién se le pasó por la cabeza programar el partido a las 9 de la mañana de un viernes? ¿Cómo se les había ocurrido no pensar en mí, un niño indefenso que, a su suerte, tendría que enterarse con tropiezos del resultado?

Fue la imagen borrosa de un televisor burdo e imponente Panasonic, la ventana a un mundo que comenzaba a descubrir: los mundiales de fútbol. Recuerdo estar sorprendido por la mareosa cantidad de un ruido invencible que emitían las bocinas del TV. Algo que, para la alfabetización de mis oídos, era completamente ajeno. Me intenté convencer de que el aparato se había dañado, aunque continuaba siendo inexplicable para la razón de mis sentidos que el fantasma de esa resonancia apareciera solo con las imágenes del 1-1 entre sudafricanos y mexicanos. Así fue como, desde el asombro, descubrí las vuvuzelas.

Cuando llegué a casa, la víctima de mi intensidad fue mi padre, al que le relataba cada 5 minutos el gol del #8 sudafricano Tshabalala, que cortó un listón en mí. Fue una incisión a mi espíritu más artístico que, soterrado, estaba a la espera de una arqueología que lo despertase. Se trató de una excavación que me introdujo al mundo del arte: necesitaba sí o sí aprenderme la coreografía de la celebración de ese gol. No era un capricho, era una necesidad vital: mi carne me lo pedía como una extensión de su propia materialidad.

Eran las etapas en las que jugaba más fútbol que el que veía. Me la pasé todo el fin de semana intentando, con un método, por supuesto, improvisado, recrear la geometría del gol y su respectivo ritual con mi mejor amigo de la infancia y mi hermano; fracasando, y lo digo con orgullo, con el mayor de los éxitos.

Hoy con un par de canas que no se quieren perder la Copa del Mundo a ningún costo, con unas cuantas deudas encima y con preocupaciones considerablemente más importantes, afronto esta cita que se hace resistir un cuatrienio entero, entre la emoción y el enojo.

Gracias a un cerebro plastificado por la conciencia, percibo con impotencia los escándalos que han rodeado este mundial. Entradas con precios de proporciones jupiterianas, la discriminación sin censura de los Estados Unidos a los representantes asiáticos, africanos y latinoamericanos y el velo puesto sobre la realidad de la sociedad mexicana, una popular y con una textura surrealista, para evitar que se bese con el mundo exterior.

Quizás en un intento desesperado por romantizar la realidad, vi en el partido de ayer una oportunidad para reencontrarme con los espíritus artísticos de las infancias, espontáneos e imprudentes, pero sobre cualquier calificativo, necesarios. Apuesto por lo que considero un acto revolucionario de hoy en día: volver a ver el mundial como niños, o al menos, como hace 16 años.

Tengo la convicción ontológica de que si volvemos a no solo sentir, sino practicar por medio del fútbol, el impulso más cárnico del baile, del disfrute y del gozo sin remedio, podremos transgredir las estructuras que nos han impuesto el ideal de un mundial alejado de la gente, de esos arrebatos artísticos de nuestra infancia perdurable en el tiempo. Hay que reanimar con urgencia nuestra capacidad de asombrarnos –como con las vuvuzelas– para tener un efecto de doble vía: disfrutar el mundial mientras lo confrontamos.

Es una enorme potencia que habita transversalmente en cada uno de nosotros y que espero que renazca en cada uno de los lectores. Arriba las copas y a brindar por 39 días mundialistas de regresión a quien fuimos y a quien espero que nunca dejemos de ser. Que el deporte rey sea una historieta de la remembranza del inicio, del idílico prefacio.

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La Previa: Las mujeres que van al Mundial: Katia Itzel García y Tori Penso

Así les cueste lo que les cueste, seis mujeres van a demostrar que tienen huevos y más en este fútbol machirulo.

Por María Fernanda Jordán

Literata y Narradora Digital – @fern_anda______________

Katia Itzel García y Tori Penso forman parte del grupo de seis mujeres que arbitrarán en la Copa Mundial de la FIFA 2026. La presencia de la mexicana y la estadounidense adquiere un significado especial en un mundial donde las discusiones sobre diversidad, representación e igualdad han ocupado un papel político protagónico.

Para México, la designación de Katia Itzel marca un momento histórico. Se convierte en la primera árbitra central mexicana en participar en una Copa del Mundo varonil, un reconocimiento que llega después de años de preparación y actuaciones sobresalientes en competencias organizadas por la FIFA y la Concacaf. Su camino hacia la élite, sin embargo, no ha sido sencillo. A lo largo de su carrera ha enfrentado comentarios sexistas y episodios de discriminación, como el protagonizado por el entonces técnico de Mazatlán, Sergio Bueno, quien declaró: “Ahora resulta que una mujer quiere venir a demostrar que tiene huevos”. La frase generó controversia, pero Katia optó por responder de manera icónica, citando la letra de una canción: “Así le cueste lo que le cueste, señores, vivan su vida”.

Tori Penso, la gringa, también ha construido una trayectoria ejemplar. Tras iniciar su carrera como futbolista universitaria, encontró en el arbitraje una nueva vocación y fue escalando hasta obtener el gafete FIFA. Su consagración internacional llegó en 2023, cuando fue elegida para dirigir la final de la Copa Mundial Femenina entre España e Inglaterra, una designación reservada para las árbitras con mejor desempeño del torneo y que confirmó su lugar entre las más prestigiosas del mundo.

Más allá de los partidos que dirigirán en el Mundial de 2026, Katia Itzel y Tori Penso representan el cambio de una profesión que durante décadas estuvo reservada casi exclusivamente a los hombres. Con años de experiencia, preparación y constancia, ambas se han convertido en referentes para las nuevas generaciones de árbitras y en la prueba de que el talento y la capacidad pueden abrirse paso incluso en los escenarios más exigentes del fútbol internacional.

Y si alguien cree que estas mujeres están en la Copa del Mundo solo para cumplir una cuota de paridad en la FIFA o para apaciguar las discusiones en torno a la representación y diversidad, están muy equivocados. Katia y Tori vinieron para recordarnos, silbatazo a silbatazo, que las mujeres desafiamos las anticuadas tradiciones machistas.  Ya no nos da miedo interrumpir el juego del poder patriarcal, lo hacemos sin pedir permiso y sin vergüenza.

El fútbol y la sociedad cambian, aunque a algunos les incomode escuchar cómo el ruido de las viejas barras conservadoras se desvanece poco a poco ante una actualidad que es imposible de ignorar.

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Día 0: Caparrós, Ortín y Rincón inauguran AMATERS

Una conversación sin tono, ni autoridad.

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Cerosetenta es medio de periodismo independiente fundado en el Centro de Estudios en Periodismo (CEPER) de la Universidad de los Andes.
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