#8m, marchan las mujeres desde las regiones

La del 8M es una movilización para todas las mujeres y todas sus causas. Desde Antioquia, Nariño, Cesar, Putumayo, Cundinamarca, Santander, Bolívar y Cauca alzan la voz para apoyar la defensa y reivindicación de los derechos humanos.

cerosetenta

05.03.2020

Son muchas las razones por las que diferentes mujeres alrededor del mundo salen a las calles cada 8 de marzo. Sí, una fecha para conmemorar el día internacional de la mujer. Sí, un momento para recordar que en 1908, en una fábrica de Nueva York, murieron 130 mujeres que exigían una jornada decente de trabajo. Pero la revolución, desde entonces, sigue en marcha. Las mujeres luchan contra el patriarcado machista, racista, heteronormativo, clasista y opresivo. No sólo en las ciudades que se tiñen de morado (a veces verde) cuando el calendario así lo convoca. Esta es una revolución constante y paciente que también se mueve en las regiones, en zonas donde el conflicto armado sigue latente. 

Distintos liderazgos femeninos y feministas alzan la voz desde casi todos los puntos geográficos del país para apoyar la defensa y reivindicación de los derechos de las mujeres. Desde su diversidad étnica, cultural y etaria, presentan una pluralidad de necesidades que pretenden reivindicar una victoria social más incluyente y menos violenta. Así ven ellas mismas esta lucha.

El 8 de marzo es la muestra de que las mujeres finalmente somos las que hemos dado esta larga lucha en busca de la justicia, de la verdad, por los crímenes cometidos a nuestros familiares. Nos manifestamos porque es muy entendible que la mujer es la que da la vida y la que siente ese dolor desde sus entrañas. Entonces por más obstáculos, por más cosas que hemos tenido que pasar a lo largo de estos 12 años, consideramos que somos las que podemos estar ahí, al frente, buscando que se limpie el nombre de nuestros familiares. 

Hoy que tenemos igualdad de derechos, podemos nosotras reclamar esos derechos. No se queden calladas. Tenemos que denunciar todos los crímenes que se cometen con nuestros familiares, todos los hechos, el maltrato, la violencia. No podemos callar.

Una conmemoración o un acto de reivindicación se da, generalmente, porque algo falta para un grupo, para un sector social o para una comunidad. En el caso de las mujeres y las mujeres feministas, estamos todavía en el nivel de exigencia para que se nos reconozcan y respeten los derechos humanos. Al mencionarlos, creemos que estamos incluidos todos y todas pero no es así. Nuestra lucha es básica y estamos en el punto inicial: las mujeres queremos acceder a derechos humanos y el derecho a la vida es el primero que estamos deseando. 

Hay lugares en los que las mujeres no tienen el más mínimo respeto. En este momento, en Colombia, el derecho a la vida se ha vuelto un privilegio. Lo podemos decir porque lo vemos y por esto seguimos insistiendo en que si se reconoce el derecho a la vida de las mujeres, también se reconoce el derecho a la vida como sociedad. 

Hay que tener en cuenta los derechos étnicos, de los pueblos, de las indígenas, las mujeres afro y las campesinas: estamos en la última periferia de todos los derechos. Nosotras somos las pobres, somos las que no tenemos acceso a los recursos naturales o económicos, somos las que no alcanzaron a tener el derecho a la educación, más cuando creen que la educación ni siquiera es pertinente. No tenemos derecho a la salud, así sea que hablen de entidades u organismos, pero salud digna para nosotras no existe. Estamos en un territorio en el que ni siquiera podemos hablar de atención de primer nivel, porque solo hay un puesto de salud. No tenemos derechos y estamos luchando por uno básico: la vida.

Tenemos que seguir siendo guerreras para obtener lo que nos hace falta. Tenemos en alto la resistencia y sabemos que este proceso de rebeldía que se está generando en Colombia requiere de las mujeres. Eso es un avance. Nosotras estamos en todos los espacios del cuidado –lo que ni siquiera nos reconocen– y tenemos esa vocación y esa cultura de cuidar la vida, pero hay que poner en esta lucha de derechos feministas, el tema de la diversidad, del reconocimiento a la igualdad y de la equidad. 

Es importante que las mujeres sigamos con esta lucha y reconociendo que ésta está sosteniendo otros proyectos. Este país ha retrocedido en cosas que son dolorosas como los asesinatos a lideresas sociales, el racismo, que hoy se suma al machismo. Eso es muy peligroso. No podemos aceptar que en una época como esta tengamos que enfrentar un racismo recrudecido por la violencia contra la mujer.

Las autoridades indígenas somos pueblos de carácter colectivo y, en ese marco, ejercemos la autonomía y la jurisdicción especial indígena. La lucha feminista sigue siendo fundamental para que se siga visibilizando el papel que juega la mujer dentro de los procesos colectivos y, por otro lado, enseña cómo erradicar las distintas violencias que se generan en contra de las mujeres. 

Respetamos las distintas ideologías en el mundo y en Colombia frente al concepto feminista, pero personalmente no comparto mucho de este porque a veces nos aísla del contexto colectivo, lo que no quiere decir que no apoye. Todas son reivindicaciones que se hacen desde distintos escenarios. En el caso de los pueblos indígenas tenemos las mingas que no solamente reivindican el derecho de las mujeres, sino de los pueblos indígenas en general (que históricamente hemos sido excluidos y estigmatizados), pero en cualquier caso debe haber un proceso que continúe y lo respaldamos.

El concepto de feminismo está un poco distante de los pueblos indígenas porque nuestra visión está ligada a lo cosmogónico, a las raíces de lo que nos identifica, a la madre tierra, pero eso no quiere decir que no estemos en la tarea de erradicar las violencias contra las mujeres que ha sido sinónimo de desequilibrio, de desarmonía, y esto debe sanarse porque son enfermedades que han llegado al territorio. Hemos exigido con mucha fuerza en el ejercicio de la Jurisdicción Especial que la violencia contra las mujeres sea un tema de prioridad para nuestras autoridades y que se empiece a erradicar incluso en contra de niños y niñas y de los mayores y mayoras.  

Todas las reivindicaciones son válidas y se tienen que seguir acompañando y fortaleciendo. Ninguna reivindicación debe ser excluida.


Aquí en el Putumayo tenemos muchas prioridades y todas en el mismo nivel de necesidad.  Está la violencia de género, y especialmente, la violencia contra las niñas que es alarmante: casi que el 60 por ciento de los casos son contra niñas. Somos un departamento que tiene los indicadores más altos de feminicidios. El primer semestre del año pasado superamos en un 700% la tasa de feminicidios que el año anterior. Tenemos que prevenir todos los tipos de violencia de género contra las mujeres. Necesitamos la implementación de una política pública que lleva tres o cuatro años en letra muerta, sin los recursos suficientes para ejecutarla. 

La otra prioridad son las lideresas que son objeto de amenazas, de desaparición, de asesinatos. Este es un departamento piloto nacional en el movimiento de mujeres por resistir, primero a la guerra y luego ser actoras claves para la implementación de los acuerdos de Paz. El potencial de liderazgo de las organizaciones de mujeres del Putumayo ha sido reconocido a nivel nacional e internacional porque aquí las mujeres reconstruyeron el tejido social a través de múltiples iniciativas, se organizaron y resistieron al desplazamiento y a la guerra en sus municipios. Eso las transformó, naturalmente, en lideresas que impulsan procesos locales ahora durante la implementación de los acuerdos de paz en su sentido integral y con enfoque de género a través de la participación política, en los consejos comunitarios, para que las alcaldías tengan políticas públicas locales que nos den una oportunidad de mostrar (aunque ha sido muy difícil) que las mujeres con iniciativas productivas han transformado el territorio y han sustituido los cultivos de coca. 

Aquí hay una verdadera oportunidad que no está viendo el Gobierno, que no da oportunidades. Aquí hay mujeres que están sembrando uno de los mejores cacaos de Colombia, sacha inchi, artesanías hermosísimas, que fueron pioneras, sin ningún programa, erradicando voluntariamente los cultivos de coca. Sí se puede. Pero necesitamos impulsar los proyectos propios de las mujeres, los proyectos que ellas lideran. 

Estamos motivando las movilizaciones en varias localidades junto con las gestoras sociales de cada municipio porque somos una red departamental de 1.500 mujeres. Cada red y cada organización de base en cada municipio no hacen más que recordar toda la lucha que tenemos y que tuvimos las mujeres para reivindicar nuestros derechos. Para que sean reconocidos. Es un liderazgo que no se puede comparar con el asesinato por robo de celulares, como hizo la ministra del Interior. Porque ha costado años de trabajo, de construcción de la sociedad, de una comunidad. Son lideresas que intentan llevar el Estado a esas comunidades donde o no existe o no han tenido la sensación de que existe un Estado.

Aún no se ha dado toda la pelea que se necesita para que el Estado ceda. No solamente una Administración o una Gobernación sino toda la sociedad patriarcal que ha violado siempre los derechos de las mujeres. Para que podamos nosotras disfrutar de lo que es el verdadero Derecho Internacional Humanitario para con las mujeres. Hay que marchar. Hay que hacerlo para que se muestre que todavía hay mucho que dar de parte nuestra y que ahora tenemos conocimiento y herramientas. Ese es un derecho que tenemos todos y todas en este Estado colombiano. 

Las mujeres campesinas debemos hacer un especial énfasis en esa movilización, porque realmente hemos sido las más violentadas, las que hemos sufrido más vulneración de nuestros derechos. Porque hay un desconocimiento general de lo que es el campesinado como sujeto social de derecho no es reconocido y eso en una sociedad patriarcal, humillante, da pie para que las mujeres seamos aún menos visibles, menos reconocidas. 

A todas las mujeres de todos los territorios, a las mujeres trans, a las mujeres empoderadas, a las no empoderadas, a las mujeres de la casa, la que sólo cocina, la que está limitada a las cuatro paredes y a hacer el quehacer de la casa, a las mujeres indígenas, a las mujeres afro, a las mujeres gitanas, a las mujeres que son minorías y que son invisibilizadas, a todas les digo que se unan a la marcha de las mujeres campesinas. Debemos hacerlo. Debemos alzar la voz y que este 8 marzo no nos quedemos calladas. Recordemos que el violador es el Estado, el violador es ese que nos dice: no te vistas así, no camines, no hables, calla el golpe que recibiste, disfraza la humillación que recibiste. Eso no puede seguir, eso debe parar. El 8 de marzo debemos marchar para decir aquí estamos, somos capaces, somos mujeres líderes, lideresas, con una fuerza impresionante para mover el país. 

El 8M es una representación que se hace para visibilizar la violencia a las mujeres y el daño que han causado en ellas, empezando desde el hogar. La victimización, la desaparición, el abuso, las mujeres a quienes además les arrebataron sus hijos. Nos manifestamos por la violencia de género, por el abuso contra las mujeres y por los derechos de las mujeres. Además por las mujeres desaparecidas o las mujeres que tienen a sus familiares desaparecidos. Ese el motivo de nosotras para marchar. 

No podemos callar: si no hablamos, si no marchamos, si no hacemos visibles todos los casos que han ocurrido, como la principal forma de denuncia, quién nos va a representar. Nosotras, como organización, le creemos a las mujeres, pero para la institucionalidad tiene que haber una denuncia para que esas leyes que existen se apliquen para todas. Desde Madres de la Candelaria invitamos a todas las mujeres de Medellín, a todas las mujeres colombianas, para que no se queden calladas y marchen. En cada hogar nos puede pasar algo, a cada una de nosotras, y con el silencio permitimos de que siga ocurriendo.

Este no es un día para celebrar ni es un día de fiesta; es un día en el que debemos conmemorar el buen nombre de mujeres que se han sacrificado a lo largo de la historia. Son mujeres que han luchado persistentemente por el reconocimiento y el ejercicio pleno de los derechos por siempre negados, mujeres criadas en estas sociedades patriarcales, cuyo sacrificio las ha llevado hasta la muerte. Es un día para recordar a quienes fueron sacrificadas en Chicago: mujeres que murieron quemadas por luchar en una fábrica con el propósito de obtener un salario digno, una jornada laboral decente –que no superara las ocho horas–, etcétera. En otras partes del mundo, en Latinoamérica, en Asia, en África, muchas mujeres hemos luchado no solo por el reconocimiento de nuestros propios derechos sino por los derechos para toda la sociedad: por la justicia, por la equidad, por la inclusión, contra la discriminación, por un mejor modelo económico, por la democracia. 

Este día debe servir para recordar y reivindicar esas luchas que las mujeres hemos dado y gracias a lo cual hoy tenemos derecho a votar. Tan solo en Colombia obtuvimos el derecho en el año 57, aunque en unos lugares fue un poco antes y en otros un poco después, nada de eso ha sido gratuito. Todo es el resultado de nuestro reclamo, de nuestra rabia, de la defensa de nuestra dignidad como mujeres. 

Nos falta muchísimo todavía por lograr: la defensa del aborto, por ejemplo, porque no podemos permitir que sean los hombres los que estén decidiendo sobre algo que nos pertenece, porque es nuestra la defensa del derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Por eso el 8 de marzo es un día también para clamar y convocar a las mujeres que todavía no se unen a esta lucha y decirles que continúa y que nuestra batalla está todavía por librarse. Debemos seguir presionando para construir una sociedad en la que quepamos todos con plenos derechos y en igualdad de género.

Hay la necesidad de seguir visibilizando todas las apuestas de las mujeres, de las que estamos en el territorio, de visibilizar todos los derechos que históricamente se nos han negado. Es una fecha para conmemorar, para decirle al Estado colombiano que las mujeres estamos presentes en esta sociedad, que necesitamos igualdad, equidad. Para alzar nuestras voces y decir que es la hora incluir dentro de las agendas políticas a las mujeres, a las mujeres de todos los sectores, a las campesinas, a las indígenas. Que hay la necesidad de ya empezar a reivindicar los derechos fundamentales de las mujeres. Eso se hace con inclusión: con políticas, con programas, con las iniciativas que creen. Nosotras como mujeres vemos la necesidad de seguir impartiendo todo un proceso de lucha y de resistencia para que nuestros derechos sean garantizados. 

Salgamos todas a visibilizar. Hagamos un acto de rebeldía. Es el momento histórico en el que las mujeres tenemos la posibilidad de alzar nuestras voces y es hora que nosotras nos articulemos entre nosotras para empezar a defender nuestros derechos. En donde estemos, desde nuestra oficina, desde nuestros espacios, desde nuestras organizaciones, desde cualquier lugar, estemos nosotras trabajando y luchando. Esta fecha no es una celebración, es una conmemoración de la lucha de las mujeres. 

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