Hablamos con Ángela Parrado-Rosselli, ecóloga del fuego y con María Meza, ingeniera forestal y exsubdirectora para la Reducción del Riesgo de la UNGRD, para aclarar algunos datos, creencias y percepciones erróneas sobre los incendios en Colombia.
En medio de la emergencia que atraviesa el país por cuenta de los incendios, sabemos que la mayoría están concentrados en los valles interandinos de Tolima, Cundinamarca y Valle del Cauca. Sabemos que entre el 16 de junio y el 6 de agosto se han producido 438 incendios, en 191 municipios. Sabemos que para el 16 de agosto había 25 incendios activos. Que se han perdido 7.153 hectáreas de cobertura vegetal, que ha habido once personas heridas y cuatro familias damnificadas. Sabemos que 73 municipios permanecen bajo alerta nacional y que 13 de ellos están en alerta roja.
Según el Ideam, El Niño tiene un 90% de probabilidad de persistir hasta el primer trimestre de 2027. A esto se suman condiciones propias del periodo estacional de los valles interandinos, ráfagas de viento, altas temperaturas y baja humedad, que favorecen la acumulación de material vegetal seco y aceleran la propagación del fuego.
[En el vagón] "Hay que asimilar el fuego como nueva realidad de la crisis climática" Ángela Parrado-Rosselli
En medio de la crisis surgen preguntas sobre la prevención y el manejo de incendios. Ante el desconocimiento, los mitos sobre el fuego se propagan con igual intensidad. Por eso, conversamos con dos expertas en el tema que nos ayudan a desmentir cinco mitos sobre los incendios forestales en Colombia.
“La principal causa de los incendios son las colillas, las fogatas y los vidrios tirados” A pesar de que la mayoría de incendios son de carácter antrópico, es simplista afirmar que elementos como las colillas de cigarrillo, las fogatas y los vidrios tirados son los principales causantes de los grandes incendios forestales. Existen numerosas campañas dirigidas a la ciudadanía sobre el manejo de residuos, pero hay causas que tienen problemas estructurales detrás. “Lo fácil siempre es echarle la culpa al ciudadano y que la institucionalidad diga ‘Ah, sí, es que fue un pirómano o alguien que dejó un vidrio’, cuando realmente eso no es lo que causa incendios” dice María Meza.
Las causas pueden ser mucho más complejas y estar atravesadas por dimensiones sociales, políticas y económicas. Entre ellas, se encuentran la la deforestación asociada a la apropiación de tierras, los intereses de parcelación urbana, la falta de mantenimiento de infraestructura eléctrica, las malas prácticas de cacería, la comercialización ilegal de fauna, la expansión de la frontera agropecuaria y la apertura de rutas para actividades ilegales, entre otras. Mientras algunas causas obedecen a la ilegalidad, también existen problemas de institucionalidad y de gestión del territorio que deben ser atendidos de manera estructural.
“La solución es prohibir el uso del fuego” Meza explica que la prohibición del uso del fuego no ha mostrado ser una medida eficaz ni eficiente para la gestión de incendios forestales. Cuando se prohíbe y se suprime sistemáticamente todo tipo de fuego en el territorio, se impide la quema natural o controlada de la hojarasca, pastos y ramas secas. Esto provoca una acumulación masiva y peligrosa de material combustible en el suelo del bosque.
También es importante reconocer que el fuego es un disturbio ecológico necesario que ocurre en el 53% de los ecosistemas del mundo. Erradicarlo por completo podría alterar el régimen natural y acelerar procesos de extinción de especies que dependen de las llamas para regenerarse. Para Ángela Parrado Rosselli, la solución no es evitar que haya incendios, sino instaurar medidas de gestión que en Colombia aún no han sido aplicadas: “en este país, la gestión forestal no ha sido enfocada en el manejo de combustibles”.
“La Nación no ayuda al manejo de incendios en los municipios” De acuerdo a la ley 1523 de 2012, la atención de emergencias en Colombia funciona bajo el principio de subsidiariedad, que en palabras de Meza es el reconocimiento de la autonomía de las entidades territoriales. La ley establece que con el fin de respetar la descentralización de los territorios, el país debe seguir un plan de acción escalonado, en el que las entidades de mayor nivel intervienen y brindan apoyo cuando la capacidad de respuesta del territorio afectado es superada.
El primer responsable de la atención de la emergencia y de la toma de decisiones es el municipio. Cada municipio administra sus propios recursos, y cuenta con un Consejo Municipal de Gestión de Riesgo de Desastres, encargado de activar las capacidades disponibles para mitigar el evento. Si el incendio es de tal magnitud que supera la capacidad de respuesta y los recursos del municipio, este puede solicitar apoyo a la Gobernación. La Nación es la última instancia a la que se llega cuando las capacidades de la gobernación son completamente superadas y/o la emergencia es muy grande para controlar.
“Los helicópteros apagan los incendios forestales” Los helicópteros son herramientas de apoyo, no de extinción definitiva. María Meza enfatiza que “un helicóptero nunca va a apagar un incendio por sí solo”. Su labor real es enfriar o mitigar puntos específicos de la conflagración, proteger a las poblaciones e infraestructuras cercanas y generar una ventana de oportunidad a las brigadas en tierra, que son las que finalmente realizan el combate directo y controlan el fuego.
Intentar apagar los incendios desde helicópteros resulta costoso e ineficiente a largo plazo. Parrado-Rosselli plantea la pregunta: “¿Qué es más costoso? ¿Hacer gestión forestal o utilizar miles de helicópteros y agua que no van a apagar un incendio?”. Ambas expertas coinciden en que la solución no es reaccionar con agua de manera tardía, sino implementar estrategias de prevención y manejo de combustibles en el territorio, como la reducción de biomasa seca y el uso de quemas controladas o prescriptas.
“Para restaurar los ecosistemas, se debe reforestar inmediatamente” Los incendios no son iguales, su impacto depende del viento, la topografía y el tipo de vegetación. Por eso, antes de iniciar un proceso de restauración, Parrado-Rosselli afirma que es necesario evaluar la severidad y el daño que generó el incendio para comenzar a hacer acciones de restauración. La restauración es un proceso que ocurre por fases y puede tomar años. En la fase inmediata, las acciones prioritarias deben enfocarse en estabilizar el suelo, mitigar la erosión y proteger las fuentes de agua cercanas de posibles contaminaciones.
Tras el incendio, el suelo queda totalmente expuesto y sensible, por lo que integrar al terreno de inmediato implica pisar y remover la tierra. Parrado-Rosselli califica esto como “el error más garrafal”, porque destruye la estructura del suelo y acelera procesos graves de erosión y deslizamientos, especialmente en zonas de ladera ante la llegada de lluvias. Además, es imposible saber con certeza qué vegetación sobrevivió, muchas plantas que parecen intactas quedan gravemente afectadas y mueren semanas o meses después. Esperar un tiempo prudente permite tener un panorama real de la pérdida de flora y fauna. La siembra de árboles o plantas es una tarea de mediano a largo plazo que debe esperar a que el suelo esté recuperado y el ecosistema comience a arrancar por sí mismo.