#OPINIÓN I En defensa de Vicky Dávila… y del periodismo

Muchos celebraron la noticia de que el Tribunal de Bogotá condenará a Dávila a pagar una millonaria indemnización por un trabajo publicado en 2014. Hacerlo, dice Omar Rincón, es celebrar la muerte de la libertad de expresión y un periodismo que es necesario.

Omar Rincón

29.10.2020

La libertad de expresión se encuentra entre la espada y la pared : la judicialización del oficio y la vickización del periodismo. ¿O son acaso dos espadas?

La libertad de expresión es la que define la democracia en una fórmula que nos han repetido desde siempre: a mayor libertad de expresión mayor democracia. Y la judicialización del oficio —como las que se ha anunciado en las últimas semanas en contra de Vicky Dávila y Diana Diaz— es una acción absolutamente en contra de la pluralidad y diversidad de sentidos, y por tanto, contra la democracia. 

En Colombia hay cada vez más un deseo de judicialización del periodismo basado en prejuicios de opinión y estereotipo frente a la libertad de informar libremente. En esta época donde la verdad no es sexi, los jueces juegan desde sus prejuicios en sus fake. Esto es evidente en el caso de las decisiones contra Vicky Dávila

La libertad de información es un bien público superior democrático no un principio para juzgar cuáles periodismos nos gustan y cuáles no.

La Fundación para la Libertad de Prensa –FLIP– dijo que estas decisiones contra la periodista y el medio son “un retroceso en materia de libertad de expresión y de un precedente muy peligroso ya que restringe ilegítimamente la libertad de expresión, atacando elementos centrales que podrían afectar no solo al periodismo, sino el ejercicio deliberativo de un sistema democrático”.  Y esto porque el fallo “reprime el debate público frente a la administración pública”, y recordó que” los periodistas tienen libertad de informar sobre presuntas actuaciones delictivas, sin necesidad de que exista un fallo condenatorio”; además,  “el fallo desconoce los estándares internacionales de libertad de expresión”.

A pesar de que coarta la libertad de expresión, a muchas personas esto les parece bien porque no —se sabe— les gusta Vicky. Pero olvidan que el problema es democrático. Peor aún, hay colegas periodistas que aplauden este tipo de justicia vengativa y poco pedagógica. Cada vez nos gusta más que haya sangre en la arena, pero esa sangre es la de la democracia y el periodismo.

La libertad de información es un bien público superior democrático no un principio para juzgar cuáles periodismos nos gustan y cuáles no. El periodismo de Dávila —más allá de lo que pensemos de su calidad— es respetable y debe existir. Es más, es la tendencia mundial: el periodismo clic.

Y Vicky es la mejor en eso. No tiene rival. Y hacer eso es muy difícil, casi imposible. ¿Por qué? Porque es un periodismo muy en vivo y muy cercano a los asuntos de tendencia y con los sujetos, agendas y sentimientos del momento. 

Eso significa saber leer el mundo digital, estar pegadito de las audiencias, hablarles a los intereses de cada ciudadano digital. Una habilidad no solo saber leer el algoritmo, tener conocimiento de las tendencias, sino comprender la cultura política de su comunidad.

Y Vicky sabe ser como la cultura política colombiana donde se viralizan más los odios que las ideas; expresa ese país conservador donde la moral es la mía, no la de otros; una nación donde Uribe, Petro y James son los reyes del clic y por eso hay que nombrarlos para ganar likes y hates; una sociedad que no sabe conversar porque nos interesa más escándalos que la ética del común.

Y Vicky, además, sabe que periodísticamente en Colombia todo escándalo muere al otro día y nada llega a nada; que a la final solo importa la patria, la familia y dios y el trending topic del día: hemos pasado del Minuto de Dios al Segundo del Clic. 

Vicky hace esa lectura de mundo de manera maravillosa y única. Es más, fue pionera y de avanzada, logró lo mismo en la televisión y eso que era solo presentadora, lo demostró en la FM, lo pulió en la W y lo concreta de manera poderosa en Semana

Vicky es la reina del periodismo colombiano como Uribe es el rey informativo del país, James es la tendencia de opinión mas patriótica, Petro el centro de los odios nacionales y Pablo Escobar es nuestro pop star.

Entonces, el periodismo Vicky como el periodismo Kardashian o el periodismo sensacionalista o el periodismo de crónica roja o el periodismo del poder o el periodismo militante son válidos y necesarios. Y además son los que mejor marcan en los mundos digitales del fake, el clic y el hate

Vicky es la mejor en el periodismo clic. Y si gana ahí es porque sabe leer a su comunidad de clicqueros y a nosotros los colombianos como consumidores de escándalos más que de información.

Vicky es la reina del periodismo colombiano como Uribe es el rey informativo del país, James es la tendencia de opinión mas patriótica, Petro el centro de los odios nacionales y Pablo Escobar es nuestro pop star. Luego, Vicky existe porque es nuestra y hace parte del pensar nacional. 

Luego censurar a Vicky y perseguirla judicialmente es como vengarse de nuestra democracia y colombianidad. Por eso, la judicialización de la vickización del periodismo es un atentado a la libertad de expresión. A Vicky le falta autocrítica y periodismo, pero aun así hay que defender principios: y el máximo es la libertad de expresión. 

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    El “periodismo” de Vicky se ensaño con una familia, la destruyo y la juzgo. Eso no considero periodismo. Ella no es juez, y prejuzgo sin pruebas a un oficial de forma cizañera. Acabo con su honra y la dignidad de su familia. Se escuda en ese falso periodismo de señalar sin pruebas, solo por sospechas. Es mi opinion.

  • Alejandro Castillo Ardila

    Muy interesante el enfoque que se le da a la decisión. Es importante aclarara como en la democracia todos cabemos y es el debate lo que le da sentido a la noticia.

  • Analitica

    Periodismo??? Nooo. Propaganda política.

  • F R Flórez Fuya

    “Vicky sabe ser como la cultura política colombiana donde se viralizan más los odios que las ideas; expresa ese país conservador donde la moral es la mía, no la de otros”. ¿Libertad de expresión para incentivar el odio en un país donde se mata tan fácil? El gremio no se autoregula, no lo hace el mercado, y nadie debería hacerlo, sin importar la degradación a la que llegue el afán por el click. No es claro qué pretende Rincón identificando como periodismo lo que él mismo no aceptaría como periodismo en sus clases, sino a lo sumo como un negocio de entretenimiento, que no es lo mismo, ¿O si? ¿Es lo mismo cerosetenta de uniandes que Epa Colombia expresándose con un martillo contra una estación de Transmilenio? Se le fueorn las luces al liberal Rincón.

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