Uribe el intocable

¿Qué hay detrás del anuncio en la cuenta de twitter del senador Álvaro Uribe de que renunciaría a su curul tras ser citado a indagatoria por la Corte Suprema de Justicia?

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Carlos Arturo Espinosa Marinovich

27.07.2018

El pasado martes el expresidente y senador de la República Álvaro Uribe declaró a través de un twit que renunciaría a su curul en el senado debido a que la Corte Suprema de Justicia, máximo órgano judicial en el país, lo había citado a una indagatoria con motivo del proceso que le sigue por los presuntos delitos de soborno y fraude procesal.

La polémica inició a principios de este año, cuando Uribe acusó al senador Iván Cepeda de manipular testigos para generar una denuncia en su contra por nexos con el paramilitarismo. En concreto, Uribe afirma que Cepeda habría sobornado al ex paramilitar Juan Guillermo Monsalve Pineda, quien se encuentra hoy preso en la cárcel la Picota por delitos de secuestro extorsivo y concierto para delinquir, así como a otros testigos, para declarar falsamente sobre hechos de extrema gravedad que implican al expresidente y su hermano Santiago Uribe, como la perpetración de masacres en la hacienda “Guacharacas”, que pertenece a los hermanos Uribe Vélez.

"El debate más interesante no es si Uribe renuncia o no renuncia a su cargo en el senado, sino cuáles podrían ser las implicaciones de llegarse a comprobar los presuntos delitos, sobre todo en un momento como este, justo después de un proceso de paz cuyos opositores tildaron tan repetidamente como un sometimiento del Estado a la izquierda castro-chavista."

El 16 de febrero, con base en audios sacados de interceptaciones legales a los teléfonos de Uribe, la Corte decidió investigar al expresidente por presunta manipulación de testigos. Esta habría ocurrido, según el periodista Daniel Coronell, a través del abogado Diego Cadena, a quien supuestamente habría contratado para visitar cárceles buscando testimonios a su favor.

Asegurando sentirse moralmente impedido para ejercer su cargo en el senado, Uribe declaró por twitter que renunciaría. Pero la renuncia no se ha hecho efectiva hasta hoy. La declaración ha desatado todo tipo de debates. En la mayoría de los medios se discute acerca de si la competencia para la investigación sería de la Corte Suprema de Justicia o de la Fiscalía, así como de las posibles implicaciones de la renuncia de Uribe para el Centro Democrático como partido, en un contexto en que la oposición en el senado está más preparada y legalmente empoderada de lo que jamás ha estado gracias al nuevo estatuto de oposición.

Antes de que la renuncia de Uribe sea un hecho, todavía tienen que pasar varias cosas. Primero hay esperar que Uribe presente formalmente una carta de renuncia, y segundo, habría que ver si el senado acepta o no dicha renuncia, especialmente considerando que la mayoría de los miembros de su bancada le sugieren al expresidente retractarse de su decisión. Pero de lejos, el debate más interesante no es si Uribe renuncia o no renuncia a su cargo en el senado, sino cuáles podrían ser las implicaciones de llegarse a comprobar los presuntos delitos, sobre todo en un momento como este, justo después de un proceso de paz cuyos opositores tildaron tan repetidamente como un sometimiento del Estado a la izquierda castro-chavista.

 

Miembros de la bancada del Centro Democrático como Paloma Valencia han sido categóricos en declarar que el llamado de la Corte a indagatoria hace parte de una conspiración del gobierno de Santos para encarcelar a Uribe, como parte de una retaliación por la victoria de Iván Duque en las elecciones presidenciales. El 20 de junio, un mes antes de la citación, Valencia había trinado refiriéndose a un plan de la Corte para la detención de Uribe, cuyo motivo atribuye tanto a una supuesta represalia, como a la propuesta del expresidente de unificar las cortes.

 

El propio Uribe ha afirmado tener pruebas de que el MI6 -el Servicio Secreto de Inteligencia del Reino Unido-, de quien dijo eran “amigos de Juan Manuel Santos”, se encontraría detrás de la supuesta conspiración en su contra. Según él, la agencia habría sido la encargada de fabricar las grabaciones en las que se pueden oír a personas de su entorno, como el abogado Diego Cadena, convenciendo a testigos como Juan Guillermo Monsalve de cambiar sus declaraciones El audio de esta conversación fue presentado por Daniel Coronell en su columna Cadena de Mando.

"No obstante, hay quienes creen que de este no se salva. Incluso su propio hijo Tomás, declaró a través de un trino que la “captura” de Álvaro Uribe será “el último Regalo de Juan Manuel Santos”."

Para nadie es secreto que el expresidente Uribe ha salido victorioso en incontables procesos legales. No obstante, hay quienes creen que de este no se salva. Incluso su propio hijo Tomás, declaró a través de un trino que la “captura” de Álvaro Uribe será “el último Regalo de Juan Manuel Santos”.

 

¿Qué hace que este proceso sea distinto a tantos otros de los que se ha salvado Uribe? Por un lado, la gravedad de las acusaciones. No sólo se trataría de los delitos de soborno y fraude procesal, sino de todo lo que habría detrás de la manipulación de los testigos. Si se llegara a comprobar que en efecto hubo tales delitos, habría que entrar a revisar más a fondo las declaraciones iniciales de testigos como Juan Guillermo Monsalve sobre las relaciones de Uribe con el paramilitarismo. Por otro lado, los hechos que han rodeado la investigación de la Corte Suprema de Justicia: la declaración de Uribe acerca de su renuncia seguida por dudas al interior de su partido; el momento histórico; el escándalo mediático e incluso las declaraciones de Tomás Uribe. Todo lo cual parece dar a entender que, ya sea que se trate de una conspiración en su contra -como la ha afirmado el exmandatario- o que los hechos de los que se le acusa sean ciertos, el actual proceso que involucra a Álvaro Uribe podría significar un punto de quiebre para el país.

Las implicaciones políticas de una hipotética detención de Uribe serían inconmensurables, no sólo porque la figura de Uribe ha sido la impulsora de uno de los movimientos políticos más grandes que se han visto en el país, sino porque después de un proceso histórico como el de la negociación en la Habana,  -alrededor del cual ha habido tanta desinformación- sería muy fácil para el Uribismo propagar la idea de que la captura del exmandatario habría sido parte de un pacto entre Santos y las FARC. Con el apoyo del que todavía goza Uribe al día de hoy, reflejado en la votación histórica del electo presidente Iván Duque, así como en su propia votación al senado con más de 870.000 sufragios, sería imposible prever las consecuencias de que se piense que “a los delincuentes les dan curules mientras que a nuestro gran líder lo meten preso”.

A todo ello se suma la desconfianza generalizada de los colombianos en las instituciones judiciales, particularmente de la Corte Suprema y la Fiscalía, con el llamado “cartel de la toga”. Sean cuales sean los hechos, y sea cual sea el dictamen de la Corte, o la entidad que deba juzgar el caso, parece que estamos en una situación en la que nadie va a salir ganando, en la que la justicia perderá aún más su credibilidad independientemente de su decisión. A los colombianos sólo nos queda esperar a que los hechos se aclaren y, por difícil que parezca, tratar de analizar la situación, no desde el lente político, que nos lleva a la polarización, a la adoración de culto y al odio infundado, sino desde el lente de los hechos. Por su parte, a la institución encargada del proceso, le queda la responsabilidad de mantenerse absolutamente al margen de la política para rescatar la poca credibilidad de la que gozan el día de hoy.

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