“Un resultado antes de las elecciones sería ideal”

Ramonet es un periodista de amores y odios. Su cercana relación con los gobiernos de Venezuela y Cuba le ha dado un lugar privilegiado para contar la vida de dos de los más polémicos líderes políticos de la historia: Fidel Castro y Hugo Chávez.

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Lorenzo Morales

13.02.2014

Ignacio Ramonet habla de Hugo Chávez en presente, como si para él, el comandante siguiera vivo. No es extraño que su cerebro tarde en incorporar la realidad de su muerte: durante meses, Ramonet acompañó al presidente en sus travesías, se internó con él en una  de sus casa en los llanos venezolanos para reconstruir, paso a paso, su conquista del poder. Con disciplina de militar Chávez le narró, archivos en mano, cómo un niño que vendía dulces en la calle se volvió la voz y la chequera de la revolución en América Latina. Ramonet estuvo en Cartagena para hablar de su libro “Hugo Chávez, mi primera vida”. El ex editor de Le Monde Diplomatique y biógrafo autorizado de Fidel Castro llegó a la Heróica, tarde en la noche, en un vuelo directo de Cuba. Horas antes había estado reunido con el presidente Santos y con la cúpula negociadora de las FARC. Aquí sus impresiones sobre lo que vio y oyo en la Habana.

 

Usted ha tenido acceso a personajes un poco esquivos para la prensa: Fidel Castro; Hugo Chávez y hace unos años también el subcomandante Marcos. ¿Qué es lo más difícil de acercarse a estos personajes como periodista?

Cada uno tiene su dificultad. Si usted quiere hacerle una entrevista al subcomandante Marcos la dificultad está en llegar hasta La Realidad, el pueblo donde está el EZLN. La dificultad era conseguir varias horas de entrevista en varios días. Igual que Hugo Chávez o Fidel Castro, él a dado miles de conferencias de prensa, pero entrevistas largas solo ha dado tres o cuatro.

 

Son autobiografías conversadas…

Sí, por ejemplo con Fidel se trataba de hacer su vida entera. Desde que nace hasta hoy. Ese era el acuerdo, y eso no puede ser una semana o diez días. Fidel estaba contento, el decía que no quería morir sin contar cierto numero de cosas. Y además, luego releyó el texto muy atentamente. Chávez también releyó el texto y no lo tocó. Desgraciadamente no pudo verlo editado. Ya sabía cuando iba a salir, yo le había prometido que saldría para su toma de posesión.

 

En el caso particular de Chávez, ¿Qué recuerda particularmente de los encuentros con él?

Él por su tradición militar es un hombre muy organizado y muy disciplinado. Entonces, nos aislábamos, por decir algo en una casa en los llanos. Y allí pasábamos cuatro días en el que prácticamente no había nadie con él. Eran momentos muy íntimos y sesiones de trabajo, trabajo. Aparte de eso, yo lo he seguido en muchos viajes, muchos encuentros, inauguraciones, etc.

 

Chávez -pero también Fidel y el Subcomandante- son tres personajes que comparten una enorme habilidad de comunicación. Pero ¿qué diferencias ve entre ellos?

En cuanto al Subcomandante Marcos, el solo hecho de hacerle una entrevista a un señor que tiene una máscara es una cosa bastante surrealista. Es un hombre muy sereno y reflexivo al hablar. Dice cosas como definitivas. Fidel es como un filósofo de la historia. Él cuenta algo y saca la lección inmediatamente. Chávez es más romántico, más sensible. Es un hombre que cuando habla de su infancia se conmueve. Chávez es un milagro social, es un niño que ha salido de lo más pobre que hay en América Latina.

 

Maduro viene de otro lado. ¿Será por eso que su mandato arrancó con una crisis de identidad? Quería ser y no ser Chávez.

Yo pienso que las características de Chávez son insustituibles. No había Chávez antes y no habrá Chávez después. Y yo no creo que el presidente Maduro esté intentando sustituir a Chávez. Maduro tiene muchas cualidades humanas: es un hombre sincero, de negociación, es un hombre que tiene una línea política muy clara. La sociedad está empezando a reconocer las cualidades de Maduro, que no son las de Chávez. Tampoco el momento es el mismo. El momento de Chávez era el momento de la creación, de la génesis. El momento de Maduro es el punto de la profundización.

 

Una profundización que tiene a la mayoría de los venezolanos en una situación de escasez muy difícil…

Claro, pero antes lo que era abundante era la pobreza. Era 70% de pobres, ahora está en 13%. Eso ya cambia todo. Antes lo abundante era que mucha gente no tenía sueldo, y ahora tienen sueldo y consumen más. El consumo en Venezuela sube en 10% por año, cosa que no pasa en ningún otro país. Entonces evidentemente las fuentes normales de aprovisionamiento encuentran dificultades.

Durante el periodo electoral, con una oposición muy envalentonada, había un saboteo donde los productos se conservaban para hacer pensar que había escasez. Esto ha creado, efectivamente, una situación de mucho descontento. Y sin embargo, Maduro ha ganado con el 11%. Lo cual indica que si bien hay gente descontenta, nadie lo puede negar, hay mucha más gente que está contenta.

Hace unos días, en Cartagena, el ex presidente español socialista Felipe González dijo que la izquierda es muy buena repartiendo riqueza, pero muy mala distribuyéndola y la derecha es muy buena creando riqueza, pero muy mala repartiéndola….

Es una situación que no se presenta en Venezuela porque la riqueza la crea el petróleo, entonces el problema es cómo se reparte el petróleo, no cómo se crea. Eso lo entendió Chávez muy pronto. Recuerde que cuando llegó Chávez muy pocos de los beneficios del petróleo repercutían en el país. Esos beneficios se iban a los bancos internacionales.

Ahora hay un interés porque esos beneficios lleguen a todo el país. Lo que dice González es una tradición, pero en América Latina está ocurriendo que nos hace pensar que las izquierdas latinoamericanas no son tan bobas. Por ejemplo, la izquierda está gobernando Brasil, sin que haya oposición con los empresarios.

 

Pero es una izquierda muy diferente…

Pero mire lo que está haciendo Maduro: se reunió con los empresarios y con toda la oposición. Y ha hecho un llamado a los inversores para que vengan a invertir con toda clase de garantías. Y algunos están viniendo. Incluso en Cuba, se ha inaugurado el Puerto de Mariel, una zona económica especial, donde todo el mundo puede invertir, lo que quieren los empresarios son garantías.

 

Claro, ¿pero cómo confiar en que esas garantías se mantendrán? Recuerde usted esas caminatas de Chávez en las que apuntaba con el dedo y ordenaba “¡Exprópiese!”. Y se hacía.

En Venezuela, siempre que se ha expropiado se ha indemnizado. Ninguna empresa se ha quejado de la indemnización que se le ha pagado. Hay casos de protesta en los que se ha pagado al precio del mercado. Pero también era un momento en el que el gobierno quería probar los sectores estratégicos. No es el momento actual. Y el crecimiento sin repartos, dándole todo el poder a los empresarios, tampoco ha funcionado. Está el ejemplo de Piñera, que quiso gobernar Chile como una empresa y fue derrotado en las elecciones.

Buena parte del malestar en Colombia y en otros países, viene de los términos en los que se han firmado los TLC. ¿Usted cree que esos términos son reversibles?

Sería bueno preguntárselo a los campesinos mexicanos. ¿Cómo está México? Tomado por el narcotráfico. ¿Desde cuándo? Desde que se firmó el tratado de libre comercio. México perdió toda su agricultura porque es más barato importar maíz americano que se compra a precio de saldo que cultivarlo en México, donde los campesinos no ganan nada.

¿Cree que hay fórmulas intermedias para abstenerse o moderar el libre comercio en plena globalización?

No se trata de desconocer la globalización, se trata de intervenir la globalización con argumentos. Consolídese usted primero con su mercado, con sus acuerdos entre pares y luego accede a la globalización. Todos esos países que defienden la globalización, han sido primero países muy protectores. Estados Unidos fue el país más proteccionista del siglo XVIII y XIX, pero cuando ellos se desarrollaron, entonces dijeron “ahora sí, ábranse la fronteras”. Igual hicieron los ingleses, igual hicieron los japoneses.

Usted acaba de llegar de Cuba y tuvo la oportunidad de hablar con el Presidente Santos y con la guerrilla de las FARC ¿Cuáles fueron sus impresiones sobre lo que allí está pasando?

Creo que hay una voluntad de los dos lados. Hay una voluntad del presidente Santos de llegar a una negociación que de un resultado. Y me da la impresión, esta vez, que la guerrilla sabe que un periodo se ha terminado y que hay que pasar a otra fase. Evidentemente, hoy estamos convencidos de que las FARC no pueden ganar esa guerra, pero pueden mantenerse en armas durante decenios. Entonces, hoy que sabemos que no puede haber victoria militar, el interés tiene que ser la respuesta y la solución política. El Presidente Santos y las FARC están en esa línea y hay con qué ser optimista.

¿Con qué guerrilleros de la mesa de negociación habló?

Hablé con todos, era una conversación muy general. Yo no soy un especialista en Colombia, pero el sentimiento que yo saco es que hay una voluntad muy seria de avanzar, de terminar. Y eso es un cambio importante porque ellos tienen confianza y, además, confían en el sector empresarial que apoya a Santos. Desconfían de los terratenientes que apoyan a Uribe. Ellos distinguen dos burguesías: la terrateniente y la urbana. También los países de la región, reunidos en la cumbre CELAC de la semana pasada, consideran que este conflicto hay que terminarlo. Y no hay que tener sueños de victoria militar como algunos pueden seguir teniéndolo.

Con tantos intentos anteriores fallidos, ¿por qué esta vez sí?

El contexto ha cambiado muchísimo: se acabo la Guerra Fría, ha desaparecido lo que se llamaba el campo socialista, hoy día las elecciones demuestran que grupos que estaban en la guerrilla durante decenios llegan al gobierno por las urnas. En Uruguay está gobernando Mujica, que pasó 12 años en un pozo. No hace falta ahora hacer una guerra para gobernar. Están las condiciones democráticas, a veces difíciles, pero están.

 

El Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, ha señalado una distinción importante de lo que se negocia en Cuba: el acuerdo que se discute ahora es para terminar el conflicto. Después habrá que empezar a construir la paz. ¿Coincide?

Pero a la vez en las negociaciones se está terminando el conflicto y se está construyendo la paz porque uno de los aspectos de las negociaciones es cómo las FARC se integran a la vida política y eso es construir la paz.

 

¿Qué cree usted que va a ser lo más difícil en ese tránsito que siempre es tortuoso?

Será efectivamente difícil porque está la experiencia de los que ocurrió con la UP. Hay que dar garantías de que los líderes no van a ser asesinados. También está la cuestión de las víctimas, el reconocimiento de su sufrimiento.

Hasta ahora, el proceso de negociación se ha mantenido relativamente inmune a las pequeñas coyunturas políticas, incluso a las acciones de guerra que continúan ¿El inicio de la campaña electoral podría romper esa burbuja que ha sido clave para avanzar?

Una cosa muy importante es que Santos está firme en que las negociaciones deben seguir y que no se va a dejar influenciar por el ala derecha que las está tratando de jalar.

Por otro lado, creo que confía en el sentido común de la sociedad colombiana y el sentimiento dominante en la sociedad colombiana es que hay que llegar a la paz.

Pero para el Presidente-candidato usar la negociación en la campaña es una tentación casi ineludible…

Si se diera un resultado antes de las elecciones, sería ideal, eso lo sabemos todos. Pero mi opinión es que las negociaciones están bien encarriladas y hay que dejar que el tiempo para las soluciones sea el necesario. En ese sentido, las elecciones exigen decisiones rápidas y quizás para que sea una buena solución no tiene que ser tan rápida. El tiempo de la negociación y el tiempo electoral no es el mismo.

Pero si la reelección se empieza a enredar, el gobierno puede buscar un as inesperado en la mesa…

El Presidente Santos piensa que no estamos a la víspera de la finalización de las negociaciones, pero estamos avanzando.

Usted es un hombre muy cercano a Fidel Castro. ¿Cuál ha sido el papel de Fidel en esta mesa de negociación?

Él nunca ha sido un entusiasta de las FARC porque algunos de los métodos que han utilizado no corresponden al concepto de la ética guerrillera que él tiene.

 

 

 *Lorenzo Morales es politólogo, periodista y profesor del CEPER.

 

 

 

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