Tierras de guerra y paz

Una tierra de la que todos quieren ser dueños. Una tierra repartida de forma desigual. Una que exigen los campesinos, una que comercian los propietarios. Una que trajo la guerra y una que se promete con la paz. En Colombia, la tierra es el problema y también solución.

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Nicolás Cárdenas Ángel

@vanalidades

25.10.2016

Agroindustria: 1. f. Conjunto de industrias relacionadas con la agricultura. [Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua]

Palabra compuesta, que irremediablemente me remite a  la imagen de un árbol atravesado por varillas de hierro. Eso para decir que, a grandes rasgos y pecando de simplista, lo que existe en Colombia es, como se dice usualmente, un problema de tierra, de cómo se distribuye y entiende la riqueza. No es sólo un drama colombiano, es el de toda una sociedad que se organiza para convivir, sólo que aquí, en Colombia, bien podría bien llamarse agroindustria, algo compuesto, pero que no pega del todo.

Un país de invasiones, barrios, potreros, gente que busca un pedazo de tierra para cultivar y para vivir. Economías a pequeña escala, campesinas, de pan coger y venta de excedentes. Gente que busca ser dueña en un país en el que la concentración de la tierra es sinónimo de propiedad. Que se ha urbanizado y que ha padecido un conflicto armado interno. Un país que si tomara forma humana sería un hombre de cincuenta años que se ve de 85. Una mayoría sin tierra, desposeída.

Un lugar de propietarios e “industriales” del campo que le temen a los grupos de campesinos armados, ahora guerrilleros con nexos con el narcotráfico, que exigieron la distribución de la tierra. De propietarios que, ante el susto, se armaron también por su lado y se unieron al narcotráfico. Este fue el acabose: se aboga por la concentración y el latifundio.

"Colombia es un país que si tomara forma humana sería un hombre de cincuenta años que se ve de 85"

Y es aquí donde aparece la palabra “agroindustria”. Se asoma el banano con su amiga la palma, con su cera y su aceite. Sus primos mineros, sus primas las fincas turísticas, su padrino el agro turismo y sus abuelos extractivistas. La tecnificación del campo, los lotes de engorde y la extracción del suelo. Las fórmulas de la concentración.

Es un problema del que no saldremos sin soluciones, cambios, reformas, transformaciones o sin satanizar uno u otro esquema de propiedad y uso. Fue por la tierra que unos y otros se enfrascaron en una violencia degradante y continua y hay que juzgarlos a todos. A quienes de una u otra manera participaron, patrocinaron y permitieron tal desmadre por acción u omisión. Hay que ponernos de acuerdo en esto porque hacerlo es ir avanzando.

Pero no olvidemos la agroindustria: mitigar o perpetuar la violencia alrededor de la tierra dependerá de que definamos o no un equilibrio en nuestra relación con ella. Con su propiedad, uso y destinación. Sólo así podremos, algún día, dar por terminada la violencia que se asoma de formas tan terribles alrededor de la tierra.

 

 

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