Susana Muhamad | Feminismo como campo en disputa

“El feminismo es un campo político en disputa de significados”.

por

Susana Muhamad

@susanamuhamad

Concejala de Bogotá bancada Colombia Humana-UP. Ex-secretaria de Ambiente Bogotá Humana.


29.01.2021

Ilustradora: Ana Sophia Ocampo

#ESPECIAL

Es muy pertinente preguntarse por la instrumentalización de agendas en el debate político. En este caso, del feminismo. Es claro que justo ahora se está trazando una frontera política, en donde se trata de demostrar que hay sectores del progresismo que no incorporan el feminismo y sectores que se llaman  a sí mismos alternativos que sí lo hacen. Y es muy pertinente con base en la decisión de Ángela María Robledo frente al funcionamiento en la Colombia Humana y su experiencia. 

Robledo hizo un aporte invaluable. Traer para el programa de gobierno durante la campaña electoral del 2018 el tema de género y liderar una agenda para el empoderamiento de las mujeres en la sociedad fue tan importante que el movimiento lo acogió como columna vertebral. Su retiro, sin embargo, implica una pérdida pero no quiere decir que la agenda que se empezó a construir en 2018 se vaya a dejar a un lado.

Toda esta situación ha mostrado un trabajo muy profundo que se debe hacer en las bases populares con respecto a lo que es el feminismo y el potencial transformador del mismo en una agenda progresista. Pero no solo hablo de Colombia Humana, sino de todos los movimientos que se sienten progresistas. ¡Nos falta un trabajo de mayor profundidad! Hay que reconocer que hay tendencias conservadoras en las bases populares y el feminismo es un campo político en disputa de significados. 

Ya se dio la salida de Ángela María Robledo y nos queda a las mujeres de la Colombia Humana abordar ese reto y hacerlo pedagógica, programática y en últimas políticamente. Pero no solo a nosotras sino a la sociedad colombiana, y sobre todo en miras de las elecciones presidenciales de 2022. Ahí hay todo un campo de trabajo. 

Por otro lado, el movimiento ha empezado por el proceso de construcción de un protocolo en contra de la violencia de género y también ha ahondado en esfuerzos de cooperación con otros partidos políticos progresistas de América Latina para conocer las experiencias y las perspectivas, y eso será fundamental en la agenda programática. 

Yo llevo 12 años en este proceso: desde el año 2006 en el Polo Democrático con la tendencia de Gustavo Petro y después, cuando nos separamos del Polo en 2010, con el movimiento Progresistas en Bogotá con el que llegamos a la Alcaldía y estuvimos cuatro años bajo esa representación y luego vino la etapa de la campaña presidencial de 2018 que es la de Colombia Humana, donde emerge el movimiento. Pero, paradójicamente y con todos estos antecedentes, hay gente que acompaña a Petro desde su proceso con el M19. 

En ese sentido, la Colombia Humana es un proceso emergente. Pero lo es en la lógica de los movimientos de masa de multitudes, no de los partidos políticos de estructura. Y eso es complejo porque arroja una pregunta nuestra de tiempo atrás: venimos de unas tradiciones de izquierda donde las estructuras son excelentes para convertirnos en minoría. Lo que mostró el fenómeno del año 2018 –que es la elección más alta a la que ha llegado la izquierda en este país–, es que precisamente cuando la izquierda se abre a la lógica de movilización masiva logra un impacto de movilización y de poder más fuerte.

Pero esa intuición que nos llevó a un movimiento en red y con base en nodos ciudadanos que se organizaron por causas, que sirvió para la Alcaldía, quedó después en unos estatutos nacionales aprobados por 53 asambleas autoorganizadas y sirvió también para la movilización masiva de la campaña presidencial. Más de 5 mil personas lo ratificaron en la Plaza de Bolívar. Y con eso logramos el acuerdo fundacional del movimiento.

Teníamos a partir de ahí la tarea de organizar un congreso para establecer las instancias organizativas, tema en el cual no avanzamos. Eso significó que para las elecciones de 2019 no había instancias, tal como sí hubo para la designación de Petro como presidente y Ángela María Robledo como fórmula vicepresidencial un año atrás.

Esa es una dificultad, es cierto. Pero aunque nos falten instancias intermedias, hay que entender que el movimiento hoy se organiza a partir del resultado de las elecciones pasadas: tenemos una bancada en el Congreso, concejales electos y diputados en varias regiones y municipios del país y edilazgos. Además de los nodos ciudadanos que actúan con autonomía. Dicho esto, y como Concejala de Bogotá, reconozco con absoluta certeza que tengo absoluta libertad de ejercicio político en Bogotá y que no tengo que consultarle las decisiones a Petro ni a Bolívar. Al revés, hacemos reuniones estratégicas, de análisis, con iniciativas. Así que la relación se da más en términos de sinergia y no de pedir permiso.

Decir que la decisión política en la Colombia Humana depende o únicamente de Petro o de Morris y Bolívar no es cierto. Claro que enfrentamos un reto si no generamos estructuras intermedias de cara al proceso electoral y sin duda esa era una de las grandes preocupaciones de Ángela María. Pero aquí hay una crítica constructiva: ella, en lugar de apoyarnos con eso, decidió renunciar. En un conflicto siempre hay dos y hasta ahora hemos señalado solo una parte, pero no la otra. 

El movimiento ha tenido momentos difíciles como lo fue la candidatura de Hollman Morris y el debate y dilema que eso desató –que yo por ejemplo no apoyé–, ese fue un proceso deficiente y con grandes problemas políticos. Pero me parece que es reduccionista quedarse solo ahí y no notar el potencial de un trabajo más profundo. Porque aunque no hemos solucionado el problema histórico de la forma de organización de la izquierda con bases populares, por ejemplo, y sabemos que hacen falta instancias, para definir las listas al Concejo y a las Juntas de Administraciones Locales – JAL hicimos una asamblea que, de hecho, lideramos tres mujeres: Gloria Flórez, Ángela María Robledo y yo. 

Y hay algo que se le olvida a todo el mundo: Colombia Humana no tiene personería jurídica. Nosotros fuimos la segunda fuerza electoral en el 2018 y no existimos legalmente. No tenemos financiación estatal para hacer política, como cualquier partido, entonces este movimiento trabaja con las uñas, con la voluntad de todos y todas. Nos hemos aguantado las estructuras asfixiantes de la izquierda en cómo generar y somos el único partido político que funciona en bancada porque estamos enmarcados en un amplio proyecto de país y de ciudad. 

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