Primero soy mujer que indígena

Débora Barros, mujer y líder Wayúu, dedica su trabajo a la búsqueda de reparación integral a víctimas del conflicto armado colombiano. Un conflicto que –asegura– no es de ellos.

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Marcela Han, Ana María Navia y David Sierra

31.01.2014

El 18 de Abril de 2004 los paramilitares llegaron a Bahía Portete, una ranchería de la alta Guajira, donde habitaban aproximadamente 600 miembros de la comunidad Wayúu. Allí, mientras se realizaban conversaciones para la búsqueda de la paz con este mismo grupo en el Ralito Córdoba, los paramiltares llevaron a cabo una masacre sin precedentes en la historia de este pueblo. Con el objetivo claro de hacerlo, los integrantes de este grupo armado atacaron a mujeres y niños, masacrando varios miembros de las familias Barros, Fince, Epinayú y Uriana. El informe del centro de memoria histórica, recopila que en total fueron asesinadas cuatro personas y desaparecidas dos; adicionalmente causó el desplazamiento forzado de toda la comunidad sobreviviente hacia lugares como Riohacha o Venezuela.

Después de este trágico suceso, en busca de la reparación y la no repetición de estos actos atroces, Débora Barros –sobrina de una de las masacradas– como mujer y líder  Wayúu comprometida con su pueblo y ancestros, creó junto a su hermana la Organización Wayúu Munsurrat. Esta fundación, que trabaja en toda la Guajira, se enmarca en el proceso de reparación de víctimas, equidad de género y autodeterminación de las poblaciones indígenas. Así junto a otras organizaciones como Waya Wayuu, Fuerza de Mujeres Wayuu y Red de Mujeres del Caribe, Barros y otras mujeres se han organizado para reconstruir los dolorosos hechos de la masacre, contar su historia y buscar el regreso de la comunidad a sus territorios.

Barros, un mes después de la masacre de Bahía Portete, llegó a trabajar al Comité Ejecutivo del Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a Víctimas (Snariv), en donde  se convirtió en la representante a nivel Nacional de las víctimas.

En el marco del próximo aniversario de la masacre de Bahía Portete, Débora Barros como representante nacional de las víctimas ante el ejecutivo nos cuenta desde su perspectiva de mujer y miembro de la comunidad indígena cómo ve el desarrollo de la política de reparación a las víctimas.

 

Las comunidades Indígenas han sido históricamente una población vulnerable constantemente afectadas por el conflicto armado. Desde la experiencia vivida por usted y su comunidad, ¿cuál ha sido su papel en el conflicto Armado Colombiano?

Bueno el papel que nos ha tocado a nosotros es ser víctimas; víctimas de un conflicto donde nosotros somos ajenos a él, donde  nos ha tocado a nosotros sobrevivir en medio de tantas adversidades.

¿Cuál es el papel de las mujeres en la comunidad Wayúu?

Bueno, en la comunidad Wayúu nosotras las mujeres tenemos un papel que somos un clan matriarcal- matrilineal, que nosotras las mujeres somos las que llevamos la continuidad de nuestro pueblo a través de nuestros hijos, somos las que mantenemos la supervivencia, la lengua, la autonomía. Tenemos un papel muy importante dentro del tejido social del pueblo Wayúu.

¿Cómo afectó la masacre ese papel de las mujeres en la comunidad? – ¿Cree usted que la masacre tuvo alguna repercusión en el papel de las mujeres en la comunidad?

Bueno, eso afectó grandemente a la comunidad de Bahía Portete en el sentido de que las mujeres nunca habían sido tocadas ni los niños. Al asesinar mujeres y hacer todo lo que hicieron, decapitarlas, sacrificarlas, eso cambió la historia del pueblo Wayúu porque jamás en la historia habíamos vivido eso y logró que por primera vez una comunidad indígena se desplazara en medio de este conflicto armado.

Teniendo en cuenta que usted es miembro de la comunidad Wayúu donde las mujeres cumplen un papel importante en la organización social y en la resolución de conflictos, ¿cómo ha sido su  experiencia en la defensa de los pueblos indígenas y sobre todo de las mujeres indígenas en un contexto occidental?

Bueno, no ha sido fácil, no ha sido fácil, el papel de nosotras las mujeres indígenas porque de alguna forma la sociedad y otros sectores lo ven a uno de una manera, siempre existe el racismo, la indiferencia pero igual nosotras hemos salido adelante luchando por nuestro pueblo, luchando por lo que nosotros somos. Porque algo que yo siempre he dicho es que el hecho que yo sea indígena no me excluye, primero soy mujer, tenemos algo en común todas las mujeres del mundo y eso no significa que no vayamos a defender o a unificar criterios o consensos al final porque de pronto yo puedo estar luchando por mi pueblo, por lo que me pasó, por la masacre, por la verdad, por la justicia, por la no repetición pero también el papel que nosotras hemos venido haciendo es muy clave, porque nosotros hemos sobrevivido a pesar de toda esta indiferencia que nos ha tocado vivir en medio de todo esto.

¿De qué manera llega usted a ser la representante nacional de las víctimas?

Bueno, ese es un momento que podría llegar a decir histórico, en el sentido en el que yo hago parte de mi departamento, soy la Delegada a nivel nacional. Mi nombre es postulado por otros compañeros que veían que yo tenía la capacidad de hablar por todo el mundo, no solamente hablar por mi comunidad ni por ser indígena, sino que iba a hablar por todas las víctimas. Llegué por una votación democrática que se llevó a cabo y quedando como la representante de los 32 departamentos de Colombia ante el Comité Ejecutivo nacional.

Teniendo en cuenta la persecución y exterminio de defensores de derechos humanos y sobretodo los últimos casos de asesinato y muerte sospechosa de representantes de víctimas ¿Se siente usted segura en su papel como líder de la comunidad Wayúu?

Pues te cuento que no me siento segura, me siento con más miedo. Siento que la vida de uno como ahorita estoy viva uno no sabe en qué momento las balas le puedan cerrar los ojos a uno para siempre, entonces es una cosa que lo pone a pensar mucho a uno, porque uno tiene familia, uno tiene hijos. Pero también, tiene un compromiso grande con mucha gente, con muchos compañeros y compañeras que de alguna forma están confiando en lo que nosotros hacemos, en que peleemos por sus derechos pero es muy difícil y llega un momento en que uno tiene que hacer un alto y pensar, pero realmente no hay seguridad para uno seguir luchando por lo que uno está reclamando.

 ¿Siente que ha logrado representar los intereses de su comunidad y otras comunidades indígenas en la búsqueda de la reparación de las víctimas?

Pues sí, para nosotros ahorita hay una meta que es lograr construir. Que realmente se construye, porque igual el gobierno nunca va a reparar a los pueblos indígenas. Porque los pueblos indígenas tienen su cosmovisión, tienen su autonomía y ellos de alguna manera tienen que ser consultados, tiene que ser trabajando según sus usos y costumbres y mirar cómo se puede dar una reparación colectiva. Porque es que la reparación colectiva debe ser una reparación linda, una reparación integral, que realmente repare todo el contexto de una comunidad no en los hechos que marcaron a cada familia, esos daños que de alguna forma rompieron con el tejido social eso hay que saber cómo repararlo. No es fácil.

 ¿Cuál cree usted es el tipo de estrategia que debe predominar para garantizar una verdadera  reparación, la verdad, la restitución de tierras, la reparación psicológica u otra?

Bueno te cuento que los tres temas que ustedes apuntan/mencionan son fundamentales, pero yo pienso que el tema de restitución de tierras es un tema bastante álgido. Es un tema muy delicado. Ayer, Día de las Víctimas, ayer día de memoria, asesinaron a un líder que venía reclamando y que iba a recibir tierras en Córdoba. Hoy no hay seguridad frente a eso porque es que mientras se reclaman los derechos, mientras se trabaja con el Estado, los victimarios no quieren entregar esos terrenos y lo que hacen es asesinar a las personas. El tema psicosocial yo pienso que es un tema fundamental que hay que abordarlo en todos los sentidos, pues desde los indígenas. Porque los indígenas no podemos hablar en términos psicosociales; ellos tendrán dentro de sus usos y costumbres hay personas que tienen la capacidad de tener ese papel para poder hablar de lo psicosocial. Entonces esos tres puntos que tú mencionabas son unos puntos muy difíciles que hoy lo ponen a uno en un alto para analizar qué estrategias va a buscar para superar y lograr esa reparación de esa manera.

Una de las banderas del gobierno Santos fue la reparación a las víctimas,  ¿cómo evalúa lo que se ha hecho en materia de reparación en este gobierno?

Bueno hasta ahorita, sabes que la Unidad de Víctimas acaba de cumplir un año. Yo pienso que ahorita no podría uno evaluar y decir que ha funcionado, pero yo soy de las convencidas de que están haciendo todo el intento de ayudar y de subsanar un poco a esas familias o personas que han sido víctimas y de buscar un mecanismo para esa reparación. Sería de pronto irresponsable de mi parte decir que ya hemos visto reparaciones colectivas, hay que analizar todo eso. Yo pienso que hay que esperar de pronto un año más o seis meses para asimilar con un balance general del país o de las comunidades frente a ese punto. Porque igual por lo menos en el caso de mi comunidad de Portete yo no puedo decir que haya habido una reparación, porque todavía no ha habido. Apenas la estamos construyendo, entonces de pronto cuando ya eso se dé ya uno puede decir que tuvimos un logro con la Unidad de Víctimas porque logramos algo que uno puede palpar, pero mientras, uno no podría dar otra respuesta.

¿Cuáles cree usted son los más importantes retos en el proceso de reparación a las víctimas?

Pues yo pienso que dentro de los retos es fundamental lograr una reparación integral. Porque si no hablamos de una reparación integral pues yo pienso que no va a haber ningún reto, pero si se unifica y se conciertan todo esos programas que tiene la Unidad y que tiene el Gobierno podríamos lograr ese cambio dentro de las políticas de reparación integral para darle en sí una claridad desde las visiones indígenas y también desde los otros sectores sociales, desde las mujeres. Porque tú sabes que tiene que haber una reparación para las mujeres; madres cabeza de hogar, tiene que haber reparaciones para las familias; tiene que haber reparaciones para las comunidades indígenas, entonces yo pienso que sería mirar que sea integral porque no podemos hablar de una sola reparación.

 ¿Cómo ha sido el proceso de reparación y la experiencia vivida por parte de su comunidad durante este año de funcionamiento de la unidad de víctimas y desde la masacre?

 Bueno, la experiencia que hemos vivido no ha sido fácil pero hay un logro importante que se está trabajando con la Unidad, es de sacar adelante el retorno de las comunidades (79?) familias y nosotros como comunidades indígenas hemos dicho que debe haber un programa de vivienda, un programa que sea a largo plazo; no uno a mediano plazo. Lo que la comunidad era, porque nosotros no podemos pedir más allá de lo que nosotros somos, y que de alguna manera todas las cosas que la Unidad y la comunidad vaya a hacer debe ser concertado. Porque igual la idea no es retornar por retornar, la idea es construir memoria dentro del proceso, la idea es que ese dolor que durante 9 años nos ha marcado, que no se va a borrar nunca porque eso va milenariamente, de generación en generación, pero de alguna manera quedan los recuerdos, que es lo que nosotros queremos. Que no se olvide lo que pasó y que nosotros de alguna forma vamos a estar tranquilos, pero teniendo siempre lo vivido. Lo que queremos es tener una reparación digna, real, efectiva, que realmente uno diga que nos están reparando o sí estamos logrando avances pero hasta el momento la Unidad o el Proceso Portete  ha llegado a unos acuerdos y la meta es que para finales de este año podamos decir que la Comunidad de Portete retornó.

 Por último ¿qué cree que puede hacer la sociedad civil en este proceso de reparación a las víctimas?

Pues yo pienso que no solo la sociedad civil sino también la comunidad internacional también deben hacer un acompañamiento a estos procesos para poder lograr realmente esa reparación integral.

 

*  Esta entrevista se realizó como parte de la clase Coyuntura Política Colombiana del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

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