Petro, luchas feministas y coyuntura electoral

La Colombia Humana, como otros movimientos políticos, reivindica las luchas feministas y la perspectiva de género. La socióloga y analista política Sara Tufano reacciona ante esto, tras la decisión de su líder, Gustavo Petro, de apoyar a Hollman Morris de cara a la Alcaldía de Bogotá.

Sara Tufano

Columnista de El Tiempo. Estudiante del Doctorado en Sociología en The New School for Social Research.

01.08.2019

Gustavo Petro decidió apoyar a Hollman Morris a la Alcaldía de Bogotá, luego de que Ángela María Robledo, su ex fórmula vicepresidencial, declinara su propuesta para poder seguir luchando por su curul en la Cámara de Representantes. Su apoyo a Morris llegó después de que 74 personas, en su inmensa mayoría mujeres de la Colombia Humana, firmaran una carta de rechazo a su candidatura por las denuncias de violencia intrafamiliar que ha hecho la expareja de Morris. 

La decisión de Petro creó una fractura dentro de la Colombia Humana —condensada en la renuncia de María Mercedes Maldonado, coordinadora programática del movimiento— y generó un ruidoso rechazo por parte de una base de votantes que sintieron traicionada la vocación feminista de la Colombia Humana. El fondo de la discusión, sin embargo, es el talante del propio Petro. 

Me acerqué a la Colombia Humana en las pasadas elecciones presidenciales. A Gustavo Petro, su líder, no lo conocía. Conocía, sí, algunas de las críticas que ahora se confirman. Sin embargo, en la pasada carrera electoral, Petro se configuró como la única alternativa para impedir un tercer gobierno de Uribe, se trataba de escoger entre la vida y la muerte. Y así, las críticas pasaron a un segundo plano.

Ahora, en medio de una coyuntura electoral muy distinta, aquella lista de defectos de Petro, no personales sino políticos, cobran relevancia: Petro es un líder que no se ha rodeado bien, ni ha formado cuadros políticos, sino que ha decidido tener una suerte de comité de aplausos a su alrededor que no lo critica ni lo cuestiona, y que se disputa su aval en las decisiones internas y en las elecciones.  

La Colombia Humana no es exactamente un partido político, ni siquiera tiene personería jurídica, pero, más allá de eso e incluso más allá de lo que produzca la decisión sobre Hollman Morris, parece evidente la dificultad de un líder como Petro para construir un movimiento que trascienda su figura.

Petro no quiere a su lado un líder o una líder fuerte que pueda, en algún momento, disputarle el poder. Quien esté a su lado deberá ser siempre su segundo y las personas que trabajen con él tienen que aceptarlo o enfrentarse a una pregunta: ¿qué es más importante, ser el segundo de Petro o construir un movimiento horizontal, transformador, feminista, que tome en cuenta lo que dicen las mujeres? 

Hoy, cuando de un momento a otro todos empezamos a hablar de feminismo, incluidos los movimientos y los partidos políticos, lo importante es entender las diferencias entre esos discursos que se identifican como feministas para saber quién o quienes los están instrumentalizando.

La instrumentalización del feminismo

No puede decirse que la principal bandera de Gustavo Petro sea el feminismo. Y la decisión que tomó al apoyar a Hollman Morris en estas elecciones así lo evidencia. En la Colombia Humana se empieza a hablar de feminismo cuando Petro invita a Ángela María Robledo a ser su candidata vicepresidencial. ¿Es eso una instrumentalización del feminismo? Hasta un cierto punto sí, si no fuera así, hoy Petro le estaría dando prioridad a la voz de las mujeres de la Colombia Humana que manifestaron su rechazo a la candidatura de Morris.

Ahora, es necesario decir que la instrumentalización del feminismo se da a lo largo de todo el espectro político, sin embargo, a las mujeres en los partidos de derecha y extrema derecha no les importa ser instrumentalizadas.

La entrada de una mujer como Ángela María Robledo a la disputa presidencial introdujo en el debate público la necesidad de un feminismo distinto al feminismo liberal. No sabemos exactamente qué tipo de feminismo es, pero sabemos que es distinto al que defiende, por ejemplo, una mujer como Marta Lucía Ramírez que también se ha declarado feminista en medios.

El de Marta Lucía –y el de este Gobierno– es un feminismo liberal. Duque se jacta de tener un gabinete paritario y repite con orgullo que su vicepresidente es mujer. Es cierto que las mujeres han logrado espacios de poder importantes, pero el feminismo liberal no se pregunta qué hacer en esos espacios ni cuál es el origen de la opresión de las mujeres. El feminismo liberal no es anticapitalista, no cuestiona las bases económicas de nuestra sociedad. Por eso, aunque es necesario tener mujeres en posiciones de poder, es vital entender que eso no significa necesariamente un cambio para todas las mujeres sino solo para algunas de ellas, las más privilegiadas. No tiene en cuenta a las mujeres campesinas, indígenas y negras del país, por ejemplo. 

Así, cuando Petro trajo a Ángela María Robledo a la campaña, las mujeres que nos identificamos como feministas y progresistas creímos que esa propuesta política nos representaba, a pesar de que sabíamos que la discusión sobre las diferentes vertientes del feminismo no hace parte del debate propio de la Colombia Humana. 

Petro sabe que muchas mujeres votamos por él porque estaba Robledo, inclusive personas que lo rechazaban a él pero creían que, sin duda alguna, era más lo que Robledo le podía aportar a Petro que Petro a Robledo. 

Oportunismo progresista

Las mujeres que nos reivindicamos feministas, ya sea materialistas, radicales o marxistas, pero no feministas liberales, no estamos buscando solamente llegar a puestos claves del poder para demostrar que las mujeres también podemos tener una carrera exitosa. Más que “romper el techo de cristal”, como suele llamarse, lo que buscamos es una transformación de la sociedad, hacer parte de discusiones que se han considerado “masculinas” y que los mismos hombres han reservado para ellos: el manejo del Estado, los asuntos públicos, el análisis político o el diseño de caminos y estrategias en partidos y movimientos políticos. Las mujeres que nos reivindicamos feministas, pero no feministas liberales, reivindicamos también una visión de sociedad más amplia y compleja que la de aquellas mujeres y hombres que no se identifican con el feminismo, y eso significa también una disputa por el poder con los mismos hombres. Cuando una mujer aspira a un cargo público, le está disputando el poder a un hombre que, históricamente, ha ocupado ese lugar. Y la reacción de los hombres es, en muchas ocasiones, invalidar el feminismo y decir que no es lo principal ni lo más importante.

Que Petro diga que lo realmente importante en esta carrera electoral es la discusión del metro es una muestra de cómo algunos hombres en los movimientos considerados progresistas no quieren dar ciertos debates y no quieren perder ciertos espacios que podrían ser ocupados por mujeres. 

Eso se demuestra en la defensa que le hacen a la candidatura de Morris. Las mujeres que lo defienden se reivindican como unas feministas supuestamente más radicales que las que nos oponemos a su candidatura, a quienes nos acusan por ello de defender a Claudia López y de ser “feministas posmodernas”. Ellas también instrumentalizan el discurso feminista para defender la candidatura de Morris, reivindicandose como “feministas clasistas”, como defendiendo el punto de vista de la mujer obrera, pero resulta que la Colombia Humana no está compuesta solo por mujeres obreras. Además, ¿en qué momento la propuesta política de Morris reivindica a la mujer obrera? ¿Cómo podría Morris reivindicar la perspectiva de género o el feminismo de clase después de las acusaciones que se le han hecho? Por eso, su defensa se queda en la teoría. 

En la práctica, las mujeres que se quedan en la Colombia Humana tendrían que dar el debate sobre cuál es el feminismo que defienden porque no tiene sentido haberse dividido en torno a la candidatura de Morris, pues eso solo puede significar que es un pésimo candidato.

Esa, en todo caso, no es la cuestión de fondo en esta discusión. El problema de fondo es que todos los caminos conducen a Petro y a su dificultad para liderar un movimiento democrático, para escoger un candidato en una asamblea y no a dedo, como él lo hizo. Es un gran obstáculo en un movimiento que intenta transformarse desde adentro pero que tiene que lidiar con una figura tan compleja como la de Petro. 

Era una simpatizante de la Colombia Humana, pero con lo que ha sucedido me quedo sin un movimiento político que me represente. Sé y conozco cómo son esas estructuras de movimientos y partidos de la izquierda: estructuras verticales, donde las mujeres, así sean las más capacitadas, son relegadas a un segundo plano. Después de lo que sucedió no vislumbro un gran futuro para la Colombia Humana. La otra opción sería hacerse el de la vista gorda, no producir rupturas, pero eso es lo que siempre termina sucediendo y no conlleva grandes cambios. A mi modo de ver, habría que pensar en crear un nuevo movimiento, uno donde el liderazgo sea mucho más horizontal, en donde haya muchas más mujeres que tomen las decisiones. Un movimiento más radical, más feminista, más moderno –que tenga en cuenta otras discusiones y que sea coherente–, un movimiento que hasta ahora no hemos tenido en Colombia.

Esto me produce

  • Qué hueso
    16
  • Ojalá lo lean
    47
  • Para grabárselo
    19
  • AMO
    197
  • Uy, qué jevi
    19
  • Que la fuerza nos acompañe
    22
  • KK
    31

Relacionados