Periodismo por WhatsApp, la lucha contra el algoritmo

¿Qué significa innovar y qué se está haciendo desde el periodismo para lograrlo? Si todo el mundo está en Whatsapp, ¿por qué el periodismo no?

Javier Morales C.

Estudiante de la maestría en periodismo, CEPER, Universidad de los Andes.

20.07.2020

“Si todo el mundo está en WhatsApp, ¿por qué no vamos allá?”. La pregunta surgió en un Zoom, en medio de la cuarentena, entre el ensayista Jorge Carrión, y los periodistas Pere Ortín, Paty Godoy y Omar Rincón. Estaban especulando sobre por qué la gente no está leyendo periodismo.

“Estamos matando al periodismo por tres razones fundamentales”, explica Rincón, periodista y crítico de medios colombiano: “uno, porque es un periodismo feo, que no le hace un homenaje a la belleza y eso hace que la gente no se interese; dos, porque la gente sigue insistiendo en hacer información cuando ese concepto ya no nos pertenece, es de Google y de Facebook; y tres, porque el concepto de actualidad lo definen los políticos y los empresarios, no el periodismo, como antes. Entonces para qué trabajar sobre eso”.

Este hastío se fundió con la postura crítica de Carrión en torno al periodismo cultural. Las cuarentenas alrededor del mundo han puesto al descubierto que la cultura no le pertenece solo a los museos o a las salas de cine, sino también a lo que Carrión llama “Objetos Culturales Vagamente Identificados”, es decir, lo que se hace en YouTube, los pódcast, los hilos de Twitter, productos ignorados y menospreciados por la crítica.

Así nació Curarnos, una revista cultural en modo ‘guasá’ (por WhatsApp, por supuesto), una producción híbrida entre el periodismo y el ensayo de divulgación cultural. Consiste en el envío, una vez por semana, de cuatro elementos únicamente a través de WhatsApp: un DOC, un texto breve; un JPG, una imagen; un NO PÓDCAST, un audio y un LINK, un enlace a algún proyecto multimedia.

Y, ¿por qué WhatsApp?, la respuesta es sencilla: “hoy todo es instagrammer, youtuber, pero no hay whatsapers; nosotros queríamos ser ‘guasaperos’”, dice Rincón. Pero también “porque influye, porque es secreto, porque es sexy, porque nadie lo había hecho antes”, dijo Jorge Carrión, escritor y ensayista español, en una entrevista para El Nacional, de Venezuela.

Hay otras razones de peso. Según el Informe Digital de Noticias de 2020, realizado por el Instituto Reuters y la Universidad de Oxford, en lo referente al uso de plataformas en línea y de redes sociales, para abril de 2020 “WhatsApp vio el mayor crecimiento en general, con incrementos de hasta 10 puntos porcentuales en algunos de los países encuestados”, y la mitad de las personas encuestadas manifestaron usar alguna otra clase de servicio en línea, bien sea abierto o cerrado, para compartir información.

Así, el 7 de junio de 2020 se envió a unos mil contactos el primer número de Curarnos. Estaba compuesto de un artículo sobre la artista húngara Agnes Denes, escrito por la ensayista argentina Graciela Speranza; la fotografía ‘Poema volcánico’ del argentino Eduardo Navarro; una breve audio-crónica del periodista chileno Cristian Alarcón y el link a la exposición virtual e interactiva ‘Species in pieces’”.

“La cultura no salva, pero alivia”, firmaban a modo de lema esa primera entrega, una frase que condensa el sentido de Curarnos, su apuesta por la innovación. Y lo hacen desde dos sentidos: “curarnos desde el punto de vista de este virus que nos ha atacado; y curaduría frente a todo el tsunami de mierda y de basura que hay en WhatsApp: fakenews, robos, violaciones, asesinatos, accidentes, todo tipo de tragedias y miserias”, explica Pere Ortín, periodista español y director de la Revista Altaïr.

El éxito de la propuesta fue rotundo; una semana después, el 14 de junio, enviaron a cerca de 5 mil contactos el segundo número de la revista, esta vez con un texto de Jorge Carrión titulado “El virus y el fuego”, la imagen de una pintura del artista catalán Xevi Vilaró, el audio de una conversación musical entre Omar Rincón y la activista Patricia Rendón y un enlace a “Forensic Landscapes” (“Paisajes Forenses”), un proyecto periodístico multimedia e interactivo sobre búsqueda de desaparecidos en Latinoamérica, la recomendación  de Patty Godoy, periodista mexicana y experta en narrativas transmedia.

¿El tercer número? No hubo. “Tu cuenta está suspendida porque tu actividad incumple nuestra Política de comercio”, fue el mensaje que recibieron por parte del servicio de soporte de WhatsApp el miércoles 24 de junio; y les bloquearon el teléfono. Según la plataforma, habían violado el límite de mensajes que se pueden enviar en un tiempo determinado.

¿La pandemia transformará al periodismo? Ya lo está haciendo

La crisis desatada por el coronavirus ha producido varios cambios en las maneras como la gente consume noticias. Fuera de todo pronóstico, la televisión volvió a ser relevante y se dio un leve repunte de confianza de las audiencias en lo referente al cubrimiento de la Covid. Sin embargo, según el informe anual del Instituto Reuters, las preocupaciones por la desinformación y las noticias falsas siguen igual de altas que antes del estallido de la crisis.

¿Qué significa innovar y qué se está haciendo desde el periodismo para lograrlo?

Antes de enero, el panorama era sustancialmente distinto. En la encuesta realizada para el informe se recoge que, del total de encuestados, el 38 % dice confiar en las noticias la mayor parte el tiempo, “una caída de 4 puntos porcentuales con respecto al 2019”, el 46 % dice confiar en las noticias que “buscan por sí mismos” y el 28 % prefiere ver noticias que refuerzan sus puntos de vista. El 44 % de los sitios web de periódicos reconocidos se mantienen en el tope de búsquedas de noticias, sin embargo, el estudio encontró que ya un 31 % de las noticias e información de interés están transitando a través de Facebook y otras redes sociales o servicios de mensajería como WhatsApp, “lo que pone presión a las compañías de prensa y sus modelos de negocio”.

Estos cambios obligan al periodismo a pensar nuevas y mejores formas de llegar a los lectores y ganar algo de terreno a la proliferación de desinformación y de noticias falsas. La palabra común en esa búsqueda es “innovación”. Pero ¿qué significa innovar y qué se está haciendo desde el periodismo para lograrlo?

“Con un teléfono celular no se cambia el mundo”

Luego del bloqueo, del parón en seco de un proyecto que ya tenía terminados por lo menos sus ocho primeras entregas, vino el momento de la reflexión y de la evaluación de lo que había sucedido.

“Toda pregunta esconde un reto”, dice Pere Ortín. “A veces, uno no es excesivamente consciente de los retos en los que se mete. Y es cierto que trabajar con este tipo de plataformas y con este tipo de cosas gigantescas, como es el caso de WhatsApp, Facebook, muchas veces parte también de una ingenuidad de que no sabes bien dónde te estás metiendo”.

WhatsApp es un servicio de mensajería instantánea que, en teoría, privilegia las comunicaciones personales y privadas. “WhatsApp sí está tratando de introducir modificaciones para que no sea una red social, para que la gente no lo use como si fuera un sistema de mensajería masiva o de intercambio masivo. Están fomentando las comunidades pequeñas”, dice Carlos Cortés, fundador del centro de estudios de Internet Linterna Verde.

Una de esas primeras medidas que tomaron fue limitar las veces que se puede reenviar un mismo mensaje o contenido a diferentes contactos. Más recientemente, anunciaron que a partir del 7 de diciembre de 2019 tomarían medidas contra aquellos que violen sus condiciones de uso en cuanto a estrategias de mensajería masiva o bulk messaging. Esto significó un dolor de cabeza para los newsletters (boletines) o servicios de alerta de noticias que envían algunos medios en todo el mundo.

“Ahí es donde se pone interesante la discusión, porque esa es la pregunta: ¿basta con que los algoritmos sean solamente numéricos? ¿La responsabilidad de Facebook/WhatsApp es solamente numérica?”, cuestiona Omar Rincón.

Y todo indica que sí, pues en el caso de WhatsApp los mensajes están encriptados de extremo a extremo, lo que no permite a nadie externo monitorear o espiar los contenidos de esos mensajes; pero al mismo tiempo nadie puede alertar sobre información falsa, maliciosa o ilegal. Son los límites numéricos el modo en que la plataforma discrimina un supuesto uso adecuado de uno inadecuado.

Es entonces cuando innovar en una plataforma como esta se convierte en un verdadero reto.

Hasta diciembre de 2019, medios de todo el mundo que intentaban acercarse a los lectores a través de la mensajería instantánea de WhatsApp tuvieron que dejar de hacerlo. Medios como inFranken.de, en Alemania, hasta enero de 2018 tenían por lo menos 5 servicios de newsletters con alrededor de 12.500 suscriptores, según Nieman Lab. En el 2018 también desapareció un experimento de periodismo para la casa editorial alemana Axel Springer llamado Shotty, que apuntaba a acercar a jóvenes entre 18 y 22 años a noticias con contenido político. En la India, The Quint incursionó en WhatsApp y llegó a tener hasta 268 mil suscriptores, según un artículo para Global Editors Network.

Y las restricciones se entienden; abrir una plataforma de mensajería a cualquier contenido no solo atrae a quienes quieran innovar sino también a aquellos que busquen enviar información falsa directo al celular de cientos de miles de personas. Evitar ese riesgo sacrifica a todos los demás.

“Desde la ortodoxia no se puede avanzar, si uno hace lo que es normal, lo que se debe hacer, no hay avance, así de sencillo. Para avanzar hay que ser heterodoxos, hay que cambiar lo que hay”, dice Pere Ortín en relación a las conclusiones a las que ha llegado con el proceso creativo de Curarnos. “Y luego está también el concepto de innovación asociado a la tecnología. No hay nada más falso que eso, la innovación no tiene que ver con la herramienta, no tiene que ver con el juguetito tecnológico, ni con la tecnología, la innovación es una actitud y es una manera de ver las cosas”.

“Con un teléfono celular no se cambia el mundo”, dice, por su parte, Omar Rincón. “Mucha gente dice que hay que hacer innovación periodística, ‘quien tenga un celular y una conexión podrá cambiar el mundo’; y no es tan fácil, no, no, eso es dificilísimo”.

Otras experiencias desde fronteras propias y ajenas

De los 11 millones de habitantes que tiene Cuba, se estima que un millón puede acceder a datos móviles desde su celular. De ese millón, solo el 17 % tiene conexión 4G. Eso le cuenta a Cerosetenta Ana Lidia García, periodista cubana y miembro del consejo editorial de El Toque, un medio independiente de la isla.

“Como medio, nuestro funcionamiento es a través de Telegram”, explica García. “Somos una redacción multisituada, no estamos todos dentro de Cuba. Teníamos una oficina antes de todo esto, pero con el tema de la cuarentena tuvimos que dejarla. Tenemos como 10 grupos en Telegram y coordinamos todo el trabajo desde Telegram, cuando te digo todo, te digo todo, literalmente”.

Y en cuanto a la difusión de su contenido, Telegram les ha brindado, como periodistas y como editores, alternativas que son muy ventajosas frente a WhatsApp, consume menos datos móviles, permite la creación de canales que tienen un mayor límite de usuarios, se puede programar la publicación de contenido y ofrece estadísticas. El Toque, a la fecha, tiene más de mil suscriptores por esa vía, con lectores cubanos en EE. UU., México y España. Además, Telegram les ha permitido hacer encuentros con sus lectores a través de canales de debate.

“Hemos hecho debates muy interesantes sobre temas que han estado bastante candentes en Cuba como el tema del racismo, como el tema de los derechos sexuales y reproductivos. Ha sido todo un reto porque, imagínate, moderar un debate caótico en una plataforma así de mensajería. Pero, bueno, el saldo es que es un espacio más”, dice García.

En Colombia, también hay esfuerzos para usar aplicaciones de mensajería para superar problemas de conectividad. En 2019 la FLiP (Fundación para la Libertad de Prensa), creó un laboratorio de periodismo llamado Ruedas creando Redes, que busca formar en periodismo a líderes sociales en 15 municipios que no cuentan con medios de comunicación en su territorio. Uno de los proyectos es “El Paradero de WhatsApp”, implementado en el cañón de Las Hermosas, al sur de Tolima. Allí, un grupo de cuatro mujeres y dos hombres se convirtieron en reporteros y editores de su propio programa de radio quincenal transmitido a través de WhatsApp. El proyecto inició a finales de enero de 2020 y a la fecha han realizado 5 programas de entre 5 y 7 minutos cada uno, según comentó a Cerosetenta Jonathan Bock, subdirector de la FLiP.

Otro ejemplo reciente es las brigadas informativas de Mutante y El Espectador. En grupos de WhatsApp envían información verificada sobre el coronavirus.

Son numerosas las experiencias en las que WhatsApp y otras aplicaciones se han vuelto relevantes por cómo las audiencias se relacionan con los medios y con la información a la que tienen acceso. Las cuarentenas han diversificado esa relación pues la gente siempre irá a buscar información donde la encuentre. 

‘Détourner l’usage’

La pregunta por la innovación y la transformación se convirtió en una idea clave detrás de la razón de ser de Curarnos. “¿Cómo cambiar el uso de una plataforma que no ha sido pensada para aquello que tú estás haciendo?”, pregunta Pere Ortín. Y explica: “hay una frase en francés que a mí me gusta mucho plantear que es détourner l’usage, ‘cambiarle el uso a la cosa’. Porque hay una especie de plaga de falsa innovación que está basada en los intereses de las grandes multinacionales corporativas”.

Vamos a hacerlo porque queremos y porque podemos y lo vamos a hacer porque es gratis y lo vamos a hacer porque no me puedes decir que no lo haga.

Pero la pregunta también es cómo cambiar esos usos sin irrespetar los acuerdos que ya tienen los usuarios con cada una de las distintas plataformas. “Yo creo que vale la pena explorar tanto el periodismo de WhatsApp como el periodismo de pancartas en una ventana, lo que sea, siempre y cuando se respeten las lógicas de consumo. Si el usuario tiene tal relación con Twitter, pues respetemos esa relación”, dice Alejandro Gómez Dugand, director de la revista Cerosetenta.

Porque hay una realidad insalvable y es que el periodismo tendrá que seguir abriendo espacios donde informar, así le sean hostiles. “El periodismo sí está llamado a buscar a los lectores donde ellos estén. No podemos quedarnos esperando a que la audiencias lleguen”, afirma Juan Esteban Lewin, editor de La Silla Vacía. Y la verdad es que hay procesos de transformación que son imposibles de detener.

“Nosotros, forzando los límites, tratamos de hacer periodismo allá donde no nos dejan hacer periodismo”, dice Ortín. Y concluye: “estas plataformas tejen y destejen y están controlándonos, desarrollándonos a su manera con sus intereses, con sus miradas particulares. Y yo creo que, de alguna manera, Curarnos también tiene ese mensaje político de ‘vamos a hacerlo porque queremos hacerlo y lo vamos a hacer porque podemos hacerlo y lo vamos a hacer porque es gratis y lo vamos a hacer porque no me puedes decir que no lo haga’”.

El 30 de junio y el 11 de julio, respectivamente, enviaron una especie de video-collage-musical y el siguiente mensaje a quienes habían recibido los primeros dos números: “Curarnos volverá a su dinámica normal en cuanto consigamos derrotar la tiranía del algoritmo. Seguiremos curándonos con la cultura que no salva pero alivia y con nuestro ‘periodismo guasá’ y ‘pa’ bailar’, que no quiere tus datos sino tu cerebro. Hasta la derrota, siempre…”.

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