Olivier Grangean: el director que subió al Huascarán

El nuevo director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia es francés, tiene tres trabajos y quería ser alpinista profesional. 070 habló con él sobre ser director, sus retos musicales y los compositores colombianos.

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Laura Galindo M.

17.03.2016

Si cada músico conoce su parte y sabe cómo tocarla, ¿para qué gesticula el director? Piense por un momento en avenidas, en calles, carreras, diagonales. Piense en carros, bicicletas, peatones intentando cruzar. Piense en más carros, más peatones y más avenidas. Todos conocen su ruta y saben perfectamente cómo llegar. Pero piense ahora todo esto sin semáforos. El director de una orquesta es el semáforo.

Olivier Grangean es el director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, pero alguna vez quiso ser alpinista profesional. Fue instructor, subió al Monte Blanco y, en 1986, al Huascarán en Perú. “Alcancé a dudar. Casi renuncio al Conservatorio Superior de París”, asegura Grangean. Es francés, pero vive entre Lithuania, Colombia y Francia. Además de la Sinfónica Nacional, dirige la Orquesta y el coro de la AP/HP —Asistencia Pública de Hospitales de París— y, por temporadas, la Orquesta Sinfónica de Lithuania.

070 RECOMIENDA...

El concierto del coro y el coro de cámara de los Andes junto a la Sinfónica Nacional. ¿Dónde?: en la Catedral Primada de Bogota, Cra 7 # 10 – 80. ¿Cuándo?: el 18 de marzo, a las 7:00 pm. ¿A Cómo?: Gratis

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Para el 2017 Grangean quiere quedarse en Colombia y así tener más tiempo para practicar alpinismo, disfrutar de la naturaleza y estar con su esposa y sus tres hijos. “Un músico que no tiene suficiente tiempo para cargarse de energías distintas a la música se quema por dentro. Se vuelve seco y a veces insípido”, dice.

El próximo viernes 18 de marzo, Grangean dirigirá la Orquesta Sinfónica Nacional en compañía del Coro y el Coro de Cámara de la Universidad de los Andes. En el concierto, que lleva por título “Alabanza”, sonará música de Edvard Grieg, Francis Poulenc y Joseph Haydn. 070 habló con él previo al concierto.

 

"Un director de orquesta tiene que ser camaleónico. Cambiar de personalidad según la obra, como un actor de teatro"

 

¿Dirige con batuta o sin batuta?

¡Con batuta! Pero eso no tiene ninguna importancia. En este concierto la voy a usar. En realidad eso depende del ensamble. Cuando es una orquesta grande, como esta, con coro y muchos músicos en el escenario, me gusta la batuta porque se ve más desde lejos. Cuando es un ensamble pequeño, prefiero no tenerla porque me siento más cómodo.

¿Cuál es la cualidad más grande de un músico colombiano?

Disciplina. Eso es lo que mejor define un músico colombiano. Esa espontaneidad de involucrarse siempre y de entregarse al cien porciento. En Europa no se ve tanto. Allá vivimos en una sociedad un poquito cansada, la gente tiene un nivel estupendo, pero a veces falta fuerza, se percibe una cierta monotonía. En Colombia están esas ganas de vaciarse la cabeza para que en el concierto solo exista la música. Esa dimensión espiritual de pararse en el escenario, de los cinco últimos ensayos. De olvidarse de todo y entregarse con pasión y generosidad. Para cualquier director, eso es un regalo.

¿Qué compositor colombiano le gusta?

El repertorio colombiano tiene una autenticidad muy fuerte. Tiene muy bien dibujadas las raíces del país. Me llaman la atención las obras de Fabio González Zuleta y la “Pequeña suite” de Adolfo Mejía. Bueno, la verdad es que todavía estoy conociendo y escuchando obras, pero tengo unas ganas muy fuertes de descubrir ese repertorio, de estudiarlo y dirigirlo pronto.

¿Cuál es la obra que más disfruta dirigir?

Quizás, La consagración de la primavera de Igor Stravinsky. El repertorio ruso me gusta mucho porque son grandes composiciones que al mismo tiempo despiertan grandes pasiones. Es algo casi tribal, animal. Nada sutil o diplomático. Es ese lado salvaje y auténtico del ser humano que se revela con cada nota. Cuando uno dirige obras rusas se entrega con sus tripas, con su cuerpo, con toda su pasión. Si no, no hay música. No hay sentido.

¿Y una que aún no haya dirigido y que quiera dirigir?

Debo admitir que tengo mucha suerte porque ya he dirigido casi todas las obras que quería. Me quedan aún la sexta y la séptima sinfonía de Anton Bruckner, pero pienso que no tengo todavía la madurez para hacerlo. Es un repertorio lleno de espiritualidad y serenidad. Hay que tener un estado interior muy grande para hacer llegar lo que quería Bruckner. Pero bueno, a mi todavía me quedan varios años. ¡Eso está por venir!

¿Cuál debe ser la cualidad más importante en un director?

Un director de orquesta tiene que ser camaleónico. Cambiar de personalidad según la obra, como un actor de teatro. Tiene que adaptarse a lo que suena, meterse en el cuerpo del compositor, confundirse con la música.

Para Grangean en una palabra

Alberto Ginastera: autenticidad, fuerza de la cultura.

Maurice Ravel: sutileza.

L.V Beethoven: el padre.

Frédéric Chopin: romanticismo puro.

Richard Wagner: metafísica.

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