No estamos preparados: Amazonas

Mientras atravesamos la tercera ola de contagios por Coronavirus en Colombia, y el plan de vacunación avanza lento y con múltiples problemas, un nuevo problema ha empezado a presentarse: algunos pobladores indígenas del país no quieren ser vacunados. En el Departamento del Amazonas un indígena aprendiz de Chamán, y auxiliar de enfermería, ha encontrado formas de tejer puentes entre estos dos saberes para proteger a su comunidad.

por

María Fernanda Fitzgerald

Literata con Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2020. ICFJ Fellow 2021. Becaria Corte IDH 2021. Se especializa en cubrimiento de minorías, género, salud mental y Derechos Humanos. Fue beneficiaria de la beca Elipsis del British Council en 2017 y de la beca del Centro de Español UniAndes en 2018.


17.04.2021

Mientras atravesamos la tercera ola de contagios por Coronavirus en Colombia, y el plan de vacunación avanza lento y con múltiples problemas, un nuevo problema ha empezado a presentarse: algunos pobladores indígenas del país no quieren ser vacunados. 

Aseguran que el Gobierno Nacional no tuvo en cuenta su medicina ni sus tradiciones y los está irrespetando. En el Departamento del Amazonas, una de las regiones donde el Covid ha golpeado más fuerte y que además tiene un alto porcentaje de población indígena, Crispín Angarita, un auxiliar de enfermería y aprendiz de Chamán, ha logrado crear programas que muestran la importancia de crear puentes entre las dos medicinas.

Aquí está la transcripción del episodio

Lo que están escuchando es una jornada de vacunación en el resguardo indígena San Martín de Ayaco, una de las últimas comunidades que rodean a Leticia, en el departamento del Amazonas. La persona a la que oyen es Crispin Angarita, indígena Ticuna y auxiliar de enfermería. Crispin está dando instrucciones a un grupo que se va a vacunar contra el covid-19. 

Crispín es bajito, delgado. De ojos negros alargados, nariz ancha y labios gruesos. Viste su uniforme: una camisa de enfermero vinotinto y del cuello le cuelga el carnet que lo identifica. No sólo es enfermero, también trabaja con la medicina tradicional indígena: desde hace varios años se está preparando como chamán, o conocedor ancestral para aplicar los conocimientos de los Ticuna, más exactamente de la comunidad Mocagua. 

Él no pone las vacunas pero sí acompaña a un grupo de más o menos 15 profesionales de la salud que las llevan hasta las comunidades apartadas de Leticia y las aplican. Lo hace como coordinador intercultural de la Asociación Indígena ASITA y es quien ha estado liderando el proceso de vacunación de las comunidades indígenas que rodean el municipio de Leticia. Él nos lo explicó así

Yo, como Crispin Angarita y como gestor de salud de la IPS Mayamas, fui como mas bien, el vocero de la logística, de ordenar que el equipo profesional de vacunación y demás, salga muy bien y mas que todo coordinando las actividades con cada una de las autoridades y la comunidad. 

A esta comunidad sólo se puede llegar por río, como a muchos lugares del Amazonas donde no hay carreteras. Además, hace calor. 

Y como le digo, el cargar las vacunas ha sido un protocolo en cumplimiento, en los elementos adecuados, en los termos, que esto para llegar a una temperatura adecuada y por lo tanto como el desplazamiento es como le decía es en vía fluvial. 

Llegar hasta esos territorios alejados es precisamente, el mayor reto que encuentra Crispin. 

El mayor reto para esto, uno de los retos creo que es especialmente llegar a las zonas y a las comunidades de difícil acceso, hasta el último rincón del departamento del Amazonas, ya que las distancias son a kilómetros y días de navegación. Y el propósito es que toda población indígena tenga y reciban la vacuna contra el Covid19.

Pero hay otros igual de complicados. Aunque la vacunación ha avanzado rápido en el municipio de Leticia y de hecho, el 90% de la población ya fue vacunada según el ministro de salud, Crispin sabe que hay personas que tienen miedo a ponerse la vacuna. 

Yo he percibido una resistencia del 40 por ciento de nuestra población indígena, de nuestras comunidades. E Por como lo he comentado desde un principio, que quizás hayan recibió algunas informaciones falsas e han llegado comunicaciones falsas, inclusive no han informado que han ido comuni personas a dar información. Promoviendo la no vacunación contra el COVID. 

Es un miedo poderoso que parte de un problema más grande: la desinformación que se mueve rápido en todos lados, incluso en lugares apartados como el Amazonas. A Crispin le han expresado esos miedos así…

Porque supuestamente la vacuna con la que reciben se convertiría en zombi. Se transformarían o mueren. O que las personas que reciben la vacuna son las que se están muriendo. O que también se convierte en en animales. O llegado el tiempo son los que van a sufrir de otras enfermedades. 

Bienvenidos y bienvenidas a No estamos preparados, un podcast de Cerosetenta. Mi nombre es María Fernanda Fitzgerald, periodista de Cerosetenta y hoy nos internaremos en el Amazonas. 

Justo cuando el país enfrenta su tercer pico de contagios por el coronavirus, varias comunidades indígenas han mostrado resistencia a vacunarse.

La razón principal es una: el gobierno de Iván Duque, que ha cometido innumerables errores para contener los contagios en departamentos principalmente indígenas como el Amazonas, no ha consultado con los pueblos indígenas el plan de vacunación para que se tengan en cuenta sus tradiciones. 

Esto representa un problema: el Amazonas es un departamento poroso, donde las fronteras sólo existen en el papel. Es vecino a Brasil, que se ha convertido en una bomba de tiempo para el resto de la región porque es uno de los países que encabeza los listados mundiales por contagios y muertes por coronavirus. Allá, además, se desarrolló una nueva variante del covid, mucho más contagiosa y por lo tanto peligrosa, y como no hay fronteras, ha sido muy difícil contener el virus. 

Los pueblos indígenas ya han perdido a más de 1.300 personas por el virus, incluyendo a uno de sus principales líderes, Luis Fernando Arias, consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic. La vacunación masiva es una necesidad apremiante: es una forma de proteger a los pueblos indígenas contra un virus que se ha ensañado contra ellos. 

Por eso, personajes como Crispin Angarita son fundamentales: son el puente para que las comunidades indígenas, al menos de departamentos como el Amazonas, confíen en las vacunas. 

En este episodio hablamos con él sobre su experiencia y nos preguntaremos si es posible que el gobierno dialogue con los sistemas de salud propios de los pueblos indígenas en el Amazonas. Si eso se diera, quizá habría mucha más confianza de su parte. 

Del COVID 19 en el departamento del Amazonas nos hemos enterado a punta de escándalos. O al menos así lo siente el doctor Darío Pulido, médico general de la Fundación Clínica Leticia que llegó en el 2011 al Departamento como médico rural y decidió quedarse. 

El acompañamiento del Gobierno, la percepción que tenemos acá es que ha sido muy poco, únicamente ocurre cuando hay cosas muy graves. Entonces, por ejemplo, el año pasado, cuando ocurrió el primer caso que llegó a Leticia, entonces Leticia fue fue noticia porque obviamente fue impresionante acá el grado de contagio que hubo. Pues ahí sí Leticia existió. 

Y sí, desde el año pasado hemos sido testigos de los múltiples problemas que ha tenido el departamento. Fue una de las primeras regiones del país en alcanzar el pico de contagios. Y con el pico, se hizo evidente la falta de recursos, de personal médico, incluso de tumbas para enterrar a los muertos por la pandemia. 

Durante todo el año ha sido bastante pesado, prácticamente un año sin descanso, únicamente cuando estuve enfermo fue que descansé.

El gobierno optó por aislar el departamento cortando la principal vía de comunicación: la aérea. Envió además miembros del Ejército para controlar la frontera sin mucho éxito porque los soldados también se contagiaron. Y cuando finalmente llegaron las vacunas al país, en febrero de este año, el plan de vacunación dejó por fuera al Amazonas. El presidente dijo que se trató de un “error involuntario”. Y para la muestra, el Amazonas quedó como uno de los pocos departamentos del país que tendría vacunación masiva, es decir, sin rangos por edades como en el resto del territorio. Aún así, para personas como el Doctor Pulido, el mensaje fue claro: 

Pues de pronto no es muy significativo para ellos esta población. Entonces es algo muy triste que uno ve todos los días en cuanto a comunicación, en cuanto a las vías y en cuanto a salud. El acompañamiento que nos ha hecho el gobierno es es, pues uno es la percepción no? uno siente que es muy poco.

Ahora, si hay alguien consciente de los retos que implica la atención en el Amazonas, es el Doctor Darío Pulido. Desde que llegó al departamento ha lidiado no sólo con la falta de recursos que se aportan a la atención médica de la región sino, además, con la falta de confianza que existe por parte de los pueblos indígenas hacia la medicina occidental: 

Bueno, en cuanto a el COVID, no sólo con el COVID sino con la gran mayoría de las enfermedades, las comunidades indígenas, sobretodo las más lejanas del interior, hacia los kilómetros más adentro de Leticia, si o más allá de Puerto Nariño o en las corregimientos, es bastante complejo, sobre todo porque todavía el concepto entre entre lo que es la medicina de ellos y la medicina de nosotros no, no lo han unido, sino que siempre lo tienen muy aparte.

El doctor Pulido ha visto las consecuencias de esa desconexión. 

Entonces uno ve que llegan pacientes muy malos, siendo tratados por el chamán únicamente en las comunidades. Y ya cuando llegan a la clínica o al hospital o al centro de salud de los corregimientos, llegan en estado muy malo.

Básicamente, son dos mundos en pugna. Por eso, personajes como Crispin Angarita, que promueven la comprensión de las dos medicinas y sirven como puente, son fundamentales.  

Y como todos, cuando el coronavirus llegó al Amazonas, Crispin tuvo miedo. 

Yo, como persona si, tuve miedo. Tuve miedo bastante cuando se comenzó. O cuando comenzaron a informar de esa enfermedad, porque pues mi labor es como gestor es atender pacientes, informar, orientar, hacer visitas domiciliarias, hacer seguimientos a pacientes. 

A pesar de ser enfermero y tener conocimientos de la medicina occidental, a lo primero que recurrió Crispin, como muchas personas de su comunidad, fue a la sabiduría de la medicina ancestral indígena. 

Mis padres me me mandaron toda la medicina casera de la casa. Los médicos tradicionales me enviaron también medicinas ya rezadas e elementos que ya fueron. Rezabas por ellos para poder recibir el tratamiento. 

Está seguro de que sirvió

Pero al tener los síntomas, quizás con el tratamiento que recibió el caserÃo mente con estos remedios pues salieron todos negativo los cuatros exámenes realizado a excepción a mi familia, mi esposa y un hijo que salieron positivos también fue un gran susto porque pues era el momento o no se podía perder un ser querido, quizás un hijo a quien uno quiere mucho. 

Esta no fue la primera vez que Crispín se acercó a la medicina ancestral 

Cuando tuve los 15 años, tras sufrir una enfermedad de problemas de salud mental, el médico tradicional me dio una protección espiritual. Desde ahí me hizo dar la necesidad de aprender el poder de la sabiduría ancestral que es hoy en día el ser chamán.

Ese entrenamiento se ha demorado bastante y ha sido exigente. 

Eso ha sido un trabajo muy arduo, un trabajo, una responsabilidad y unas dietas que tuve que cumplir. Hasta ahora sigo siendo como aprendiz. Es un trabajo intercultural propio mío y me ha enseñado en mi carrera de trabajar con diferentes personas y con diferentes instituciones, especialmente el poder crear y formar lo que se llama el perfil epidemiológico intercultural del municipio de Leticia y del departamento de la Amazonas. 

Crispin defiende que los dos mundos, la medicina ancestral y la occidental, se complementan. 

Eso es lo que él ha estado haciendo y lo que en su opinión, está permitiendo que muchas personas del Amazonas estén venciendo sus miedos a la vacunación. Él está haciendo de todo para lograrlo, partiendo de lo más básico: el diálogo, la explicación. 

Iniciamos desde que comenzó la pandemia el dos mil veinte al inicio se ha hecho en diálogos mediante los diferentes medios, con las comunidades y las autoridades indígenas de cada resguardo, que son los curacas, con el presidente de la organización. 

Explicando en su propia lengua, la ticuna, la importancia de las vacunas. Y es que esto es esencial porque, como él lo dice, es importante hablarle a las personas desde su propia forma de entender el mundo. 

Y transmitiendo un conocimiento que para él es muy importante

Una de las cosas que a mí me llamó la atención fue que uno de los médicos tradicionales, durante el trabajo que se ha hecho espiritual, dijo que esa enfermedad, como dijo, no es para los pueblos indios, pero de todas maneras teníamos que recibir una vacuna, a pesar de que nosotros tenemos la vacuna espiritual porque primero que todo, como ciudadano y como colombiano, es el deber de cuidar la comunidad, la familia y todos los que viven alrededor.

Por eso él mismo fue uno de los primeros de su comunidad en ponerse la vacuna contra el covid, aunque al principio dijo que no se la pondría. 

Pero yo fui uno de los que cambié, no quería vacunarme, pero por lo tanto desde ahí yo fui consultando y estudiando también y analizando la situación, y creo que en día yo estoy agradecido porque como representante de los pueblos indigenas fui una persona piloto también en decirles vamos a vacunarnos y especialmente a las autoridades tradicionales indigenas primero me preguntaron a mi a hacer la consulta que tenian que ser yo porque si yo no me vacunaba pues ellos basicamente no se vacunaban. Y luego comencé a invitar a muchas de las comunidades, las comunidades que yo represento que son 20 comunidades, gracias a Dios, se han recibido un número de vacunados de personas actualmente 

Desde entonces además de acompañar las campañas de vacunación, se ha dedicado a promover información relevante sobre la vacuna, viajando de comunidad en comunidad, y contando que él se puso la vacuna y no tuvo ningún problema. 

La ciencia también avanza, los estudios. Y agradecemos las dos partes. Créame que eso me alivió, me ayudó y hoy estoy contento y mucha gente también. Ha sido muy agradable de recibir la vacuna contra el COVID. 

¿Qué se puede hacer, entonces, para crear puentes entre estos dos saberes para vencer estos miedos?  

Porque el escenario es crítico: la pobreza y las largas distancias entre los centros urbanos del departamento y las zonas rurales ha puesto en especial peligro a las comunidades indígenas. Expertos como el doctor Pablo Montoya, profesor asociado de la Universidad de Washington, dice en un artículo publicado en Cuestión Pública que estas condiciones hacen que una persona indígena que viva lejos de los centros urbanos y que tenga altos niveles de necesidades básicas insatisfechas tiene 2.5 veces más posibilidades de morir por covid 19 que el resto de los colombianos. De ahí la urgencia de la vacunación. 

A esta perspectiva se une Pablo Martínez, médico y antropólogo que trabaja con la ONG Sinergia, que se dedica a crear iniciativas que unan los programas del Gobierno Nacional con las necesidades de las poblaciones localesPor eso, para él se trata de crear una narrativa conjunta alrededor del COVID. 

Bueno, a lo que me refiero con esto de la narrativa y de la experiencia de la conexión, es que si uno ve y revisa, se da cuenta de que la mayor parte de pueblos indígenas en estos momentos aceptan las vacunas del programa ampliado Inmunizaciones del Payno. Esto es el resultado de muchos años, esto es el resultado de una cantidad de profesionales que se han detenido un momento, han hablado con los pueblos, con las comunidades, con los individuos de estos pueblos y efectivamente han transmitido el mensaje de la importancia de se han detenido y han explicado. 

Tender los puentes parte de un espacio de comprensión mutua. De llegar a entender la visión del mundo del otro y procurar llegar a puntos en común. Crispín ha sido testigo de que esta estrategia funciona. Ocurrió en el 2008 cuando se hizo un piloto de atención con enfoque étnico en el resguardo indígena de la comunidad Ticuna de Arara. 

Fue la única prueba piloto en la que se aceptó de llevar. Una atención por médico tradicional y la otra por el mail, por el médico general. 

El objetivo de la prueba fue permitir que se entendieran los dos tipos de medicina. y que las comunidades tuvieran acceso a ambos, al mismo tiempo.  

Y el resultado fue positivo, muchos de los moradores de la comunidad de Arara asistieron con el médico tradicional y otros con la medicina facultativa. Esto nos hizo pensar que inclusive aquellos profesionales que fueron, dieron su visión de que el unir las dos, es algo positivo en que genera una comprensión o un entendimiento con otra prospectiva de atención en el área de la salud y para el mejoramiento continuo 

Y es que las dos medicinas efectivamente se complementan, porque como explica Crispin…

Con el médico tradicional se hizo la atención inmediata y es una atención integral espiritual, mientras el médico facultativo evalúa, examina, da medicamentos y ordena unos exámenes de laboratorio. Y en muchas veces nuestras personas, como pueblos indígenas, no regresamos a entregar un resultado y tampoco pues el médico va a poder ver esos resultados. En cambio, con el chamán y con el médico tradicional la atención fue inmediata en los dolores o en síntomas la persona se recupera y sale feliz. Y la medicina facultativa es un procedimiento largo, quizás aburridor. Entonces ya es el momento de compartir en las instituciones, en las clínicas el dar la importancia, el reconocimiento, cada uno de los talentos humanos de los pueblos indígenas, en este caso a los médicos tradicionales. 

El problema, como dice el doctor Martínez es que con el covid estos procesos interculturales no se han dado. 

Porque es una vacuna nueva. Su narrativa sigue siendo bastante incierta, como hemos mencionado previamente. Y esa narrativa incierta, pues, hace que existan ciertas desconfianzas, ¿no? Pero probablemente si hubiésemos hecho un trabajo mucho más mancomunado desde el comienzo, desde vincular a los territorios indígenas, a los pueblos, a sus autoridades, en todo el camino que se ha seguido hasta en este último año y probablemente en este momento no habrían dificultades contra con respecto al tema de si se vacuna o no.

El doctor Martínez asegura que la actitud del Gobierno nacional ha sido la de la imposición y la falta de diálogo. Para él es urgente que haya un pare, para evitar que la vacunación siga convirtiéndose en un problema. 

Bueno, para nadie es un secreto que la principal herramienta que se tenía para poder enfrentar de mejor manera la pandemia radica en tener una gran nivel organizativo a nivel de la comunidad. […] Normalmente las comunidades indígenas funcionan bastante mejor que en las comunidades, en contextos urbanos o en otros contextos, digamos. Y eso, curiosamente, no se vio nunca. Nunca se tuvo en cuenta, nunca se participó activamente con los pueblos indígenas. Y básicamente lo que pasó fue que los pueblos indígenas terminaron organizándose autónomamente para tratar de responder con lo que tenían.

Volvamos un momento a la escena inicial, a Crispín acompañando en el proceso de vacunación. Siendo ese puente entre ambos mundos y entendiendo que esto va más allá de una pugna:

El conocimiento tradicional es muy importante, el talento humano es muy dispendioso y debemos proteger nuestros conocimientos. Esto no quiere decir que con la vacuna vamos a perder nuestro origen, la ley de origen, más bien vamos a cuidar a cada uno de nuestros seres queridos. 

Y es que proteger a sus seres queridos en la comunidad de Crispín va mucho más allá de una sola vida, una cifra más en el conteo, es cuidar su futuro

el día que nosotros no tengamos nuestro médico tradicionales para nosotros ese día se acaba nuestra salud, nuestra memoria, nuestra protección espiritual y nuestra vida. Es la esperanza de nosotros que no nos cuidan día y noche. Para la protección frente a las diferentes enfermedades que vienen y llega de otra parte.

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María Fernanda Fitzgerald

Literata con Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2020. ICFJ Fellow 2021. Becaria Corte IDH 2021. Se especializa en cubrimiento de minorías, género, salud mental y Derechos Humanos. Fue beneficiaria de la beca Elipsis del British Council en 2017 y de la beca del Centro de Español UniAndes en 2018.


BIO

María Fernanda Fitzgerald

Literata con Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2020. ICFJ Fellow 2021. Becaria Corte IDH 2021. Se especializa en cubrimiento de minorías, género, salud mental y Derechos Humanos. Fue beneficiaria de la beca Elipsis del British Council en 2017 y de la beca del Centro de Español UniAndes en 2018.


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