Cultura y medios

Micrófono abierto del 8 de Marzo

El pasado 8 de marzo se realizó un micrófono abierto en la plazoleta CAI de la Universidad de los Andes en el marco del día por la igualdad de género. En esta entrada buscamos difundir uno de los mensajes que nos compartieron en este día: “El sábado entré al baño del restaurante Suna y, en […]

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No es Normal

10.03.2017

El pasado 8 de marzo se realizó un micrófono abierto en la plazoleta CAI de la Universidad de los Andes en el marco del día por la igualdad de género. En esta entrada buscamos difundir uno de los mensajes que nos compartieron en este día:

“El sábado entré al baño del restaurante Suna y, en el espejo, encontré un mensaje (esos stickers que le ponen a los espejos a veces) que me dejó muy incómoda hasta el punto de que no supe muy bien qué pensar al respecto durante dos días. El mensaje decía: “Te ves HORRIBLE cuando hablas mal de Colombia”. El “HORRIBLE” estaba escrito en mayúsculas, en negrita y con un tamaño de fuente mucho más grande que el resto. El “cuando hablas mal de Colombia”, en cambio, estaba puesto abajo como las letras pequeñas en las publicidades. La idea era, al parecer, que la mujer que se mirara en el espejo (porque era el baño de “mujeres” y no sé si el mensaje estaba también en el de los “hombres”) se asustara, pues el espejo le estaba diciendo muy enfáticamente que se veía horrible, y luego se sintiera aliviada, pues al leer las letras pequeñas entendería que no, que ella podía no verse horrible siempre y cuando se callara la boca. Ese no fue mi caso, a mí las letras pequeñas me asustaron, me hicieron sentir incómoda.

Ese mensaje es peligroso en muchos sentidos, como cualquier muestra de nacionalismo que apele al miedo.

Primero, si uno se fija (no tiene que fijarse mucho, sólo detenerse un momento a leer lo que dice ese espejo) puede ver que hay un primer mensaje de “Te ves HORRIBLE” que apela a los miedos que tradicionalmente nos han enseñado que son miedos femeninos (sería muy interesante saber qué sucede en el baño de “hombres”). Quien diseñó el dichoso sticker asumió que las personas que entran en ese baño (personas con vagina) se miran inevitablemente en el espejo en busca de aprobación, para confirmar que se ven bien, que se ven deseables.

 

Foto tomada por: Susan Termoneta https://www.flickr.com/photos/en321/3724798991/

 

Segundo, si uno se fija un poco más (no mucho), verá que hay una relación clara entre el aspecto de la mujer y el de Colombia: la imagen física de quien se mira en el espejo depende de la imagen que haya dejado de su patria (y aquí es bueno recordar la relación entre el “padre” y la “patria”) con sus palabras. En ese sentido, supongo, el castigo (verse mal, ser poco deseable) es proporcional al delito cometido (hacer que Colombia se vea horrible, poco deseable). En una sociedad en la que se cree que el deber de las mujeres es verse hermosas y ser objetos de deseo, la pena propuesta por el mensaje es bastante grave. Tan grave como si una esposa ejemplar y devota habla mal de su marido o de su padre. Sin embargo, el mensaje no condena pensar mal o actuar mal, condena hablar mal. Lo que me recuerda muchas cosas que he escuchado últimamente sobre lo importante que es mejorar la imagen de nuestro país (y, según esa lógica, la nuestra) frente a las miradas internacionales. Importa poco la realidad mientras que el espejo gigante del planeta tierra nos devuelva una imagen deseable y bella de nosotros mismos. Importa poco si los niños de la Guajira comen o no, lo que importa es que no se sepa (que nadie lo diga). Importa poco si no hemos comido en horas, lo importante es que los otros quieran comernos (así que hay que estar delgadas) y que digan que quieren hacerlo.

Ese mensaje, ese que busca limpiar nuestro nombre mediante una campaña sutil que busca fomentar la autocensura, falla en su intento de disfrazar la realidad porque es justamente un reflejo (curiosamente pegado a un espejo) de lo superficiales e hipócritas que somos: la imagen es más importante que todo lo demás y por eso es más grave hablar mal que obrar mal. Tal vez la persona que lo diseñó olvidó pensar en la bruja de Blancanieves y no entendió que quien se mira siempre al espejo buscando aprobación termina matando a todos los que son más bellos y deseables que él, o al menos termina intentándolo con desesperación así como esa campaña busca matar las opiniones que ponen a Colombia en desventaja frente a los otros países en el concurso de belleza mundial”

-Laura Vargas

 

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