México, la sofisticación de la censura

Hay dos nuevos fenómenos en la censura en Latinoamérica: el aumento de los agentes que la ejercen y las nuevas censuras no violentas. Así lo explica Ricardo González de ‘Artículo 19’.

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Juan Camilo Chaves

21.09.2015

Ricardo González es el Coordinador del programa de protección de Artículo 19, una ONG que promueve la libertad de prensa en el mundo. Cerosetenta habló con él sobre es estado de la libertad de prensa en la región y el caso del asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa en la Ciudad de México.

 

¿Desde su perspectiva cuál es el panorama de la libertad de prensa en América Latina?

Es complicado. Sobre la libertad de prensa en Latinoamérica podemos decir varias cosas. Por un lado permanece el método de la violencia como una guía para censurar. Está el caso reciente de periodistas asesinados en Colombia, México, Brasil, Honduras, Guatemala y El Salvador. Básicamente en cada uno de los países persisten estos métodos de censura a través de la violencia, pero por otro lado hay una especie de sofisticación de la censura. En muchos casos ya no es necesario recurrir a la violencia física para alcanzar los mismos objetivos. De hecho Colombia es un caso particular porque durante los últimos años aunque ha seguido habiendo casos de periodistas asesinados, el número ha bajado considerablemente. Pero acá es donde se hace más fino el análisis porque la baja en el número de periodistas asesinados no necesariamente refleja un mejoramiento de las condiciones de libertad de expresión. Lo que esto mostró fue una sofisticación en los métodos de control, cosas que van desde la pauta publicitaria o mecanismos más internos.

Ahora bien, hay otro factor que también es importante destacar en América Latina: el surgimiento de nuevos actores y perpetradores de violaciones a la libertad de expresión. Ahora, quien termina siendo el principal agresor en toda la región son agentes estatales en sus distintas formas: el Ejército, el Ejecutivo, etc. Y ahora estamos viendo el surgimiento un nuevo grupo de agentes persecutores en toda la región: el crimen organizado. También las empresas privadas, vinculadas a proyectos productivos como la minería, están ejerciendo censura. La conclusión es que se empieza a ver que ya no hay un monopolio de la censura por parte de las autoridades. Inclusive en México y Venezuela hemos visto que hay movimientos sociales, sectores radicales, que enfrentan a la prensa ya sea como castigo o amenaza para que sean retratados de cierta manera.

Hay entonces dos cosas: proliferación de los actores que ejercen la censura y un sofisticamiento de la misma, pero a la vez se mantiene la censura tradicional. Es una mezcla. Lo que sí vemos, y que es paradójico, es que la oleada de procesos democratizadores en la región que se vivieron en la segunda mitad del siglo XX también le abrieron paso a la proliferación de casos de censura en contra de la prensa. Esto es muy interesante porque es un indicador de que tal vez estos procesos de adaptación a la democracia no se han consolidado o por lo menos no han llegado a mejorar las condiciones de la libertad de prensa.

 

¿Para los periodistas mexicanos, cuáles son las mayores amenazas en términos de libertad de prensa en este momento?

En México pasan varias cosas, pero la amenaza que es un aconstante es la impunidad. Prácticamente todos los asesinatos permanecen en al impunidad. En México hay un patrón de violencia muy específico que no se ve en el resto de la región, que es la desaparición de los periodistas. Puede que sea desparición forzada que tenga participación directa o indirecta del Estado, pero que yo sepa este tipo de casos solo se han registrado en México, Gambia, Rusia, Ucrania y Bielorusia. Este es un tipo de violencia muy distinto porque, en términos muy llanos, hay una serie de asuntos logísticos para desaparecer a una persona. Asesinarla es algo que puede ser producto de un arranque o algo no necesariamente planeado, pero la desaparición requiere cierta planeación. Y esto se ve mucho en México.

Por otro lado, aunque ligado a lo anterior, hay un proceso de circulación de las autoridades y eso incrementa el nivel de vulnerabilidad de quienes ejercen el periodismo porque ahora el Gobierno mexicano va al extranjero y dice, “tenemos una fiscal especializada para atender los casos de violaciones a la libertad de expresión”, “tenemos un mecanismo de protección”. Hay todo un esquema para cortarle el paso a la violencia, pero esto no pasa. En los últimos cuatro años el número de periodistas asesinados se ha mantenido constante y sigue disparándose el número de periodistas que son amenazados, que son secuestrados de manera temporal, que son reemplazados laboralmente y que salen del país porque ya no hay condiciones para ejercer el periodismo.

Hay una situación de vulnerabilidad que en un inicio creo que podemos identificar al Estado como su origen, pero me parece importante señalar otra peculiaridad que tiene México. Acá hay una concentración de medios horizontal y vertical, lo que quiere decir que hay un grupo de de personas que son dueños de muchos medios, pero también hay un grupo de personas —familias— que no solo tienen posesión de medios de comunicación sino también posiciones privilegiadas en otro tipo de negocios. Esto lo hace muy difícil. Lo que tenemos son unos medios bastante débiles, comparándolos contra otros países como Argentina e incuso Colombia. En México lo que tenemos son empresas muy pegadas al Gobierno. Si uno mira una vez a la semana las portadas de los periódicos nacionales hay una uniformidad terrible, esto refleja el control que se le hace a los medios de comunicación. Eso tiene que ver con la precarización de los derechos laborales en el periodismo, lo cual se encuentra en la base de la vulnerabilidad de quienes ejercen el oficio.

Toda esta mezcla hace que sea muy difícil ejercer el periodismo de manera libre y sobre todo segura.

"Él, junto a una compañera que ya también fue aseisnada, había presentado denuncias y obviamente fueron denuncias con las que nunca pasó nada, no se dio un proceso judicial que avanzara, sino que quedaron como una anécdota"

 

¿Qué está detrás del asesinato del foto periodista Rubén Espinosa? ¿Qué se sabe?

El caso de Rubén nos ayuda a entender mucho lo que se está hablando ahora de las condiciones generales de libertad de prensa en México. Él trabajaba en Veracruz, que es uno de los estados más peligrosos para ejercer la profesión en el país porque supera la decena de periodistas asesinados en los último cuatro años. Todos estos casos han tenido un efecto devastador en el ejercicio de la libertad de prensa.

Cuando Rubén decide salir de este estado porque había amenazas, decide no aceptar ningún apoyo por parte de las autoridades ni pedir protección por parte de un mecanismo especial. Sí, era una persona que estaba en riesgo y hay una institución que está diseñada para ayudar en estos casos. Pero lo que él dijo fue que no confiaba en ese mecanismo porque pensaba que no podía dar acceso a sus contactos y su información privada cuando probablemente son esos mismos mecanismos los que lo están persiguiendo.

Él, junto a una compañera que ya también fue aseisnada, había presentado denuncias y obviamente fueron denuncias con las que nunca pasó nada, no se dio un proceso judicial que avanzara, sino que quedaron como una anécdota.

Él fue libre en no buscar o no aceptar el apoyo, lo cual es muestra del fracaso de la política de protección.

 

Rubén Espinosa fue el primer periodista desplazado por amenazas y que fue posteriormente asesinado en el D.F, una ciudad supuestamente segura para los periodistas. Ante este panorama, ¿qué futuro tiene la libertad de prensa en México?

Tradicionalmente, la Ciudad de México es una especie de santuario donde están los defensores de derechos humanos y los ciudadanos que huyen de la violencia. Este hecho de Rubén es bastante alarmante porque es muestra de que ya no hay un lugar seguro en el país.

El patron de violencia no coincide, de ahí que estemos intentando determinar qué fue exactamente lo que pasó. Las autoridades de la ciudad llevan dos meses investigando y aún no hay respuesta, no se ha avanzado en nada. Se dijo de manera pública que se iba a cuestionar al gobernador, pero esto se convirtió más bien en una especie de simulación.

Nosotros aportamos una serie de preguntas concretas donde exigimos que se llame a declarar al jefe de la policía, pero ello no pasó. Esa línea de investigación practicamente se desechó. Y Este tipo de omisiones lo que hacen es incrementar la sospecha; las autoridades están obligadas no solo a encontrar la verdad, sino a construirlas con elementos probables. Nosotros estamos buscando que se reactive esta linea de investigación porque nos parece que lo que se ha hecho no ha aportado en nada a una investigación seria.

 

Ustedes que han seguido de cerca el caso y que trabajan en libertad de expresión, ¿qué deja para la libertad de prensa en la región?

Definitivamente, lo que hemos tratado de hacer es bajar el escándalo e irnos a la prevención. No podemos esperar a que haya un ataque para activar toda la red. Cada vez más nos estamos tomando en serio las amenzas. Si revisamos con atención los casos de asesinatos a periodistas en México hay dos particularidades: una es que recibieron amenzas previas y otra es que hay un incremento gradual del nivel de riesgo.

De ahí que consideremos necesario tomarnos las amenzas muy enserio y hacer que las investigaciones se lleven a cabo cuando se trata de denuncias de amenazas.

Con nuestra experiencia, hemos aprendido que no podemos hacerle la vida tan fácil al Gobierno que cree que nosotros existimos como institución que analiza este tipo de hechos, pues ellos ya no deben procuparse y terminan sin hacer nada. El mecanismo estatal que tenemos es muy malo, pero peor sería si no existiera en absoluto y de ahí la necesidad de hacerlo funcionar.

Tenemos que obligar al Gobierno a que funcione como por ejemplo revisando sus procedimientos, asegurando que la información que se investiga sea segura.

Tenemos que seguir trabajando en poder responder de manera más diligente en lo que potencialmente se puede convertir en un asesinato o en ese tipo de cuestiones.

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