Eres peligrosa, Medellín

Ante la crecida de homicidios en la ciudad, el rapero Jeihhco propone una nueva mirada frente a las políticas de seguridad que contribuya no sólo a la no estigmatización, sino a curar la enfermedad del miedo.

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Jeihhco Castaño

Rapero de C15 y coordinador de Casa Kolacho

18.02.2019

“Francamente, Medellín, eres peligrosa. Eres como el diablo para comprarle las almas, con la diferencia de que tú no las condenas al Infierno, sino al No-ser.(…) A cualquier precio querías hacer de mí un delincuente, y en verdad no me explico por qué no lo soy, si hasta me dejaste el estigma de un horrible complejo de culpa.  Mi atormentada cara de poeta sufriente fue siempre para ti un delito.”
Gonzalo Arango

La violencia de Medellín me llena de preocupación. Siento solidaridad por la comunas que viven situaciones aún peores que la que se vive en la 13, que es la mía. Me lamento por todos los asesinatos que esta violencia nos va dejando. La violencia no es sólo peligro, es también lo intangible, lo que esperamos, lo invisible. Hablo de algo que carcome por dentro gran parte de la población: hablo de miedo.

Estoy absolutamente convencido de que el mejor camino para todos los que habitamos esta tierra es que le vaya bien a la ciudad, que le vaya bien al gobierno local, que le vaya bien a los empresarios, que le vaya bien a las organizaciones sociales. Convencido también de que entre todos debemos hacerle frente al principal problema.

Medellín hoy vive uno de los momentos mas difíciles de la historia: tenemos una tasa de homicidio a la que no llegábamos desde hace unos cinco años, pero en especial con una sensación latente en la población que genera que haya silencio, impotencia, nerviosísimo y, sobre todo, mucho miedo.

Creo firmemente que se necesita un nuevo mensaje para la ciudad, una nueva meta y una nueva forma de abordar la seguridad. Tenemos un acumulado, un desgaste, una desazón y una desesperanza: la desmovilización, las operaciones, las capturas de cabecillas, la escolarización, el urbanismo o la inversión social no resolvieron el problema.

Las organizaciones, y un sector de la academia, nos perdemos en el maximalismo de unir el tema de la violencia a uno de igualdad, de equidad y de pobreza; así como la mano dura tiene el problema de ser inexacta y de contribuir a unos positivos (indicadores) bastante alejados de la realidad de la gente.

"Hoy en la ciudad hay una hoja en blanco para disminuir la violencia que podemos llenar todos con propuestas."

No podemos esperar a acabar con la pobreza para tener seguridad, ni la captura de cabecillas de las pandillas o combos —en lo cual es muy hábil la Policía— para traer algún tipo de tranquilidad al barrio.

Las campañas que se han hecho hablando bien de Medellín, creándole una buena imagen internacional, inculcando el orgullo y el positivismo no son malas, pero como ya hemos caminado como ciudad por ahí y nuestra sensibilidad no ha hecho sino crecer frente a la violencia, es hora de dar un giro de ese mensaje.

En ningún momento se trataría de dar el brazo a torcer, pero sí es momento de dar un mensaje de reconocimiento del problema y de dignificar a los que sufren. Se trata de un tema de voluntad política y social al que hay que apelar porque conocemos la calidad de personas que habitan esta ciudad.

Aún, acá, hay esperanza.

Hay que tener muy claro que este no es un tema que se resuelve en cuatro años, con un alcalde, pero muchos estamos listos y creemos que la ciudad está lista para empezar el cambio, para alzar una nuevas banderas frente a la disminución de la violencia.

Es momento de salirnos de lugares estériles y de desgaste de discusión. Hoy en la ciudad hay una hoja en blanco para disminuir la violencia que podemos llenar todos con propuestas. Tenemos que hacer un alto en el camino. Son muchos años sufriendo en Medellín, es claro que el problema es muy viejo y nadie lo ha podido solucionar.

El modelo de seguridad de Medellín no existe: se ha trabajado sobre las arterias del territorio llegando a todo el cuerpo, se hizo una estrategia periférica envolvente, pero poco se ha hecho por las venas y nada por los capilares.

"Tenemos que cambiar del lenguaje de todos, incluyendo de la Policía: un pelado de barrio de combo asesinado no es más que una víctima social."

Tenemos que acabar con el hecho social del combo y por lo tanto con su terreno moral y así recanalizar las pulsiones sociales que encuentran cabida ellos. Recuperar cuadra a cuadra esa ciudad sometida a la violencia es una tarea pendiente donde todos debemos ayudar.

Es claro que poco se puede hacer si esto no es una gigantesca prioridad y no se vuelve en el esfuerzo gigante de toda la ciudad y especialmente del gobierno. No puede haber un “Medellín cuenta con vos” cuando contamos tantos combos en cada esquina.

Sueño una macroestrategia donde los pelados de los combos vean una segunda oportunidad real, desconectados de una vida que es difícil dejar atrás; donde haya una Policía que se parezca menos a un ejército de ocupación y más a una gendarmería, pero a la vez sea capaz de entrar a tiempo a para salvar a cualquier joven en una balacera. Tenemos que cambiar del lenguaje de todos, incluyendo el de la Policía: un pelado de barrio de combo asesinado no es más que una víctima social.

Hablo de un urbanismo barrio adentro pensado para desterritorializar la violencia, estoy seguro de que en cada Comuna desde los liderazgos sociales, culturales y artísticos, hay lideres de la no-violencia que lentamente pueden ganar espacio para un mensaje y una movilización.

Desde la Comuna 13, desde Casa Kolacho, recordar siempre que “Aquí sí hay amor” es un lema con el que estamos trabajando por esta ciudad que amamos y que nos duele, y a la cual no queremos tenerle miedo.

Estemos juntos. Por favor abracemos la ciudad (y no aplacemos este abrazo).

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