El machismo y la corrupción amenazan al fútbol femenino en Colombia

El presidente Iván Duque quiere traer a Colombia el mundial de fútbol femenino en 2023, pero el momento no es el mejor. Los últimos resultados son regulares, la selección no tiene técnico y existen denuncias sobre chantajes, explotación y malos manejos en las concentraciones.

La Liga Contra el Silencio

06.02.2019

Desde 2008 la selección de fútbol juvenil femenino empezó a mostrar éxitos en torneos internacionales: el campeonato en el Sudamericano Sub17 de Chile y la clasificación al Mundial de Nueva Zelanda en la misma categoría fueron, probablemente, el punto de partida. Estos éxitos trajeron celebraciones y una atención inédita por parte de los grandes medios. En ese entonces, la Federación Colombiana de Fútbol destinó un presupuesto simbólico de 30 mil pesos diarios para pagar los ciclos de preparación previos al mundial, además de los 400 mil pesos que cada atleta recibió por la obtención del título y la clasificación.

Durante un tiempo hubo relativa fluidez entre el cuerpo técnico y las jugadoras. Pero en 2012 Felipe Taborda asumió como entrenador de la selección colombiana de fútbol sub 17. Con él, este equipo clasificó al Mundial en Azerbayán de ese mismo año, en el que no superó la primera ronda. Luego vendrían cuatro años de buenos resultados, como el subcampeonato en la Copa América de 2014 y la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río en 2016. Con Taborda, también, empezó a flotar el descontento después de ciertas directrices en las convocatorias.

“En ese mundial empezaron las concentraciones paralelas”, dice una exjugadora que prefirió no ser identificada. “Él (Taborda) habló conmigo y me dijo que si yo quería estar en las concentraciones previas tenía que pagar 600 mil pesos”. La jugadora dice que en ese momento entró en conflicto con su entrenador. “Le dije que si me quería dar la oportunidad, que me convocara, pero yo no tenía por qué pagar. Ahí mi relación con él se quebró totalmente”, recuerda.

El esquema consistía en convocar a seis u ocho jugadoras extra, que no formaban parte de la lista oficial, ni de la lista de reserva a la que tienen derecho los equipos. Según una formadora de futbolistas que fue testigo de estos llamados no oficiales, estas jugadoras viajaban por el país sin seguros y sin la venia de la Federación. Se hospedaban casi siempre en hoteles diferentes a los que usaba la selección oficial, y los gastos de manutención corrían por cuenta de las futbolistas. Según la misma fuente, “a algunas les cobraban dos o tres millones de pesos. Pero conozco el caso de un papá al que le pidieron 10 millones de pesos para que su hija jugara”.

Foto: Camilo Rozo

Otra jugadora que formó parte de la convocatoria oficial dice que ese dinero era para pagar los hoteles, “pero en algunos sitios se terminaban quedando en colchonetas y en colegios”. La jugadora se pregunta a dónde iba a parar ese dinero pagado por chicas a las que llamaban “invitadas”. “Todo esto se sabía y generó mucho conflicto al interior del equipo”, dice.

Los problemas, sin embargo, no se limitaron a Felipe Taborda. El paso de los técnicos Pedro Rodríguez, Ricardo Rozo y Nelson Abadía dejó sus propios conflictos. A la falta de planeación deportiva de la Federación, que cada vez que acaba una etapa deja al equipo huérfano de entrenador como mínimo un año, como sucede hoy en día, se fueron sumando conflictos heredados en el manejo de los grupos. Los resultados deportivos fueron empeorando.

Nelson Abadía fue asistente técnico de Felipe Taborda y más tarde asumió la dirección del equipo de mayores. Fue el último al mando de la mayores. Abadía asegura que cuando veía una “jugadora que no estaba en el nivel o algún nombre raro” en las convocatorias de Felipe Taborda “yo era el primero en protestar y muchas veces no las dejaba llegar”.

Explica que trabajar con futbolistas que no van a “evolucionar es una total pérdida de tiempo”. Estaba, además, en juego el “nombre de Colombia y mi trayectoria de 38 años en el fútbol”. La ruptura total se dio los olímpicos de Río. Fue en el camerino, antes del partido contra Nueva Zelanda. Una de las veteranas del equipo alzó su mano durante la charla técnica y frente a todo el cuerpo técnico y el delegado de la federación dijo que sencillamente “no podía vivir en esa situación más, que se no sentía cómoda con un técnico que vivía de hacer y pagar favores”.

Felipe Taborda fue apartado del vestuario y su asistente técnico, Pedro Alzate, dirigió los dos partidos que restaban contra Nueva Zelanda y Estados Unidos. Una jugadora que formó parte de la selección y hoy vive en el exterior remata: “Felipe nunca estaba en el hotel con nosotras, ni en las reuniones, ni en las comidas. Solo aparecía en los entrenos cuando se enteraba de que las cámaras de RCN y Caracol iban a estar en la Federación”.

Pero poco o nada de esto se dijo en los medios nacionales y ningún directivo habló al respecto. Las luchas entre los canales privados por conservar los derechos de transmisión de los partidos ha generado cierta cercanía entre los medios y los responsables del fútbol colombiano, limitando la capacidad de los reporteros para trabajar con independencia. Lo cuenta un periodista deportivo: “Los escándalos del fútbol femenino no han estallado por dos motivos. El primero es que somos un país machista. El segundo es que a las selecciones no se les puede criticar”.

Se dice que Taborda llegó a cobrar a las jugadoras por las camisetas del uniforme que vistieron durante el Mundial Sub17 de Azerbayán y el Sudamericano Sub20 de Uruguay en 2014. Una de los referentes de la selección, que pidió mantener su nombre en reserva, cuenta que las atletas debían pagar entre 40 y 60 mil pesos por algo que suelen conservar después de las competiciones. “Por derecho, porque es nuestra ropa de trabajo, y por simple cortesía”, señala.

II

Foto: Juan Pablo Pino

Felipe Taborda tiene 40 años y es licenciado en Educación Física. Hoy, según su cuenta personal de Twitter, aspira al Concejo Municipal de Palmira, en el Valle del Cauca. Entre 2012 y 2016 dirigió distintas categorías de la selección femenina. Los medios deportivos lo describían entonces como buen estratega y experto en motivar a sus grupos.

Pero el manejo de un vestuario femenino tiene mecánicas propias, la preparación física es diferente, el manejo anímico y las condiciones laborales también, aspectos difíciles de asimilar en un medio notablemente machista. Muestra de ello son episodios registrados el año pasado, como las declaraciones de Gabriel Camargo, exsenador y presidente del equipo Deportes Tolima, quien se quejó de que el fútbol femenino no era rentable y era “un caldo de cultivo de lesbianismo tremendo”. O la denuncia de las jugadoras del Atlético Huila tras ganar la Copa Libertadores, quienes temieron la posibilidad real de que su premio terminara en manos del club masculino.

Un exempleado de la Federación Colombiana de Fútbol asegura que nunca vio en los entrenamientos con Taborda a gente que no estuviera convocada en las listas oficiales. “Es la primera vez que oigo este tema. Si hay denuncias, la Federación tiene sus propios canales. Ahora, yo tampoco descarto que a Taborda le haya faltado liderazgo”, dice.

En 2015, tras haber recibido la primera convocatoria a un ciclo preparatorio de la selección en Bogotá, una jugadora de Bucaramanga cometió, según dice, una “ligereza”: le regaló al entrenador, por gratitud, una botella de licor. “Felipe me miró como con cara de ‘¡Yo no quiero esto!’ y utilizó una expresión que repetía mucho: ‘Yo lo que quiero es un botincito’”. La futbolista plantó cara y dejó claro que no iba a darle plata. “Y menos por un puesto para la selección Colombia, como si yo dudara de mis capacidades. Ahí es cuando él me desconvoca”, recuerda.

Se dice que Taborda llegó a cobrar a las jugadoras por las camisetas del uniforme que vistieron durante el Mundial Sub17 de Azerbayán y el Sudamericano Sub20 de Uruguay en 2014. Una de los referentes de la selección, que pidió mantener su nombre en reserva, cuenta que las atletas debían pagar entre 40 y 60 mil pesos por algo que suelen conservar después de las competiciones. “Por derecho, porque es nuestra ropa de trabajo, y por simple cortesía”, señala.

¿Por qué nadie denunció? Se trata de jóvenes que luchan por un puesto en un medio pequeño y plagado de intereses. Son pocas las que se atreven a discrepar para no truncar sus carreras.

Antes de los ya mencionados Juegos Olímpicos de Brasil 2016, sin embargo, durante una gira de la selección de mayores en Estados Unidos, un grupo de jugadoras se reunió con un directivo de la Federación para denunciar las irregularidades. Pero el dirigente les restó importancia. La reacción, dice una de ellas, fue como tratar de cubrir un hueco gigante. “Dijeron que eran cosas imposibles de controlar y nadie asumió responsabilidades”.

La Liga Contra el Silencio habló con Felipe Taborda, quien negó haber organizado convocatorias alternas: “Eso no pasó nunca. A veces se jugaban partidos contra equipos que uno conocía. O me pedían el favor en Bogotá, y realizábamos partidos amistosos y teníamos la oportunidad de observar algunas jugadoras”. El entrenador sostiene que solo se comunicaba con la Federación Colombiana de Fútbol, a través de Celina Sierra, la secretaria general y encargada de administrar los hospedajes de las jugadoras.

¿Cobró por convocatorias individuales? “No, eso es falso. Nunca tuve inconvenientes”, dijo.

El portugués Carlos Queiroz ha sido el elegido y su sueldo ascendería a algo más de tres millones de dólares anuales. La dirección técnica de la selección femenina, entre tanto, se halla vacante y sin perspectivas desde que Nelson Abadía fuera despedido en julio de 2018.

III

 

Según la FIFA, en 2018 el mercado mundial de fichajes en el fútbol femenino movió en total 493.235 dólares. Ni siquiera un 0,1 por ciento del flujo en el mercado masculino, y algo menos de lo que gana Cristiano Ronaldo por una semana en la Juventus de Turín.

No hace falta viajar hasta Turín. Basta con repasar el proceso de selección y toda la expectativa alrededor del nombramiento del técnico de la selección Colombia de mayores. El portugués Carlos Queiroz ha sido el elegido y su sueldo ascendería a algo más de tres millones de dólares anuales. La dirección técnica de la selección femenina, entre tanto, se halla vacante y sin perspectivas desde que Nelson Abadía fuera despedido en julio de 2018.

Allí anida, quizás, la raíz del desinterés de la Federación hacia el capítulo femenino. Aún no es un negocio. No desvela a los patrocinadores, ni vende camisetas, ni atrae multitudes a los estadios. Tampoco dispara los índices de audiencia, que empujan a los canales privados tras los millonarios derechos de transmisión.

Pero esto no debería traducirse en la ausencia de controles y mejores condiciones de trabajo para las jugadoras. Eso opina Laura Gómez, abogada y candidata a máster en derecho y violencia de género. “La Federación Colombiana de Fútbol se aprovecha de su fuerza de trabajo a través de los vacíos jurídicos enormes que hay en el derecho deportivo y en las normas FIFA”, dice Gómez. Las jugadoras convocadas no adquieren ningún tipo de compromiso laboral, por eso permanecen indefensas ante cualquier abuso. Según la abogada, “Taborda se aprovechó de su posición para sacar beneficios económicos sin que nadie le diga nada”.

Desde que el expresidente de la Federación, Luis Bedoya, resultó en 2015 involucrado en un escándalo de sobornos bautizado como FIFAgate, se ordenó desde la presidencia de Ramón Jesurún cortar los “auxilios” para remunerar a las jugadoras durante los ciclos de preparación. El pago, que giraba en torno a los 60 mil pesos diarios para las mayores, quedó reservado para las competencias internacionales.

La justificación que recibieron las demás jugadoras fue escueta y confusa: como se trataba de equipos en proceso de formación, los viáticos no aplicaban, salvo para el caso de la selección masculina. Las más incisivas recibieron otro argumento: a raíz del caso de corrupción, la entidad debía saldar algunas cuentas y hacer recortes.

Foto: Web Club Atlético Huila

¿Qué herramientas tienen las jugadoras para hacer frente a estos casos? “Pocas”, responde César Giraldo, abogado experto en derecho deportivo. “Cada entrenador que llega establece sus reglas de camerino. La Federación no tiene un reglamento interno con lineamientos mínimos para las concentraciones”. Se trata de una entidad sin ánimo de lucro, que convoca de forma temporal a las atletas para competir, sin ninguna relación laboral.

Carlos González Puche, director de la asociación de futbolistas profesionales Acolfutpro, con más de 1.400 jugadores activos, completa el panorama: “Los jugadores son empleados y tienen contrato de exclusividad con sus clubes. El llamado a las selecciones nacionales se hace bajo el reglamento de FIFA, como un hecho honroso y que da nombre y vitrina. Pero ahí no hay vínculo laboral permanente, es una situación eventual”.

Según González Puche, a través de los reglamentos deportivos se ha creado todo tipo de figuras que atentan contra los derechos de los futbolistas. “Ellos hacen sus reglamentos, no participan a los jugadores y hacen lo que se les da la gana. Un reglamento deportivo no debería regular por encima de las garantías que tiene cualquier trabajador en Colombia”, dice.

En Estados Unidos o Dinamarca las jugadoras ya cuentan con acuerdos colectivos. Para Laura Gómez este es un adelanto vital: “Les permite pactar desde un principio sus condiciones laborales. Conocen cuánto les van a pagar por torneo o partido, por las concentraciones. Esa es una garantía primordial. El Código Sustantivo del Trabajo debería aplicar para todo el mundo en nuestro país”.

Gómez considera inconcebible que convoquen a deportistas durante diez días o un mes y no sepan si van a recibir una remuneración. “Y encima a algunas les cobran por debajo de la mesa. Es vejatorio de las normas laborales en Colombia y en el mundo”.

El presidente Iván Duque anunció hace pocos días su deseo de traer a Colombia el mundial femenino de mayores que se disputará en 2023. La noticia sorprendió a una de las jugadoras históricas de la selección, que también prefirió no ser citada por temor al poder “de la Federación y de los medios”. Según la veterana, este es un país machista donde la mujer suele cargar las culpas. “Aquí se vive del intercambio de favores y de la rosca, no del esfuerzo y el trabajo. Primero habrá que solucionar eso. Luego veremos si nos merecemos un mundial”, concluye.

 

* La Liga Contra el Silencio contactó a la secretaria general de la Federación Colombiana de Fútbol, Celina Sierra, pero declinó dar declaraciones porque, según dijo, debía atender “un tema de salud”.

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