Luisgé Martín: “Aunque uno no escriba su vida uno siempre está escribiendo de ella”

El escritor español habla de ‘El amor del revés’, su sexto libro. De cómo fue crecer siendo homosexual en la España franquista y de su obsesión por las fotos de carné.

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María Paula Martínez

11.02.2017

Luisgé Martín es escritor, es español, tiene 55 años y es el autor de El amor del revés, una novela autobiográfica que cuenta la historia de un joven homosexual que tuvo que crecer en la España de los años setenta y ochenta. Su nombre completo es Luis García Martín y esta novela, la sexta que ha escrito, es un libro confesional que narra cómo un joven de quince años se enamora de su compañero de clase y se descubre sí mismo. Se cree enfermo, extraño e incorrecto. Es un reflejo de las generaciones que crecieron en una sociedad aún más intolerante que la actual.

Publicó su primera novela de ficción en 1995. ¿Qué lo motivó a escribir ahora un libro confesional?

Cada autor tiene su ritmo y sus exceptivas literarias. Hay todo un proceso, que es el que yo cuento en El amor del revés. Tiene que ver con el auto-conocimiento y la auto-aceptación. Es un camino muy largo que sólo puede mirarse con cierta frialdad cuando ya es lejano, cuando se ha quedado dentro de los sentimientos, dentro de lo que uno es, de la identidad, de lo que se ha construido. Sólo entonces puede uno verlo como si fuera la vida de otra persona. Creo que si hubiera escrito este libro antes habría sido muy distinto. Pensé, de hecho, que lo iba a escribir más tarde. Hacerlo siempre tuvo una serie de implicaciones familiares absurdas que en su momento consideré. Tal vez, debí esperar a que el fuego estuviera completamente apagado para encontrar el mejor momento y escribir.

Luís, el protagonista del libro, es un joven que tarda mucho en salir del clóset. Se guarda el secreto y se niega a revelárselo al mundo. Luego, asume el riesgo y vive un proceso de reconocimiento que usted describe como una metamorfosis inversa a la de Gregorio Samsa. ¿Es esta una novela sobre los riesgos de asumir una identidad propia?

El riesgo es la fragilidad propia. Mostrarse en las grietas que todos los escritores tenemos. Creo que no hay escritores sin grietas, pero algunos las tenemos más marcadas por nuestras carencias y nuestras ausencias. El riesgo de escribir El amor del revés no fue tanto contar aquel chaval que fui, sino hablar de cómo aquel chaval acaba siendo el hombre que soy. Mostrar que todas esas debilidades, todas esas fragilidades, son las mías.

La sociedad que Luís narra es la de las pretensiones. La España después de Franco que intenta transformarse y quitarle máscaras a sus protagonistas. ¿El eje principal de la historia es la transformación propia o la transformación de la sociedad?

Aunque uno no escriba su vida, uno siempre está escribiendo de ella. En todas mis novelas y libros de cuentos hay un tema central que es la construcción de identidad: qué es y cómo hemos llegado a ser lo que somos. Una de las reflexiones que hago es si esto a lo que llamamos disfraz en un determinado momento no se nos pega tanto a la piel que deja de ser disfraz. Deberíamos preguntárnoslo.

En mi libro, cito una  frase célebre de La Rochefoucauld que dice que estamos tan acostumbrados a fingir, a disfrazarnos para los demás, que acabamos convirtiéndonos en aquello que decimos que somos. Yo creo que es así. Pienso en todos mis comportamientos de ahora, en mis taras, en mi gestualidad, y me pregunto cómo habría sido si no fuera homosexual, si no me hubiera pasado tantos años representando un papel, si no hubiera estado fingiendo. Sin duda sería otra persona, me movería de otra forma, tendría menos inseguridades. ¡Yo qué sé qué sería! Lo que sí sé es que ese disfraz que durante tanto tiempo ayudó a construirme dejó de ser disfraz y ahora forma parte de lo que soy.

"Muchos pensaban que la homosexualidad era un enfermedad, un pecado, algo terrible. Yo mismo lo pensaba. Lo llegué a creer porque eso era lo que se respiraba en el ambiente"

Luís cuenta cómo fue crecer en Madrid: en un colegio católico, sin internet ni redes sociales. ¿Qué tan significativa considera la diferencia entre la sociedad de entonces y la sociedad actual?

Hoy las generaciones la tienen mucho más fácil, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que la tengan fácil. Creo que hay algunas transformaciones que han sido decisivas y que han hecho que los años setenta mis años sean completamente distintos a estos últimos. El mundo ha cambiado, por fortuna, ideológicamente y hay más niveles de tolerancia y aceptación.

Pero realmente la aceptación de la homosexualidad que había en la España en que yo viví y crecí era prácticamente inexistente. Muchos pensaban que era un enfermedad, un pecado, algo terrible. Yo mismo lo pensaba. Lo llegué a creer porque eso era lo que se respiraba en el ambiente. Hoy, se respira otra cosa. La homosexualidad está aceptada y legalmente no tiene nada que ver con aquel momento. Estoy casado con un hombre y hago una vida absolutamente normal.

A eso se suma una pequeña gran revolución: la tecnológica. En el libro cuento las peripecias que viví para contactar a otro homosexual. Hoy, con una aplicación móvil como Grinder puedes llegar a alguien fácilmente. Puedes conocerlo y tener feedback. Darte cuenta de que no eres raro ni estás haciendo algo malo. Igual sigue siendo difìcil. Conozco chavales que están en una situación dramática, terrible, con dolor y sufrimiento, pero que saben que tienen aplicaciones y libros como el mío. Que pueden acostarse con otros chicos y que, realmente, aunque la están pasando mal, no son raros, no son diferentes y no tienen de qué avergonzarse.

En cuanto al lenguaje, hay mucha crueldad en los diálogos de Luís y su compañero. ¿Es una novela que denuncia la intolerancia o es un novela de amor?

Ambas. Pero si tengo que elegir debo decir que el libro es sobre el amor. Yo me he construído buscando el amor. Ese chaval que de repente se enamora de su compañero de clase, que descubre que no puede amar a otro hombre y huye de eso, está huyendo de sí mismo. Pero periódicamente, cíclicamente, le vuelve a venir esa necesidad del amor, de saber qué es y cómo completarse con el. Creo que El amor del revés es fundamentalmente un libro de amor y de mucho desamor. Es un libro sobre la intolerancia que sufre alguien que no tiene ninguna culpa ni ha hecho ningún daño, pero que no puede ni le dejan amar con naturalidad.

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En la novela no hay fotografías ni referencias visuales de la sociedad de entonces o de su protagonista. Se narran episodios del cine y la televisión en España, pero sin ninguna imagen. Sin embargo, en la portada del libro aparecen, en blanco y negro,  nueve retratos tipo documento. ¿Cómo fue la elección de estas imágenes?

La fotografía me fascina. Es la detención de la vida en instantes que captan partes de tu alma. Mi gran “magdalena de Proust” ha sido siempre la fotografía y quizá por eso empecé a guardar las de los carnés. La del carné de la biblioteca, la del carné del del colegio, todas las guardaba en un sobrecito. Hace unos años, cuando construí mi pagina web, hice que la pestaña de biografía se abriera con una secuencia de fotos tipo documento que comienza con una a los cinco o seis años y termina con la más reciente. Después, cuando estaba buscando portada, pensé que esta idea era perfecta para representar lo que es El amor del revés. De todas las fotos de la página web, que son más de 30, elegimos las que corresponden cronológicamente al periodo del que habla el libro. Quedé muy satisfecho con la idea, además tiene gracia. Las portadas muchas veces son aburridas y monótonas, esta no.

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