Lo que viene para Alejandro Gaviria, nuevo rector de Uniandes

La Universidad de los Andes tiene nuevo rector: Alejandro Gaviria. Tendrá que enfrentar retos financieros, relaciones fraccionadas internas y disparidades de género. Cerosetenta habló con fuentes que conocen por dentro la Universidad para entender estos retos.

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Natalia Arenas

20.05.2019

[N. de la E. esta historia fue actualizada tras conocer la decisión del Consejo Superior de la Universidad]

Los 37 miembros del Consejo Superior de la Universidad de Los Andes votaron esta tarde para elegir rector. El elegido fue Alejandro Gaviria, ingeniero y economista y ex ministro de Salud. Los otros dos candidatos eran Ana María Ibáñez, actual asesora de la vicepresidencia de Sectores y Conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y ex decana de la Facultad de Economía y el ex ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas. 

Cerosetenta habló con seis fuentes (dos altos miembros del Consejo Superior y tres profesores de la Universidad que conocen a los candidatos), y con el presidente del Comité Estudiantil Uniandino (CEU), Juan Camilo Reyes, para entender por qué esta elección es importante, cuáles son los principales retos que deberá afrontar el próximo rector y cuáles son las fortalezas y debilidades de los candidatos. Salvo Reyes, las otras cinco fuentes pidieron la reserva de sus nombres para no exponer en público sus opiniones personales antes de la elección. Así, esto es lo que debe saber para estar orientado sobre la elección que se viene.

Por qué esta elección es tan importante

Primero, un poco de contexto. El saliente rector Pablo Navas Sanz de Santamaría anunció en diciembre que no iba a postular su nombre para un próximo período. Había sido elegido en junio de 2011 y, desde entonces, el Consejo Superior lo reeligió en dos ocasiones. Es ingeniero industrial de la Universidad de Cornell y tiene una maestría en administración de Los Andes. Antes de ser rector fue miembro del Consejo Superior de la Universidad desde 1983. Allí ocupó los cargos de vicepresidente y presidente entre 1997 y 2003. Esos mismos cargos los había ocupado el ex rector Carlos Angulo Galvis, antes de ser elegido en 1997.

Ninguno de los tres nuevos candidatos viene del Consejo Superior. Por primera vez en 32 años los candidatos no son del corazón directivo de la Universidad. Ese es quizá el primer gran cambio de esta elección y, según una alta fuente consultada para esta historia, “una muestra de que el Consejo Directivo ha ido cambiando”.

“Ya no está el anhelo de hacer carrera. Hubo un esfuerzo para conocer bien a los candidatos y encontrar gente distinta”, agregó. Aunque, según otra alta fuente consultada, fue un proceso que se dio porque ninguno de los miembros del Consejo Superior quiso postular su nombre para esta elección.

El otro gran cambio es que la Universidad buscó hacer un proceso de selección más abierto, participativo y transparente. La postulación de Alejandro Gaviria, por ejemplo, incluyó una carta de respaldo de 204 profesores de la Universidad. Además, las directivas han hecho un esfuerzo para mantener informada a la comunidad universitaria sobre cómo se está adelantando el proceso y, por primera vez, según Juan Camilo Reyes del CEU, los estudiantes pudieron hacer recomendaciones para elegir al nuevo rector. El Comité Nominador, que designó el Consejo Directivo, se sentó con él y con representantes de casi todas las facultades para preguntarles cuáles son, en su opinión, las características que debe tener el próximo rector, según le contó Reyes a Cerosetenta.  

La plata: lo de siempre

La elección de un nuevo rector llega en un momento neurálgico para la educación superior en Colombia. Luego de una década de crecimiento, en 2017 el número de matriculados en instituciones de educación superior cayó 7 puntos con respecto al 2016. En el sector privado, la caída fue del 10 por ciento, como explicó Francisco Cajiao, consultor en educación, en un artículo publicado por Razón Pública.

Hay varias varias explicaciones para la caída: desde demográficas (ahora hay menos jóvenes en edad universitaria), tecnológicas (cambios en las formas en las que las personas acceden al conocimiento) y por supuesto, económicas. “Colombia optó por el gasto privado (de las familias) como mecanismo fundamental de acceso a la educación superior. Pero esa estrategia parece haber encontrado su tope”, escribió Cajiao. Las familias que tienen recursos limitados están viendo cómo incrementan los precios de las matrículas de las universidades mientras que muchos graduados se esfuerzan por encontrar trabajo. A la vez, cada vez hay más carreras y oficios alternativos disponibles —como cocina, que se enseña en escuelas especializadas– que generan empleabilidad más rápido.

Es una realidad que no sólo se está viendo en Colombia: “la educación formal se está volviendo obsoleta. La gente se piensa cómo se va a gastar toda esa plata en eso”, dice una de las fuentes consultadas para esta historia.

La Universidad de los Andes no es ajena a esta realidad. Mientras que en el 2015 hubo 3.356 estudiantes nuevos matriculados en pregrado (incluyendo reservas y transferencias), en 2018 hubo 2,695. Unos 661 menos, según cifras del Boletín Estadístico de 2018 de la Universidad. Aunque el Boletín no presenta datos de matriculados en posgrados (maestrías y doctorados), los inscritos y admitidos también han bajado. En la Maestría en Ingeniería, una de las carreras más taquilleras, las inscripciones cayeron 35 % comparadas con las de 2016.

El problema es que la mayoría de los ingresos de las universidades privadas dependen de las matrículas, y, por eso, la caída ha significado un golpe financiero: los ingresos de Los Andes dependen en un 90 % de las matrículas, según una fuente del Consejo Superior.

“Después de 70 años de consolidar su prestigio, la Universidad de los Andes necesita garantizar una sostenibilidad académica y financiera suficiente para seguir al menos otros 70 años. El nuevo rector tiene la vara muy alta”, dice.

A ese reto se suma otro: la competencia. En los últimos años ha aumentado la oferta en becas y programas en universidades tanto dentro como fuera del país con buena calidad académica, pero “a costos más razonables”, en opinión de otra de las fuentes consultadas. “La Universidad tiene que ponerse nuevamente a la vanguardia”, asegura.

"Necesitamos a alguien que sepa moverse en el contexto político. El nuevo rector debe tener conciencia de eso"

Y aún la política ha jugado un rol: el tránsito que promovió el actual gobierno de Iván Duque del programa Ser Pilo Paga —en el que Los Andes fue pionera— a Generación E, que cambió las cargas entre las universidades públicas y las privadas. El nuevo programa cubre el 100 % de los costos de la educación superior de los mejores estudiantes del país cuando ellos eligen universidades públicas y sólo en 50 % cuando eligen universidades privadas y éstas tienen que aportar el 25% de los recursos restantes. 

El cambio fue “una pérdida muy fuerte para la Universidad”, según una fuente del Consejo Superior. En 2017 Los Andes fue la tercera universidad del país con más ‘Pilos’ matriculados pero recibió la mayor cantidad de recursos: unos 49 mil millones de pesos, como contó en ese momento El Espectador.

En medio de esta situación financiera, la Universidad de los Andes hizo varias inversiones en infraestructura. Aunque no en todas se han visto réditos inmediatos, para todas las fuentes consultadas para esta historia eran indispensables. Las más visibles son por ejemplo de CityU, la torre para residencias que arrendó la Universidad en el centro de Bogotá o la nueva sede de la universidad en Serena del Mar, en Cartagena.

“Quizá no son las inversiones más relevantes pero las apuestas que hay detrás son las correctas”, le dijo a Cerosetenta una de las fuentes consultadas. “La universidad se tiene que regionalizar y tiene que ofrecer oportunidades a los estudiantes de afuera para que tengan una vida más completa”. Además, agrega otra fuente, “eso no es lo que está desbalanceando financieramente a la Universidad. Se necesitaban inversiones en infraestructura para responder a la cantidad de gente”. “La educación de calidad cuesta”, opinó una tercera fuente.

Por eso, una de las características claves que deberá tener el próximo rector es el manejo de las relaciones entre el sector público y el privado para buscar otras fuentes de financiación, diversificar las actuales y reducir la dependencia económica en las matrículas.

“Necesitamos a alguien que sepa moverse en el contexto político” no sólo porque “nos metimos en la batalla público privada de las becas” sino porque “la Universidad tiene que volverse más relevante en el contexto de la investigación e incidencia en políticas públicas, tiene que ser un interlocutor válido. El nuevo rector debe tener conciencia de eso”, agregó una de las fuentes del Consejo Superior.

Los otros retos

El pasado viernes, durante la despedida del saliente rector Pablo Navas, el vicerrector académico, Carl Langebaek, lo describió en tono jocoso como un rector “al que el tema de la plata le importó un montón”. “Un rector caracterizado por la terquedad” que produjo muchos cambios positivos pero que generó resistencia: “Sin resistencia”, dijo, “no hay cambio”.

Esa resistencia se nota por ejemplo en que hoy muchos profesores sienten que se fragmentó la relación entre las directivas administrativas de la Universidad y la parte académica. Las medidas que se tomaron para promover la gestión administrativa crearon una sensación “de que los culpables por la falta de recursos son los profesores”, según una fuente del Consejo Superior, y el reclamo de los profesores, según otra fuente, era que “la gestión administrativa debe estar al servicio de la academia y no al revés”. La confianza entre ambas partes quedó debilitada. Por eso, una de los retos claves de la próxima administración es reconstruir esa confianza. En eso estuvieron de acuerdo todas las fuentes consultadas para esta historia.

“A la anterior administración le tocó mirar el tema financiero con más cuidado y eso genera dificultades que no son insuperables. Debemos retornar otra vez a las necesidades académicas para crear un ambiente en el que todos empujen para el mismo lado”, le dijo a Cerosetenta otra fuente del Consejo Superior.

"El reto es volver a generar armonía, confianza, un trabajo en equipo más sólido. Tiene que ser alguien con la credibilidad entre los profesores"

Esa tensión no es un secreto dentro de la Universidad. A finales del año pasado salieron los resultados de una encuesta de percepción del profesor, una iniciativa de la Rectoría, la Vicerrectoría Académica y la Dirección de de Planeación y Evaluación en la que participó el 26 % de los profesores de planta de la Universidad.

Entre los resultados más interesantes se puede ver que el 55 % de los profesores consultados están de acuerdo con la visión de la universidad para los próximos 5 años mientras que el 45 % restante o no está de acuerdo o es indiferente. “Se menciona con frecuencia la inconformidad por (…) el marcado énfasis en la sostenibilidad financiera y los asuntos financieros por encima de los temas académicos”, dice el texto. Los resultados también muestran que entre los profesores hay un gran gusto por el trabajo en la Universidad: el 45 % reportan que el trabajo les gusta y 36 % que les encanta. Solo un 16.8 % reporta que el trabajo no les gusta o son indiferentes. “Al mismo tiempo, sin embargo, el 42 % de los profesores reporta haber considerado cambiar de trabajo. Algunos de éstos han tomado acciones y otros no, pero reportan que sí lo han considerado y lo harían ante la posibilidad de conseguir una alternativa mejor”, dice la encuesta.

“El reto es volver a generar armonía, confianza, un trabajo en equipo más sólido. Tiene que ser alguien con la credibilidad entre los profesores que pueda inspirar, que tenga mística para trabajar en una nueva cultura de la confianza mutua y cambiar la idea que supone que los profesores son vagos. Es una visión ajena a como siempre funcionó”, agregó otra fuente.

Y, para completar, el próximo rector tendrá el reto de trabajar en aras de la equidad de género y promover la prevención y atención frente a los casos de acoso y violencia sexual, asuntos que atañen a todas las universidades y sobre los que hay procesos abiertos en Los Andes. En cuanto al primero, la Universidad ha avanzado bastante pero todavía hay facultades como Economía, el CIDER y la Escuela de Gobierno donde el 80 % de los profesores de planta son hombres, según datos del último Boletín Estadístico de la Universidad. Frente al acoso se han promovido protocolos y rutas de atención y dentro de la Universidad se han creado varios grupos de estudiantes que acompañan estos casos como PACA y No es Normal.

“La Universidad se tiene que poner a la altura de la realidad del momento. Quién venga tiene que tener libertad de pensamiento y apertura para generar soluciones y respuestas. Un perfil diferente porque aquí todavía hay gente muy conservadora que no entiende la necesidad de un cambio, la necesidad de defender derechos y libertades”, dijo una de las altas fuentes. “Hay que tomar decisiones para hacer más amable el ambiente en cuestiones de género. Para que todos seamos más civilizados”, agregó otra.

¿Están preparados los candidatos?

Los tres candidatos comparten muchas características: son economistas, tienen doctorados en economía, tienen títulos académicos de universidades extranjeras —gringas sobre todo—, han trabajado en la academia y aunque en distinto grado, conocen el sector. Además, tienen muchas conexiones que podrían ser claves para que la Universidad busque recursos y conocen la realidad del país. Estas son, según nuestras fuentes, sus principales fortalezas y debilidades.

Ana María Ibáñez

Es economista de la Universidad de los Andes y tiene una maestría y un doctorado en economía agrícola y recursos naturales de la Universidad de Maryland, Estados Unidos. Es la candidata con el perfil más académico. Desde el 2006 ha sido profesora asociada y titular de la Facultad de Economía, directora del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, (CEDE) y decana de la Facultad entre 2012 y 2016. Su trabajo se ha concentrado en el análisis microeconómico del conflicto armado interno, las causas y consecuencias del desplazamiento forzado y las dinámicas de concentración e informalidad de los derechos de propiedad sobre la tierra.

“Es una gran académica. Conoce muy bien la Universidad y le fue muy bien como decana, donde demostró que tiene mucha sensibilidad frente al tema de la equidad de género. Habla de lo que sabe y lo hace con mucho rigor”, dice una de las fuentes. “Su fortaleza es académica, pero estamos en un momento de transición. Ella tiene todos los pergaminos pero quizá le falta experiencia pública”, le dijo otra de las fuentes consultadas a Cerosetenta.

Su paso por el sector público se concentró en los años noventa cuando fue investigadora económica en el Banco de la República y la Federación Nacional de Cafeteros y asesora del Ministerio de Medio Ambiente y subdirectora de desarrollo en el Departamento Administrativo del Medio Ambiente, hoy secretaría del ambiente de Bogotá. También tiene trayectoria en organismos internacionales como el Banco Mundial y desde abril está en Washington como asesora económica principal en la vicepresidencia de Sectores y Conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo, cargo que había aceptado antes de postularse a la rectoría de la Universidad, según supo Cerosetenta.

Alejandro Gaviria

Aunque estudió ingeniería civil, ha hecho casi toda su carrera profesional como economista. Tiene una maestría en economía en la Universidad de los Andes y un doctorado en economía en la Universidad de California. Tiene experiencia tanto en el sector público como en la academia. En el primero ha sido subdirector del Departamento Nacional de Planeación entre 2002 y 2004 y Ministro de Salud entre 2012 y 2018 durante el Gobierno de Juan Manuel Santos. En la academia ha sido ha sido investigador y subdirector de Fedesarrollo, el tanque de pensamiento sobre política económica y social. En el 2004 entró a la Universidad de los Andes como profesor de la facultad de Economía y fue decano entre el 2006 y el 2012. Actualmente es el director del Centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina (CODS) con sede en la Universidad de los Andes.

“Es una persona muy completa en lo intelectual y en lo humano”, dice una de las fuentes. “Tiene capacidad de inspirar, entiende los retos de la educación hacia el futuro, tiene vida académica, ha estado metido en ella y tiene credibilidad”, agrega otra.

Además tiene mucha exposición pública, no sólo porque fue Ministro sino porque es en sí mismo una persona mediática que habla de todo, desde los efectos del glifosato hasta sobre por qué es ateo. Ese esa es, para algunos, su debilidad: es una persona franca, directa, sin pelos en la lengua. Y aunque ha habido cambios, la Universidad sigue teniendo un talante conservador. “Podría ser el que causa más susto en el status quo de la Universidad, aunque ese status quo se ha roto mucho”, le dijo a Cerosetenta una de las altas fuentes consultadas.

Mauricio Cárdenas  

Es economista con maestría de economía de la Universidad de los Andes, y tiene un doctorado, también en economía, de la Universidad de Berkeley, en California. Tiene una larga experiencia en el sector público (ha sido Ministro de Desarrollo, de Transporte, director de Planeación Nacional y de Minas y Energía y Hacienda en el Gobierno de Juan Manuel Santos). Es el candidato con más perfil político, ha sido “presidenciable” y está adscrito al Partido Conservador. “Es una persona que está insertada en la élite económica, política y social del país”, dice una de las fuentes. 

Cárdenas ha sido investigador y director general de Fedesarrollo en dos ocasiones (del 96 al 98 y 2003 al 2008), director de la Iniciativa para América Latina del Brookings Institution, un centro de investigación en política pública de Estados Unidos y presidente de la Asociación Latinoamericana y Caribeña Económica (LACEA) entre el 2008 y 2009. Además, ha sido profesor visitante en universidades norteamericanas como la Universidad de Harvard entre marzo y junio del 2001 y desde febrero de este año es profesor visitante de la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos (Sipa, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Columbia en Nueva York. En la Universidad de los Andes ha sido profesor de la Facultad de Economía en programas de pregrado y posgrado.

“Es una persona muy trabajadora, que pone a trabajar a la gente y tiene muchas conexiones que le podrían ayudar a gestionar recursos para la Universidad. La pregunta es cuáles son sus ambiciones”, le dijo una fuente a Cerosetenta. Eso y que no conoce la Universidad como los otros es su principal debilidad, en opinión de tres fuentes consultadas para esta historia.

 

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    Ahora que la decisión se hizo, ¿será que ya se pueden revelar las fuentes del artículo? Al menos las de los profesores, pues resulta extraño que los profesores de una universidad no se atrevan a hablar a nombre propio sobre la universidad. Es muy diciente que la única fuente que no tuvo problema en hacer público su nombre sea un estudiante, el representante estudiantil. Ni que fuéramos la Iglesia o el ejército…

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