Lo que falta por pensar sobre el aislamiento inteligente

El Gobierno de Ivan Duque puso a rodar la idea de un “aislamiento inteligente” incluso antes de que decidiera extender el periodo de cuarentena. La estrategia —inspirada en los resultados de países como Corea del Sur y Alemania— suena bien en la teoría pero podría no traducirse al caso Colombiano.

Felipe Botero

@fboteroj

Profesor asociado del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes.

07.04.2020

El gobierno ha puesto a rodar la idea del aislamiento inteligente como mecanismo para relajar la cuarentena, cuyo plazo se fijó inicialmente hasta el 13 de abril y que, esta semana, se extendió hasta el 26. En una entrevista, Duque dio unas ideas muy generales sobre lo que serían las medidas para controlar la pandemia, las cuales estarían inspiradas en las políticas adoptadas en Corea o Singapur. Aunque en teoría la estrategia es razonable, los supuestos sobre los que reposa son problemáticos para un país como Colombia.

Corea, por ejemplo, ha hecho pruebas en forma de tamizaje poblacional. Es decir, se ha testeado de manera amplia, pero en poblaciones específicas —como en Daegu, lugar de residencia de la trístemente célebre paciente 31— y de acuerdo con las estimaciones de nivel de contagio, se toman medidas puntuales en cada lugar. Las pruebas son masivas, pero no indiscriminadas. La focalización ha permitido un mejor uso de los recursos y los resultados han mostrado que efectivamente han aplanado la curva. Otro caso de éxito ha sido Alemania. Allí, el reducido número de muertes ha mostrado las ventajas de hacer muchas pruebas —más de 918 mil pruebas hasta el cierre de esta nota—, rastrear bien los casos e iniciar su tratamiento con celeridad, y estar bien preparados con mucha anticipación. Un laboratorio alemán había desarrollado una prueba para el coronavirus a mediados de enero y había publicado la fórmula en Internet. Cuando detectaron el primer caso a finales de febrero, múltiples laboratorios en todo el país ya tenían un buen inventario de pruebas para aplicar a la población.  Adicionalmente, el éxito en estos casos se debe a la existencia de un sistema de salud robusto y en la confianza del gobierno y su capacidad para implementar las medidas necesarias para contener y mitigar el virus.

Alemania cuenta con cinco veces más camas y casi veinte veces más camas en las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) que Colombia.

Colombia está rezagada en términos de las pruebas que hace, la estrategia con las que las hace y la capacidad de su sistema de salud. Según cifras oficiales, en el país se han realizado, a la fecha de cierre de esta nota, más de 27 mil  pruebas. La primera noticia de un caso descartado de Covid-19 es del 22 de enero, o sea hace 75 días. Esto quiere decir que en el país se han hecho casi 350 pruebas diarias. Puede parecer injusto o impreciso incluir en este cálculo fechas tan remotas, cuando ni siquiera sabíamos a qué nos enfrentábamos. Si hacemos el cálculo con los 32 días que han pasado desde el primer diagnóstico, entonces el promedio aumenta a un poco menos de 820 pruebas diarias. Cualquiera de los dos cálculos está muy lejos del número de pruebas que se están practicando en los países que queremos emular. En Corea se han hecho 461.233 pruebas y en Singapur se han hecho 65.000, países que mencionó Duque.

Figura 1. Número de pruebas de Covid-19 por país. En verde se resaltan los países usados como ejemplo; en rojo se resalta Colombia. Fuente: elaboración propia con datos tomados aquí.

Está gráfica compara los países de acuerdo con el número de pruebas. Como se observa, Colombia ocupa un lugar muy bajo en la tabla; tampoco es claro por qué el presidente mencionó a Singapur como ejemplo, por lo menos en lo que respecta al número de pruebas. 

En cuanto la realización de las pruebas en el país, el Instituto Nacional de Salud no ha desplegado una estrategia amplia. En declaraciones a medios, su directora señaló que existen perfiles definidos para realizar las pruebas, por los que estas se aplican a personas procedentes de países críticos, con  síntomas avanzados o que hayan estado en contacto con pacientes diagnosticados.

Si bien, el sistema de salud en Colombia tiene niveles aceptables de acceso, la capacidad hospitalaria es muy limitada, tal como se aprecia en la figura 2. Alemania cuenta con cinco veces más camas y casi veinte veces más camas en las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) que Colombia. Por su parte, Corea tiene aproximadamente siete veces más camas —regulares y UCI— que con las que contamos en el país.

Figura 2. Número de camas hospitalarias y camas en Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) en el mundo. En verde se resaltan los países usados como ejemplo; en rojo se resalta Colombia. Fuente: elaboración propia; datos del mundo. Y en datos de Colombia.

Sin desconocer el trabajo intenso del personal del Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Salud y las instituciones prestadoras de servicios de salud en todo el país, tenemos muy poca información sobre el coronavirus en el país. El número de pruebas es limitado y sabemos que el número “real” de casos es mayor, pero no sabemos cuánto. Usando la estimación sugerida por Tomás Pueyo, y dado que los casos en Colombia se están duplicando cada seis días aproximadamente, el número real de casos podría ser de 28.000. Ahora bien, lo cierto es que el número de pacientes hospitalizados en el país sigue siendo muy bajo, con menos de 200 pacientes en hospitales —de los cuales sólo 63 están en las UCI. Es decir, independientemente del nivel de subreporte de los casos, en Colombia no se han vivido (¿todavía?) las historias de horror que nos han llegado de Italia, España o EE.UU.

Por último, está el tema de la confianza en los líderes políticos. En Alemania y en Corea, los gobiernos actuales gozan de legitimidad entre sus ciudadanos y tanto Merkel como Moon han visto sus índices de aprobación mejorar como resultado de su manejo del coronavirus. Por su parte, en febrero pasado la aprobación de la gestión de Duque llegó tan sólo al 23 %. No obstante, el gobierno tomó decisiones acertadas cuando limitó el ingreso de extranjeros al país y al decretar la cuarentena. Respecto a esta última, ha estado acompañada de algunas medidas para aliviar el impacto económico tanto para las empresas como para las personas. Sin embargo, en un país con una tasa de informalidad tan alta, es comprensible ver que mucha gente se ha visto forzada a salir a trabajar so pena de pasar hambre. Es reprochable que algunos medios de comunicación, desde la indolencia y la comodidad que les permite el teletrabajo, tilden a estas personas de irresponsables. Como lo mostró el New York Times, quedarse en casa es un privilegio. Aunque el gobierno colombiano haya tomado buenas decisiones, son limitados los recursos políticos y económicos con que cuenta para proteger efectivamente a la población.

Está bien emular a los países que están haciendo bien las cosas. Pero no basta decir que nos queremos parecer a ellos. Puede que el número bajo de casos, pacientes hospitalizados y muertes signifique que han funcionado las medidas como la cuarentena o las restricciones al ingreso de viajeros internacionales. El problema es que no lo sabemos con certeza. La tentación es grande para retornar a la normalidad, pero esas medidas tienen que estar respaldadas en datos duros. Hay que hacer una evaluación seria de los recursos con los que disponemos y diseñar estrategias concretas, basadas en copiosas evidencias y datos. De lo contrario, cualquier medida para relajar la cuarentena no sería realmente inteligente.

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