Lo primero son las uñas

Segunda entrega de mis conversaciones en Cuba.

por

Alejandro Gómez Dugand

Estudió literatura en la Universidad de los Andes, donde también terminó una Maestría en Periodismo. Ha sido editor de la Revista Cerosetenta desde su fundación en el 2011 hasta el 2015, cuando la empezó a dirigir. Sus textos han aparecido en la Revista Arcadia, Revista SoHo, Bacanika, Revista Diners, El Espectador, Humbolt Magazine, vive.in y Cerosetenta entre otros. En 2020, recibió junto con el equipo editorial de 070, el Reconocimiento Clemente Manuel Zabala de la Fundación Gabo, con el que se reconoce a editores colombianos.


17.04.2015

Lo primero son las uñas.
Cuando llegas, justo después de que que te piden tu pasaporte y te preguntan si has visitado África en los últimos meses…
–No
¿Has tenido contacto con alguien que haya visitado África?
–No
¿Diarrea?, te preguntan, ¿gripa?
–No.
–No.

…Y entonces las uñas. Uñas largas y pintadas y tan –tan- raras.
Quiero decir: al menos tres colores, incrustaciones de imitaciones de diamantes. Y uñas largas.
Son muy largas.
Uñas con las que teclean tu nombre en los teclados de los compus de inmigración.
–¿Cómo es tu segundo apellido?
–Dugand.
Y entonces las puntas de ocho uñas empiezan a presionar teclas.
D
U
G
A
N
D

Lo que viene después son las medias veladas de la cubana que te dice que no tienes que hacer la misma fila eterna que hacen los cubanos que llegan y que deben registrar lo que traen en sus maletas. Y después los anillos.

La idea de que en un país en el que la personalidad no se puede expresar por medio del ringtones de tu iPhone 6 encuentra salidas en detalles más chicos (pequeños escándalos minimalistas de individualidad) empieza a clavarse en mi cabeza.

Y después empiezas a ver cómo en Cuba a veces todo puede llegar a ser tan literal. En Matanzas, por ejemplo, un almacén que vende pollos no tiene que hacer grandes esfuerzos. En Colombia los que venden pollos tienen que hacer un trabajo muy particular: la Brasa Roja, Kokoriko, Cali Mío, Cali Vea… En cuba el letrero en frente de los comercios que venden pollo dicen, sin mayores pretensiones y en letras muy sencillas: pollo.

Igual va para los almacenes que venden juguetes. Quiero decir: en los locales en los que venden muñecas traídas de China, juguetes que llegan en barcos desde Vietnam, dicen, en letras de varios colores, “Juguetería”.

Nada más. Nada menos.

Acá los que se dedican a “diseñar imágenes” tendrían que buscar nuevos oficios.

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Alejandro Gómez Dugand

Estudió literatura en la Universidad de los Andes, donde también terminó una Maestría en Periodismo. Ha sido editor de la Revista Cerosetenta desde su fundación en el 2011 hasta el 2015, cuando la empezó a dirigir. Sus textos han aparecido en la Revista Arcadia, Revista SoHo, Bacanika, Revista Diners, El Espectador, Humbolt Magazine, vive.in y Cerosetenta entre otros. En 2020, recibió junto con el equipo editorial de 070, el Reconocimiento Clemente Manuel Zabala de la Fundación Gabo, con el que se reconoce a editores colombianos.


BIO

Alejandro Gómez Dugand

Estudió literatura en la Universidad de los Andes, donde también terminó una Maestría en Periodismo. Ha sido editor de la Revista Cerosetenta desde su fundación en el 2011 hasta el 2015, cuando la empezó a dirigir. Sus textos han aparecido en la Revista Arcadia, Revista SoHo, Bacanika, Revista Diners, El Espectador, Humbolt Magazine, vive.in y Cerosetenta entre otros. En 2020, recibió junto con el equipo editorial de 070, el Reconocimiento Clemente Manuel Zabala de la Fundación Gabo, con el que se reconoce a editores colombianos.


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