Día 1: ¡Llegamos!

Así fue nuestro viaje a Bahía Málaga.

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Sebastian Payan

@payan93

08.06.2015

La cita fue a las cinco de la mañana en el aeropuerto El Dorado en Bogotá. El vuelo salió a las siete y media y, antes de las nueve, aterrizamos en Buenaventura, el puerto más importante del pacífico colombiano. La humedad fue lo primero que se sintió, pero el calor no era tan pesado como pensábamos. Hicimos un último mercado en la Olímpica de Buenaventura –que estaba llena como si estuvieran regalando mercados– antes de dirigirnos al puerto. Allí, una lancha nos esperaba para llevarnos al Archipiélago de La Plata, un rincón al norte de Buenaventura donde las ballenas jorobadas deciden venir a tener a sus ballenatos y donde desde 2010 la oficina de Parques Nacionales Naturales declaró la protección de 47.094 hectáreas.

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El trayecto fue de hora y media pero pareció de tres horas. El mar estuvo picado en gran parte del viaje y después que Santiago –nuestro anfitrión en donde viviremos esta semana– nos contara de las comunidades de Bahía Málaga llegamos a La Plata, donde nos recibieron con agua de coco para calmar la sed.

La cabaña tiene cuartos de tres a cuatro personas, cuenta con dos baños y tiene vista al mar. Almorzamos pescado, probamos la cocada y nos tomamos la primera siesta costera, aunque algunos decidieron meterse al mar para refrescarse. En la noche Santiago nos contó sobre la gente de la región, hablaron miembros del consejo comunitario y se formaron los equipos de trabajo a partir de los temas que se desarrollarán en la semana, estableciendo fuentes periodísticas y horarios para la reportería.

Comimos pescado otra vez, jugamos cartas y, después de un rato, el cansancio acumulado pasó factura.

Nos fuimos a dormir antes que empezara el aguacero.

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