La rosca de Pékerman

¿Clases de geografía con Pekerman y la selección? Por encima de los regionalismos, cuando el balón rueda y Falcao, James, Ospina y toda la selección juegan, el país se vuelve uno solo.

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Farouk Caballero

11.06.2015

Si hay algo que nos caracteriza como colombianos, ese algo es el regionalismo. Antes de ser colombianos somos costeños, vallunos, chocoanos, santandereanos, rolos, guajiros, paisas, pastusos, etc., pero cuando hablamos de la Selección Colombia eso se acaba. Ahí sí todos cantamos el himno con orgullo en el pecho y gritamos cada gol entre abrazos, algarabías y lágrimas.

Apenas ruede el balón en La Copa América de Chile 2015, no sólo la corrupción y la mafia de la FIFA se olvidarán, también nuestro país se unirá en búsqueda del triunfo continental, dejando atrás la sensiblería regional. Esa obra tiene un arquitecto: José Néstor Pékerman, quién nos une para alentar, nos hace olvidar las roscas del pasado y nos enseña geografía.

No importa a qué escuela o colegio fuimos, todos aprendimos que Colombia está dividida en seis regiones naturales. Si se le olvidaron, fresco, aquí se las recordamos: Caribe, Andina, Pacífica, Orinoquía, Amazonía e Insular. Hasta ahí todo bien, pero cada vez que un héroe de la tricolor hace una atajada de antología como Óscar Córdoba, recupera un balón como Leonel Álvarez, mete un pase quirúrgico a lo Pibe Valderrama, marca un gol como el Guájaro Iguarán o hace un cierre magistral a lo Mario Yepes, los comentaristas y narradores mencionan sus lugares de nacimiento, mientras nos asombramos –al otro lado del televisor– por nuestro desconocimiento geográfico.

En la lista de convocados está Colombia entera, porque desde diversos municipios provienen los seleccionados y estoy seguro que muchos no tenemos, ni idea, de dónde se ubican en el mapa o a cuál departamento pertenecen. Veamos: arqueros: David Ospina (Itagüí), Camilo Vargas (Bogotá) y Cristian Bonilla (Manizales). Defensas: Camilo Zúñiga (Chigorodó), Santiago Arias (Medellín), Carlos Valdés (Cali), Cristian Zapata (Padilla), Pedro Franco (Bogotá), Jeison Murillo (Cali), Pablo Armero (Tumaco), Darwin Andrade (Quibdó). Volantes: Carlos Sánchez (Quibdó), Edwin Valencia (Florida), Edwin Cardona (Medellín), James Rodríguez (Cúcuta), Juan Guillermo Cuadrado (Necoclí) y Víctor Ibarbo (Tumaco). Delanteros: Falcao García (Santa Marta), Teófilo Gutiérrez (Barranquilla), Carlos Bacca (Puerto Colombia), Luis Fernando Muriel (Santo Tomás) y Jackson Martínez (Quibdó).

Con la lista anterior algo queda claro: las grandes capitales colombianas no son mayoría en cuanto a talento futbolístico se refiere, así que ya está bueno de regionalismos. También podríamos decir que en Colombia los goles salen de la región Caribe –cuatro de cinco delanteros– o que el municipio que más fútbol tiene es Quibdó –a pesar de la violencia y el abandono estatal aporta tres jugadores–, pero no importa de dónde vengan, todos son colombianos.

En Londres no dicen que de Necoclí llegó un jugador al Chelsea. Tampoco en Madrid afirman que el volante diez, del equipo más ganador de la Champions, llegó de Cúcuta. Mucho menos en Nápoles se comenta que uno de sus laterales proviene de Chigorodó, quizá sólo en Sevilla pueda comprenderse el origen de los fenómenos colombianos por el mundo, pues el goleador del Sevilla F.C., nació en un municipio cuyo nombre representa a un país entero: Puerto Colombia.

"Hoy día en Colombia se habla de paz y soñamos con que los combates sean, en un futuro, sólo futbolísticos"

Afuera todos somos colombianos, dentro del país también debemos serlo, porque la rosca de Pékerman nos obliga a escuchar y ubicar geográficamente municipios que no conocemos. Nos invita a transitar Colombia desde el deporte más hermoso del mundo. Lamentablemente con cada masacre aprendemos, a punta de bala, nuestra geografía, la geografía del horror. Pero los soldados de Pékerman hacen lo mismo con un arma diferente: el balón. El ejército de Pékerman nos enseña la geografía del gol.

No sé si ganaremos la Copa América, pero no tengo duda de que nuestros 23 combatientes dejarán todo lo que tienen para conseguir la victoria. Hoy día en Colombia se habla de paz y soñamos con que los combates sean, en un futuro, sólo futbolísticos. Que los campos de batalla se trasladen a las canchas. Que las balas provengan de sendos cabezazos, zurdazos y derechazos que quiebren defensas y ya no destruyan pueblos, iglesias y caseríos, sino redes contrarias. Esa, esa es la invitación que nos hace la rosca de Pékerman.

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