La apatía política es a lo que más le tenemos que temer

No salir a votar es desconocer luchas históricas, a las víctimas y las siguientes generaciones. No salir a votar es unirse al mayor peligro de estas elecciones: la apatía política. Juan Ricardo Aparicio, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, le escribe a todos los que no quieren salir a votar.

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Juan Ricardo Aparicio

Profesor asociado del Departamento de Lenguas y Cultura de la Universidad de los Andes.

25.05.2018

El mayor peligro en este momento es la indiferencia ciudadana. Es a lo que más hay que temerle en el contexto electoral actual.

Porque, aunque esta generación vaya a votar en 2018, lo que votan será definitivo para los próximos 10, 20 o 30 años.

En estas elecciones se están definiendo dos cosas muy claras e importantes: una visión de futuro –un proyecto social a futuro que es fundamental para esta generación– y una sociedad que sea capaz de dirimir sus conflictos y disensos.

En estas elecciones se define el futuro y la madurez de una sociedad que sepa lidiar con disensos y conflictos, a través de una deliberación pública y de argumentos, de forma que no implique la eliminación del otro como contendor político.

El futuro del país se va a definir en estas elecciones.

"Sabremos si somos capaces de entender que el modelo que necesita el país es uno que no apele tanto a la condena como a la verdad"

¿Seremos capaces de pensar una justicia para un escenario transicional? Esto implica que el modelo de justicia no es el modelo punitivo, de la cárcel, sino que sabremos si somos capaces de entender que el modelo que necesita el país es uno que no apele tanto a la condena como a la verdad. Si podemos pasar de una justicia vengativa, de la penalidad, a una justicia más restaurativa que apele a la verdad como modelo fundamental, como modelo de democracia.  

La invitación a los ciudadanos es que más que pedir la cárcel, más que posicionarse en una justicia vengativa, tenemos que exigir el cumplimiento de la verdad y la reparación a las víctimas como colectivos y ciudadanías activas. Las víctimas merecen entender qué fue lo que pasó. Para las ciudadanías activas es igualmente contraproducente la cárcel sin verdad, la extradición sin contar lo que pasó en Colombia. La ciudadanía  tiene que exigir el cumplimiento de los acuerdos de paz, porque son acuerdos que están pensados filosóficamente para una justicia transicional. En ellos el valor más importante no son los años de encierro, sino el compromiso con la verdad. Este, según la literatura, es el valor más importante en este tipo de acuerdos.

  ¿Seremos capaces como sociedad de imaginar un modelo económico que apele mucho menos a una industria extractivista y que sea capaz de meterse de forma muy gradual y procesual a mirar otros modelos de energía? Hay que mirar a otros modelos de energía diferentes a los del extractivismo clásico minero-energético. Es una discusión que ya está presente en muchos otros países y latitudes, que requiere de imaginación y gradualismo, pero que resulta inevitable entrar a debatir con toda la rigurosidad y el coraje, frente al evidente agotamiento de recursos mineros y su enorme impacto ambiental responsable de ecocidios y la destrucción de paisajes socioambientales.

¿Seremos capaces como sociedad de pensar en una ciudadanía activa en la que la política no pasa únicamente por el voto? No podemos pensar que sólo votando es como la sociedad y sus ciudadanos se involucran con la política. Hoy tenemos que pensar en ciudadanías activas que sean  capaces de expresar sus demandas y sus desacuerdos en espacios públicos y privados, formales e informales. El voto es muy importante, pero el voto no agota la expresión política de la ciudadanía.

Pero el mayor peligro en este momento es la indiferencia ciudadana. En este momento es a lo que más hay que temerle en el contexto que estamos.

"No votar es desconocer esas luchas y esas muertes que tuvieron que ponerse para llegar al voto que hoy damos por descontado"

Yo llamo a los estudiantes y a los jóvenes a que se piensen como sujetos políticos y que sepan que en este contexto es muy importante votar. A la apatía es a lo que le tenemos que temer en este momento.

Más que la decisión de una sociedad que toma uno u otro rumbo, el peor rumbo que puede tomar, con seguridad, es el de no votar. Porque es el de desconocer las luchas históricas de movimientos y  generaciones anteriores que lucharon por el voto. No votar es desconocer esas luchas y esas muertes que tuvieron que ponerse para llegar al voto que hoy damos por descontado.

Porque el ‘valehuevismo’ no vale. En esta coyuntura actual están pasando cosas muy importantes que no podemos desconocer. No podemos decir que “esto no me toca”, porque claramente lo hará: nos tocará a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros nietos.

El llamado ético es para pronunciarse a través del voto. Y, aunque no es la única expresión de nuestra actividad política, salir a votar es fundamental.

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    Es la forma de involucrarse en la polìtica lo que importa; la vida misma nos involucra o hace evidente situaciones que son de sentido comùn como la solidadridad necesaria con nuestros conciudadanos, para percibir al otro, etc. No se adquiere una madurez polìtica de la noche a la mañana. La historia frenètica de sucesos recientes exige un activismo o por lo menos adquirir una posiciòn comprometida con principios bàsicos que garanticen la supervivencia y esto lamentablemente lo aprendemos en carne propia con los desastres ambientales presentes o por venir. El ùnico escenario para lograr elevar el grado de conciencia es la formaciòn de los niños y es un trabajo de varias generaciones. Por ahora màs que indiferencia es temor y desconfianza del establecimiento lo que genera el clima descrito en esta nota.

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