“Hay que sobreponerse al miedo”, Andreina Flores

Andreina Flores es una de las periodistas venezolanas más controvertidas por sus fuertes críticas al Gobierno. Ha sido amenazada, golpeada y censurada de distintas maneras. Hablamos con ella para saber ¿cómo es ser periodista en Venezuela hoy?

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Juan Camilo Chaves

21.09.2015

–Buenas noches presidente, Andreina Flores de Radio Francia Internacional y RCN Radio de Colombia.

Así se presentó Flores al expresidente venezolano Hugo Chávez en una rueda de prensa en el año 2010.

Y continuó:

–Usted ha hablado de un resultado de 5,4 millones de votos para el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) contra 5,3 millones para la mesa de la unidad y la diferencia entre ambas cifras es de apenas 100 mil votos. Para muchos, especialmente los que nos escuchan en otros países, es difícil de entender que obteniendo casi que el mismo número de votos que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) la oposición haya alcanzado 37 escaños menos que el PSUV. Me pregunto si se estaría confirmando la tesis de la oposición que sostiene que la redistribución del peso de los circuitos electorales se hizo con toda la intención de favorecer al PSUV o que quizás, peor todavía, que el voto del PSUV es el que vale por dos”.

Esa pregunta bastó para incomodar al Gobierno venezolano y poner su nombre entre la lista de periodistas críticos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Esa pregunta bastó para que Flores sea considerada como una de las periodistas que ha puesto incómodo a todo un gobierno.

Hablamos con Andreina Flores sobre su experiencia como periodista en Venezuela y en Latinoamérica.

 

¿Cuál es el panorama de la libertad de prensa en América Latina desde su perspectiva?

Yo lo que creo es que en América Latina sigue ejerciéndose esa figura del poder caudillista, qué quiero decir con esto, que hay como una especie de actitud de las autoridades gubernamentales de “si hablas mal de mi te meto preso porque puedo hacerlo”. Ese ejercicio del poder autoritario, arbitrario, de “te callas, porque si hablas mal te va a ir peor”. Yo creo que es un modelo que se ha repetido en América Latina durante años y que parece no haberse saneado del todo. Por ejemplo en Ecuador que cierran medios; en Argentina que el Gobierno está en una franca lucha con El Clarín, que ya es hasta personal. Aquí en Venezuela no solo ha habido agresiones contra los periodistas por parte de grupos que son afectos a la parte oficial, sino ataques directos contra prensa internacional. Por ejemplo, RCN, Caracol, El Tiempo e incluso la Revista Semana también ha recibido los embates del presidente Maduro. Yo creo que todo eso obedece a que hay esa figura de poder autocrática y personalista que no le gusta las opiniones en contra. ¿Por qué no sucede eso en otras latitudes? Por ejemplo en Francia, que es lo que yo conozco por representar un medio francés, es porque las instituciones están mucho más verticalizadas, no hay la figura personalista de “aquí no se habla mal del presidente” sino que hay una institución que protege la libertad de prensa, le guste al presidente o no. Entonces creo que las funciones de las instituciones están mucho más definidas que lo que pueden estar en América Latina. Esta es mi percepción.

Venezuela aparece en varios informes como uno de los países con más restricciones a la libertad de prensa en la región. ¿Cómo es trabajar como periodista en Venezuela hoy?

Bueno, pues si tú eres periodista afecto al oficialismo es un paseo por el parque. Tienes acceso a las autoridades, puedes decir lo que sea en contra de la oposición y eso no te va a traer problemas. Si eres de la tendencia conveniente al Gobierno venezolano no tienes a nada que temer y vas a tener acceso a lo que tú quieras. Pero si eres un periodista independiente o que no se identifica con el Gobierno, como es mi caso, y que todo el mundo lo sabe, lo primero que hay es una falta de acceso a la fuente oficial. Yo que trabajo con RCN Radio de Colombia, lo que veo es que si tienen un problema con la canciller Maria Ángela Holguín, la llaman directamente a su teléfono, ella contesta y habla. Hay un canal directo con las autoridades, con los ministros y los alcaldes. En cambio, acá en Venezuela conseguir a la canciller es imposible, tener una entrevista con el presidente de la República es imposible. En estos días yo veía las imágenes de RCN con Juan Manuel Santos en el estudio de radio y me parecía imposible: un presidente en la radio. Esto no ocurre aquí desde hace años.

Por ejemplo, hace dos años no entro al Palacio de Miraflores, porque simplemente no me invitan a las ruedas de prensa con el presidente.

También existe el riesgo de que grupos afectos al Estado puedan agredir a los periodistas. Son grupos que se llaman ‘Colectivos Chavistas’, grupos muchas veces armados, que están en las calles y en las transmisiones importantes. Hace poquito hubo un caso muy sonado, en la audiencia final del opositor Leopoldo López, en las puertas del Palacio de la Justicia. Allí llegaron varios afectos al oficialismo, y sí, algunos estaban armados, y atacaron al corresponsal de Telemundo Daniel Garrido, partiéndole la muñeca con su propio trípode. A una compañera mía, Alexandra Castillo, la golpearon y la dejaron por el piso. A mi misma me dieron con un palo en la pierna. Entonces no es un invento, no es solamente la sensación de riesgo, son cosas que están sucediendo realmente.

Lo otro importante es la compra de medios que está haciendo el Gobierno a través de empresas oscuras que no se sabe a quién pertenecen. No se sabe quién está detrás de los principales canales y periódicos. Por ejemplo, Globovisión que era un bastión de oposición, hay que decirlo, muchas veces polarizado al lado contrario, fue comprado por una empresa. Desde allí la línea editorial cambió totalmente, ahora está tendida, inclinada hacía el Gobierno. Y lo mismo pasó con el diario El Universal, que tiene décadas y también fue comprado por una empresa española, de nombre Espalisticia que nadie sabe de dónde salió. Pero sí tiene una línea editorial muy clara: aquí no se habla de Leopoldo López, aquí no se le da espacio a Maria Corina Machado, se le da un centímetro a Enrique Capriles, aquí hay que alabar al presidente, aquí hay que mostrarle todo al director del periódico antes de que salga porque si tiene una palabara que no le conviene al Estado o a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, no se publica. Varias plumas importantes de ese periódico han tenido que salir porque eran voces críticas y han tenido que salir por su propia voluntad o despedidos. Esto se ha convertido en un arma: te compro el espacio y pongo mis reglas.

En su caso particular Venezuela la comienza a reconocer como una periodista crítica después de una rueda de prensa con Hugo Chavéz en 2010, en donde usted cuestiona unos resultados electorales. ¿Cómo ha sido su ejercicio de la libertad de prensa en Venezuela desde entonces?

Yo tengo un salvavidas muy importante y es que trabajo para medios internacionales. Si yo trabajara para medios nacionales, las autoridades del Gobierno venezolano tendrían la potestad de llamar al dueño y mandarme a botar. En el caso de RCN, Nicolás Maduro, a pesar de que ha planteado en reuniones bilaterales que Colombia controle mucho más a sus medios, no puede hacerle una llamada a los Ardila Lule y decirles “bótenme a la muchachita esta que me tiene harto con sus opiniones”. Ese ha sido un muro de contención. Sin embargo, hay otras cosa de las que uno no se puede salvar como el acceso a la fuente oficial. Sinceramente, ha sido muy restringido… Sobre todo a nivel presidencia casi nulo. El acceso a Nicolás Maduro es casi inexistente. Incluso con el presidente Chávez había un poquito más de acceso. Yo no soy fan de Chávez ni nada así, pero en este momento reconozco que con él había mucho más acceso a la voz presidencial que ahora con Maduro.

"Te vamos a fusilar en cuanto tengamos la oportunidad"

Otro de los problemas que yo he tenido son estos adeptos a la parte oficial, que aunque se han dirigido a mí por redes sociales y de manera siempre virtual, las amenazas siempre han sido muy fuertes. Amenazas como “perra te vamos a caer a coñazos hasta que tu puta madre no te reconozca”. Eso es una cosa de todos los días. Había una simpatizante del Gobierno que era muy agresiva. Se llamaba Lina Ron y era presidenta del partido Unidad Popular Venezolana (UPV). Esa señora, que era una cara visible, me dijo: “te vamos a fusilar en cuanto tengamos la oportunidad”. Eso me lo dijo una señora que manejaba colectivos armados.

Tú dices, bueno, esas son cosas por internet, pero en realidad no sabes eso cuándo se vaya a cristalizar en algo real. Esas amenazas han sido constantes. Diosdado Cabello en una rueda de prensa me acusó de defender a Álvaro Uribe, a los paramilitares… Y bueno yo creo que el mecanismo de defensa para tratar los temas que son importantes en Venezuela —la criminalidad, la escasez de alimentos y la polarización política— es eso, el mecanismo es ese “¿por qué tú me preguntas por la escasez de alimentos? Claro porque tú defiendes a Uribe”. Yo no estoy defendiendo a Uribe. Yo estoy hablando de un problema que están viviendo los venezolanos en la calle.

Es muy difícil. Siempre hay un riesgo latente. En la reciente audiencia de López el riesgo se cristalizó en un golpe. Son cosas que están sucediendo y pueden pasar.

También ha habido detenciones arbitrarias. A mí afortunadamente nunca me han detenido pero en 2014, el año de las protestas fuertes contra Maduro, muchos periodistas fueron detenidos o retenidos y eso tiene inevitablemente un efecto en los demás. Yo puedo ser muy valiente o hacer preguntas incómodas y todo, pero no quiero que me pongan presa. Eso es una realidad contundente. Yo lo pienso, y bueno, vamos a moderar el tono y vamos a decir las cosa de forma no tan directa, no tan cruel, para que el Gobierno venezolano no lo interprete como un ataque. Y así nos vamos llevando porque presa no le sirvo a nadie tampoco. Entonces puede haber algo de autocensura, pero bueno, en defensa propia.

¿Desde su experiencia qué puede hacer un periodista venezolano para poder ejercer su derecho a libertad de prensa?

Yo creo que el periodista venezolano primero debe perder el miedo. Debe sobreponerse al miedo y salir con lo que realmente ve en la calle. Segundo, debe documentarse bien y apoyarse en los hechos, las cifras y los testimonios de la gente. No solamente decir “me parece que hay escacez de alimentos”. Si te parece, OK, pero cuánta escacez hay, de cada 10 productos cuántos faltan, cuántas horas la gente hace cola bajo el sol. Sustentar todo lo que diga, grabar todos los testimonios, cifras y citas que recoja para poder realmente apoyar su trabajo en algo más que su propia percepción. Esto parece un principio muy básico del periodismo, pero en este momento que quede registro de todo lo que uno hace, bien fundamentedo, es esencial para que el Gobierno a la hora de atracarte, hacerte algo o bloquearte el acceso a una fuente, no tenga como refutar lo que tú estás diciendo. Así no pueden desmentir lo que yo publiqué. Creo que resguardarse o protegerse con hechos bien documentados y bien registrados es lo que se puede hacer. Y sí, dejar el miedo. Sobre todo en los canales de televisión, porque después del cierre de RCTV, canales como Venevisión y Televen presentan una versión totalmente desteñida de la noticia. No van a lo acusioso, a lo intenso, a lo agudo. Se quedan en lo superficial y no hacen realmente el trabajo periodístico.

Hay que sobreponerse a ese miedo y seguir adelante… Pues ni modo, eso es lo que es.

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