Franciscoooo jugaáááááááá por nosotrooooooossss

El papa Francisco entiende a la Iglesia desde el fútbol. Y es que fútbol y religión son modos de estar juntos más allá de clases, educación, nación, redes. Fútbol y religión son dos maneras de fracasar con emoción. Y si a Francisco le gusta el fútbol, es de los nuestros. Amén.

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Omar Rincón

13.07.2014

Hay muchas maneras de comenzar este texto:

“El señor hoy os ama, a cada uno (Messi, Agüero, Mascherano…) y nos invita a jugar en su equipo” y es Francisco exhortando a la selección argentina en el comercial de TyC Sports.”El papa está con vocé”.

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Dios es Maradona, su hijo Messi y Francisco el espíritu santo. La Argentina es toda una religión del fútbol.

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En la cancha de San Lorenzo las barras ya no cantan ole, ole, oleeeeee… sino en tono de plegaria religiosa “Franciscoooo jugaáááááááá por nosotrooooooossss”

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Ha sido el más elegante e interesante del 2013 para la revista masculina Esquire; el personaje del año para Time y Vanity Fair;  el cuarto “más poderoso del mundo’ según Forbes.

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El líder más buscado del mundo en Google y récord de impacto en redes sociales: loco por los pobres y las alegrías de Jesús.

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No es Bob Dylan, tampoco Mick Jagger, mucho menos Lennon o Charlie o Calamaro pero conmueve como ellos, emociona como ellos, glorifica como ellos… es Francisco y está en la portada de Rolling Stone.

 

Cualquier comienzo sirve. Todos dicen lo mismo: Dios es argentino. Mario Pergolini, un innovador de masas en la Argentina, afirma en Rolling Stone que es que “Francisco tiene una actitud rockera, de patear el tablero, de sorprender con la declaración inesperada”. Caparrós, el pensador contra todo, confirma que es un “clásico del peronismo… ser “pobrista”. Y si la seguimos el comentarista político de derecha de Estados Unidos Rush Limbaugh dice que es “puro marxismo”.

 

Lo cierto es que la marca Iglesia Católica estaba en la mala: anacrónica, pedófila y ladrona. Y llegó Francisco y en poco tiempo la transformó: ahora es la Iglesia moderna, alegre y de los pobres. Y lo ha hecho con modos publicitarios: construyendo un relato emocionante a punta de frases eslogan, convirtiendo su personaje en experiencia mediática y reinventado la identidad del ser católico. Y dice así: “Si no confesamos a Jesucristo… nos convertiremos en una ONG piadosa, pero no seremos Iglesia”. “Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”. “No sean nunca más hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo”. “No se dejen robar la esperanza”.  “Los corruptos son el anticristo”. “La religión no consiste en mucho rezar… consiste en esa garantía de tener a mi Dios cerca de mí porque le hago el bien a mis hermanos”.

La verdad es que Francisco transformó a la Iglesia como espectáculo metiéndole toda la lógica del fútbol. Y es que fútbol y religión son espectáculos de la misma especie: rituales masivos, emocionales y populares. Modos de estar juntos más allá de clases, educación, nación, redes. Relatos de héroes y villanos. Historias de tragedias y esperanzas. Alabanzas al sufrimiento y la fe. Catarsis colectivas para poder sobrevivir en este mundo donde todo es productividad, eficiencia, dinero, éxito. Fútbol y religión son dos maneras de fracasar con emoción: un solo dios, un solo campeón: un consuelo. Y ahora todos los días hay misa: se juega siempre en la iglesia de la televisión.

Pero también Fútbol y religión son negocios de hacer mucho billete con la fe: son dos mafias mundiales que están más allá de todas las leyes terrenales y nacionales. La Fifa y el Vaticano son dos poderes incontrolables para las democracias; y es que tienen su poder de veto en que juegan con la fe y la esperanza de millones de pobres del mundo.

 

Más allá de fifas y vaticanos, celebramos a Francisco como hinchas: sin razones y a puro corazón. Estamos felices: por fin uno de nosotros llego a ser el mandamás de la fe: uno que es hincha y que como tal odia, fanatiza y es puro sentimiento; uno que ama lo popular y que cree en las alegrías simples; si le gusta el fútbol, es de los nuestros.

 

Francisco contó como Jesús en parábolas pero futboleras. En el ya famoso Sermón del fútbol de Río de Janeiro (28 de julio del 2013). Dijo así: “Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo: el reino de dios. Y no cuenta que jugar el partido de dios es como estar en la tribuna y en la cancha a la vez: “Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, que seamos sus discípulos, que juguemos en su equipo”. Y como hinchas (ahora de dios), él  “nos pide que paguemos la entrada y la entrada es que nos entrenemos para estar en forma para afrontar sin miedo las situaciones de la vida. Finalmente aconseja que cuando se suda la camiseta tratando de vivir como cristianos experimentamos a lo grande”. Y por eso invita a que los católicos sean como futbolistas: “protagonistas, jueguen para adelante, pateen para adelante construyan un mundo mejor. Y de ahí sale la publicidad de TyC Sports para el mundial.

Y ya hizo su milagro futbolero: San Lorenzo fue campeón en el 2013: y lo hizo jugando mal. Durante las últimas cuatro fechas perdía y empataba, y todos sus competidores (Vélez, Newell´s, Lanus) hacían lo mismo. Ese campeonato será recordado como el que ningún otro quiso ganar, solo San Lorenzo, el equipo del papa. Martín Caparrós en su blog el OLE lo llamó “El peor campeonato de la historia del fútbol argentino. (…) Nunca, en la historia de los torneos cortos, un campeón había ganado tan pocos partidos (…) Nueve partidos ganados, seis empatados, cuatro perdidos, 29 goles a favor, 17 en contra. Lo cual le alcanzó a San Lorenzo para ser el peor desde que los puntos se juntan de a tres”. Pero no contaban con que Francisco hinchaba por San Lorenzo. Y con dios todo es posible, hasta ser campeón jugando tan mal: el milagro es que los otros, decidieron no ganar.

Y en Argentina se creo el “equipo de fútbol Papa Francisco”. El hincha en la tribuna canta feliz: “Árbitro, querido, te queremos como amigo”, mientras alzaba un ramo de olivo en el debut del equipo de fútbol Papa Francisco. Este equipo se fundó a finales del 2013 en homenaje al Sumo Pontífice. Se apoda al equipo: “El Santo del sur” y participa de la liga regional de Luján, una especie de sexta división del fútbol argentino. La camiseta lleva los colores de la bandera de la Ciudad del Vaticano: blanca con rayas amarillas y negras. Un jugador del Papa Francisco tras convertir el gol casi se sacó la camiseta original y mostró otra que tenía debajo con la inscripción “Dios Te Ama”. “El papa nos dijo que hagamos lío y entiendo que en mi caso es hacer un club para ayudar a mis vecinos”, explica el presidente del club, el vigilante Ramírez.

El papa Francisco es uno de los nuestros, de los futboleros, y por eso encanta en el dribbling de la vida para evitar que los diablos nos cojan en fuera de lugar. Francisco, como colombiano le digo lo que le dijo el brasileño: “sea neutral y no rece por Argentina en el mundial”, y es que eso no sería Fair Play: ya hay un mal ejemplo, el peor San Lorenzo fue campeón con la ayuda de Francisco. Pero eso será imposible: el Fair Play no existe ni en la Fifa ni en la Iglesia. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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