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F de falso (1973)

Textos del curso Arte y Cine (20016-I) sobre F de Falso de Orson Welles. Hocus Pocus Al comienzo del documental F for Fake estaba muy confundido por la cascada de información que la pantalla me arrojaba: un mago y sus trucos, el arte, la falsificación, Elmyr de Hory y su biógrafo, Clifford Irving. Un popurrí […]

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Curso Arte y Cine

01.08.2016

Textos del curso Arte y Cine (20016-I) sobre F de Falso de Orson Welles.

Hocus Pocus

Al comienzo del documental F for Fake estaba muy confundido por la cascada de información que la pantalla me arrojaba: un mago y sus trucos, el arte, la falsificación, Elmyr de Hory y su biógrafo, Clifford Irving. Un popurrí de información que me avasallaba y no me dejaba ver ni entender con claridad lo que estaba sucediendo. Tenía además muy presente la advertencia que hacía Orson Welles al principio: “Este es un filme acerca de los trucos, el fraude: acerca de las mentiras”.

A medida que avanzaba la película y conocía a Elmyr de Hory, iba entendiendo cada vez más hacia donde me llevaba. Elmyr era un astuto artista capaz de reproducir el estilo de grandes pintores tan fielmente que burlaba los ojos de los supuestos expertos de arte. El mismo Elmyr lo dice jocosamente mientras quema en su chimenea dibujos que podrían ser vendidos por una cantidad considerable de dinero: “soy tan bueno que nunca han rechazado en ningún museo uno de mis cuadros”. Y es justo ahí donde para mi cobra sentido la película como una crítica satírica al mundo del arte y sus pomposos expertos. Me pregunto entonces, ¿cómo se cuantifica el valor del arte? La película da en el clavo y me responde cuando se comenta: “El valor depende de las opiniones. Las opiniones dependen de los expertos”.

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Un falsificador como Elmyr se burla de los expertos, entonces, ¿quién es el experto?, ¿quién es el falsificador? Para mí Elmyr es igual o incluso más grande que los maestros que replica y él mismo lo reconoce de manera un poco pedante al comentar que su técnica de líneas es muy superior a la de Matisse y que cuando compone un Matisse debe deliberadamente hacer líneas dudosas. Y es allí donde esos expertos que se llenan la boca de palabras rebuscadas en exposiciones de arte fallan: ellos no aprecian el arte como arte, sino que persiguen al artista, no aprecian el arte en la falsificación. Sencillamente el arte debe apreciarse transparentemente como el único fin y medio de ser arte.

—Mateo Restrepo A.

Lo verdadero de lo falso

“Do you think I should confess? To what? Committing masterpieces? What we professional liars hope to serve is truth. I’m afraid the pompous word for that is ‘art’”. ¿Qué, exactamente, es falsificar una obra de arte? Si Elmyr nunca firmó una obra con el nombre de otro autor, ¿por qué sus obras se llaman falsificaciones? Él, simplemente, producto de su talento, pintaba cuadros parecidos, muy parecidos a los de otro autor…

Un artículo en uno de los periódicos más famosos del mundo defiende la posición de los falsificadores: “la falsificación es claramente un crimen económico, pero no siempre es un crimen estético o artístico. Los falsificadores pueden ser, incluso, los amigos del amante del arte” (Gopnik, 2013). El arte, así, no es lo que el artista pinta, sino sus ideas, sus métodos, sus materiales…

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Me viene a la mente un caso en particular. Durante mi infancia, tuve la fortuna de conocer a un gran maestro de la escultura colombiana. Edgar Negret, mi vecino, a quien siempre veía trabajar en sus obras cada vez que abría la puerta de mi casa.

El maestro, como le llamábamos, trabajaba con un par de ayudantes, quienes después de su muerte en 2012, e incluso desde mucho antes, continúan, hasta el día de hoy, produciendo y reproduciendo la obra de Negret. Ellos no son la mano del maestro, ni tienen su cerebro guardado dándoles ideas y diciéndoles cómo hacer las cosas. Ellos aprendieron los métodos, la forma de pensar, los materiales a usar, los colores, etc. Ellos continúan vendiendo la obra del maestro como legítima, si bien su creador nunca la ha visto. Lo único que éste hizo fue “firmar las bases”.

¿Son ellos una parranda de mentirosos falsificadores? No lo creo, así como no estoy del todo seguro de que Elmyr sea falsificador de profesión, sino un artista sin imaginación.

—Santiago de Greif

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