Exhabitantes de calle, desplazados y madres cargan con el peso de la basura de Bogotá

La próxima semana, Bogotá amanecerá sin basuras pero más de mil trabajadores de Aguas de Bogotá seguirán sin empleo.

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cerosetenta

05.02.2018

Elsa Peña recuerda las colas de gente con su hoja de vida en mano: “Fue en esos días duros de 2012”. Por rumores se habían enterado de que Aguas de Bogotá, la empresa pública que en la alcaldía de Gustavo Petro había quedado encargada de recolectar la basura del 52 % de la ciudad, estaba contratando gente. “Llegamos de otras ciudades”, recuerda Peña, “madres, comunidad afro, desplazados, reinsertados. Todos vimos una oportunidad en Aguas de Bogotá”. Hoy Peña es la presidenta de Sintranal, uno de los sindicatos de Aguas de Bogotá que agrupa a 1.200 de los 3.700 recolectores de basura que hoy, cuando Bogotá vuelve a estar sepultada en montañas de basura, están sin trabajo.

Peña y su equipo buscan reubicar a todas esas personas que en el nuevo esquema se quedaron sin empleo. En cualquier caso, el despido de 3.700 personas es una calamidad. Pero este asunto tiene una arista más y es que quienes están quedando sin trabajo son personas vulnerables. Según un acuerdo del 2013 entre el Ministerio de Trabajo, la Alcaldía de Petro y Aguas de Bogotá, el 15 % de las personas contratadas como recolectores de basura serían exhabitantes de calle, el 10 %  desplazados y el 16 % madres cabeza de familia.

"Hasta el 12 de febrero quedará solucionada esta crisis, pero para esa fecha al menos mil trabajadores de poblaciones vulnerables seguirán desempleados"

Desde hace cinco días, la recolección de basuras está a media marcha. Aguas de Bogotá y sus trabajadores quedaron fuera de la licitación para el nuevo esquema. El Distrito ha dicho que hasta el 12 de febrero quedará solucionado esta crisis que tiene a 12 localidades de la ciudad sin el servicio básico de aseo, pero para esa fecha al menos mil trabajadores de poblaciones vulnerables seguirán desempleados.

La situación en la que hoy están 3.700 empleados de Aguas Bogotá no es culpa de las empresas privadas que ahora asumirán la recolección de basuras. Así lo reconoce Peña. El contrato que ella firmó, como todos los de los demás trabajadores, era de obra-labor: cuando se acaba la obra se acaba la labor. “Es claro que cuando Aguas de Bogotá no se presenta a la licitación, pues se acaba la labor para la que fuimos contratados”, dice.

A Aguas de Bogotá le negaron las pólizas que necesitaban para participar en la licitación y por eso el nuevo modelo de aseo de la ciudad incluye ahora sólo empresas privadas. “Ellos [las empresas privadas] se ganaron la licitación, pero no tienen obligación, no es su culpa. Hemos tenido reuniones en las que manifestaron la intención de contratar trabajadores de Aguas”, dice Peña. El problema para estos trabajadores desempleados es que de las cinco empresas que se ganaron la licitación, dos ya trabajan prestando servicios de aseo y no requerirán personal. Por eso, sólo tres operarios pueden contratar a quienes trabajaban en Aguas de Bogotá. Esto quiere decir que apenas unos 1.800 trabajadores tendrán empleo de los 3.700. Ya hay 1.300 ubicados.

"Es un grupo de trabajadores que hacen daños, cortan mangueras, pinchan las llantas y eso es lo que nos tiene sumidos en las basuras"

Si bien las empresas privadas no tienen por qué asegurarles el empleo, en el Acuerdo de Formalización Laboral que firmaron los trabajadores, el Acueducto se comprometió a garantizarles la estabilidad laboral. Aguas de Bogotá no pudo aplicar a la licitación, pero los trabajadores debían ser reubicados. “Nosotros estamos haciendo el llamado al Acueducto y al Distrito para que le den más proyectos a Aguas de Bogotá y que los demás trabajadores puedan seguir. Si bien el proyecto de aseo era más grande, hay otros proyectos”, asegura Peña.

Entre los 19 sindicatos hay divisiones. El de Peña está ayudando a sus miembros a presentar hojas de vida en las empresas que estarán a cargo de la recolección. Otros sindicatos han rechazado esa posibilidad. Un grupo, dice Peña, fue el que promovió las protestas en las que varios trabajadores dañaron los camiones recolectores. “Es un grupo de trabajadores, mínimo 300 personas, que hacen daños, cortan mangueras, pinchan las llantas y así es difícil prestar el servicio y eso es lo que nos tiene sumidos en las basuras en Bogotá”.  Peña dice que el sindicato que dirige no apoya las protestas.

Las basuras en Bogotá se han convertido en un síntoma de malestar político. La última vez que las esquinas de la ciudad se llenaron de bolsas negras amontonadas, Bogotá se quedó sin alcalde y Gustavo Petro por poco es inhabilitado por 15 años. Hoy la amenaza no es para los políticos, sino para miles de familias que encontraron en la recolección su sustento.

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