La felicidad democrática de las redes vs. La angustia de la vida real

Como en un partido del mundial, los jugadores de las elecciones jugaron metiendo pata, fingiendo penales y pidiendo tarjetas y gritos mientras los medios pasaron repeticiones de sus movidas. Mientras lo votantes, como barra brava, se lanzaron a las redes sociales para vivir el juego de la democracia.

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Omar Rincón

22.06.2018

[una versión de esta nota se publicó originalmente en Razón Pública]

La campaña electoral 2018 tuvo cinco candidatos, pasaron a la final dos estilos diametralmente distintos. Los medios y las elites jugaron a pasado para demostrar que somos una nación conservadora y restauradora. Las redes, los hippies, los onegeros, los culturosos y al final los jóvenes decidieron apostarle a otro país: uno que tampoco sabemos. La noticia fue que hubo mucho debate en la previa y ninguno en la final; que las encuestas estuvieron más o menos bien, y eso es extraño en estos tiempos del engaño; que los medios tomaron partido por el no informar sino atacar al que molestaba. En esta cancha inclinada con los árbitros comprados, los periodistas como fanáticos irascibles… las redes fueron un respiro democrático, un aire fresco de expresión, una batalla de creencias y una frustración de posibles.

Los medios y las campañas y los expertos y los asesores de campañas nos han convencido de una mentira: que estamos polarizados. Antes fue Uribe vs. las Farc (2002, 2006, 2010); que era Uribe vs Santos (2014); ahora, que era Uribe vs Petro (2018). Y así nos informan y movilizan y ponen a pelear. Y la realidad, terca, dice que no es así: en la primera vuelta mostró casi un 40 % que no cree en eso a pesar de que los medios lo aplaudan y las encuestas lo motiven. Más allá de esta mentira, o ese deseo periodístico de que solo se puede informar desde lo confrontativo y sensacionalista, estamos secuestrados por Uribe, estas elecciones fueron muy divertidas en lo mediático, las redes y la política.

Primer tiempo: Cada candidato, un medio 

Duque fue radio y televisión: lavado de gesto para mostrarlo como el lobo rosita. Su único argumento: la emoción de la venganza uribista. Las redes le sirvieron para inventar falsos positivos de los otros candidatos. Su estrategia: polarizar, el mal ya no era las Farc, ni Santos, ahora era Petro. Y del otro lado solo Uribe.

Petro es megáfono, plaza, calle, grito. Y fue la noticia permanente en medios por polémico y por el odio que despertaba en los periodistas. Las redes le sirvieron para el odio y el ataque permanente a Uribe y su mundo. Petro es la otra cara de Uribe.

Fajardo se dijo ser redes: se creyó su verbo de la decencia y el cuento de que con redes se puede ganar elecciones; fracasó por no untarse de pueblo.

"Ignorar al otro no es buena política: todos tenemos un poco de razón."

Vargas Lleras nunca se ubicó, creyó en todas las formas de lucha: Fiscal a su favor para defenderlo de su partido, aprovecharse del gobierno Santos para clientelizar, desleal con Santos para ganar voticos, unido a los corruptos y políticos de siempre, apoyo irrestricto de los medios y las elites periodísticas, publicidad en todos los soportes  —medios, redes, calles, plazas y fiestas. Su ética de todo para ganar se diluyó en su falta de estrategia de discurso, relato y comunicación. Ojalá sea el fin del todo vale.

De la Calle apenas pudo ser radio: sin partido, sin periodistas, sin medios, intentó la retórica liberal contra las encuestas, su partido y todo en contra. Fue el chiste de las encuestas y los periodistas.

El resultado fue que ganó lo viejo: Uribe apoyado por los medios, Petro odiado por los medios: ambos calle, plaza, verbo emocionado, egos expandidos. Dos modos iguales de emocionar. Y las redes: cheerleaders emocionadxs: la fiesta del meme. Y ¿Duque? Bien gracias.

 

Segundo tiempo: Todos contra Petro

Quedaron dos emociones, ya no había razones (esas nunca han importado en política). Quedaron dos estilos que siguen la misma regla: yo soy el rey: los otros están equivocados: el mal está en otra parte. Y cuando los matices se pierden, gana Uribe.

Para el segundo tiempo, ya no hubo debate: el que va adelante no se presta para perder votos si la necesidad no lo amerita. Y para Duque no era necesario: él tiene a los medios, los políticos, el establishment a su favor. Para Petro era fundamental: demostrar que se había convertido en estadista, provocar salidas en falso de su rival. Para qué debate si los medios hacían el trabajo sucio: entrevistar energúmenamente a Petro. La mayor virtud de Petro fue develar que detrás de cada periodista hay un fanático.

Y aparecieron las redes, y la alegría democrática. Ahí si hubo de todo. Los uribistas se dedicaron a hacer fakenews sobre Petro: noticia falsa al infinito. Poco o nada hablaban de Duque: su militancia era el ataque. Los petristas se pusieron en modo de denuncia y ataque irrestricto a los uribistas: su militancia era el ataque. Y ahí el partido se jugaba con la emoción de cada barra, y cada una pensaba que lo estaba haciendo bien. Los de Uribe diciendo que Petro olía mal, se vestía bien, hablaba mamerto…y eso es lo que para ellos es la izquierda, un asunto de higiene. Los de Petro decían que Uribe y sus secuaces son unos matones de mala calaña, que odian a los pobres… eso es para ellos la derecha, un asunto de matones retrógradas.

Pero llegaron los jóvenes, los culturosos, los artistas, los que no están en la polarización… los que creen en la democracia, en los que sienten que estamos en un nuevo país… y aparecieron las redes con cánticos, videos, sonrisas, esperanzas, juegos, alegrías… las redes dejaron del ser el club de la pelea (que fue en la que siguieron los medios) y se pasó al juego emocional de las esperanzas.

 

Las redes, la ilusión democrática

Alejandro Gómez Dugand, editor de 070, y desde la lectura de “sus redes”, o sea de la burbuja que crea el algoritmo, estos son los hechos más elocuentes de las redes en estas elecciones:Los Fake News siguen, pero han encontrado frenos. Los medios salen a desmentir (Semana desmintió portadas falsas, Margarita Rosa desmintió una entrevista). También vi, por fin, sanciones sociales: muchos publicaron fakes y les cayeron encima por hacerlo. Pero hubo fakes por montones y absurdos: el mejor, la hija de Petro que resultó ser la muy famosa actriz porno Mia Kalifa.

i. Los uribes rabiaron y mintieron como siempre (el mejor fue la acusación de bioterrorismo por el ataque de abejas), Petro mamó gallo: “Ahora resulta que las abejas africanas son petristas. Será porque son obreras?”<—— tuit de Petro.

ii. ¡Hubo mucha creatividad y buen humor! Gomelos con Petro, Ivan y sus Bang Bang, Los Millenials de Extremocentro, Uribe Ciao. El petrismo se ganó a la reserva creativa y a los artistas que se valieron de las redes para hacer campaña.

iii. Un montón de voces súper interesantes se refugiaron en las redes pues no encontraron espacio en los medios: Carolina Sanín, Juan Cárdenas, Luciana Cadahia…

iv. Hubo matoneo parejo: de los Us a los Ps, de los Ps a los del blanco. Mientras, los fajardistas y delacallistas se quejaron de maltrato y acoso.

v. Se confirma el poder reduccionista de los algoritmos: hay una Colombia de redes uribista, de venganza, miedo al comunismo y la sexualidad de dios: una Colombia de odios y patria a la que el miedo le basta y no quiere datos, solo oír la fe. Hay otra Colombia de redes que quiere, en masa, los derechos humanos, igualdad de género, libertades sexuales, animalistas, ambientalistas y progres; quiere aborto legal y libre ya; quiere no volver a ver toros en la Santamaría; una Colombia que se sabe, perfecto, el número de falsos positivos y no los olvida.

Por su parte, la experta en medios digitales Maria Paula Martínez opina que las fake news no fueron significativas. No como en el plebiscito ya que aunque hubo mucha noticia falsa acerca de los candidatos, el ruido e impacto fue menor; tal vez, ya hemos aprendido a lidiar con las mentiras en red. Ahora, lo que si hubo fue mucha creatividad ciudadana que demostró que los ciudadanos fueron más divertidos que los políticos. Martínez afirma que “frente a la ola verde de Mockus, hubo mucho más de todo: más acción, más diversión, más juego, más capitalización por p las campañas. Lo nuevo fue el “terrorismo digital” a través de Bots (falsos followers o usuarios fantasmas que sirven para inflar o destruir un candidato) y publicidad paga en Facebook. La otra tendencia fue  que Twitter eliminó mensajes todo el tiempo por contenido ofensivo entre seguidores de candidatos. Esto es una novedad frente a elecciones pasadas.

En conclusión, en estas elecciones se confirmó según las redes que cada colombiano es víctima de SU burbuja y poco sabe o quiere saber  de la otra que no piensa igual.

"Se va a caer la política tradicional, creímos. Y esto lo vimos con Vargas Lleras. Pero no es cierto porque Uribe y Petro representan lo más tradicional de los modos de hacer política en Colombia: la negación del otro."

Post-partido

No hay partidos, solo celebrities idénticas: Uribe y Petro; figuras etéreas: Mockus y Falajardo; viejotecas como Vargas Lleras y Gaviria. Y el presidente es Duque. Increíble: un presidente por el que no se votó, ya que ganó Uribe. ¡Rara la democracia colombiana!

Si hubiese sido por los medios, las elites bogotanas y las clientelas políticas el presidente debió ser Vargas Lleras; si hubiese sido por las redes el próximo presidente sería Petro o Fajardo; si hubiese sido por el nuevo país, el que nació con el Acuerdo de Paz, el presidente hubiese sido De la Calle… pero no es cuestión de ideas ni de medios, ni de redes, es de lectura y afinidad sentimental con el país y ahí Uribe gana.

La otra gran verdad política es que sin Petro esta campaña hubiese sido mediáticamente muy aburrida y hubiesen importado las medianías; con él en campaña todo se redujo a “nos volveremos Venezuela” vs “volveremos a matarlos a todos”.

Finales

En Colombia la cultura no tiene política, luego poco o nada dio votos que los actores, los artistas, los escritores, los culturosos y académicos quisieran un nuevo país: No importan, nadie los oye: viven en su gueto hippie y buenaondista.

Atacar al otro no basta, hay que contarse a uno. Los petristas se dedicaron a hablar del peligro Uribe, los uribistas del maligno Petro, nada dijeron de sí mismos; es más, se cometió el error de demonizar a los seguidores del otro de enemigos, ignorantes, bazofias y perdidos… Lo mejor sería haber leído qué querían decir esos seguidores, por qué siguen a su líder y cómo llegarles. Ignorar al otro no es buena política: todos tenemos un poco de razón.

La política es hoy de flujos y causas más que de programas y razones. NO se quiere un programa o un eslogan, se quiere una secuencia de causas para dar coherencia. En eso Duque decía miedo al comunismo, el matrimonio igualitario, a las nuevas sexualidades, a las mujeres, al medio ambiente y todo en nombre de Dios, Patria y Uribe: una secuencia de miedos efectivos. Petro mandaba lucha contra el extractivismo, por los derechos humanos, todos los modos de ser familia y tener sexualidad en nombre de lo Humano, Social y Petro. La secuencia del miedo es más efectiva que la de la inclusión social.

Los medios y las redes solo saben narrar en formato bipolar y maniquea: unos contra otros. Y así es imposible construir sociedad donde las ambigüedades expanden la democracia.

Se va a caer la política tradicional, creímos. Y esto lo vimos con Vargas Lleras. Pero no es cierto porque Uribe y Petro representan lo más tradicional de los modos de hacer política en Colombia: la negación del otro.

Hubo remezón, algo se movió en la política. Ahora es política de causas que venden como el feminismo, el medio ambiente, las nuevas éticas sexuales… y es de los jóvenes, y están en bronca, y están aquí en las redes y no se van a dejar callar. Hay que ponerles cuidado y no defraudarlas.

Si hubiese sido por las redes, gana Petro, su segunda vuelta fue espectacular en los mundos digitales; pero la institucionalidad política es jurásica y análoga, por eso gana Duque: en nombre del viejo país, con la higienes de clase de Colombia y para beneficio de los dueños de lo rural, los amos del pueblo por billete más que por cabeza o redes. Y esta es la gran paradoja de las redes digitales: los jóvenes y sus causas quieren cambios ya, pero la política es lenta y depende de políticos, gobiernos, jueces, medios y legisladores que actúan en tiempo lento y que odian el cambio. Dos temporalidades: una rápida y otra lenta; una con propuestas de cambio, otra con sigamos en lo mismo. Y esto genera frustración democrática en los jóvenes de redes pero da felicidad en los políticos de siempre.

Las redes permiten respirar democráticamente, pero frustran porque seguimos en un país analógico. Lo genial es que ya no nos matamos porque tenemos Acuerdo de Paz y tenemos redes para insultarnos, lo fatal es que no podemos transformar la política.

 

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