El porro de Adriana Lucía

Adriana Lucia nació entre clarinetes y tambores. Por eso, decidió dar un paso al lado de su carrera vallenata para dedicarse a estudiar y darle un nuevo aire a la música que no puede faltar en la fiesta sabanera colombiana: el porro.

2003

Ángela Rivera

22.09.2015

No responde y me pide un segundo. Al otro lado del teléfono la están llamado. Me dice: “Estoy acá en todo lo de la premiere de la película entonces dame un segundito”.

Le acabo de preguntar sobre su brinco del vallenato al porro. “Mi último disco de Vallenato fue en el año 2000”, me había dicho, “entonces ya hace por lo menos 15 años que no canto”. Le pregunto sobre el cambio, me pide un segundo.

Cuando vuelve al teléfono, sin que yo haya formulado la siguiente pregunta, salta rápidamente a hablar, con voz festiva, sobre su relación con el porro y el documental Porro Hecho en Colombia.

–Hola. Pues yo nací en el departamento de Córdoba y siempre ha sido el porro mi música natural y digamos que hacer esta película…

Ella quiere hablar de porro, entonces hablemos de porro.

Del afro el tambor, del indígena las gaitas y del europeo los instrumentos de viento. Los tres parieron un género que según Adriana Lucía es “una forma de amar y de sentir”. Uno que, según ella, produce sentimientos encontrados: “es alegre y fiestero, pero al mismo tiempo es nostálgico y ceremonioso”. Ella dice que el porro es “su música natural”, la misma que viaja por el río Sinú y baña los pueblos de Córdoba, alegra sus fiestas y sus despechos, agita faldas largas y anchas y ve caer cera de vela sobre el rostro y las manos de las bailadoras. Adriana Lucía nació en El Carito, Córdoba, donde se canta para arriar al ganado, para trabajar la tierra, para curar las penas y para gritar la alegría, como cuenta ella en el documental Porro hecho en Colombia. Adriana Lucía investigó la historia y las etapas del porro para compartir ese conocimiento con Colombia y el mundo. Además, a través de este ejercicio, le muestra a su público de dónde viene, cuáles son sus influencias musicales y qué artistas la han influenciado.

Para lograrlo, hace once años  Adriana Lucía inició un viaje a través de las raíces de ese género. Habló con el historiador William Fortich, y con él conoció gente relacionada con el porro y viajó de pueblo en pueblo empapándose de ese ritmo. Julio Castillo, el cordobés saxofonista de porro, le entregó el conocimiento sobre la conexión que existe entre el porro y el jazz. “Los cuartetos de jazz que interpretan porro, para mí fue un gran descubrimiento”, cuenta Adriana Lucía.

Otras personas que apoyaron su proyecto fueron Miguel Emilio Naranjo, director de la Banda 19 de marzo de Laguneta, “una institución en el porro”, resalta. También Medardo de Jesús, un indígena del resguardo indígena Zenú, creador del sombrero vueltiao sin costuras. Adolfo Ortega es otro guía del camino, fundador de La flor de la alegría, “un grupo de gaiteros donde el más joven tiene 90 años”, comenta.

Adriana cuenta que el documental Porro hecho en Colombia es un recorrido a través del río Sinú y del mar, por donde ha llegado influencia árabe, gitana, afro y europea a Córdoba. “Nuestra esencia es recibir gente de todos lados, de aquí de allá y hacer de todo eso nuestra propia esencia”. Una de sus canciones, Cedro, fue grabada en compañía del español Antonio Carmona, gran exponente del flamenco. Según los dos, el porro y el flamenco se parecen. Adriana dice que estos dos géneros utilizan la décima, una poesía que se hace en diez versos, que hace una rima consonante, que cada verso debe tener ocho sílabas, que las armonías son en tonos menores. Eso es propio del flamenco y propio del porro, explica.

 

 

“Yo pertenezco a la época de María Varilla y de La Lorenza”

El debate de los cordobeses es si el porro debe cantarse o permanecer instrumental. Margarita Cantero directora de la agrupación Danza Catalina y autora del libro El Fandango dice, en la crónica Yo, el porro, que si el porro se canta pierde su libertad. Por el contrario Miguel Emiro Naranjo cree que con letra el porro llegaría más rápido al público.  A pesar de que Adriana Lucía pertenece a la época de María Varilla y de La Lorenza —la corriente del porro instrumental— dice que es más difícil compartir un porro sin letra: “Cuando las canciones no tienen letra y no son dedicables están un poco más limitadas porque a la gente sí le gusta dedicar las canciones”.

En un principio el porro fue cantado, luego, cuando pasó a la banda pelayera solamente los instrumentos hablaban y después cuando llegó a la orquesta volvió a cantarse. Uno de los grandes exponentes del porro cantado que le hizo la fiesta de fin de año a más de un hogar colombiano es Lucho Bermúdez y su canción Carmen de Bolívar. Otro conjunto para recordar son los Billos Caracas Boys. El porro de Adriana Lucía es porrock —como ella lo llama— y le pone letra. De los instrumentos del porro ella utiliza el bombardino, el clarinete y el redoblante “esos son los tres instrumentos estrella que uso para todo”, cuenta . Dice que sus porros no son tradicionales, pero tienen alma de porro y así espera acercar a las nuevas generaciones a ese género.

"También la vela sirve para defenderse del parejo si le está pegando mucho"

 

¿Bailamos un paquete de velas?

El porro sin vela no se baila. La vela se utiliza para evocar los tiempos de antes, cuando se vivía sin luz eléctrica y se bailaba al aire libre. Los hombres no preguntaban ¿quieres bailar?, cuenta Adriana Lucía, ellos se acercaban y le proponían a la mujer bailar un paquete de velas. “También la vela sirve para defenderse del parejo si le está pegando mucho” dice Adriana en medio de risas. Las mujeres dejan caer el esperma de la cera de vela sobre sus manos o sobre su cara cuando cargan la vela en la cabeza, para Adriana, ahí las mujeres “ parecen grandes candelabros humanos”.

Después de ver la cera derretida sobre la piel de la mujer, le pregunto ¿cómo se baila su porro? y responde “yo soy de la formación de bailar suelto, porque a mí me gusta la libertad hasta bailando. Pero si lo quieren bailar apretaito diciéndose cosas al oído, también es válido” y suelta esa risa de voz ronca que la caracteriza.

“Todo se sana cantando”

En una tierra de cantores y catadoras “hasta el despecho se convierte en canción”, dice la cantante, “donde el dolor lo sacamos hasta que duela menos, no pa’ rendirle culto, aquí no le rendimos culto a la tristeza, sino todo lo contrario se saca pa’ que se vaya”. Esa tierra de mestizaje y canción quedó plasmada en Porro Hecho en Colombia el documental que Adriana Lucía estrena este septiembre en Colombia.

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