El cuento de María Osorio

María Osorio convirtió su entusiasmo por la literatura infantil en su forma de vida. Este es el camino que ha recorrido la persona detrás de Babel Libros, editorial independiente especializada en libros para niños y jóvenes que ya cumple diez años.

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Juan José Cuéllar

01.04.2016

Lo que más me llamó la atención cuando conversé en noviembre del año pasado con María Osorio sobre su trabajo es la pasión con lo que dice todo. Habla muy rápido mientras mira directamente a los ojos, tamborilea el escritorio con los dedos, se quita y se pone unas gafas ovaladas de marco grueso, toma tinto y se rasca la cabeza cubierta de pelo cano, la mayor parte del tiempo desordenado. Esta arquitecta de la Universidad de los Andes terminó metida en el cuento de la literatura infantil porque “como dicen, conocía a un amigo que conocía a otro amigo que tenía un amigo que trabajaba en la editorial Norma”. María se interesó por los libros infantiles, empezó a leerlos y terminó convirtiéndolos en su forma de vida. Los antecedentes para esta decisión ya estaban presentes mientras estudiaba: el gusto por la lectura y el dibujo. Hoy en día parte de su trabajo es leer manuscritos, todos los días le llegan muchos, pero eso no impide que dibuje a veces en trozos de papel que tiene a la mano.

Hace quince años Osorio renunció a Fundalectura, que antes era la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil (ACLIJ), donde había trabajado desde 1986 como promotora de lectura para perseguir un sueño: montar una editorial independiente especializada en literatura infantil y juvenil.

Detrás de su escritorio repleto de papeles, María mira por la ventana y recuerda el camino para crear la editorial. “Apenas di el primer paso caí en cuenta de todas las dificultades que iba a tener”. Estas dificultades siguen siendo las mismas hoy: el mercado manipulado por las grandes editoriales y los medios de comunicación, la falta de una cultura lectora en Colombia y los pocos espacios de circulación y exhibición de libros. “Lo primero fue crear la distribuidora. Luego fue mantener la distribuidora. Después fue la librería y mantenerla con lo que daba la distribuidora. El quinto paso fue mantener la librería”, recuerda Osorio y agrega que cuatro años después pudo “montar la editorial con los recursos que daban la distribuidora y la librería”. Hoy, el reto es mantener la editorial: “Las tres empresas funcionan independientes la una de las otras pero a la larga son lo mismo”, asegura Osorio mientras se quita las gafas.

Hoy, Babel Libros está consolidada pero el trabajo para mantenerse no da tregua en ningún momento. El último problema ha sido la subida del precio del dólar que en mayo de 2015 estaba a $2.350 pesos y alcanzó un máximo en febrero de 2016 al llegar al precio histórico de $3.454. Esto ha impactado el valor de los libros: ahora es más caro producirlos y transportarlos, lo cual tiene un efecto directo en las ventas.

A pesar de las dificultades, el catálogo de la editorial ya tiene más de 50 libros publicados entre los que se destacan los del ilustrador colombiano Ivar Da Coll y la colección basada en el personaje ‘Chigüiro’. También está la colección de literatura juvenil “Frontera” que incluye libros de autores como María Gripe, Helena Iriarte, Ana María Machado, Julio Paredes y María Teresa Andruetto. Babel también tiene libros ilustrados de Jairo Buitrago, Antonio Ventura y muchos otros títulos que se distribuyen por toda Latinoamérica.

Osorio está cansada. Acaba de regresar de un viaje que la llevó por Buenos Aires, Rio de Janeiro y Medellín, donde estuvo promocionando los títulos de Babel. Está cansada pero satisfecha, y no ha tenido tiempo de parar : “Ayer tuve una reunión con la diseñadora de la editorial y hoy tengo una con la traductora del futuro libro, que es del griego, de Alki Zei”. Osorio cierra los ojos como si estuviera imaginando el trabajo que le espera.

 

"Al comienzo de nuestra primera charla le pregunté a María Osorio por la importancia de leer. Ella me respondió de inmediato y me dijo que leer es una posibilidad de ponerse en el lugar del otro, de abrir la mente. 'Leer obliga a pensar', lo que se opone a lo más común que es 'verse el propio ombligo todo el día, todo el tiempo'. Esto aplica para niños y adultos"

 

Nadie saldrá insatisfecho

Me encuentro rodeado de dragones, hadas, princesas, piratas, vikingos, hombres-pez, brujas, superhéroes norteamericanos, tigres, vaqueros, domadores de leones que gritan, se atraviesan en mi camino, me empujan y uno que otro que se esconde detrás de mí y me jala del pantalón. Es 31 de octubre y estoy en el Park Way, una tradicional avenida de Bogotá, en el evento de cierre del 9º Festival de libros para niños y jóvenes que comenzó hace más de diez días. El evento contó con la participación de invitados internacionales y nacionales y fue organizado por Idartes, la Cámara Colombiana del Libro y la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, de la cual Babel Libros hace parte; y con el apoyo de Fundalectura y la Embajada de España, entre otras instituciones. Las actividades del festival fueron diversas: un encuentro de los escritores con sus pequeños lectores, exposiciones, talleres, actividades con los ilustradores y los conciertos del día de cierre.

El evento es una fiesta completa, a pesar de que el cielo esté de un amenazante color gris y haga frío. Los niños están disfrazados, algunos de sus padres también, y están oyendo las historias del cuentista español Pablo Albo. Él se dirige al público y les pide que lo ayuden a rescatar un gato atrapado en la cima de un árbol mientras señala uno que está junto al escenario. Todos estamos en suspenso y nos imaginamos la escena, aunque no haya ningún carro de bomberos cercano, ni ningún gato desesperado del miedo maullando porque está a punto de caerse de una rama alta.

El evento se desarrolla en el Monumento Almirante Padilla que queda entre los dos carriles del Park Way. Hay muchos árboles y zonas verdes donde los niños están sentados con sus padres comiendo. Algunos tienen un libro entre las manos. Pablo Albo es despedido con aplausos y aparece Jorge Velosa y los Carrangueros para finalizar el evento.

Enfrente del escenario, pasando por una carpa gigante donde están algunas personas sentadas en el suelo o sobre unos cojines disfrutando del espectáculo, hay una carpa con varios estantes llenos de libros. Hay una sección que exhibe libros envueltos en papel periódico, hay una persona animando a comprarlos sin saber los títulos, quien invita a tener una cita a ciegas con un libro: “Nadie saldrá insatisfecho”. Ahí, entre la feria, también está Osorio junto al stand de su librería.

— ¿Cómo les ha ido en el festival?

— Mírelo usted mismo–, asegura Osorio.

Y está en lo cierto: el festival ha tenido una inmensa participación.

Pinocho está por todas partes

A pocas cuadras del lugar donde se desarrolló el evento de cierre del festival, en el barrio La Soledad, rodeada de árboles, antejardines y calles tranquilas, está la casa que abriga la librería y, en el segundo piso, las oficinas de la editorial y de la distribuidora de Babel. En la librería se confunden los libros concebidos ahí mismo, arriba de las escaleras, en la cabeza de María y sus colaboradores, con muchos otros. La librería está repleta y si bien la mayoría son libros infantiles los adultos tienen su parte y se ofrecen libros de poesía, varias novedades y libros de otras editoriales independientes.

Apenas entro por primera vez en la librería me llama la atención la decoración. Pinocho está por todas partes: cuelga del techo como marioneta, está en ilustraciones contra la pared, tiene la forma de muñeco que resguarda los libros en los estantes, y de todas las figuras que hay ninguna se repite. Cuando le preguntó a María sobre esto, me responde que colecciona figuras de Pinocho porque le gusta mucho el libro, además, dice, “la gente que lo sabe me los regala cuando encuentran uno”.

La librería está organizada por temas y no por géneros, que es lo más usual. De esta manera se promueve la autonomía de los niños para que escojan lo que quieren leer. “Cuando llegan los niños les preguntamos qué les gusta” —dice María— y por eso los estantes están divididos en libros sobre perros, lobos, gatos, ratones, lagartos, ranas, osos, aves, bichos, monos, dinosaurios, peces, conejos, elefantes, piratas, hadas, magos, barcos, dragones, monstruos, brujas e incluso hay una sección de libros en braille. Los niños se acercan y empiezan a leer y a ver todos los libros del tema que les gusta y luego van donde los papás con el libro que quieren llevar a su casa.

En el 2011 se inauguró en el garaje de la librería una biblioteca. Esta sólo funciona los sábados pero de todas formas fomenta también el hábito de lectura y la autonomía de los niños lectores, pues los padres no pueden entrar y son los niños quienes van, dejan el libro ya leído y escogen el que leerán durante la semana.

En la librería hay un niño vestido todavía con el uniforme del colegio. Está sentado sobre unos cojines grandes de colores en la sala infantil y tiene una pila de libros enfrente. Está leyendo en silencio. El niño siente que hay alguien más en la sala, devuelve la mirada, pero ignora la situación y vuelve sobre el libro que tiene entre las manos.

— ¿Qué lees?– le pregunto.

— Cosas– dice mientras me muestra un libro ilustrado con un barco pirata y vuelve su rostro al libro sin prestarme mayor atención.

 

Colección de Pinochos en Babel Libros. Foto: Juan José Cuellar

 

Dos o tres años por libro

El día a día de Osorio es apoyado por un grupo de diez personas. Ella es quien toma las decisiones pero siempre está en diálogo con sus colaboradores. Ella no tiene una oficina personal, pues comparte una larga mesa atestada de papeles y esferos con los otros. La oficina es el resultado de haber unido dos habitaciones de la casa y tiene un lado completamente lleno de libros. Estos no están a la venta, son unas de las herramientas de trabajo de los editores. La biblioteca contiene toda la información que necesita un editor: hay una sección de diccionarios, otra de manuales de estilo, otra sobre librerías, gestión editorial, teoría literaria, ilustración, arquitectura, etc. En esta ocasión la oficina sólo está ocupada por Osorio María Carreño, su asistente, una literata de mediana estatura, pelo largo y liso. Mientras Osorio atiende una llamada, Carreño me explica cosas de la editorial. “Desde que llega el manuscrito hasta que sale publicado, un libro puede demorarse entre dos o tres años de trabajo aquí”. Me cuenta que para la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá, que se realizará en abril, pretenden sacar 10 libros, aunque cree que sólo alcanzarán cinco. “En este momento, María [Osorio] está seleccionando unos poemas para una antología de romances medievales”. Me explica que a la par de la selección, el ilustrador del libro ya envió algunos bocetos y el siguiente paso es pensar la relación entre ellos para que no se repitan sino que se fortalezcan. El proceso de edición de todo libro es el siguiente: “los manuscritos son leídos varias veces por varias personas buscando cualquier error. Ya con el documento listo, hay que pensar en el formato del libro, el diseño, el tipo de papel y de tinta, la saturación de los colores de las ilustraciones, la carátula, hay que escribir la reseña del autor o del ilustrador, el texto que aparece al respaldo de los libros y en eso se nos van dos años”, asegura Carreño.

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Osorio deja el teléfono y aprovecho para preguntarle sobre el logo y el nombre de la editorial. Me cuenta que el logo lo diseñó ella misma. Se trata de Pedro de Urdemales, personaje tradicional de cuentos latinoamericanos. Urdemales es un pícaro, es decir, una persona con un gran ingenio para ganarse la vida. El logo de la editorial es una ilustración de trazos finos en los que Urdemales sostiene con dificultad una pila de hojas que lo desbordan y empiezan a volar por los aires. María saca una libreta y me muestra los diferentes intentos que hizo hasta dar con el diseño definitivo, en uno se puede ver a Urdemales sentado encima de la pila de libros con la cabeza recostada sobre una mano. “Yo quería que la editorial se llamara Urdemales pero se quedó como Babel”. Carreño añade que Babel “es más corto y no es tan difícil de recordar”.

Sobre el nombre, el logo también lo explica todo. La pila de hojas podría crecer hasta el infinito.

— Babel es un buen nombre. Dice muchas cosas porque una editorial es como la Torre de Babel…

— Que crece y crece con cada libro que sacan —digo.

— Exactamente.

 

 

*Juan José Cuéllar es estudiante de literatura con Opción en Filosofía. Esta crónica se realizó en el marco de la clase ‘Crónicas y reportajes’ de la Opción en Periodismo del Ceper.

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