Dos horas dentro del Lefebvrismo

En latín y de espaldas a los feligreses, un padre oficia la misa en donde las mujeres tienen la cabeza cubierta con mantos blancos o negros. Se trata de la Fraternidad San Pio X, conocida en Colombia por su miembro más famoso y polémico: el procurador Alejandro Ordóñez.

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Lucia Mesa

10.03.2015

Son las 10 de la mañana de un domingo cualquiera. La luz del sol atraviesa una ventana circular con una figura de cruz en la mitad y se adentra en la semioscura capilla de los Sagrados Corazones de Jesús y María en Bogotá, iluminando la cara de los fieles que están allí sentados.

Dominus vobíscum”, dice el sacerdote frente al altar.

Sin embargo, no está ubicado de la manera convencional; se encuentra de espaldas a su público, mirando la gran figura de Jesucristo crucificado. Tiene una cara joven, pelo negro, liso, corto y bien peinado y gafas redondas y va vestido con una manta verde con una cruz bordada en dorado. Su atención está fija en la Biblia.

Et cum spíritu tuo”, responden los fieles.

Son personas entre los 30 y 60 años, aunque también hay niños acompañando a sus padres. Todas las mujeres, sin importar su edad, tienen la cabeza cubierta por mantos, según reza la tradición. Ninguna lleva falda más arriba de la rodilla. Los hombres van vestidos de paño.

Uno de ellos es Ricardo, un trabajador público de 49 años que asiste a esta iglesia lefebvrista cada domingo con su esposa y sus hijas. La primera instrucción que me da para no desentonar en la ceremonia es no usar jean y vestirme más o menos elegante, con colores neutrales:

“Cuando uno va a misa tiene que ir bien vestido, es por respeto. Es como cuando vas a visitar a alguien, pues te vistes bien. Si vas a hacer mercado te vistes para hacer mercado, si vas a visitar a una amiga ¿cómo te vistes? Es lo mismo, es por respeto al lugar al que vas y a la persona a la que vas a ver.”

Los Lefebvristas

El movimiento lefebvrista en Colombia no es nuevo. Pero la militancia de importantes funcionarios públicos como el procurador Alejandro Ordóñez ha hecho que la opinión pública ponga sus ojos en esta ideología utraconservadora y en sus feligreses. Los lefebvristas son los seguidores del arzobispo francés Marcel François Lefebvre, quien no estuvo de acuerdo con las directrices del Concilio Vaticano II de 1960, que proponía la modernización de importantes costumbres de la Iglesia, entre ellas ofrecer la misa en el idioma de cada pueblo y no en latín.

Lefebvre creó en 1970 la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Sus seguidores conservan la liturgia de la misa, respaldan el celibato pleno de sus sacerdotes, refutan el liberalismo religioso y aseguran que “la salvación de las almas es la ley suprema de la Iglesia Católica”. La sede central de esta comunidad está en Menzingen, Suiza y según cifras oficiales de la congregación, ésta tiene 6 seminarios, 159 prioratos, 752 iglesias, están presentes en 30 países y visitan otros 31, lo que les da un alcance de 61 naciones.

Sin embargo, el malestar de algunos sectores en Colombia aflora cuando Ordoñez acude a los principios de su religión y se opone al aborto, a la píldora del día después, a la planificación y a la unión de parejas del mismo sexo, aludiendo que tiene una “labor apostólica” y una “cruzada por la restauración moral y por defender la vida”, como lo ha manifestado en diversas entrevistas.

La Misa de Domingo

Iglesia de los sagrados corazones Jesus y María. Foto FSSPX lattinoamérica.
Iglesia de los sagrados corazones Jesus y María, Bogotá. Foto FSSPX latinoamérica.

Estoy en el Parkway de la Soledad, en la calle 35 con carrera 18. Es una zona común de Teusaquillo, llena de edificios residenciales, casas, y hasta un colegio, en donde la fachada blanca de la iglesia puede pasar desapercibida al caminante desprevenido. Allí me encuentro con Ricardo, me da una mantilla negra tejida para taparme la cabeza, y juntos cruzamos la gigante puerta en arco de madera, flanqueada por dos lámparas que parecen antorchas.

Entramos a una especie de antesala. Allí hay un letrero que dice:

 “Al lugar de Dios debe entrarse con respeto, sin celular, con postura y ropa adecuada”

Sigo a Ricardo y nos dirigimos hacia unas escaleras a la izquierda. Llegamos a un balcón, desde donde tengo una vista panorámica. Lo primero que me llama la atención es que las paredes no están llenas de imágenes de santos. En cambio, tienen ventanas en arco con marco de madera y lámparas. Del techo de madera también cuelgan lámparas que, como las de la entrada, simulan ser antorchas y le dan una luz tenue al lugar. Abajo hay dos filas de sillas en las que los fieles esperan. Hay una especie de reja pequeña de madera que los separa del altar. Allí hay una Biblia y un paño verde con una cruz dorada, igual que la vestimenta del sacerdote. Los colores cambian según la celebración que se esté oficiando cada día. El verde significa esperanza.

El sacerdote Fernando Altamira entra con dos monaguillos detrás, que lanzan agua bendita a ambos lados. Los fieles están parados y cantan, deseando que el agua los toque. El padre se para frente a la cruz, mientras comienza a decir algo en latín. Cuando termina, todos dicen “amén” y se sientan.

A pesar de lo que se podría creer, el idioma no es una barrera. Muchos fieles se saben las oraciones en latín y las recitan de memoria, como yo podría recitar el Padre nuestro así no lo haya hecho hace años. Pero por $5000 se puede comprar un libro rojo titulado “Ordinario de la Santa Misa, devocionario”. Allí está escrito todo lo que se debe hacer y decir en la misa; en la columna izquierda con letra roja en latín, y en la columna derecha con letra negra en español. Tiene explicaciones de lo que está haciendo el padre, acompañadas de dibujos que las ilustran.

“Ser sacerdote de la fraternidad es muy estricto” me cuenta el padre Altamira. “En el proceso de selección, por ejemplo, tenemos que tener una vida pura, sin ningún desliz ni antes ni después. Además tenemos muchos años de estudio, por ahí 16. Y todos debemos saber latín y griego, para poder leer los evangelios en su idioma original”.

Durante la misa, el sacerdote regaña a sus fieles por falta de puntualidad:

 “Si un Senador los invita a comer, llegan puntuales. Si un alcalde los invita a comer, llegan puntuales. Pero como es Dios, a él si le llegan tarde. No sé cómo hacerles entender. Es un irrespeto hacia Dios. Pero ustedes verán, yo sólo les recuerdo que existe el purgatorio.”

DESDE LOS ANDES...

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El sermón del día es sobre la misa moderna. El padre busca hacer una crítica a la forma en que se practica la misa en las iglesias modernas, y convencer a sus fieles de no asistir a ese tipo de ceremonias, pues “incurrirían en un grave error”.

“En la fraternidad fundamentalmente estamos centrados en la contemplación, en la oración, en rezar por el alma de los demás, del enemigo. A nosotros siempre nos enseñan a rezar por el otro, no por uno. En esta iglesia encontramos la tradición, aquello que realmente a uno lo llena”, cuenta Hernando Bocanegra, otro fiel.

La salida

Los fieles se reúnen afuera. Parece que se conocieran entre todos, pues preguntan por sus familias y por sus vidas. Un señor de Crem Helado está parado frente a la puerta y los niños aprovechan para pedirles a sus padres un helado. Adultos y jóvenes comen helado mientras socializan, lo mismo hacemos Ricardo y yo.

Entonces llegamos al tema de las críticas que los medios le hacen a este tipo de misa y de pensamiento.

“En este mundo supuestamente diverso deberían tolerar más eso que pregonan… Si uno dice que es judío, chévere, si es musulmán, también, pero vaya uno a decir que es tradicionalista, ahí sí le dan palo todos y hasta ‘retrógradas’ nos llaman… ¿Qué más tradicional que el ritual judío? Eso viene de antes de Cristo”, cierra Ricardo indignado antes de despedirnos.

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