Diferencias fecundas: apuestas del documental El sueño de Benicio

El documental El sueño de Benicio nace de las diferencias étnicas y culturales entre comunidades afro, indígenas y campesinas en Suárez, al Norte del Cauca. ¿En un contexto nacional tan polarizado como el nuestro, puede haber alguna fecundidad en las diferencias?

por

Gerrit Stollbrock Trujillo

Realizador audiovisual, investigador y docente de antropología visual en las Universidades Los Andes y Externado. “El sueño de Benicio” es su tercer largometraje.


08.10.2021

Foto: El sueño de Benicio

¿En un contexto nacional tan polarizado como el nuestro, puede haber alguna fecundidad en las diferencias?

El sueño de Benicio es un largometraje documental que dirigí y produje como invitación del grupo interdisciplinario de investigación “Reinvenciones de lo común” de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Los Andes. Narra una historia que nace de las diferencias étnicas y culturales entre comunidades afro, indígenas y campesinas de Suárez, Norte del Cauca, pero también en las brechas entre prácticas propias de la investigación académica y la realización de cine. 

Cuenta una historia de encuentro entre tres líderes sociales de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas en Suárez, Norte del Cauca. Son comunidades que han experimentado conflictos entre ellas durante más de una década, una vez se consolidaron Resguardos Indígenas y Consejos Afrocolombianos y el resto de la comunidad campesina quedó en una posición de desigualdad. Su encuentro desemboca en una iniciativa inédita en el país: la fundación de la Escuela Intercultural de Paz Benicio Flor, en honor a un líder icónico asesinado en 2015. 

“No hay identidad cultural” se titula en forma provocadora un texto de Francoise Jullien. “¿Cómo así?”, preguntarían con razón (e indignación) quienes, desde disciplinas como la Antropología, han jugado un papel crucial para el reconocimiento de derechos de minorías étnicas en nuestro país: la introducción del enfoque multicultralista que se materializó en la Constitución de 1991 y desarrollos legislativos posteriores. “En la diferencia, una vez hecha la distinción, cada término olvida al otro, cada uno vuelve sobre sí mismo. En el ‘écart’ [‘una brecha dinámica y fecunda’ para el autor] los dos términos separados son permanentemente comparados […]: la distancia mantiene en tensión lo que se encuentra separado”, sugiere Jullien. 

La “diferencia” que ha introducido el multiculturalismo en nuestro país, sin embargo, no ha sido para muchas comunidades un lugar de cómodo regocijo identitario, de “olvido del otro”, según lo dice Jullien: por el contrario, ha implicado muchas veces competencia por los derechos o incluso conflictos por los territorios. Resulta, en todo caso, sugerente, en medio esta explosión desenfrenada de las polarizaciones y que se exacerba en épocas pre-electorales como ésta, una invitación a considerar que pueda haber algo fecundo en conflictos y diferencias.

   

Basado en las conversaciones iniciales con el grupo, especialmente con Alhena Caicedo, antropóloga que ha acompañado por más de 10 años a las comunidades de Suárez, el audiovisual le apostó en un inicio a un tratamiento cinematográfico que también pusiera en relación esas diferencias: Aunque el discurso de cada uno enfatizara sus identidades, buscaba construir una textura audiovisual de acciones que un personaje iniciara y otro concluyera, superponiendo el discurso de uno sobre los actos del otro, mostrando así las continuidades que entretejen las vidas de los tres protagonistas como habitantes rurales.

Sin embargo, la historia que narra el documental  no ha sido una búsqueda por encontrar una armonía originaria perdida entre estos grupos; no es una evasión de la diferencia. En correspondencia con la idea inicial del grupo de investigación “Reinvenciones de lo común”, ese encuentro es siempre frágil y está en constante construcción. El proceso de realización del documental lo reveló de distintas maneras. 

En primera instancia, como lo reveló el proceso de montaje, ese tejido común de la vida rural que buscábamos construir a nivel audiovisual sólo era, a fin de cuentas, posible si se empezaba por definir desde un inicio la singularidad de cada personaje y su vida: una vez establecidos los tres personajes, y las diferencias entre estas tres comunidades, es posible la puesta en relación a través del montaje cruzado, y con eso la búsqueda de las continuidades de la vida rural.

La puesta en relación de la diferencia finalmente se torna fecunda, en el sentido de Jullien, por la creatividad y la innovación que suscita el encuentro desde la diferencia, por los horizontes sociales y políticos inéditos que agencia para estas comunidades. 

Además de la fundación de la escuela, el proceso de encuentro, de puesta en relación, desemboca con la minga intercultural de 2017 en la cabecera municipal de Suárez, liderada por los tres protagonistas, así como en la campaña de Cesar Cerón a la alcaldía de Suárez en 2019, dos momentos adicionales que aborda el documental, posibles gracias a una potente articulación de las tres comunidades rurales de Suárez. Prescindiendo del aval de políticos tradicionales y sus prácticas, ambos momentos son una manifestación de innovación política y social nacida de las diferencias. 

Por otra parte, el encuentro había sido propiciado por las promesas que nacen con el Acuerdo de Paz con la guerrilla de las FARC en 2016 para las comunidades rurales. La potencia del material del primer rodaje, que en la primera fase de producción coincidió con el cambio de gobierno, consistió en parte en que, al lado de la esperanza del encuentro, se revelaba como principal “antagonista” de esta historia el resquebrajamiento paulatino de este escenario nacional, con rebrotes inesperados de una nueva violencia. Terminará por traer nuevos retos para estas comunidades: ¿Es posible una agenda rural común para estas comunidades, prescindiendo también del contexto que propició su encuentro? 

Por último, quisiera abordar brevemente otras “brechas”, ahora en el proceso mismo de producción. Como dije al inicio, hay una apuesta por poner en tensión brechas entre las ciencias sociales y el lenguaje audiovisual, entre las prácticas de una institución académica y las dinámicas de producción y distribución del cine. 

¿Qué hace acaso una Universidad produciendo cine? ¿Habrá fecundidad de estas apuestas? Desde mi papel como director y productor ha habido retos enormes, en términos de dirección y producción, por un diálogo a muchas voces, con sus propias prácticas, que ha implicado a investigadores, áreas administrativas y de comunicaciones de la misma universidad, así como a las mismas comunidades y sus líderes. 

Por otra parte, en mi propia experiencia, nunca antes había sentido que una película que dirigiera tuviera sentido, principalmente, por un proceso social y político que la sostiene y trasciende, sin que con esto pretenda reducir o encasillar el sentido del cine como producto cultural; sólo habla de la singularidad de este proceso. Y, en todo caso, no corresponde a mí dar una respuesta definitiva; es un diálogo a muchas voces que apenas inicia. 

Suscribo en todo caso, como sucede con la puesta en relación de las diferencias étnicas y culturales, esto que dice Bergson: “Simplemente existe el movimiento general de la vida, el cual crea, sobre líneas divergentes, formas siempre nuevas”. No existe fecundidad sin diferencia. 

El sueño de Benicio se estrenó el 28 de septiembre en Cinemateca de Bogotá y tendrá varias otras proyecciones en esa sala, así como en otras salas alternas del país. 

Este es el trailer del documental: https://youtu.be/Jn3IrGLt4oE

Funciones virtuales en Cinemateca de Bogotá: https://cinematecadebogota.gov.co/pelicula/sueno-benicio-0

Para más información sobre el proyecto y la agenda de proyecciones: https://cienciassociales.uniandes.edu.co/lo-comun/el-sueno-de-benicio/

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Gerrit Stollbrock Trujillo

Realizador audiovisual, investigador y docente de antropología visual en las Universidades Los Andes y Externado. “El sueño de Benicio” es su tercer largometraje.


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