Castrochavismo gringo: el intento de Trump por conquistar latinos en EEUU

Un video de la campaña presidencial de Donald Trump retoma el discurso del “castrochavismo” como una estrategia para conquistar nuevos electores, sobre todo latinos, en Estados Unidos. Yann Basset analiza cómo el video podría no funcionar para ese propósito pero sí revela una etapa problemática de la relación entre Colombia y Estados Unidos.

Yann Basset

Director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

15.10.2020

Hace un par de días, el canal oficial de YouTube de Donald Trump publicó un video titulado “Castrochavismo”. En 30 segundos, la publicidad electoral de Trump asegura que Joe Biden —su contendor por el partido demócrata— es el candidato del “castrochavismo”: las pruebas son el apoyo de Gustavo Petro y de Nicolás Maduro a Biden. “Con Trump derrotaremos a los castrochavistas”, dice la narración de la publicidad en español y con un acento al que se le resbalan las erres.

 

 

El uso del “castrochavismo” en el discurso de la campaña electoral de Trump retoma e implementa en Estados Unidos una estrategia que en Colombia ha funcionado para influenciar el voto de algunos sectores. La reapropiación de ese discurso posiblemente sea resultado del afán por conquistar las franjas de votos que, según las encuestas, aún no parecen inclinarse por el candidato republicano. Particularmente el voto latino. Es posible que los asesores del actual presidente hayan revisado las experiencias en América Latina y hayan encontrado la experiencia de Uribe y su victoria en el plebiscito, también la de Duque, y así hayan llegado a la estrategia del castrochavismo.

El concepto se recicla porque alude a Cuba y a la crisis en Venezuela y, en ese sentido, puede movilizar a una parte de los latinoamericanos, sobre todo en estados como Florida donde hay muchos refugiados cubanos y venezolanos. Es una forma de buscar unos nichos específicos en estados claves que pueden definir las elecciones. La pregunta es si funcionará. 

En Colombia, al menos, el discurso del castrochavismo ya ha revelado algunas de sus falacias. 

Desde una perspectiva académica no es muy claro qué significa: por más que Cuba sea uno de los patrocinadores del régimen venezolano, una cosa es la experiencia de Cuba y otra la de Venezuela. Son casos bastante distintos por muchas razones. Pero aún con falacias, el discurso no ha dejado de ser eficaz. Incluso en Colombia. Basta escuchar la declaración que el expresidente Uribe presentó a sus partidarios este fin de semana en el que, entre varias cosas, propone avanzar en “iniciativas de progreso social y económico que sean la alternativa al riesgo socialista que pretende replicar el fracaso de Venezuela”. Tampoco es descartable que en las próximas elecciones veamos otra ola “anticastrochavista” en el país.

Es una estrategia que ha tenido éxito en otros países: se recurre a discursos que usan el temor a la “venezolanización” para atacar a candidatos que supuestamente son cercanos al chavismo.

Lo que no es claro es que el éxito del “castrochavismo” en Colombia pueda replicarse en Estados Unidos, donde seguramente será un discurso que llegará para convencer a electores que ya están convencidos. La franja de latinos en Estados Unidos que seguramente comprarán este discurso ya es bastante cercana a Trump, y no es probable que así logre conquistar nuevos electores.

Aún así, es una estrategia que ha tenido éxito en otros países: en Argentina y México, por ejemplo, se ha recurrido a discursos que, como el del castrochavismo, usan el recurso del temor a la “venezolanización” para atacar a candidatos que supuestamente son cercanos al chavismo. Es un discurso que asimila a cualquier líder reformista o de izquierda a lo que ha sido Hugo Chávez y, así, “advertir” de los peligros que pueden representar esos candidatos. Una especie de espantapájaros que usan sectores de derecha. Y una estrategia que ha permitido rebajar cualquier propuesta de izquierda, caricaturizarla y asimilarla a lo que pasó en Venezuela.

Eso fue precisamente lo que pasó en las pasadas elecciones presidenciales con Petro. La diferencia es que aquí resultó ser efectivo porque la crisis de Venezuela se vive de forma mucho más cercana porque compartimos más de 2.000 kilómetros de frontera y han llegado casi dos millones de migrantes desde 2015. En Estados Unidos no ocurre lo mismo. Además, es difícil ver a Biden como un “peligroso revolucionario”.  Así, es improbable que el castrochavismo funcione igual en Estados Unidos.

El nuevo panorama político es peligroso porque significa que hay unas polarizaciones en Colombia que se refuerzan a través de la relación con Estados Unidos.

Lo que sí parece lograr el video de la campaña de Trump es reflejar la nueva partidización de la política exterior de Estados Unidos que resulta preocupante. Colombia siempre ha sido un aliado indefectible de Estados Unidos en América Latina y ha tratado de mantener una relación política con ese país que no depende de si el presidente es republicano o demócrata. Ahora, con la inclusión de estas temáticas en la campaña presidencial, resulta absolutamente claro que a unos en Colombia les favorece más Joe Biden y a otros Trump. 

Ese nuevo panorama político es peligroso porque significa que hay unas polarizaciones en Colombia que se refuerzan a través de la relación con Estados Unidos. Un gobierno republicano, por ejemplo, podría ser más exigente con un gobierno colombiano en materia de lucha contra las drogas si no se trata de un gobierno uribista. O, a la inversa, un gobierno demócrata podría ser más exigente con un gobierno uribista en materia de implementación de paz y lucha contra la violencia contra los defensores de derechos humanos.

Lo que parece evidente es que hay una ruptura en la forma en que venía dándose la relación entre los dos países. Eso es problemático porque puede provocar tormentas en la política exterior si tenemos un presidente uribista con un presidente demócrata, o si al contrario tenemos un presidente antiuribista con Trump en Estados Unidos. Si este camino se mantiene, Colombia podría dejar de tener una política de Estado respecto a la relación con Estados Unidos, y construir una política de partidos. Las consecuencias podrían ser muy graves.

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