Carlos Granés: el fisgón de las vanguardias

El investigador colombiano habla del indefendible legado que nos dejó tanta alharaca, mercadeo y escándalo en el arte del siglo XX y de cómo se tejió su relación con el escritor peruano Mario Vargas Llosa. Especial Hay Festival.

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Lorenzo Morales

26.01.2013

El puño invisible podría ser el título de una buena biografía de Mohamed Ali o una marca de camisetas para golfistas. Pero en este caso se trata de una de las más francas y refrescantes miradas a las vanguardias del arte en el siglo XX. Por esta extensa reflexión que repasa desde el futurismo de Marinetti, o dadaismo de Tzara hasta la era de Mickey Mouse, el investigador Carlos Granés recibió el premio de ensayo Isabel Polanco en 2011.

“A veces los círculos artísticos se cierran y resulta refrescante que entren personas con otras miradas a dar su opinión,” dice Granés, quien se formó como investigador social y no como crítico de arte. “Supongo que mi interés por la aproximación biográfica a los artistas viene de la psicología, y que la sensibilidad para detectar los cambios de valores en una sociedad me lo da la antropología.”

¿Y cuáles son esas actitudes de las primeras vanguardias del siglo XX que, según él, estiran la mano hasta nuestros días? Para Granés una de ellas es el infantilismo que utilizó el movimiento Dada como antídoto al heroismo bélico que condujo a la Primera Guerra Mundial. “Si los generales que se mataban en las trincheras valoraban el heroísmo y la belicosidad, ellos iban a valorar el juego y la espontaneidad”, dice y explica que la misma actitud contagió a los surrealistas y después a los hippies.

Otra es la telerrealidad, ese intento por representar la vida real en directo. Granés se remonta a los artistas del grupo Fluxus que intentaron hacer de sus rutinas cotidianas una muestra para galería. “Yoko Ono se encamó con John Lennon en 1969 en un hotel de Ámsterdam. Decenas de cámaras los filmaron. Ellos no hacían nada; estaban ahí, en piyama. Pretendían hacer un happening e hicieron un reality”, dice Granés quien cree que el intento resultó en otra cosa; “en realidad no lograron convertir la vida en arte sino en espectáculo”, remata.

Antes de lanzarse a escribir su exitoso trabajo, Granés pasó varios años inmerso en la obra de otro gran ensayista, con quien conversará en este Hay Festival: Mario Vargas Llosa. Después de elogiar sin tapujos el libro de Granés en su columna de El País de Madrid, el Nobel lo escogió para que compilara sus mejores reflexiones “Yo escribí un libro sobre Vargas Llosa, La revancha de la imaginación, que le debió parecer bueno, o al menos no tan malo, porque después de leerlo consideró que yo podía hacer ese trabajo.”

Desde entonces entre ambos se ha tejido una cierta amistad, aunada por una convicción compartida. Ninguna teoría, ningún discurso y ninguna escándalo podrá reemplazar lo único que importa de un artista: su obra. De este y otros temas conversarán el viejo sabio de 76 (parte de esa otra vanguardia llamada el Boom) con un bogotano de 37 que se atrevió a revisar lo que parecía intocable.

Entrevistar al Nobel puede parecer una tarea difícil, pero Granés ya conoce a su contendor. “Entrevistar a Vargas Llosa es facilísimo. No importa la idiotez que le preguntes. Él siempre va a decir algo interesante,” dice Granés con cierto consuelo. “Hace quedar muy bien a entrevistadores inexpertos como yo”.

Mario Vargas Llosa conversa con Carlos Granés. Viernes 25 de enero, 15:30 a 16:30. Centro de Convenciones de Cartagena de Indias.

Este artículo se publicó en Hay para Contar, el periódico oficial del Hay Festival de Cartagena. Lorenzo Morales es el director de Cerosetenta y profesor del CEPER.

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