La anti-ONG que asombra

Un oftalmólogo colombiano radicado en España se dedica a cambiar los modelos tradicionales de una ONG en África. Con propuestas participativas, consecución de recurso a través de beneficio mutuo y un manejo transparente de las finanzas, trabaja en contra de la desigualdad y la pobreza en Chad.

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Isabel Ramos Aitken

24.11.2014

 

 “La solidaridad y la creación artística son hijas del desconocimiento y del asombro. La ignorancia y la capacidad de sorprendernos nos permiten observar y aprender, no solo para producir arte, sino para liberarnos de nuestros estereotipos y comportamientos y dar el primer paso necesario para que haya justicia, democracia o tolerancia; nos permite ponernos en el lugar de los demás. Algo cada vez más difícil en nuestra sociedad egocéntrica, víctima del déficit de atención que nos trasmiten los medios de comunicación en su afán por suplantar la cultura por el entretenimiento”.

Con estas contundentes palabras da inicio la conversación con Pablo Bohórquez Rodríguez, un polifacético oftalmólogo bogotano, filántropo, pintor y fotógrafo que vive hace más de 20 años en España. Durante dos décadas se ha dedicado a la cooperación y ha realizado numerosos proyectos de ayuda humanitaria y desarrollo en sitios como el Chocó, donde diseñó y lideró in situ un ambicioso proyecto de la Comunidad Europea, o como en el Chad, África, al cual 40 años en guerra y una cruel dictadura lo han convertido en el segundo país más pobre del mundo.

 

Es precisamente en Chad donde Deporte y Arte Solidario (D&AS), la ONG que creó y dirige desde hace ya más de cuatro años, ayuda a dotar y a mantener hospitales, construye huertos-escuela, escolariza y alimenta a miles de niños; también crea microempresas como ópticas y talleres de costura para ayudar a las mujeres a sacar a sus familias de la miseria absoluta.

"En Chad vale más el agua que el oro, por eso lo primero que hacemos al llegar a un poblado nuevo es construir un pozo y una escuela"

 

¿Por qué D&AS trabaja en Chad?

Yo he colaborado con grandes ONG, pero estas han terminado convirtiéndose todas en grandes empresas, multinacionales, cuyas estructuras consumen buena parte de los recursos. En lugar de llegar al territorio necesitado, gran parte de las subvenciones se queda por el camino. Hace cuatro años estaba en Chad, en una misión humanitaria operando cataratas, cuando decidí crear una asociación que trabajara a medida de lo que necesita la infancia de este país, y que a la vez pudiera influir en nuestros hijos enseñándoles la importancia de la solidaridad con aquellos que no han tenido la suerte de crecer en un entorno tan favorable como el suyo.

 

En el Chad viven 12 millones de personas, de los cuales 7 millones son niños, y ostentan en conjunto los récords mundiales más indignantes: 70% de analfabetismo, la esperanza de vida más corta del planeta, la mayor mortalidad infantil, etc. Y uno surrealista: ser de forma constante uno de los cinco países más pobres del mundo a pesar de exportar petróleo. La dictadura férrea que rige actualmente no permite que las regalías sean distribuidas de manera justa, ni que haya casi ayuda internacional. El mantener a la población bajo estas condiciones inhumanas resulta ser no sólo uno de los métodos más crueles para mantenerlos controlados, sino un claro ejemplo de cobardía. Durante la misión al Chad de este año, el Diario El Mundo de España nos abrió un blog en el que pudimos compartir nuestra experiencia e impresiones:

 

En los últimos 40 años Chad ha estado enfrascado, casi de forma constante, en guerras y violencia política. Esta antigua colonia francesa es un país casi completamente desértico, azotado por sequías, sin abastecimiento de agua potable para la inmensa mayoría de la población y con un severo problema de tratamiento de aguas residuales y basuras que ocasionan condiciones de polución e insalubridad en la que se transmiten innumerables enfermedades infecciosas. El país no tiene salida al mar y está rodeado de otros de los países más pobres del mundo, algunos de ellos en guerra como Libia, Sudán y la República Centroafricana. Desafortunadamente ostenta otro deshonroso récord: ser la mayor fuente y destino de tráfico de niños esclavos, los cuales son forzados a la explotación sexual y laboral en el mismo Chad o en menor medida en países vecinos.

 

 

¿Qué hace D&AS en Chad?

En Chad vale más el agua que el oro, por eso lo primero que hacemos al llegar a un poblado nuevo es construir un pozo y una escuela, así los niños pueden ir a clase porque ya no tienen la necesidad de recorrer a pie varios kilómetros diariamente en busca del agua para sobrevivir.

 

En la página web de D&AS se puede ver el documental El milagro del agua donde se narra cómo cambia la vida de una niña que, gracias a la construcción de un pozo de agua en su escuela, ya no tiene que recorrer los 8 kilómetros diarios que hacía con su hermanito a la espalda, sujetos a toda clase de peligros. De esta manera y con todos los vídeos que hemos realizado queremos dar a conocer y acercar la desconocida realidad del Chad. En todos ellos cuenta un niño africano su vida y con ello intentamos transmitir a los niños de los países privilegiados, su lucha por la supervivencia, su dignidad y deseos de vivir, y especialmente el hecho demoledor de que el sitio donde cada uno nace es cuestión de suerte, reconocer ese hecho es el detonante moral que da paso a la solidaridad y a los hechos concretos que la hacen posible. Este es un buen ejemplo de ello: La fuerza para cambiar el mundo.

 

 

¿Cuánto vale construir un pozo de agua en Chad?

La muerte por desnutrición de millones de niños africanos contrasta con la insultante epidemia de obesidad de nuestros niños europeos y americanos. La imaginación desbordante de estos niños y su capacidad para jugar en lugares en los que podría filmarse una serie de supervivencia, contrasta con la insatisfacción de nuestros hijos acostumbrados a tenerlo todo y a valorar poco. Nuestro medio hace de nosotros unos cínicos: cínico es el que sabe el precio de todo, pero no conoce el valor de nada. Construir un pozo de agua cuesta 1.500 Euros y alimentar durante un mes a un niño en África, dos Euros.

 

 

¿De dónde salen los fondos para los proyectos?

No tenemos ningún tipo de subvención estatal. Realizamos lo que hemos denominado revoluciones solidarias en los colegios españoles. Damos conferencias y proyectamos distintos vídeos que he realizado personalmente con imágenes y fotografías tomadas cada vez que he estado en Chad, para lograr inspirar a los niños y animarlos a que se unan a esta lucha. El objetivo de D&AS es claro: lograr que estos niños se “empapen” de los valores solidarios que se transmiten a través de las distintas actividades que se realizan en los colegios, tales como mercadillos, murales, venta de camisetas, pulseritas, eventos deportivos y conciertos solidarios. Poco a poco se van sumando cada vez más personas que van aportando su trabajo a esta causa.

 

 

¿Quién realiza el trabajo in situ?

Los misioneros católicos son los protagonistas, son quienes están en el terreno a cargo del desarrollo y supervisión de los proyectos. En nuestra ONG colabora gente de todas las religiones y creencias. Sin embargo, tenemos claro que nuestra función principal es estar en contacto con los misioneros para lo que puedan necesitar. Una vez al año se conforma un equipo multidisciplinario para irse a trabajar, durante un mes a su lado, en ese universo surrealista en el que todavía existen cazadores recolectores, esclavitud infantil y la idea de que la vida puede llegar a no valer nada, como lo dejó claro el anterior dictador Hisséne Habré, apoyado por Francia, y que actualmente está siendo juzgado en Senegal por crímenes de lesa humanidad, concretamente por tortura y asesinato de miles de personas.

 

Ante un panorama así aún hay esperanza y ésta radica en la idea de la que estoy convencido: la fuerza para cambiar el mundo está en el corazón de los niños. Nosotros simplemente ponemos en contacto a los pequeños de países privilegiados con los de países pobres para que al conocerse surja un hermanamiento. Ese sentimiento de hermanamiento, solidaridad y responsabilidad es lo que la ONG busca surja entre los colegios europeos o americanos ricos con escuelitas pobres en Chad, entre multinacionales y microempresas de poblados remotos, entre ejecutivos y los misioneros.

 

 

¿Qué tipo de reconocimientos ha merecido la labor de D&AS?

Dentro de los reconocimientos logrados está el haber recibido, en junio de este año, el IX Premio Internacional a la Solidaridad en el Deporte 2014. Este prestigioso galardón, al que optan cientos de proyectos humanitarios de todo el mundo, es decidido por un jurado formado por grandes personalidades del deporte, la solidaridad y la cultura y presidido por la princesa Nora de Liechtenstein. El Premio reconoce aquellas iniciativas cuyos logros constituyen un ejemplo de valores solidarios para la juventud, y que gracias al esfuerzo y la generosidad ayudan a resolver los problemas de pobreza, injusticia, hambre, abandono, discriminación, enfermedad e ignorancia, especialmente entre la infancia.

 

¿Cuál es su punto de vista sobre la cooperación en Colombia?

Hay que emocionar a la gente porque está muy cansada de ayudar en base a la caridad y de ver la corrupción generalizada en nuestro país. Es muy difícil manejar recursos en Colombia, hay una situación social inestable. Estamos convencidos de que el modelo que funciona es cuando una comunidad sabe que los recursos de la ayuda provienen del esfuerzo de otras personas, personas solidarias, con nombre propio. Identificar muy claramente al donante y al receptor y que exista una relación de comunicación directa entre ellos, es primordial. Con nuestra ONG hacemos esto, basamos la consecución de los recursos en necesidades concretas, identificándolas y encontrando una contraparte local fiable que nos permita consolidar hermanamientos. Buscábamos un sitio de extrema necesidad donde pudiéramos poner a prueba nuestra capacidad de ejecución y de aguantar situaciones difíciles de controlar. Chad era el laboratorio perfecto para probar cómo se puede hacer un proyecto de desarrollo en esas circunstancias.

 

Colombia es una democracia, un país bien comunicado, con unas características muy diferentes que, en principio, permitirían que cualquier proyecto que se plantease tuviera éxito. Aquí hay muchas ONG y gente que realiza acciones de cooperación de manera casi anónima, que no depende de subvenciones, y que lo hacen por altruismo. Son ellas las que podemos reconocer como contraparte fiable. Es importante que sea la comunidad la que se hace propietaria del proyecto desde el comienzo. Hablamos de que estos proyectos son de desarrollo, no de ayuda humanitaria, no es caridad, no se da a fondo perdido. Esto es solo posible si la gente en el terreno entiende la dinámica de este tipo de proyectos y del tipo de cooperación.

 

 

¿Cuál es la forma de actuar de D&AS qué la diferencian de otras ONG?

En el Chad conseguimos los recursos donde las otras ONG lo gastan, como en acciones de publicidad y marketing. Nosotros nos damos a conocer en campañas de sensibilización, vamos a enseñar valores solidarios a los colegios, lugares donde realmente hay interés en ello. El beneficio es mutuo. Esas campañas las hacemos con un objetivo muy claro que es conseguir las ayudas. Generar dinero de esa manera hace que sea muy efectivo porque es dinero transparente, no se pierde en intermediación, hay muchos ojos sobre él. En el terreno pasa lo mismo, la comunidad ya está previamente informada y sensibilizada sobre ese proyecto, son conscientes de que ellos deben aportar la mano de obra, el mantenimiento y el cuidado porque es el primer paso para que haya otros proyectos en el futuro. Ese proceso de sensibilización, tanto en la parte local como en la parte donante, es lo que produce un clima de cooperación y solidaridad. Una vez conseguido eso, echar a andar el proyecto es labor de la gente comprometida sobre el terreno. En el Chad están los misioneros católicos.

 



 

¿En qué radica el éxito de los proyectos que han ejecutado hasta el momento?

Implantar un proyecto en base a una subvención o ayuda externa a veces es necesario, como en el caso de un desastre natural o proyecto de desarrollo, pero en algunos casos se desperdician los recursos, la gente colabora porque hay un sueldo; mientras que si los recursos se van creando a medida que el proyecto se va desarrollando y éstos se consiguen en base a la sensibilización de ambas partes, prácticamente no necesitan ni auditoria, ni seguimiento. El impacto social que se produce sobre la comunidad es el mejor método de control. Este modelo participativo tiene ventajas, todos dan y todos reciben. Las fuentes de financiación de los proyectos están limitadas a los intereses y ámbitos geoestratégicos que interesan en cada caso. La rigidez de los contratos macro no se ajusta, la mayoría de las veces, a los tiempos y realidades sobre el terreno, por lo cual es mucho mejor contar con recursos propios que permitan ayudar en situaciones que a nadie interesan y que suele ser donde surgen las mayores necesidades.

 

El éxito de un proyecto se basa en la confianza, pero ésta la dan sólo los hechos. Se establece un grupo de trabajo que se va autodefiniendo, tanto en la ONG como en la comunidad. La clave de todo está en la proactividad, la cual intentamos también inculcar a los niños de las comunidades, promoviendo que se conviertan en niños líderes, que alcancen un nivel educativo excelente; no cualquiera puede aprovechar las ventajas de ir a la escuela. Lo mismo ocurre con sus padres de quienes se espera sean parte del proceso educativo de sus hijos, dando un buen ejemplo en su vida familiar y comunitaria. La comunidad ejerce una gran presión sobre sí misma, y es esa presión social la mejor auditoria que se puede tener sobre los proyectos.

 

* Isabel Ramos Aitken es abogada, gestora cultural e investigadora en el Instituto Interuniversitario para la Comunicación Cultural de la Universidad Carlos III de Madrid, en España.

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