Adiós a Mario Laserna (1923-2013)

Con estas palabras en la ceremonia de grado de 1954, Mario Laserna, entonces rector encargado de Los Andes, resumió su visión de la Universidad y el papel que esperaba de sus egresados.

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Cerosetenta

17.07.2013

Mario Laserna (centro) conversa con Alberto Lleras Camargo. Sin fecha.

¡Día de renovar nuestra fe en los destinos de la patria! ¡Día de verdad para la inteligencia! ¡Día de recompensa generosa para el esfuerzo y la silenciosa tarea! Porque hoy, en esta memorable ceremonia dignificada por la presencia de vosotros, uno de los mejores hijos de la patria, celoso depositario de sus altos ideales y de sus esclarecidas tradiciones, se consagra a servir una de las causas que en mayor grado puede contribuir al engrandecimiento y a la realización de una Colombia más noble, más digna, madre de hombres y mujeres a quienes la virtud y el saber otorguen una existencia fértil en plenitud y digna de admiración. Porque la excelencia de una sociedad, su justificación ante sus contemporáneos y ante la historia, solo proviene, solo se origina en la excelencia de sus ciudadanos, en la grandeza de las realizaciones que hombres y mujeres con su individualidad de carne y hueso logren a través de las creaciones de su laboriosidad y su talento, de su virtud y de su sacrificio.

Las épocas de cultura

¿Hay quiénes duden que cuando la historia nos habla de grandeza y decadencia en pueblos y naciones, estas son formas abreviadas de referirse a la presencia o ausencia de grupos grandes o pequeños de individuos quienes a través de su acción y de su ejemplo han tenido sobre su época una influencia, una intervención que ha desembocado en admirable florecimiento de la ciencia, del arte, de la técnica? ¿Quién negará que estas elites han impreso a sus contemporáneos una fisonomía humana de contornos tan claros e imborrables que hoy nos permiten identificarlos como los atenienses del siglo cuarto, los romanos de César y Augusto, los florentinos de los Médicis, los Castellanos del siglo XVI, o cualquier otra constelación humana que ha dejado su luz en el amplio escenario de la historia, es decir sobre nosotros mismos? Qué hondo estremecimiento nos causa escuchar ese olímpico grito que determinadas épocas, naciones o individuos lanzan a través del tiempo:

¡Nuestra dignidad no fue padecer la historia sino inventarla! ¿Quién no constata el hecho que toda realidad espiritual y material, fuerte, ordenada, digna, solo se realiza allí en donde unos pocos, a nombre o en representación de muchos, reciben la investidura de guías para el futuro y depositarias del pasado en beneficio de la libertad, la dignidad, en fin la excelencia de muchos? Y si en algo yace la sabiduría de las colectividades, es en esta capacidad de producir en un momento determinado y propicio ese pequeño núcleo de individuos que ante la situación de lucha y crisis aglutinan en su voluntad y en su inteligencia esos recursos, ese temple de carácter, esa consciente, magnánima y desinteresada dignidad del que no solamente conduce y dirige sino que simultáneamente sirve y se somete al derecho y a la libertad de los más débiles.

Por esto yo repito, hoy es día de renovar nuestra fe en los destinos de la patria. La modesta pero ambiciosa realidad que es la Universidad de los Andes ve aparecer, al terminar el sexto año de su vida institucional, un rector, el cual habrá de continuar, ampliar y consolidar la meritoria y fructífera labor que un eminente hombre de ciencia, el profesor Roberto Franco, y un brillante hombre de gobierno y diplomático, el doctor Eduardo Zuleta Ángel desarrollaron a su paso por la Rectoría de la Universidad.

Trayectoria ilustre

Alberto Lleras Camargo es un hijo predilecto de la patria. Ella le confió sus destinos, su dignidad de república civilizada y democrática. Y todos los colombianos, sin excepción, recordamos esta época de armonioso progreso, de cordial convivencia, de austera y eficaz atención a los problemas públicos, todo ello bajo el signo de una clara convicción del bienestar total de los colombianos y de nuestra establecida tradición de nación culta.

El nombre de Alberto Lleras tiene un lugar de afecto y respeto en el pecho de todos los buenos patriotas. Pero el prestigio de este gran colombiano ha traspasado nuestras fronteras. A través de él y de su estirpe, las óptimas cualidades de nuestra inteligencia, rectitud y laboriosidad han recibido adecuado tributo en la gran familia de las naciones. Los hombres de Estado del mundo entero acataron su voz en la conferencia de Paz de San Francisco al finalizar la segunda guerra mundial. Nuestros hermanos del hemisferio lo escogieron para dirigir y organizar las actividades de la Organización de Estados Americanos. A través de este organismo que sirve de eficaz instrumento a la consolidación de la paz y el bienestar del hemisferio, Alberto Lleras Camargo desarrolló una fecunda labor admirada y aplaudida por las naciones del mundo americano y observada con interés por las naciones no americanas.

Alberto Lleras regresa a la patria. Viene a servir los intereses de la juventud y viene a cumplir esta elevada misión a través de un instituto que nació con el beneplácito, el apoyo y consejo de los nervios vitales de la nación. Porque la fundación de la Universidad de los Andes no tuvo origen en ninguna actitud conflictiva ante sectores o instituciones de la vida nacional.

Los primeros días

Esta Universidad desde sus primeros días disfrutó de benevolente apoyo por parte del Estado, de la Iglesia, de los hombres públicos, de las empresas que crean nuestra riqueza material; en fin, de todo lo que es honesto y constructivo en nuestra tierra. Bien está que a tal institución se incorporen el dinamismo, la sagacidad y el prestigio de Alberto Lleras. Con ello llegará nuestra Universidad a situarse sobre vía firme y segura. Así será posible llevar a feliz término las ideas y principios que presidieron la fundación de la Universidad de los Andes. No se ha presentado, desde los días en que un grupo de jóvenes colombianos en compañía de hombres ya maduros y experimentados acometieron esta quijotesca empresa, una oportunidad más propicia para repetir cuáles fueron estos principios y estos ideales. Ideales y principios plenos de respeto y fe en Dios, en la Patria, en los hombres.

La vigilancia de la ciudad

En primer lugar, los fundadores de la Universidad de los Andes consideraron que una sociedad de raíces cristianas como la nuestra tiene que organizarse sobre la base de una exaltación a la dignidad natural que el Creador confirió a la persona humana. Esta dignidad, inherente e irrenunciable a la condición humana, implica que cada hombre debe aspirar a intervenir hasta donde sus capacidades y su responsabilidad se lo aconsejen, en las decisiones que sirven de orientación permanente al grupo social. Que esta intervención se lleve a cabo por medio de una participación directa o por medio de la representación que se confiere a personeros elegidos legítimamente, no viene en ningún momento a modificar la obligación de cada ciudadano particular. Empero es una clara enseñanza de la historia de las sociedades humanas, que no basta con la intervención única y fundamental que se lleva a cabo en los momentos críticos de la vida de una nación.

Vinculación al grupo social

Para estimular por todos los medios posibles el interés de las personas por las actividades y decisiones que vienen a afectar la vida colectiva, la Universidad de los Andes aspira a fomentar y orientar en quien así los desee, el estudio y la discusión de los grandes problemas de la nacionalidad.

La circunstancia de que solo mediante la contribución económica de individuos o entidades privadas puede desarrollar su labor la Universidad de los Andes, hace que su presencia viva en los problemas educativos y cul­turales de la nación sea voz y voluntad de un grupo destacado y numeroso de ciudadanos de que esta Universidad esté allí y de que continúe desarrollando su labor. Por esta razón, a pesar de las incomodidades y desafortunadas interpretaciones que a veces pueda acarrear, la misión de la Universidad de los Andes es solicitar apoyo permanente del capital privado, ya que solamente por medio de este apoyo se sabe si hay quienes opinan que su labor es meritoria y que vale la pena de sacrificar algo del patrimonio particular para que esta institución continúe existiendo. Podría también afirmarse que mediante este fenómeno de apoyo económico privado a una Universidad se educa para pensar en los problemas nacionales, en su urgencia y en la necesidad de que ellos sean sometidos a un estudio minucioso y técnico al público. Este, aunque apartado de las aulas universitarias, sigue con interés y con espíritu crítico las actividades que internamente desarrolla la Universidad.

Cuatro postulados

Pero la indiscutible, la irremplazable, la vital tarea que una institución universitaria debe desarrollar, está resumida en opinión de quienes han orientado la Universidad de los Andes, en cuatro puntos.

No es ahora ocasión propicia para realizar un análisis detallado de lo que estos cuatro postulados de acción de la Universidad representan como origen del bienestar humano y fuente del progreso tanto de los individuos como del grupo social. Por lo demás, ellos han sido discutidos y comentados en las obras clásicas sobre la institución universitaria y constituyen uno de los temas centrales de gran parte de la literatura filosófica y humanista de la antigüedad clásica a nuestra época. Pero lo que sí considero necesario presentar ante vosotros es un recuento de cómo la Universidad de los Andes ha desarrollado sus seis años de existencia, cumpliendo hasta donde sus recursos espirituales y materiales se lo han permitido, estos cuatro imperativos del ca­rácter universitario.

Transmisión de conocimientos

Primero: La Universidad debe ser un centro para transmitir los conocimientos que el pasado nos ha legado en todos los campos del saber: nuestra Universidad se ha esmerado en ofrecer dentro de sus facultades técnicas una formación de carácter inconfundiblemente científico, de tal suerte que el estudiante al finalizar sus estudios salga, no solamente con los conocimientos y técnicas fundamentales a su campo de acción, sino que posea, además, un desarrollo mental que le permita afrontar con éxito problemas no contemplados en sus estudios, poniendo así a prueba su capacidad de afrontar situaciones imprevistas y de adquirir los conocimientos requeridos para una satisfactoria solución.

No únicamente por una clara conciencia de nuestra falta de madurez y adelanto en comparación con universidades de otras naciones, sino también porque mediante ello se abre al estudiante una visión del carácter universal del verdadero saber, enseñándosele a respetar el talento y la inteligencia donde quiera que ellos estén, los libros de texto que utiliza la Universidad de los Andes son escogidos de entre lo más reputado y serio que existe en el mundo universitario.

Para ello cuenta la Universidad con un cuerpo de profesores especializados, quienes tienen sobradas capacidades para esta cuestión.

La investigación original

El segundo punto de nuestro programa universitario consiste en lograr el aumento del patrimonio intelectual de la humanidad por medio del hallazgo de hechos o teorías nuevas que den al hombre un mayor acercamiento a la realidad o a la descripción y sistematización de ella. Es necesario confesar que, a este respecto, la distancia entre lo que ambicionamos llevar a cabo y lo que las circunstancias nos permiten, es dolorosamente grande. Ello se debe a que esta actividad investigativa requiere, además de un dominio absoluto de todo lo existente previamente en el campo escogido, un don cuasi divino de descubrir aquel hecho o aquella verdad discretamente oculta, que se aviva ante el ojo que la descubre, pero que elude misteriosamente la mirada de todos los demás. Es el atributo del genio creador, ya sea en el campo científico y técnico o en el de la creación artística.

Además, la investigación científica requiere facilidades de biblioteca y laboratorio, un ambiente de viril y juiciosa crítica, que es prácticamente imposible encontrar en una Universidad joven y carente de recursos como la nuestra. No obstante, en el campo de las ciencias matemáticas y naturales, se han llevado a cabo investigaciones por parte de profesores nuestros que han sido acogidas en importantes revistas científicas del extranjero.

Junta consultiva

También, y para no aislar a la Universidad de esa corriente viva del pensamiento y de la inteligencia que solamente se capta en su modalidad más elevada y hechizante, en compañía o ante la presencia de hombres cuya labor ha aumentado el conocimiento humano, nuestra Universidad desde sus comienzos está asesorada por un Consejo Consultivo compuesto por eminentes figuras universitarias del mundo, las cuales en diversas ocasiones han ayudado con su experiencia y prestigio a solucionar nuestros problemas. A través de ellos la Universidad se halla vinculada al campo vivo de la gran investigación científica y varios de entre ellos han venido a Bogotá, invitados por la Universidad, a dictar conferencias y dirigir semanarios. Es concebible que en el futuro no muy lejano, gracias a mayores recursos materiales y a la invaluable asesoría que este consejo consultivo puede facilitarnos, logremos adelantar un poco más en este terreno de la investigación.

Una tesis equivocada

Considero oportuno hacer aquí una aclaración disipando así un poco la brumosa y fácil ambigüedad que suele acompañar el uso de ciertos vocablos. En nuestro medio educativo se dice con frecuencia que el ideal educacional en el contexto universitario consiste en que cada estudiante sea un investigador. Si con ello se desea significar que todo estudiante debe desarrollar la capacidad de conocer y aplicar las técnicas básicas de su campo de acción profesional, creo que no existe objeción alguna a tal tesis: ella simplemente afirma que un profesional competente, tal como los debe formar toda Universidad, está en la obligación de conocer adecuadamente su campo de trabajo. Pero si esta tesis pretende afirmar que por el hecho de tener un diploma universitario todo individuo debe tener la vocación y capacidad para descubrir hechos y explicaciones que ninguno antes de él ha tenido la inteligencia o la suerte de encontrar, la tesis me parece obviamente equivocada, y lo que es peor, originada en una doble confusión.

Consiste ésta en creer que no puede existir un individuo plenamente capacitado para aplicar los conocimientos que son patrimonio común de su profesión, sin tener al mismo tiempo la originalidad de un descubridor. Para quienes tienen experiencia con países de adelanto científico reconocido, esta tesis no exige más refutación que la realidad del adelanto científico mismo; bien saben allí que la seriedad, la originalidad, la estructura mental del buen investigador son dones con los que nacen tal vez pocos, y que con brindar a éstos la oportunidad de desenvolverlos cumple a cabalidad su misión investigativa la Universidad. Para ellos, en general, se reservan los grados académicos superiores. Es este el primer aspecto del error a que he aludido y se refiere a los individuos. El segundo hace referencia a la institución universitaria en sí misma. Se cree a veces que la Universidad no debe ofrecer sino cursos obligatorios para todos y que no hay necesidad de distinguir entre la mentalidad de un alumno y otro; que solamente una determinada y fácilmente identificable estructuración mental tiene abiertas las puertas del éxito en cada campo profesional. Consecuencia de esto es la falta de cursos electivos que permitan al estudiante curiosear en distintas asignaturas o en diferentes grados de profundidad. Esta actitud igualitaria por parte de la Universidad es una ampliación perjudicial del criterio democrático de la igualdad de los individuos ante la ley a un campo en el cual la desigualdad de los talentos y de las capacidades no son ley hecha por el hombre sino imposición de la naturaleza misma.

En síntesis, la investigación es una función irrenunciable y básica de la institución universitaria y para que ésta sea eficaz y no un fraude, es necesario dar acceso y estímulo a ella solamente a los individuos a quienes su destino intelectual y moral marcó para tal vida. La sabiduría de la institución consiste en descubrirlos y darles las oportunidades necesarias.

Problemas del desarrollo nacional

El tercer punto del programa universitario consiste en vincular la Universidad a los problemas nacionales, en todos aquellos campos en los cuales la aplicación de herramientas intelectuales pueda sugerir soluciones a los problemas o servir a quien tenga interés en ellos. A este respecto creo que la Universidad de los Andes está prestando un verdadero servicio a la nación: en el campo puramente técnico la Universidad está ofreciendo a nuestra juventud una serie de oportunidades para estudios que antes no se podían realizar a través de una organización colombiana. Más de veinte especializaciones en el campo de la ingeniería, cinco en el de las ciencias económicas, arquitectura y ciencias naturales, un colegio universitario para mujeres, cursos de extensión cultural en letras y ciencias son obra realizada que aspiramos perfeccionar cada día. Obrando con plena conciencia de nuestra situación material y de recursos técnicos, la Universidad de los Andes se halla estrechamente vinculada a algunas de las más aprestigiadas universidades de los Estados Unidos.

En primer lugar está la Universidad de Illinois, a la cual hemos enviado más de ochenta estudiantes a concluir sus dos últimos años de especialización.

En menor escala, pero con el mismo criterio de excelencia en la capacitación profesional, están las Universidades de Pittsburgh y Texas, en las cuales también hay grupos de uniandinos aprovechando espléndidas oportunidades de terminar estudios técnicos. A este programa de capacitar jóvenes colombianos en el extranjero, utilizando la experiencia y bajo la solícita vigilancia de la Universidad de los Andes, se han vinculado importantes empresas e industrias colombianas, cuya visión de las necesidades del país y su oportuno remedio, sea esta la ocasión de destacar ante la nación. Con el envío de muchos de sus estudiantes a los Estados Unidos, la Universidad se identifica estrechamente a la solución de los problemas nacionales, suministrando al país técnicos preparados con toda idoneidad.

Primeros graduados

Hoy nos cupo el placer de cosechar un espléndido fruto: conceder los primeros diplomas de la Universidad a 15 uniandinos que han terminado sus estudios de especialización en la Universidad de Illinois y que hoy trabajan en los más urgentes problemas relacionados con aumentar el nivel de vida material de nuestro país. No podría yo omitir mención de los acertados esfuerzos que con relación a la formación de personal especializado en el extranjero para las necesidades del desarrollo de la nación está realizando el Gobierno Nacional por medio del Instituto Colombiano para Especialización Técnica en el Exte­rior. El envío de estudiantes a los Estados Unidos cumple hoy, sumada a la finalidad técnica, una imponderable labor de acercamiento a la vida e instituciones de nuestro gran vecino del norte.

Vínculos con EU

Se necesitaría carecer, en grado extremo, de entendimiento de los fenómenos sociopolíticos o gozar de un sin igual prejuicio anti-yanqui, para desconocer que la prosperidad de nuestro país estará durante decenios, inextricablemente, unida a la solidaridad y buen entendimiento de todo el hemisferio. Debemos mirar amistosamente hacia esa gran nación. Ella, a pesar de visibles equivocaciones, da permanentes muestras de unos sentimientos humanitarios, de un respeto por el derecho de los débiles, sin paralelo en la historia política y bélica universales. Los que creemos así, no estamos renunciando a nuestra dignidad de pueblo soberano. Eso sí, consideramos cierta pasión ultranacionalista y superpatriótica como peligrosa y perjudicial Ello no solamente porque tal actitud se contrapone a intereses de una validez más universal, trascendentes a nuestra soberanía territorial sino porque no es posible lograr aún el ansiado beneficio nacional, negando valores que son patrimonio común de la humanidad y deber de conciencia de cada hombre.

Nuestra posición frente a las eventuales discriminadas influencias culturales a nuestra vida nacional, debe situarse no en el paraíso de las abstracciones platónicas sino en el vital terreno, duro y áspero, del tiempo y el espacio. Colombia queda en el hemisferio occidental y estamos en el siglo veinte; y nada tan peligroso como olvidar estas verdades elementales. Hay quienes todavía creen que es posible orientarnos en una forma práctica a otras influencias culturales, idealmente más ricas y deseables, pero separadas de nosotros por abismos de tiempo y de situaciones mundiales que no controlamos.

Hasta ahora hemos recibido la influencia estadounidense a regañadientes. Tal vez por esto la mayor parte de nuestras importaciones han sido de inferior calidad. Pero, ahí la labor que nos resta por hacer; existen en ese país veneros extraordinarios que, consciente e inteligentemente encauzados, serían factores de abundancia y de bienestar material y espiritual para Colombia.

No olvidemos que frente a las tiras cómicas y a Hollywood se levantan museos, universidades y bibliotecas de entre las mejores del mundo. Que frente a ese desafortunado sentimiento racista que envenena a ciertos grupos están Harvard, Columbia, Princeton y muchas otras universidades, repletas de inteligencia y de sensibilidad de todas las nacionalidades ya como profesores, ya como alumnos; qué mayor y más elocuente reconocimiento por parte de las costumbres e instituciones políticas y educativas de la universalidad del talento y la cultura.

¿Quién podría mencionar otra nación que a este respecto haya logrado una tal renuncia a los sentimientos nacionalistas? ¿Qué otro país tiene una Fundación Rockefeller o Carnegie o Ford, beneficiando con su desinteresada tarea al mundo entero? En todo caso, este es un asunto que viene a influir en el campo de las decisiones prácticas. En él hay cabida para el error bien intencionado. Solamente pido para nuestro criterio igual concesión a la que otorgamos a toda crítica mantenida con la misma seriedad e integridad de la mente: que hay actitudes que aun cuando estén equivocadas, es posible mantenerlas con una dignidad y nobleza superior a la de quienes sostienen una verdad que se envilece con el uso deshonesto y el irrespeto a las personas.

Juzguemos ante esta luz el hecho de que la Universidad de los Andes, a pesar de su modesto tamaño, tiene en su profesorado más hombres y mujeres venidos de otros países, que el total de todas las demás universidades colombianas.

La excelencia personal

Y ahora, el cuarto y último punto que considero esencial a la misión de una Universidad: La formación de un tipo humano que condense en sí aquellas aristas del carácter y de la personalidad que se consideran el arquetipo de excelencia individual. Toda época de grandeza humana ha logrado, no solamente definir sino producir estos hombres y mujeres que le dieron sus defectos, pero también su dignidad y su grandeza. Esta formación exige que determinados individuos posean casi como una segunda naturaleza un conjunto de cualidades de la mente y de la sensibilidad, de la imaginación y de la conciencia moral, y hasta de las características físicas, que vienen a constituirse en el fundamento de la vida espiritual y material de su época. Todo ello sometido a un principio de orden y de jerarquías que, eliminando la an­gustia y la falta de fe, comunican una serena y armoniosa fuerza a sus actos y decisiones.

En palabras sencillas, ello radica en la conciencia de que lo que se ambiciona tiene un precio, consistiendo la sabiduría en ambicionar cosas de la mayor excelencia sin que nos amargue el hecho obvio de que no sean gratuitas. El hombre de hoy, si quiere penetrar al amplio escenario de la historia, tiene que conocer, sentir y tener conciencia de la tradición que ha venido a constituir su mundo actual.

Pero no se trata de una tradición local al estilo de las que inspiraron La Ilíada o La Eneida. El hombre mismo ha forjado un mundo que ya no está constituido en lo político y en lo humano por pueblos aislados y sin comunicación. Un país que antes se ocupa militarmente en seis meses se ocupa hoy en seis horas. Somos una gran Familia, nos conocemos unos a otros, pero ignoramos quienes fueron nuestros abuelos.

Los dirigentes, su función

El hombre de hoy debe y es su responsabilidad, nutriéndose del pasado y considerándolo como parte de su historia, golpear con serena voluntad, con fe vigorosa y realista, las puertas del futuro. Así llegará a formar parte de la historia. Y esta es la labor de los dirigentes. De aquellos que no miran el presente y el futuro como el desenvolvimiento de un drama ante el cual se es espectador pasivo, sino que tienen un sentido de la capacidad humana de intervenir, encauzar y hasta alterar. ¿Y no existe en nuestra reciente historia política una gran voz que proclamó que el pueblo colombiano es superior a sus dirigentes? ¿Y el eco de esta desgarradora frase no ha hecho temblar nuestra fe en la benevolencia de la patria? Entonces qué tarea más urgente, cuál la labor de mayor significado que preparar dirigentes… Formar a quienes con su influencia, su prestigio o su fuerza va a orientar la nacionalidad.

Porque tener influencia, gozar de la investidura del poder, es tener entre las manos la suerte de la patria. Y gentes maduras y graves no pueden dejar que su mente se guíe por el mito de que basta estar en una posición de poder para saber utilizarlo hacia sus fines nobles.

Porque muchas veces la investidura del mando o la influencia de que gozamos, cualquiera que sea la razón que nos aprestigia ante nuestros conciudadanos, no es el resultado de una auténtica y nítida conciencia de excelencia intelectual y moral, sino la nefasta obra de una propaganda eficaz pero deshonesta y desorientadora. Quienes tienen influencia sobre sus contemporáneos han recibido en depósito el bien de la patria. Y es necesario sentir con la convicción más íntima de la sangre y del espíritu, que la patria no es concupiscencia y botín sino purificación y austeridad.

Cualidades de inteligencia y de la voluntad. Disciplina, lucidez y objetividad en las determinaciones. Abnegación y perseverancia para el sacrificio; grandeza, generosidad y humildad para el triunfo. Sentido de cooperación y de comunión para las causas comunes. Ausencia de envidia y de torpe codicia.

Todo esto y mucho más necesitarán los hombres que aspiren a engrandecer la patria y a dignificarse a sí mismos. Procuremos desarrollar en los jóvenes una voluntad de servicio y solidaridad con sus semejantes; pero jamás esa opaca actitud moral e intelectual que alguien definió como la filosofía de la culpabilidad ajena. No encontremos siempre una disculpa a la propia mediocridad en la insensibilidad o en la estupidez de otro. Hay cierta dignidad íntima que impide a las mentes honestas culpar siempre a los demás por los fracasos y mediocridades de su propia vida.

Nuestro programa educativo se orienta a todo esto. Utilizamos para ello todos los recursos y medios que no contradicen los objetivos mismos que perseguimos.

Misión del nuevo rector

La exposición de estas ideas, con una carencia de capacidad en el pensa­miento y de propiedad en la expresión solo comparables al inmenso e inmerecido honor que para mí ha significado decirlas ante vosotros, no puede concluir sin repetiros, doctor Alberto Lleras, lo que os dijo un miembro del Consejo Directivo de la Universidad de los Andes, cuando éste fue a solicitaros que aceptarais la Rectoría de la Universidad: doctor Lleras, no venimos a ofrecerle nada, sino a pedirle. Que contribuya usted con su enorme capacidad de trabajo, con el desinteresado patriotismo que ha ungido su vida, con la confianza que inspira a sus compatriotas, a desarrollar la Universidad de los Andes. ¡Ella solo aspira a servir los auténticos intereses de la patria!

Hoy nos adherimos todos a esta solicitud. La considero una medida exacta de lo que vuestra presencia aquí significa. Solamente he aspirado a nombre de los fundadores y del Consejo Directivo y del cuerpo de la Universidad, profesores, exalumnos, alumnos y benefactores, haceros un imperfecto trazado de la bandera que depositamos en vuestras austeras manos. Es la bandera que preside la excelencia de nuestros destinos. Os la entregamos sabiendo que ninguna inteligencia la mirará con mayor reverencia ni ningunas manos la defenderán con tanta devoción y nobleza.

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