Aborto: Nadie se está saliendo con la suya

“Si pedimos maternidad consentida es porque nos hemos dado cuenta de que parir no te hace madre y fertilizar un óvulo tampoco te hace padre.”

No es NoЯmal

29.04.2020

Esta entrada al blog de No es Normal hace parte de nuestra convocatoria “Reflexiones de cuarentena”*

Por: María José Plata Flórez

“La maternidad será deseada o no será”. Esto se grita en las marchas feministas desde México hasta Argentina, se ha rayado en muros de muchas capitales y se comparte masivamente en redes sociales. Es una de las consignas claves en la lucha prodecisión. Es poderosa, pero se ha visto malinterpretada. Es curioso ver a tantos proparto y detractores del feminismo diciendo que a las mujeres ya se nos ha escuchado lo suficiente, cuando ni siquiera nos han prestado atención.

La maternidad consentida es un tema por sí solo, porque conlleva deconstruir lo que  se entiende por maternidad. Aunque hay un ideal tradicional de que la madre es quien da a luz, desde hace mucho tiempo se han vivido diferentes dinámicas de maternidad con distintos modelos de familia. Por ejemplo, las madres adoptantes que no tienen vínculo biológico con sus hijos. También están las abuelas que actúan como madres de sus nietos, o tías con sus sobrinos. La mayoría de los hogares colombianos no caben en la estructura de familia tradicional con mamá, papá e hijos. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) del 2015, el 49% de los niños no viven con su papá y su mamá. Bajo la ley no cuestionamos que una madre adoptiva sea eso, madre, y culturalmente vemos como madres a abuelas, tías, hermanas etc. Se ha dado algo similar en la paternidad. Hay hermanos que criaron a los menores o tíos que se encargaron de sus sobrinos. Porque las relaciones familiares se conforman mucho más allá de lo biológico.

Aclaro esto porque siento que es el tipo de cosa que militantes de la posición proparto como Juan Esteban Quintero no entienden. En “Paternidades voluntarias para unos, demandas de alimentos y cárcel para otros”, Quintero alega que los hombres deben tener derecho a interrumpir su paternidad. Como las mujeres pueden abortar, se debería buscar una alternativa para que los hombres tampoco se hagan cargo de hijos que no quieren. No creo que sea una preocupación malintencionada, entiendo porqué desde esa perspectiva se ve una injusticia. Quien pone el óvulo no quiere tener el hijo y puede abortar, pero si es el que pone el espermatozoide el que no quiere la responsabilidad, la otra parte puede exigir que pague para mantener al niño.  Dicho así, veo por qué cree que los hombres pueden perder. Pero hay matices que no se están tomando en cuenta.

Primero, la interrupción de la maternidad se puede dar en un proceso de adopción que ha sido ejercido tanto por hombres como por mujeres. Son reducidos, pero hay casos en los que el padre tiene la oportunidad de quedarse con sus hijos y educarlos por su cuenta. El 3% de los niños colombianos viven solamente con su papá según la ENDS. Lo que se discute en el tema del aborto es si va a haber o no un parto y, por condiciones biológicas, es algo que concierne a la persona que tiene útero.

Entiendo esa frustración que surge cuando te dicen que lo que tienes entre las piernas define qué puedes hacer y qué no. A las mujeres eso nos pasa seguido. Por suerte vivimos en un mundo que está empezando a intentar borrar las barreras que nos impone el binario hombre-mujer. Pero la menstruación, la menopausia, los embarazos, y sí, los partos, son departamento de las mujeres cis, los hombres trans, y todos los no binarios asignados femeninos al nacer. Yo no me puedo hacer un examen de próstata. El reclamo de hombres cisgénero pro-parto es equivalente a que reclamara mi derecho a hacerme uno.

La condescendencia en estas discusiones viene de lado y lado, porque cuando decimos “la maternidad será deseada o no será” los proparto creen que estamos diciendo “o es cómo yo quiero, o no es”. Pero es más complicado que eso, y no nos escuchan porque están muy ocupados en su propia pataleta de niño consentido porque les molesta muchísimo que alguien tenga algo que ellos no. La lucha por nuestros derechos no es una competencia de quién tiene más al final. Comparar abandono con aborto es mezclar peras con manzanas. Cuando una mujer aborta queda pendiente su exitosa recuperación, pero cuando hay un parto nace un niño que necesita cuidados.

Creo que lo que molesta en círculos de derecha es pensar esta situación en términos de quiénes serán castigados. Cuando las mujeres tenían que responder por un hijo que no querían con un hombre que desaparecía era el lógicamente culpa suya por “abrir las piernas”. Pero ahora que una mujer podría tomar una decisión que obligue a un hombre a asumir una responsabilidad que no quiere, la derecha pierde la cabeza. “¿Por qué ella se puede salir con la suya y yo no?”

No les interesa que haya más mujeres que se sienten satisfechas con su vida o menos niños abandonados o en un hogar infeliz. Lo que les interesa es que los pecadores paguen, y al menos en el año 2020, piden que paguen todos por igual.

Entonces, piensan, si hay un embarazo, no es justo que una parte pueda salirse con la suya y la otra no, ambas personas deberían hacerse cargo.

Asumir responsabilidad es un valor de las posiciones conservadoras y es un gran valor, todos deberíamos asumir las consecuencias de nuestros actos. Por eso cuando un bebé nace y no es claro quién se encargará de él, hay procesos legales para intentar garantizarle el mejor hogar posible. A veces la respuesta es una custodia compartida, a veces solo convive con una de las partes, y otras veces el Estado responde por él. Porque ese niño debería vivir en el mejor ambiente posible, tiene ese derecho. Pero un feto no es un niño. Y quien carga con la responsabilidad del feto es quien lleva el embarazo. Nadie que no sea esa persona puede aguantar las contracciones, las noches sin dormir, la vejiga hinchada, la dilatación de la vagina, los mareos, el vómito, el insomnio, los cambios hormonales, la depresión posparto, o todas, o una mezcla de varias. Sus opciones en ese momento son llevar a término el embarazo o interrumpirlo.

No es que los hombres no puedan hablar de aborto, ni que solo se puedan pronunciar si están a favor. A fin de cuentas, esta es una conversación abierta y creo que estas preocupaciones no vienen de lugares necesariamente oscuros. Pero lo que se está retratando como una injusticia es simplemente una comparación absurda entre dos circunstancias que no son iguales. Cuando una persona tiene un hijo con alguien que no quiere ser padre hay vías legales para que ambos lleguen al mejor acuerdo posible. Estos procesos son ridículamente costosos, se hacen demasiado rápido, muchas veces son llevados a cabo con un sesgo de género que sí vulnera el derecho de muchos hombres a cuidar de sus hijos y pone una gran carga en las madres al asumir que ellas deben tener la mayor parte de la custodia. Ahí sí hay injusticias.

Creo que no es descabellado afirmar que, si las necesidades de un niño las puede cubrir solo una de las partes, y la otra no quiere involucrarse desde antes del nacimiento, la ley debería moverse lo suficientemente rápido para actuar de forma justa frente al caso. En mi opinión, la solución sería que quien no quiere participar no tenga ninguna obligación. Ya hay casos por el estilo en los que legalmente una de las dos partes no se relaciona con el niño ni le paga manutención, porque así se acordó. Entiendo que debe sonar frustrante no poder librarse de la cuota alimentaria si tienes la mala suerte de fertilizar un óvulo en un útero de alguien que no quiere abortar. Pero eso no te obliga a ser padre, te obliga a pagar una cuota alimentaria. Es muy probable que si esa persona de verdad no quisiera tener nada que ver con ese niño, un abogado se puede encargar de ello incluso antes de que llegue el día del parto. Si algo aprendimos con el caso de hace unos meses es que es impresionante cuántos procesos legales se pueden hacer durante un embarazo.

Queda pendiente un argumento, que valga la pena señalar se siente muy retorcido. El espermatozoide. El feto tiene la mitad del ADN de la persona que inseminó ese óvulo. Dándole el beneficio de la duda a esta afirmación, aquí va una apreciación de por qué esto no justifica negarle el derecho al aborto a una persona. Primero, quisiera exponer que históricamente se ha subestimado el papel de la mujer en los procesos de concepción y gestación. Según Aristóteles, “para los seres que se generan, el principio del movimiento, que es el macho, es mejor y más divino, mientras que la hembra es la materia. Pero el macho se une y se mezcla con la hembra para la función de la reproducción, pues ésta es común a ambos” (732a 8-11 Reproducción de los animales). La propuesta es que del semen viene la vida y el útero es como una vasija en la que se pone agua a hervir, y esta posición es de uno de los grandes pensadores más antiguos de la humanidad. Con el paso del tiempo, la ciencia ha demostrado que, en cuanto al componente genético, el aporte es bastante parejo.

Volvemos al tema del parto y el embarazo. No es comparable el desgaste corporal que se da en una eyaculación, al de los nueve meses de gestación ni al del momento de dar a luz, mucho menos ambos procesos juntos. Cuando se da este argumento se está alegando que si una persona eyacula y fertiliza un óvulo entonces tiene derecho a exigir que ese útero lleve a término el embarazo “porque es mío”. Es una posición que desde lo superficial puede sonar ridícula, propio de un “troll” en una caja de comentarios. Pero vale la pena tomárselo en serio, porque cuando se le exige seriedad a la postura se ve que es profundamente patriarcal y viene de muy atrás. La persona que lo alegue podría citar a Aristóteles para justificarse, pero seguiría equivocado. Este argumento es una herencia de siglos y siglos en los que tratamos a quienes se embarazan como propiedad de quienes penetran.

Quiero hacer un llamado a ser razonables. Todas las acciones tienen consecuencias. Pero la consecuencia de tener sexo y que el espermatozoide fecunde un óvulo no es maternidad o paternidad inmediata. La consecuencia es un embarazo que se puede interrumpir o no.

Si pedimos maternidad consentida es porque nos hemos dado cuenta de que parir no te hace madre y fertilizar un óvulo tampoco te hace padre.

Cuando un niño nace la ley debería ser justa y coherente con quienes estén involucrados. Pero un embarazo no es un niño. Es una responsabilidad que no se puede repartir. Es apenas lógico que si nadie más puede asumir esa carga, lo justo es que la decisión de parir o abortar sea de la persona que está embarazada. Porque en realidad, nadie se está saliendo con la suya.

*Nota de No es NoRmal: 

Abrimos este espacio para escucharnos. Hace unas semanas, lanzamos una convocatoria de libre participación, temática y formato en redes sociales que tiene como propósito crear un espacio seguro y diverso en el que podamos compartir las reflexiones y los sentimientos que ha suscitado la pandemia y el confinamiento en el que nos encontramos. 

Como colectiva feminista, reconocemos que son tiempos difíciles que han hecho visibles tipos de desigualdad, violencia y opresión que estaban presentes desde antes. Consideramos, por tanto, indispensable preguntarnos por nuestra labor comunitaria y por las formas de cuidado y acompañamiento que vienen con esta. Leer y ver los pensamientos y procesos de creación de otrxs nos puede recordar que no estamos solxs. Así, este espacio se plantea como una posibilidad tejer redes mediante la escucha y el cuidado colectivo. 

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