¿Por quién doblan las campanas de San Carlos?

El párroco de este pueblo antioqueño cercado por la guerra encontró una inusual manera de anteponer la fe a las balas. Proyecto conjunto del CEPER con el Centro de Memoria Histórica.

por

Eduardo Briceño

Estudió literatura en la Universidad de los Andes, donde también terminó una Maestría en Periodismo. Ha sido editor de la Revista Cerosetenta desde su fundación en el 2011 hasta el 2015, cuando la empezó a dirigir. Sus textos han aparecido en la Revista Arcadia, Revista SoHo, Bacanika, Revista Diners, El Espectador, Humbolt Magazine, vive.in y Cerosetenta entre otros. En 2020, recibió junto con el equipo editorial de 070, el Reconocimiento Clemente Manuel Zabala de la Fundación Gabo, con el que se reconoce a editores colombianos.


12.09.2012

Para los habitantes de San Carlos, un pequeño municipio en las montañas de Antioquia, ver el carro de la parroquia recorrer las calles del pueblo era un alivio tras largas noches de vigilia, hambre y silencio. Durante los años más rudos del enfrentamiento armado en esta región del país, cuando iba a haber un enfrentamiento entre guerrilleros y paramilitares, -o a veces entre alguno de estos grupos y el mismo ejército-, el padre Oscar Alzate hacía sonar las campanas de la iglesia y junto a sus fieles y la imágen de un santo en la mano, salía a las calles para evitar que los grupos armados entraran al pueblo. La custodia de Cristo Consagrado fue el arma que salvó en varias ocasiones la vida de los sancarlitanos. Los párrocos fueron consejeros, maestros y cómplices para ayudar a sus fieles a huir de la guerra.

Las calles de San Carlos, hace no más de diez años, eran controladas por el miedo y el terror que infundían los violentos con sus armas y sus amenazas. En las noches se imponía el silencio que era solamente interrumpido por algún golpe intimidante de culata contra las puertas o por una ráfaga estridente de metralleta. La fe en Dios y las manifestaciones de resistencia de la Iglesia dieron a los habitantes de este pueblo fuerzas para convivir con el miedo a la muerte y con la crueldad de la guerra.

 

*Eduardo Briceño es estudiante de historia y está terminando la Opción en periodismo del CEPER. Además es Co-editor de la revista REC. Este reportaje se hizo con la colaboración del Centro de Memoria Histórica.

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Eduardo Briceño

Estudió literatura en la Universidad de los Andes, donde también terminó una Maestría en Periodismo. Ha sido editor de la Revista Cerosetenta desde su fundación en el 2011 hasta el 2015, cuando la empezó a dirigir. Sus textos han aparecido en la Revista Arcadia, Revista SoHo, Bacanika, Revista Diners, El Espectador, Humbolt Magazine, vive.in y Cerosetenta entre otros. En 2020, recibió junto con el equipo editorial de 070, el Reconocimiento Clemente Manuel Zabala de la Fundación Gabo, con el que se reconoce a editores colombianos.


BIO

Eduardo Briceño

Estudió literatura en la Universidad de los Andes, donde también terminó una Maestría en Periodismo. Ha sido editor de la Revista Cerosetenta desde su fundación en el 2011 hasta el 2015, cuando la empezó a dirigir. Sus textos han aparecido en la Revista Arcadia, Revista SoHo, Bacanika, Revista Diners, El Espectador, Humbolt Magazine, vive.in y Cerosetenta entre otros. En 2020, recibió junto con el equipo editorial de 070, el Reconocimiento Clemente Manuel Zabala de la Fundación Gabo, con el que se reconoce a editores colombianos.


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