Un manifiesto para las abejas de la resistencia

Un nuevo movimiento ciudadano está surgiendo. Un movimiento que habla en plural y que busca la pluralidad, un movimiento que quiere fiscalizar al poder y, sobre todo, mantener la paz.

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Nicolás Dávila C.

26.06.2018

Desde hace un par de años se viene hablando de que las abejas están desapareciendo, que se están extinguiendo. Las principales causas: los pesticidas, el cambio climático y la destrucción de su hábitat natural.

Ese insecto que en promedio mide 1,4cm ha sido declarada la especie más importante del planeta; si las abejas desaparecen, millones de plantas se irán con ellas, el 75 % de la flora silvestre se poliniza gracias a las abejas y casi el 40 % de las frutas y verduras que comemos procede de la polinización. Es decir, sin las abejas, sin ser extremistas o apocalípticos, nos iríamos a la mierda.

"Defendemos esos añorados espacios destruidos por los pesticidas de la minería y la violencia que apenas nos están devolviendo. Nuestra condición es ser obreras, por eso trabajaremos para que esta paz imperfecta lo sea cada vez menos"

Por eso ese insecto hermoso — que llamamos por su plural, “la abeja”, ya que son plurales y diversas—, es ahora el símbolo de la resistencia en Colombia. No de la izquierda, ese término anacrónico y efectista con que los medios de comunicación y la política insidiosa de siempre nos quisieron encasillar. Aquí somos abejas de centro, de abajo, de atrás, de arriba, pequeñas, negras, amarillas, verdes, bellas, con aguijón, con alas, sin patas, feas, delicadas, sin antenas, pero sobre todo, sin reina.

Acá no seguimos un caudillo o caudilla, ni tampoco ninguna ideología: no.

Nos seguimos a nosotras mismas, nos sabemos enjambre diverso y rico. Tenemos claro que defendemos; defendemos nuestra hábitat, nuestros páramos, nuestros ríos, nuestras montañas, nuestra tierra. Defendemos esos añorados espacios destruidos por los pesticidas de la minería y la violencia que apenas nos están devolviendo. Nuestra condición es ser obreras, por eso trabajaremos para que esta paz imperfecta lo sea cada vez menos. Por el campo, para que la educación, que es un derecho, deje de ser un negocio de 10 o 16 millones el semestre, con un mísero empleo como meta.

Trabajaremos para que la salud deje de estar costosa y enferma. Seguiremos zumbando para que la diversidad en Colombia se celebre y no se condene. Porque, sí señores, en la Resistencia, el zángano puede ser abeja y la abeja, zángano. Y también zángano y zángano pueden ser familia, y abeja y abeja pueden tener el derecho de adoptar a un zanganito.

No queremos todo regalado como dicen los que nos confunden con plaga. Queremos lo básico, una educación de calidad accesible, una salud que no mate, y una guerra que no vuelva. Queremos trabajo, no subsidio. Somos obreras, no mendigos. Una abejita sola volando no se ve, su sonido es mudo, y su labor fútil si no está acompañada de muchas otras, por eso no nos dispersemos, no nos extingamos. Sabemos que estamos en vía de extinción, pero también debemos celebrar que en los últimos años hemos llegado a ser más de ocho millones, que juntas somos la Resistencia y alternativa de cambio y de lucha. No necesitamos a Petro, Fajardo, Claudia, Mockus o Robledo. Si todos juntos se quieren ir a ver ballenas, que se vayan. Nosotros somos algo más importante, delicado y vital.

"Resistir no es obstruir. Si el nuevo Gobierno propone iniciativas de cambio y diálogo bienvenidas sean, pero para las que pretendan destruir y sembrar el miedo y la desigualdad que ya conocemos, ahí estaremos, listas para polinizar"

Somos la resistencia. Hagamos enjambres en cada rincón, polinicemos en cada escuela y vereda a la que no llega nada ni nadie. Ayudémonos más, volemos a la Guajira, cerca de los niños que necesitan nuestra miel. Volemos y hagamos panales en esos árboles del Amazonas que quieren derrumbar, bailemos las danzas del Chocó y zumbemos con ellos: ¡Basta!

Volemos junto a las madres de Soacha, al Cauca, Putumayo y Vaupés, con la memoria de Bojayá, Jamundí y el Aro en nuestras alas para zumbarles que no están solos.

Resistir no es obstruir. Si el nuevo Gobierno propone iniciativas de cambio y diálogo bienvenidas sean, pero para las que pretendan destruir y sembrar el miedo y la desigualdad que ya conocemos, ahí estaremos, listas para polinizar. Para resistir. Para defender.

Reproduzcámonos. Ahora somos más. Y aunque estemos en vía de extinción, no podrán extinguirnos. Bienvenido señor Duque y los suyos; acá está la resistencia.

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