“Soy una mujer trans y, como usted, tengo derecho a vivir en paz”

Con mapas, fotografías y videos, PARCES ONG y la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes visibilizaron las historias de mujeres que han sido víctimas del conflicto armado por el simple hecho de haber nacido en “el cuerpo equivocado”.

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Estefanía Avella Bermúdez

27.05.2016

"Hoy queremos dejar de censurar los cuerpos trans, queremos celebrarlos, queremos mostrar que hay mujeres con pene que no se tienen que esconder, porque son cuerpos de paz y no de guerra"

Con esta frase, el equipo de la ONG Pares en Acción – Reacción Contra la Exclusión Social (PARCES), explicó la presencia, en una sala de exposición, de dos cuerpos “transgresores” para el imaginario de la sociedad colombiana. Dos cuerpos semidesnudos, estilizados, con curvas, pechos grandes, muslos torneados, pero que en la mitad de las piernas no llevan una vagina sino un pene. Dos cuerpos que en principio fueron observados con escepticismo, con distancia. Dos cuerpos que los espectadores —tras dejar la timidez— intervinieron pintándolos con frases de paz para inaugurar la exposición y el foro ‘Las voces invisibles del fin del conflicto’.

 

Foto: Estefanía Avella

Las mujeres trans son víctimas de la guerra por la misma razón por la que el Estado les niega sus derechos: su identidad sexual. Han sido vulneradas por grupos al margen de la ley, pero también por quienes dicen estar para protegerlas. Por eso han querido expresarse libremente, mostrar de dónde vienen, decir públicamente: “cuando abrí los ojos, supe que era mujer”. Ellas, ahora, quieren participar en la paz, como nunca quisieron participar en la guerra.

Con un foro que se realizó en medio de un espacio expositivo lleno de fotografías, videos, frases y cartografía social, PARCES y la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo de la Universidad de los Andes quisieron contribuir al proceso colectivo de construcción de verdad y memoria en el país. “Las mujeres trans también fueron y son víctimas del conflicto en razón de su identidad de género. También tienen voz y, al igual que usted, el mismo derecho a vivir en paz”, dijo Alejandro Lanz, director ejecutivo de PARCES.

Aquí un recuento de qué debemos entender y de por qué y cómo debemos escuchar y visibilizar a quienes, para la mayoría, han sido voces invisibles de este conflicto.

 

“Es difícil pensar en la paz cuando nunca la hemos tenido”

Foto: Gabriel Corredor Aristizábal

Cuando Daniela Maldonado, directora de la Red Comunitaria Trans, habla de paz no puede evitar reírse a carcajadas. Y lo hace en forma de burla a esa paz “mojigata y clichesuda” que aparece en los medios de comunicación, esa misma que el gobierno y las instituciones quieren vender. A ella le parece difícil pensar en la paz porque nunca la ha tenido. “El hecho de no tener paz me robó mi infancia como mujer, me robó mi familia y mis amigos, me robó mi ciudad. Me desplacé de mi lugar de origen, no solo por el conflicto armado, sino para ser libre”.

Para Daniela, la paz está en la cotidianidad y no en La Habana. “Por más de que se firme la paz, eso solo va a beneficiar a unos cuantos. Los demás vamos a seguir en las mismas”.

Algo parecido piensa Katia Trillos, mujer trans desplazada del municipio de Ocaña en Norte de Santander. Katia sabe que la paz que necesita para dejar de estar al margen del Estado empieza por ella misma. “Tenemos que querer nuestro cuerpo y exigir que los demás nos respeten. Cuando dejamos que nos pasen por encima, estamos fallando. Somos víctimas de agresión, discriminación y tenemos que denunciar. Si yo no exijo respeto entonces no me van a respetar”.

 

“La guerra no se acaba, la guerra no está solo en los pueblos”

Foto: Gabriel Corredor Aristizábal

Como las ocho mujeres que decidieron publicar sus historias en una sala de exposición de la Universidad de los Andes, hay muchas más. Ellas han salido de sus pueblos a causa de un panfleto o de una amenaza directa que les deja claro que allí no las quieren “porque son maricas”.

Comienzan su trayecto para llegar a la que para muchos es la capital Gay, a Bogotá, pero específicamente al barrio Santa Fé: “donde supuestamente todas podemos ser, donde nos van a respetar. Ese espacio geográfico que impone la ciudad y se convierte en inmovilidad”, dice Julián (a)  Salamanca, director de comunicaciones de PARCES. Pero ahí, la guerra no se acaba, por el contrario continúa en forma de violencia policial y no respeto por la identidad.

De ahí, la idea de hacer visible cómo estas mujeres deciden no quedarse en el papel de víctimas, a pesar de serlo y de reconocerse como tales. Ellas, con el respaldo y la guía de PARCES y de la Escuela de Gobierno, deciden romper con el círculo de violencia y de tomarse los espacios a los que tienen derecho, independientemente de su orientación sexual o identidad de género. Por primera vez, algunas se movilizaron al norte de la capital, hicieron uso del sistema de transporte y sin importar las miradas ni los comentarios, sus cuerpos no normativos se apropiaron de lo que también les pertenece: la ciudad.

 

“Sus voces son la resistencia y sus cuerpos son territorios de paz”

A las mujeres trans no solo las han desplazado de sus lugares de origen, también les han negado el debido acceso a la salud y a la educación, e incluso las han criminalizado y maltratado agentes de la fuerza pública. A esta conclusión llegaron las investigaciones realizadas por PARCES y la Red Comunitaria Trans. Todos esto, además, reforzado por círculos de pobreza estructural que se convierten en grandes obstáculos para denunciar y exigir sus derechos.

Por eso, la iniciativa desde organizaciones de bases comunitarias y organizaciones que defienden los derechos de poblaciones vulneradas es buscar formas de combatir estos prejuicios. Una de ellas es imaginar colectivamente la paz. “Desde los márgenes del Estado, las mujeres acá presentes no solo han construido su identidad sino que también han dado el paso a reconocerse como víctimas para después construir la paz. Son mujeres que ante el imperativo de callar han resistido movilizándose. Sus voces  son la resistencia y sus cuerpos son territorios de paz”, señaló Sebastián Lanz, director del centro de formación de PARCES.

 

“La investigación tiene que servir para algo”

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Salió de Venezuela para Valledupar. En el trayecto sintió felicidad. Después, tuvo que dirigirse al departamento de Antioquia con miedo y ahí, en Medellín, tuvo temor. Luego pasó por Bucaramanga donde estuvo segura y en su último viaje hacia la capital el sentimiento, de nuevo, fue el miedo. Cuando llegó a Bogotá finalmente logró la tranquilidad. Así es el mapa socioemocional de Alejandra, una mujer trans víctima del desplazamiento a causa del conflicto armado.

La cartografía social fue una de las metodologías utilizadas por este proyecto para entender las trayectorias de desplazamiento forzado de esta población, para conocer las emociones asociadas a estos movimientos, para escuchar las historias de violencia y vulneración y finalmente para poder transmitir esta información de la mejor manera a la sociedad colombiana.

Para la investigadora Amy Ritterbusch, estos ejercicios que pretenden construir conocimiento de manera colectiva hacen parte de investigaciones que salen de los límites científicos y académicos en los que solo los que tienen un título pueden acercarse a la “verdad”. “La investigación realmente tiene que servir para algo. Esta exige incomodar y requiere de un compromiso constante de lucha por la justicia y el cambio social”, dice y agrega que, por eso, este proyecto fue hecho con y para las mujeres trans víctimas del conflicto.

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