¿Sí podremos negociar con el ELN?

En medio de la campaña electoral de 2018 el país vive el momento más crítico de los diálogos de paz con la segunda guerrilla más grande de su historia. ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN?

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Alejandra Martínez y Julián Ramírez

19.02.2018

“Si no se hace algo rápido para reanudar los diálogos, como en otras ocasiones, la Mesa se va a caer de forma definitiva”, afirma Carlos Velandia, exmilitante del ELN y analista del conflicto. Después de cuatro intentos de alcanzar la paz con esta guerrilla, ¿la quinta será la vencida?

El panorama de las negociaciones con el ELN parece ser cada vez más incierto. A puertas de cumplir dos años de la instalación oficial de las negociaciones en Quito, aún no hay mucha certeza sobre el alcance de los diálogos y el futuro de los mismos. Lo cierto es que la tarea de ambas delegaciones es cada vez más difícil. Sentarse como parte iguales (y no como ganador-perdedor) en medio de un conflicto pone a prueba la voluntad de paz de ambos bandos.

El pasado nueve de enero terminó el cese al fuego bilateral que el Gobierno y la guerrilla pactaron cumplir desde el primero de octubre del año pasado. En teoría, ningún bando estaba obligado a seguir con el alto al fuego porque una cosa es lo que pasa en la Mesa, y otra lo que ocurre en el país, bajo esta lógica han continuado los diálogos en Quito.

Sin embargo, la detonación de un explosivo el 29 de enero en un CAI de Barranquilla que mató a 5 policías y dejó a 41 heridos, ocasionó que el presidente Juan Manuel Santos suspendiera los diálogos con esa guerrilla.

“El comportamiento del ELN me obliga a asumir con esta organización lo que he denominado la doctrina RABIN: Se combate el terrorismo con toda contundencia como si no hubiese negociación de paz, y se negocia como si no hubiese terrorismo”, afirmó Santos de manera casi inmediata al ataque en esa ciudad.

Para Carlos Velandia, exmilitante del ELN y actual gestor de paz, el comportamiento de esta guerrilla es “un poco esquizoide en el sentido de que dicen luchar por la sociedad, pero la agreden fuertemente. Además, el hecho de que no exista un cese bilateral al fuego es quitar la única fuente de garantías para que la sociedad participe”.

El jala-jala entre el Gobierno y el ELN para ver quién cede más terreno en las negociaciones, las disparidades internas de la guerrilla, más la coyuntura que afronta Colombia -una contienda electoral intensa y una crisis humanitaria por parte del vecino país, Venezuela-  nos exige discernir y buscar pistas sobre la compleja tarea de negociar con esta guerrilla.

Las negociaciones en Quito: ¿por qué es tan difícil negociar con el ELN?

De acuerdo con Iván Orozco, profesor del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, la organización interna de esa guerrilla dificulta un proceso de negociación porque tiene una estructura más federal que centralizada. “Es difícil saber si el equipo negociador del ELN en Quito está en capacidad de representar a todas sus estructuras militares, y, sobre todo, a las más fuertes y las más autónomas”, agrega.

El ELN es una guerrilla que lleva más de 50 años alzada en armas, en la que actualmente, existen divisiones entre sectores que están en favor de una negociación y los que están en contra.

Carlos Velandia asegura que en el Quinto Congreso Nacional del ELN, “el 51 % de los votos apoyaron a las negociaciones, y el 49 % las rechazó”. “Hoy en día, la minoría radical tiene mucha fuerza al interior. Estos sectores radicales se parapetan detrás de los defectos en la implementación de los acuerdos con las FARC para decir que ese incumplimiento que les espera a ellos”, agrega Velandia.

"Según un informe de la Comisión Internacional de Verificación de los Derechos Humanos en Colombia, el cumplimiento de los acuerdos con las Farc ha sido del 18,5 %"

En la editorial del ELN, en la revista Insurrección, se califica a las negociaciones de paz con las Farc como un “proceso fallido” que pone a tambalear la actual mesa de negociaciones. En uno de sus apartados del comunicado se dice que “está en evidencia el incumplimiento abrumador por parte del régimen a los acuerdos firmados con las Farc, entonces, esta Mesa de Quito, ¿Qué sincronía va a buscar con esos acuerdos?”

Para Orozco, las fallas en la aplicación de los acuerdos con las Farc también explican por qué la puja con el ELN es difícil. “Hay gente dentro que se debe estar diciendo que si eso es lo que les espera y les va incumplir, cuál es el sentido de esto”.

Según un informe de la Comisión Internacional de Verificación de los Derechos Humanos en Colombia, el cumplimiento de los acuerdos con las Farc ha sido del 18,5 %. El documento asegura que “el acuerdo de paz en Colombia peligra por falta de voluntad gubernamental y por la creciente actividad paramilitar”.

Tanto el ELN como el Gobierno se juegan el todo por el todo. El momento que vive actualmente Colombia es uno de los factores que, como menciona Orozco, influye de manera definitiva en las negociaciones con el ELN.

Por un lado, la crisis humanitaria con Venezuela tiene un gran peso en el comportamiento de esa guerrilla. Aunque para el Gobierno la situación en el país vecino es una desgracia, Orozco asegura que con todos los riesgos de desajuste para la economía colombiana por la ola de migración venezolana, el ELN podría concebir esa coyuntura como un “nuevo horizonte de guerra civil y de guerra revolucionaria”.

Por otro lado, la coyuntura interna también pesa en el rumbo de las negociaciones. Tanto Velandia como Orozco consideran que el período electoral marca un referente en las negociaciones con el ELN.

Para Velandia, las acciones de esta guerrilla le dan, en primer lugar, un mensaje de presión al Gobierno. En segundo lugar, y en miras hacia lo que viene, estas acciones le hablan al futuro presidente. Para el exmilitante del ELN esa guerrilla le está diciendo a los candidatos que “si es por las buenas, están dispuestos a entenderse con el ganador; si se van por las malas, les está indicando que tienen capacidad de perturbar y hacer paros nacionales”.

Para Josias Fiesco, analista político y excandidato al Concejo de Bogotá por el Partido Conservador, el próximo presidente se encontrará entre la encrucijada de continuar con una política de paz impopular o dar prioridad a otros temas sociales como la desigualdad social, la generación de empleo y la misma seguridad.

Por su parte, Orozco afirma además que, así como el contexto agudiza la tensión con la guerrilla, también da posibilidades para asegurar la continuidad con las negociaciones y si continúan eso daría un mensaje claro al siguiente Gobierno. De una u otra forma, se blindaría el proceso porque, al recibir al ELN en medio de negociaciones, “sería más costoso para el próximo Gobierno romper los diálogos”.

Uno de los ejes de estas negociaciones es la democracia para la paz y para eso, el ELN asegura que darán prioridad a la participación de la sociedad civil en la Mesa. Para Orozco, “la élite que negocia tendría que confrontarse con su propia base”, lo que podría significar una posibilidad de moderar a las partes radicales dentro de la Mesa para que apoyen al cese bilateral.

"Hay que hacer un balance de cuánto tiempo nos queda de aquí al 7 de agosto y empezar una cuenta regresiva"

 

¿Esta es la paz del ELN?

Después de la suspensión de los acuerdos, el ELN ha hecho más voladuras de oleoductos en departamentos como Casanare y Nariño, más atentados, más arremetidas contra el ejército, más ataques a infraestructura y atentados en las ciudades.  

Tres días después de lo sucedido en Barranquilla, el partido político Farc denunció que el ELN retuvo y asesinó a tres de sus miembros en Nariño: William Rivera, Jhojan Silva y José Luis Cortes. A esos hechos se le suma que, del 10 al 13 de febrero, el ELN anunció un paro armado que inició con al menos dos ataques en el departamento del Cesar. Primero habrían detonado explosivos en el puente Amarillo, municipio de Pelaya. Luego, en el municipio de Curumaní, detuvieron a un camión e hicieron más explosiones.

En una columna para 070, el profesor Juan Ricardo Aparicio aseguró que, en plena temporada electoral, los actos bélicos del ELN constituyen el argumento base para estar en contra del acuerdo de paz. Por dicha razón, hace un llamado a la coherencia entre lo que pasa en el país y en la Mesa en Quito.

La suspensión de la instalación del quinto ciclo de negociaciones, a causa de los atentados del ELN, ha puesto a prueba, para muchos sectores sociales y políticos, la continuidad del proceso. El analista político Josías Fiesco, afirma que la oposición no solo política, sino también ciudadana ha sido uno de los puntos más álgidos para la continuación con de la negociación con ELN.

En una carta firmada por 46 intelectuales y dirigida a ese grupo armado, se critica su “falta de seriedad” con el proceso de paz y se augura que dicha “insensatez es tan asesina como suicida”.

Orozco, uno de los firmantes de dicha carta, asegura que a esa guerrilla no le conviene seguir por la vía armada. Para él, si bien esta guerrilla no ha sido un blanco fácil de golpear militarmente, “el solo hecho de que haya terminado la guerra con las Farc y se hayan liberado una cantidad de recursos militares va a determinar que en algún momento la capacidad del ejército para golpear al ELN sea muy grande y en ese momento la guerra sería muy dura”.

El camino para llegar de una vez por todas el capítulo de la guerra en Colombia todavía depende de la voluntad de los negociadores. Por el momento, las alertas ya están prendidas. Si no se hace algo rápido para reanudar los diálogos, como en otras ocasiones, la Mesa se va a caer de forma definitiva. “Hay que hacer un balance de cuánto tiempo nos queda de aquí al 7 de agosto y empezar una cuenta regresiva”, asegura Velandia.

“El problema de estas negociaciones es el tiempo (..) Lo que mejor puede ocurrirle al ELN y al país es lograr a la mayor brevedad un cese bilateral al fuego e instalar el proceso de participación de la sociedad”, concluye Velandia.

 

* Alejandra Martínez es politóloga y periodista. Julián Ramírez es profesional en Lenguas y Cultura y estudiante de Ciencias Políticas con opción en Periodismo.

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    Muy chistoso el título, porque sitúa tanto al lector y a los autores como si pertenecieran a un bando: el del Estado. Esa postura es tan irracional como la de las guerrillas cuando hablan a nombre del “pueblo” como si fueran sus representantes legítimos.

    También es curioso que un artículo tan bien hecho y con semejante cantidad de fuentes sólo cite una vez la postura de los insurgentes escogiendo la editorial de una revista, cuando abundan los comunicados, las declaraciones y hasta los videos en internet con declaraciones de los comandantes guerrilleros explicando, entre otras cosas, sus posturas frente al cese bilateral y los incumplimientos del gobierno. Con esto quiero decir que el ELN tiene razones, si son justas o no, ese no es el debate. ¿Por qué no citarlas?

    Me parece volver a las épocas nefastas de Uribe cuando se afirma en plural que “nosotros” (la mayoría, el país, los buenos, los justos, los colombianos de bien y su todopoderoso ejército) negociamos la paz con el ELN (los malos, los miserables, los terroristas). El enfoque, por lo tanto, resulta tendencioso, porque termina validando el discurso de uno de los actores del conflicto.

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