¿Qué es el ‘Estallido cultural’?

El Ministerio de Cultura prometió dirigir su atención y recursos a expresiones culturales no centralizadas y con temáticas de paz como una propuesta de gobierno llamada ‘Estallido cultural’. Cuatro meses después la cartera no socializa lo suficiente el progreso ni las bases de su plan, algo que preocupa a un sector del arte que no ve resultados.


Ilustra: Nefazta
¿Qué es el Estallido cultural?

El 7 de agosto una gran tarima fue instalada en las escalinatas del Capitolio Nacional, en la Plaza de Bolívar, para que Gustavo Petro recibiera su investidura como presidente. Ese día se llevaron a cabo 70 actos culturales alrededor con más de 1.000 artistas en escena y una decena de tarimas alternas para recibir a unas 100.000 personas.

La música, la danza, las expresiones populares y el flujo de gente que participó del acto político hicieron del evento una “gran fiesta popular”, tal como lo predicó Petro un día antes de asumir oficialmente el poder. Por primera vez en la historia de Colombia un candidato de izquierda había obtenido el 50 % de los votos a su favor en un conteo que superó los 11 millones de sufragios.

El festejo, sin embargo, no fue organizado por el movimiento político del presidente, el Pacto Histórico, sino por quienes —de manera voluntaria— militaron para convencer al país de votar y garantizar esa victoria. Así, fundaciones, organizaciones de la sociedad civil, colectivos de derechos humanos, gestores y artistas aunaron esfuerzos —desde las pasadas marchas y durante la época de campaña— para movilizar desde las regiones a quienes buscaban un cambio de paradigma político en el país. 

El 7 de agosto, también, la directora de teatro Patricia Ariza ya sabía que asumiría la cabeza del Ministerio de Cultura. Desde entonces destacó una agenda que incluía el cambio de nombre del Ministerio por ‘MI CASA’ y la ejecución del gran “Estallido cultural por la paz y por la vida”, del que decía sería un evento similar a la “gran fiesta popular” y sus frutos empezarían a verse a los 100 días de gobierno.

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El 15 de noviembre, cuando se cumplió la fecha prometida, el Pacto Histórico convocó a la ciudadanía a una marcha en apoyo a la gestión de Gustavo Petro. La Plaza de Bolívar, adonde llegaría la multitud, tenía una tarima con el sello del “Estallido cultural”. Sin embargo fue un evento con una pobre participación que en lugar de asombrar a la ciudadanía desató sus críticas.

En Twitter se leían argumentos como este: “Un #EstallidoCultural para celebrar los #100DiasDeCambio suena a autopropaganda con recursos públicos. En vez de orientar políticas que fomenten el libre desarrollo de la imaginación y la creatividad, parece que tenemos un Ministerio de las Culturas dedicado a hacer eventos”. 

U otro como este: “Seguir llamando estallido cultural a un evento cuyo nivel de organización requiere mayor responsabilidad, solo por nostalgia al ciclo de movilizaciones que se llamó Paro Nacional, cuando el desarrollo del arte y la cultura requiere una dirección consciente superior al del ‘Paro’…”.

Pero el afiche de la marcha de los 100 días de gobierno no ha sido el único con el sello de “Estallido cultural”. Desde Tumaco promocionaron con ese rótulo la obra de teatro “La Magia de la Marimba”, una puesta en escena que narra la vida en medio del conflicto armado de las últimas décadas con música tradicional; desde el Quindío se publicitó El Festival Grito Rock Armenia con el mismo sello, y así una decena de eventos más.

Una semana antes de convocarse la marcha de apoyo al gobierno, la influencer petrista @smilelalis explicó en un video desde San Andrés, en su cuenta de Twitter, que el Estallido Cultural —que nacía del estallido social— buscaba que los y las artistas regionales se presentaran en los diálogos nacionales vinculantes y aportaran a la construcción del Plan Nacional de Desarrollo.

La ministra Ariza, por su parte, expresó al diario El Espectador que el “Estallido cultural” no se trataba de un evento. “Es un acontecimiento, de ahí vamos a sacar un libro, un documental, una cartilla”. Dijo que en la programación de este han participado más de mil certámenes, pero que ya perdió la cuenta porque, en sus palabras, es una especie de patrimonio de la sociedad. “No son solamente las expresiones artísticas, sino también diálogos para conversar sobre el papel de la cultura en la paz y en la defensa de la vida”.

¿Qué es, entonces, el “Estallido cultural”? 

Las declaraciones de Ariza alrededor del tema no han sido generosas ni específicas. Los comunicados oficiales del Ministerio hablan del “Estallido Cultural” como una oportunidad de intercambio entre muestras artísticas, espacios de pensamiento e iniciativas alrededor de la paz. Pero al menos para Elkin Rubiano, actual director del Área Académica de Humanidades y Estudios Literarios de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la claridad no está presente. 

“Hay algunos anuncios que aparecen en redes sociales pero ninguna declaración oficial de la ministra que haya tenido suficiente protagonismo”, dice el académico y artista visual. Para Rubiano, la falta de socialización se suma a un malestar del sector cultural con lo que sucede al interior del Ministerio: algunas acciones, explica, muestran desconocimiento del campo artístico. “Hay avances que no se reconocen y nadie sabe si realmente hay un proyecto sólido en esta administración que, claramente, no puede ser el ‘Estallido cultural’”. 

Rubiano cree que la ministra parte de sus imaginarios para crear sus propuestas de gobierno. Así lo notó cuando Ariza expresó en el Museo Nacional, como cuenta, que ese como todos los otros era lo más elitista que tenía el país cuando desde hace más de una década, advierte el académico, se vienen haciendo retrospectivas decoloniales a las colecciones. “Entonces tampoco hay conocimiento de gestoras y gestores vinculados a la mediación que llevan trabajando años, comprometidos con otras visiones del mundo que no se acaban de inventar. La ministra no se percata que está dictando políticas —si se puede decir así porque no es claro que sean políticas— que tienen que ver más con sus prejuicios y que, por lo tanto, propone transformar radicalmente lo que existe —excepto el circo y las artes escénicas que esas, también por sus imaginarios, sí tiene prácticas adecuadas—”. Renovar las curadurías, actualizarlas y traerlas a un discurso constitucional de pluralidad, dice Rubiano, es algo que se viene haciendo desde hace algún tiempo y desconocerlo, desde la cabeza de cartera que debe saber sobre el progreso del sector, genera perplejidad.

Desde que el “Estallido cultural” se anunció como plan central del Ministerio, la Alcaldía de Bogotá, al igual que cada una de las gobernaciones y alcaldías del país, recibió la tarea de socializar entre  teatros alternativos, casas de música, bibliotecas, festivales anuales, entre otros, la intención de conformar una red solidaria de arte. Así lo explica David Jaramillo, músico e integrante de la agrupación Doctor Krapula, activista y uno de quienes promovieron la “Gran fiesta popular” en el evento de posesión. Jaramillo aclara que esa red solidaria estaría enlazada con los diálogos vinculantes del gobierno Petro, lo que permitiría establecer un contacto de grupos históricamente marginados con el gobierno que hasta este momento, dice, no ha sido posible.

Desde su experiencia como gestor, Jaramillo tuvo un acercamiento con Patricia Ariza antes de que fuera ministra, quien además de trabajar para el Teatro La Candelaria lo hacía también para otras iniciativas culturales asociadas a la paz y al territorio. “Siempre hemos hecho lo que hemos hecho de manera autogestionada y así fue con el Festival Viva el planeta, por los derechos de la naturaleza, con el que como con otras iniciativas buscamos recursos para tener espacios de reflexión y darle al arte el carácter digno en el que se reconozca su responsabilidad social”. 

Esa experiencia los llevó a movilizarse durante toda la campaña de Gustavo Petro a favor de las apuestas de cambio a través del arte. Por casi un año, organizaron “pequeños estallidos culturales”, en sus palabras, en los que quienes participaban lo hacían voluntariamente o recibían pagos simbólicos para transporte y alimentación. Y el día de la posesión del nuevo presidente, Jaramillo, junto a un colectivo formado de manera espontánea, se encargó de curar las diferentes expresiones artísticas de las regiones y de articularlas con  aviones del Ejército y Policía, por ejemplo, para llevar hasta la capital a grupos culturales del Amazonas, de San Andrés, de Los Llanos, del Chocó.

A los pocos días de la posesión Ariza buscó a este colectivo en cabeza de Jaramillo y les manifestó que ella quería ver ese mismo festejo popular a nivel nacional en un gran “Estallido cultural”. Uno de los aspectos que más llamó la atención de Ariza fue ver, justamente, cómo las formas inusuales de cultura en el país, por primera vez, se apoyaban en la capacidad instalada de la fuerza pública. La ministra indicó que esa articulación debía implementarse a nivel nacional y que sería además una de sus políticas culturales el que las expresiones regionales llegaran a espacios antes vetados. “La instrucción clara fue realizar juntanzas polifónicas, espacios de diálogo en donde los y las artistas de las regiones puedan expresarse con el canal de poder después de tantos años de censura y puedan consolidar un portafolio para el Ministerio mucho menos centralizado de lo que ha sido históricamente”, explica Jaramillo.

El Ministerio de Cultura aprovechó la instrucción de Gustavo Petro de construir el Plan Nacional de Desarrollo con la gente, mediante diálogos nacionales vinculantes, y se ha valido de la convocatoria del gobierno en cada región para conocer la oferta cultural. Con esto, el Ministerio quiere darle participación a distintas iniciativas, promover diálogos alrededor del arte y la paz, distribuir recursos de una manera más equitativa y crear un gran banco de pensamiento para el Ministerio que será tenido en cuenta durante los próximos cuatro años. 

El Ministerio ha adelantado esa labor de la mano de varias organizaciones como la Fundación Nacional para la Cultura Popular, de la que hace parte Jaramillo, que surgió de los efectos del trabajo de la agrupación musical Doctor Krápula —con apoyo de artistas como Aterciopelados, Edson Velandia, Adriana Lizcano, Café Tacvba, Manu Chao, entre otros—. El Ministerio también tiene un convenio con la Corporación Pi3nsa, de Cali, que es la encargada de administrar los recursos destinados para construir el gran banco de pensamiento que dejará el “Estallido Cultural” y, a su vez, de contratar a distintos colectivos para que promuevan las juntanzas con el gobierno en sus territorios. 

Sin embargo, Rubiano admite que hay un sector del arte y la cultura del país que no está satisfecho con ese enfoque y que no ve resultados. El artista entiende que desde el Ministerio hay un propósito de dirigir la atención a expresiones culturales de regiones que estuvieron históricamente soslayadas por su posición geográfica —no centralizada— o porque cubren temáticas que no siempre el gobierno quiere destacar —como la Paz—; pero para él, ese no es un propósito con suficiente proyección. 

“Si se mira por el lado de descentralizar la cultura hay ejemplos que demuestran que esto ya venía pasando en Colombia. Hablaré tan sólo del Salón Nacional de Artistas que, normalmente, funciona por las curadurías regionales y mediante una política de convocatorias —algo que denota una participación más amplia—. Que se haga bien o mal, que no haya suficiente representación, que el presupuesto no sea el adecuado… es algo que tiene que ver con la ejecución. Pero si tengo en cuenta que Ariza dijo que los estudiantes de arte de las capitales del país van a hacer una especie de “rural” en regiones inhóspitas, ¿eso no es centralista? Es decir, admitir que para la profesionalización del arte es necesario tener influencia de grandes capitales hacia centros de enseñanza, eso sí que es colonial”, explica. 

El artista y académico adhiere que es cierto que con la administración de Iván Duque todo lo que llevó la palabra “paz” se buscó eliminar pero advierte, a su vez, que “no fue así con las dos administraciones de Juan Manuel Santos que tuvo una fijación con el tema por el Acuerdo de Paz, algo que se promovió no solo desde el Ministerio de Cultura sino también desde los ministerios de Educación, Justicia, Defensa, por mencionar algunos”.

Jaramillo por su parte insiste en que el “Estallido cultural” es una tarea pendiente del Ministerio: ponerse al día. “Es la primera vez que se construye un Plan Nacional de Desarrollo con la gente y parte de pensar lo territorial tiene que ver con la cultura. Por un lado promovemos la circulación, que es algo que hemos hecho desde tiempos inmemoriales pero, por otro, la participación política: para que la población indígena tenga un micrófono abierto y pueda transmitir su mensaje requiere de un espacio, no de un mensajero”, dice el gestor.

¿Y en qué va?

Como parte de la red solidaria de arte incluida dentro del “Estallido cultural”, según el propio Ministerio, han tenido en cuenta hasta ahora más de 424 funciones de teatro, música y danza y seguirá sumando iniciativas  hasta consolidar una gran base de datos. Pero Ariza declaró que había perdido la cuenta de cuántas iniciativas se habían presentado al Ministerio y que, además, era imposible darle fin al “Estallido cultural” a los 100 días de gobierno porque ni siquiera habían terminado todavía los diálogos regionales vinculantes. “Pero esta es la primera vez —dice Jaramillo— que una jefe de cartera se sienta con raperos de la Sierra Nevada de Santa Marta y con rockeros de Kennedy, en Bogotá, y con los pequeños teatreros del Magdalena y con las cantadoras del Caribe. Es muy temprano para decirlo pero, sin lugar a dudas, es ambicioso desde mi perspectiva como artista que el poder busque acercarse a las iniciativas que siempre han buscado acercarse a éste”.

Cerosetenta se puso en contacto con el Ministerio de Cultura para consultar el presupuesto que ha invertido para el “Estallido cultural” y para las juntanzas polifónicas. Consultamos cuántas  organizaciones están a cargo de esa convocatoria y en cuántos departamentos del país se ha realizado. También si hubo un estimado del presupuesto de cartera para temas de paz y si parte del aumento presupuestal (de 500 a 700 mil millones) tiene que ver con este propósito encargado a este Ministerio. A la fecha de publicación de este artículo, no obtuvimos respuesta. 

Aún no hay un mapa de ruta o un paso a seguir claro sobre qué hará el Ministerio con la información que recopila. Desde esa dependencia se ha hablado de un gran diálogo polifónico que todavía no ha ocurrido pero se espera que suceda para finales de noviembre, según dijo Jaramillo. Mientras la ruta de acción no se socialice lo suficiente, parte de la ciudadanía tendrá la idea de que se están invirtiendo recursos en tarimas sin tener claro el fin social de tanto festejo.

Y, mientras tanto, las acciones claras que sí ha tomado el Ministerio de Cultura, como su cambio de nombre, despiertan en Elkin Rubiano dudas sobre su pertinencia. “La palabra cultura es polisémica, eso quiere decir que en ella caben muchas definiciones, por lo que no era necesario un cambio que implicara costos en el rediseño de la imagen, papelería, página web, etc. Eso es despilfarro”, dice, haciendo referencia al nuevo nombre del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, Mi Casa.

En sus palabras, Rubiano cree que si se quiere renovar la perspectiva de un Ministerio, Ariza no tenía que hacer el acto performativo de cambiar su nombre, sino más bien que la intención de transformación se refleje en la misión y visión del Ministerio. “El cambio enseña que están considerando que lo nominal va a transformar lo real. Y claro que es algo que se trabaja mucho en prácticas artísticas, pero no funciona sin un enfoque que lo anteceda y lo sustente. Si se está mandando un lineamiento a partir de imaginarios y no a partir de diagnósticos, es preocupante”.

El académico cuestiona que prime lo nominal e incluso porque lo que se ha establecido desde ese lugar lo considera problemático y contradictorio. Dice que la palabra “estallido” se relaciona estrechamente con el “estallido” social y denota confrontación, choque, colisión. “La expresión tiene que ver con una conformidad y unas prácticas de protesta urbana, desde luego legítimas y que apoyé, pero conceptualmente eso no cuadra con el propósito de exaltar expresiones pacíficas. En la cultura no estamos hablando de choque, sino de todo lo contrario: encuentro. Entonces se le puso un nombre belicista a lo que pretende ser una política sin guerra”. Rubiano dice que se suma a los comentarios sobre que el “Estallido cultural” es un evento autopromocional y concluye: “mucho de pan y circo, poca política pública. Se está trabajando con intuiciones, con prejuicios y desde luego no reconociendo lo que ha acumulado el sector”.

La ministra Patricia Ariza, historiadora del Arte en la Universidad Nacional y doctora Honoris Causa del Instituto Superior de Arte en Cuba, se ha dedicado en el entremés, además del teatro, a lo que ella ha llamado ARTivismo. Se destaca como performer y desde hace muchos años milita en espacios feministas —al punto de cooperar con las Madres de Mayo en Argentina en su clamor por justicia y con otros movimientos contemporáneos que llegan hasta la ciudad de Nueva York—. Habría tenido más sentido un enfoque en prácticas del cuerpo en el espacio público si lo que la ministra Ariza buscaba en el ámbito cultural tenía que ver con la revisión de una movilización de tres años consecutivos —un gobierno—. En cambio, el “Estallido” se ha quedado en espacios cerrados con las mismas formas de cooperación y padrinazgo estatal otorgando estímulos financieros a cambio de fijar un sello. Hasta que no sea el Ministerio transparente con su metodología, seguirá abriendo grietas para la incertidumbre y la desconfianza del sector.

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