No, presidente Duque, el aborto jamás será método anticonceptivo

El presidente aseguró en una rueda de prensa que uno de los riesgos de despenalizar el aborto era que se considerara como un método anticonceptivo. Su afirmación caricaturiza e ignora el panorama del aborto en el país.

Natalia Acevedo Guerrero

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abogada, LLM, candidata a la maestría de bioetica en University of Pittsburgh

03.03.2020

La Corte Constitucional volvió a tomar la decisión de siempre: ni avanza el derecho al aborto ni lo retrocede. La ponencia del magistrado Alejandro Linares que pedía despenalizar el aborto en las primeras 16 semanas de embarazo fue derrotada. Y otra vez el aborto en Colombia quedó igual: sólo es legal bajo las tres causales: peligro para la vida o la salud de la mujer, malformación del feto o violación, las mismas reglas que aprobó la Corte en 2006. 

Lo que quedó claro con esta discusión, sin embargo, fueron los prejuicios que acompañan estos debates. Prejuicios que vienen del propio presidente Iván Duque que, la semana pasada, y en medio de un desayuno con medios internacionales dijo que él no era extremista, pero que creía que había vida “desde la concepción”, que la aprobación de las tres causales en 2006 había sido un “gran avance” y que “la Constitución es provida”. Finalmente, lanzó su prejuicio: que le preocupaba que “en un país tan machista” el aborto se empezara a considerar como “un método anticonceptivo”.

Es una idea que se ha movido mucho por estos días y que ha llenado el debate de falacias. Es, además, un mensaje que asusta y que caricaturiza el derecho al aborto y las barreras que hay en Colombia para acceder a métodos anticonceptivos tanto femeninos como masculinos.

Las cifras muestran que menos del 1% de las mujeres en el país acceden a un servicio de aborto más de una vez en su vida, y las que lo hacen son mujeres en contextos de vulnerabilidad extrema

Pero, si la discusión que está proponiendo el Presidente es sobre anticoncepción, la atención debería centrarse en el acceso real que tienen las mujeres a métodos anticonceptivos en el país, las barreras que existen para acceder a esos métodos y los esfuerzos que tiene que hacer el Estado para superarlas. Se debe partir de datos reales y no de especulaciones. Y en Colombia, hay suficiente información para corroborarlo.

Por ejemplo, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Ends) de 2015 muestra que el 19,3% de mujeres entre los 15 y 19 años en Colombia tienen una necesidad insatisfecha de acceso a métodos anticonceptivos. La encuesta también muestra que una de cada tres muertes maternas relacionadas con el embarazo y el parto podrían evitarse si las mujeres tuvieran acceso a una anticoncepción eficaz. 

Lo demás es una falacia que desconoce la realidad del aborto en Colombia. Es insensible pensar que las mujeres en Colombia abortan como método anticonceptivo. Las cifras muestran que menos del 1% de las mujeres en el país acceden a un servicio de aborto más de una vez en su vida, y las que lo hacen son mujeres en contextos de vulnerabilidad extrema: con dificultades económicas o en contextos de migración, de pobreza o de desigualdad en los que no pueden acceder a métodos anticonceptivos. Es decir, el aborto no es una opción, sino un último recurso cuando todas las otras opciones anticonceptivas no están disponibles.

Es el problema de ver los datos sin contexto que es a lo que muchas veces juegan los Gobiernos. Por ejemplo, cuando la Unión Soviética despenalizó el aborto en 1920, los estudios demográficos mostraron que hubo un incremento importante en el número de abortos practicados pero porque no había acceso a métodos anticonceptivos. Además, el acceso al aborto seguía siendo limitado. La de la Unión Soviética fue la fórmula para el desastre, pero ese no es el caso de Colombia. 

Si estamos tan preocupados por la anticoncepción entonces deberíamos hablar de por qué los hombres en Colombia no se hacen la vasectomía.

Es cierto que aquí todavía hay muchos problemas para acceder al aborto pero también es cierto que desde hace años se ha trabajado para aumentar y facilitar el acceso a métodos anticonceptivos. Éstos no sólo hace parte del plan de beneficios del sistema de salud sino que hay recomendaciones de política pública por parte del Ministerio de Salud, y en la ruta de atención materno perinatal siempre que se habla de Interrupción Voluntaria del Embarazo se recomienda hablar de anticoncepción postaborto. Son muchas las instituciones que hacen un gran esfuerzo para dar información y ofrecer métodos anticonceptivos después de un aborto. 

Por eso, para lo que sí serviría la despenalización del aborto es para visibilizar y reducir las barreras para acceder a este derecho. De hecho, la historia de la jurisprudencia de la Corte sobre el aborto es la misma historia de sus barreras. Cada uno de los casos que la Corte ha tenido en sus manos después de la sentencia C-355 de 2006 ha sido la evidencia de alguna de esas barreras: que las mujeres tengan que esperar a que “se estudie el caso” o a esperar autorizaciones innecesarias.

También serviría para que los abortos clandestinos e inseguros disminuyan y, de paso, que se reduzca el estigma hacia el aborto. Hoy muchas mujeres recurren a abortos clandestinos por la incertidumbre de no saber si su caso se acoge a alguna causal o no, y el miedo de que si no lo hace, podría estar cometiendo un delito. Muchas mujeres ni siquiera acuden a instituciones que prestan servicios de IVE por ese miedo, aún cuando su caso sí se ajusta a las causales actuales. 

Y, de paso, para hablar sobre los efectos que tiene el machismo en esta discusión y que el presidente pretendió mencionar, es el momento de tener una conversación más amplia sobre la anticoncepción masculina. En Colombia, los datos demuestran que la prevalencia de la vasectomía es mucho menor que la prevalencia de la anticoncepción permanente femenina. Si estamos tan preocupados por la anticoncepción entonces deberíamos hablar de por qué los hombres en Colombia no se hacen la vasectomía. 

Son estos prejuicios los que alimentan que la discusión del aborto siga centrado en ideas machistas sobre la anticoncepción que limitan el poder de decisión de las mujeres sobre sus cuerpos.

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