No estamos preparados: Barranquilla

Con la inminente llegada del pico del Coronavirus en Colombia, los problemas del sistema de salud empiezan a hacerse cada vez más evidentes. Barranquilla, la ciudad que prometía una de los mejores respuestas a la pandemia, se ha resquebrajado y, unas de sus víctimas principales están siendo los trabajadores de la salud. Aquí, la historia de un auxiliar de enfermería que falleció por esta causa.

María Fernanda Fitzgerald

21.07.2020

Con la inminente llegada del pico del Coronavirus en Colombia, los problemas del sistema de salud empiezan a hacerse cada vez más evidentes. Barranquilla, la ciudad que prometía una de los mejores respuestas a la pandemia, se ha resquebrajado y, unas de sus víctimas principales están siendo los trabajadores de la salud. María Fernanda Fitzgerald, periodista de Cerosetenta, habló con Ana Elsy Contreras, viuda de Fabián Palacios, un auxiliar de enfermería que falleció contagiado por Coronavirus, por la falta de elementos de bioseguridad para su protección.  

Esta es la transcripción del capítulo

Después de más de 127 días de cuarentena, el país está llegando al pico del coronavirus. Barranquilla, la capital del Atlántico, se convirtió en la primera ciudad grande del país en experimentarlo. Es, actualmente, la región en Colombia con más muertos por COVID: ya superó los 2.000 fallecidos, hay más de 40 mil contagiados, y 77% de ocupamiento en las unidades de cuidado intensivo, aunque en el punto más álgido llegó al 90%. 

Aún así, y aunque todos los días aparecen nuevos casos, su Alcalde, Jaime Pumarejo cree que lo peor ya pasó. 

Pero, la buena noticia es que hemos pasado el pico de fallecimiento y ahora tenemos que trabajar para que no ocurra otro. Y eso, mis queridos barranquilleros, nos demuestra que tanto las cifras nuestras, como las del INS, y del ministerio de Salud, demuestran que Barranquilla sería la primera ciudad capital de Colombia en alcanzar el pico y la primera que está empezando a salir de él. 

Y mientras muchos le piden mesura, que no baje la guardia, el alcalde Pumarejo anunció que esta semana la capital del Atlántico volverá a reabrir su economía. 

El 21 de julio empieza la fase de reactivación económica y social de la ciudad. Desde el 21 de julio hasta el domingo 2 de agosto, se levanta la restricción al comercio presencial, de manera que los establecimientos que venden productos no esenciales, podrán atender al público

Pero el riesgo permanece. Y la muestra es que, a pesar de lo que dice el Alcalde, Barranquilla y el departamento al que pertenece, el Atlántico, conforman la región del país con más personal médico muerto por el coronavirus: según cifras del Instituto Nacional de Salud, en el país van 27 trabajadores de la salud muertos, 16, casi la mitad, en el Atlántico. 

Pues estamos ante una situación gravosa frente a elementos de protección personal y a la protección de la vida de quienes en última son los que ponen el pecho para salvarla. Mal llamado hoy en día héroes de la salud, ningún héroe, héroe de la miseria, héroe de no pagarle los salarios, héroes de los tercerizados, héroes de la nada, sin embargo, los compañeros de punta ético, moral, asumen la responsabilidad de atender los pacientes todos los días. Las 24 horas del día, los 7 días a la semana.

Él es Ángel Salas, trabajador de la salud y sindicalista desde hace más de 20 años.  Hoy trabaja en un cargo administrativo en la Secretaría de Salud del Atlántico y es dirigente sindical en ANTHOC, una de las organizaciones sindicales de trabajadores de la salud más grandes del país. Ángel dice que llegó al sector salud por cosas del destino y a ser sindicalista por vocación, y desde ahí, ha podido ver de primera mano por qué en Barranquilla, los trabajadores de la salud han estado tan expuestos al coronavirus. 

Allí les cuento la historia el compañero Fabián Palacios Pulido, dirigente sindical de ANTHOC, departamental y a nivel nacional.

Ángel se refiere a Fabián Palacios, un enfermero que se convirtió en la cara, en el símbolo de la tragedia que enfrenta el personal médico en el departamento del Atlántico. Un enfermero de 48 años, nacido y criado en Barranquilla y que desde hacía 10 años trabajaba en el hospital Mental de Barranquilla, el CARI Mental. 

La historia de un enfermero que en menos de mes y medio pasó de protestar por las precarias condiciones de bioseguridad a morir a causa del covid 19 deja un mal sabor sobre las condiciones en las que prestan sus servicios el personal sanitario

La muerte de un profesional de la salud que se podría haber evitado 

Cuando mi esposo se enfermó, había tenido turnos 24 horas porque así se estaba haciendo en el último mes anterior a su fallecimiento. Estaba haciendo turnos de 24 horas. Mi esposo cuando llegó a la casa el día siguiente en la mañana, pues me comentó que había pasado la noche mal. Que el turno pues había sido difícil porque se sentía mal.

La que habla es Ana Elsy Contreras, 34 años, pareja de Fabián Palacios y la mamá de su hijo de 8 años. 

Estaba presentando dolor en el cuerpo y sentía como fiebre. Entonces no pues él inmediatamente se aisló, porque ya habían otros casos en el hospital de COVID y entonces mi esposo se aisló. Pedimos una cita a la EPS a la que estamos afiliados. Le dieron la cita, el médico lo llamó al día siguiente y pues le ordenó la prueba de COVID. Pero uno o dos días después mi esposo empezó a presentar dificultades respiratorias y me dijo que lo acompañara a la clínica. Y pues así fue que comenzó todo.

Fabián empezó a presentar síntomas de coronavirus el 29 de mayo, casi dos meses después de que Barranquilla reportara su primera muerte por este virus y un mes y medio después de que el mismo Fabián saliera en televisión nacional denunciado las pésimas condiciones en las que tenía que trabajar. 

Lo único que tenemos como protección es la mascarilla. Tengo que lavarla cada día en vapor, pero como ven, esto se revienta, entonces tiene que estar uno enmendándola para poder tenerla 

Bueno lo que lo llevó a denunciar la falta de implementos era que aparte de que no tenían los implementos, les estaban debiendo varios meses de salario. Y que se argumentaba a través de la directiva, del hospital o de la cooperativa, o ARL, que ellos estaban como que en un segundo nivel, no sé cómo la llamarán, para a contagiarse como que no era tan necesarios los implementos de bioseguridad para ellos.

Le debían en total 3 meses de salario y aún así, todos los días, y en plena pandemia, Fabián iba a trabajar 

Bueno como esposa, cuando él salía a trabajar pues siempre le pedía mucho a Dios que lo acompañara, que lo guardara y siempre le decía: amor, cuídate mucho. Él me decía pues sí amor, tranquila, nada me va a pasar. […] y lo que me decía era: amor, no te preocupes, tranquilízate que nada nos va a pasar. Teníamos nuestro protocolo.

Ana cuenta que Fabián, consciente del peligro, intentaba protegerse lo más que podía. 

Mi esposo cuando empezó la pandemia ya ya no nos lo saludaba como acostumbraba a hacerlo que apenas llegaba pues siempre nos saludaba de beso, al niño y a mí.  Abrazo enorme pues. Ya se quitaba la ropa desde la entrada, pasaba hacia el baño, se bañaba. Y después de todo esto pues nos saludaba. 

Y lo que más protegía Fabián era su tapabocas…

Me comentaba que a ellos lo único que les habían entregado eran tapabocas y pues que ese tapabocas duraba alrededor de un mes. Y yo le decía pero como que un mes sí sí sí eso no no no puede durar mucho tiempo, me decía no porque esto supuestamente según ellos esto dura un mes, debe durarnos un mes y pues se puede lavar a vapor. Se desinfecta y se lava de esa manera. Pues mi esposo así lo hacía, lo desinfectaba y lavaba el tapaboca de esa manera. 

Aún  así, los dos se enfermaron. 

Recuerdo que parecía estar más enferma yo porque mi esposo lo que tenía era en ese momento tenía era la dificultad respiratoria porque en ese momento en el que llegó a la clínica no tenía fiebre. Ya la fiebre pues se le había calmado por ese momento. Y pues, no, la atención se la dieron fue a mi esposo porque pues los síntomas míos podían ser de alguna gripa. Pero mi esposo como en ese momento todavía no estaba confirmado que tenía COVID, pero sí tenía los pulmones bastante congestionaditos, entonces pues la atención debía ser primeramente para él. Pues lo mío se podía tratar como una gripa. 

Ana fue enviada a su casa mientras que Fabián tuvo que quedarse en el hospital

Pues nunca pensé que las cosas se iban a poner tan mal y que él iba a fallecer pues hombre muy sano. Fuerte. Y pensé que solo iba a pasar unos 2 o 3 días en el hospital y que luego le iban a dar salida y que podía regresar a la casa pero sí estaba la preocupación de que yo no estaba allí al lado de él .

Ana, aún enferma, iba todos los días a la clínica para ver cómo evolucionaba la salud de su esposo. 

Pasé los días más terribles de mi vida. Porque no dormía. Por la enfermedad porque yo también estaba contagiada de COVID y perdí el apetito totalmente, lo único que tomaba era el suero fisiológico. Suero oral, perdón. Me pasaba casi todo el día afuera de la clínica esperando, desde el día en que lo entubaron. A ver si tenían la oportunidad, la posibilidad, de que me dejaran entrar a verlo con todo el protocolo de seguridad, de bioseguridad. Y pues no. Hubo una noche, el día antes que mi esposo falleciera, que me fui a dormir afuera de la clínica, en el piso. Fueron momentos muy duros, muy duros, nada me importaba. Solamente, lo que quería era que mi esposo pudiera salir de allí. Que pudiera salir con vida que estuviera aquí con nosotros. 

El 11 de junio Fabián Palacios murió en el Hospital Murillo de Barranquilla.

El médico dijo que mi esposo ya había hecho un paro y que tuvieron que reanimarlo, que había estado muy mal, que venía bien, pero de repente eso ya había cambiado, que no había probabilidad de que pasara de ese día, que ya fuéramos avisándole a los familiares. Llegué aquí a la casa y como a la hora de estar aquí timbra el teléfono. Y pues me dieron noticia más dura de mi vida. Y cuando me dijeron que mi esposo había fallecido y era como, como, como, yo no podía creerlo, o sea, como lo que estaban diciendo era mentira, como que era un sueño. Cómo que, no sé, entré en shock. 

Le preocupaba, sobre todo, su hijo. 

Pensaba en mi hijo, en cómo le iba a decir a mi niño, tan pequeño, que su papá ya no iba a estar. Cuando todos los días que llegaba de la clínica le decía que su papá estaba mejor y que pronto iba a venir a la casa y cómo de un momento a otro le iba a decir que ya su papá no estaba. Fue muy muy difícil y aún está siendo muy difícil para nosotros este momento.

A Fabián Palacios sus compañeros lo despidieron el 11 de junio en medio de una calle de honor distanciados y con tapabocas. Entre bombas blancas y aplausos se despidieron de él, le gritan adiós hermanito. Lloraban. todos alrededor de un carro blanco que pasa lentamente. Es una camioneta de las que normalmente usan para transportar cosas: muebles pequeños o acarreos. Pero como muchas cosas, el COVID le cambió su uso. Al frente, en letras negras, dice coche fúnebre. 

Tuvo que fallecer el compañero Fabián para que prestaran atención para que al día siguiente los días aparecieron, por arte de magia, los elementos de protección personal. Ese es el acto más irresponsable que ha cometido una administración como la departamental

Ángel, vocero del sindicato ANTHOC, denuncia que casos como el de Fabián hay muchos. Pero ni siquiera hay certeza de cuántos, porque, asegura, no hay cifras claras que permitan dar cuenta de cuántos profesionales de la salud están enfermos por coronavirus en Barranquilla y en el Atlántico. 

Me llama la atención que el Ministerio de Salud ni el Instituto Nacional de Salud aparecen las cifras reales registradas. Quiero decir, porque hombre. El Procurador, a través de una carta, le exigió a la administración departamental y distrital que en dos días le respondieran qué sucedía con los elementos de protección personal y qué sucedía con estos trabajadores. Mientras que el Instituto Nacional de Salud registra 65, 75 afectados del sector salud, en el departamento del Atlántico resulta que el Procurador hablando está diciendo que son 531 trabajadores que están contagiados. Y hay 524 aislados, estamos hablando de 1055 trabajadores. Por tanto, es más del 50% de lo que registra el INS en su estadística y en su en su página web, estos son los datos oficiales del INS, eso es gravísimo. 

Angel Salas insiste además en que hay muchos trabajadores del sector salud en el departamento y en Barranquilla que siguen teniendo condiciones de bioseguridad pésimas

Los elementos de protección personal, eh lo dan de acuerdo a la función que ejerza. El caso, por ejemplo, un auxiliar de enfermería. Eh entre un tapaboca que durar ocho días. Entregan un overol que deben reutilizarlo, entre otras cosas, ahora explico cómo. Igualmente, igual manera a los médicos. Problema no son constantes, no son permanentes y los elementos de protección personal debe ser en la cantidad y de manera permanente. Eso, indica hoy porque tenemos la cantidad de trabajadores afectados, tenemos la cantidad de compañeros muertos, precisamente por la falta de protección personal.

De hecho, el pasado 14 de julio, hace una semana, se confirmó la muerte, también por coronavirus de Merlys Piñeres, enfermera jefe en la la clínica General del Norte en Barranquilla. 

Pero para Ángel Salas el problema no es de ahora. Según él, el sistema de salud barranquillero era el menos preparado para afrontar la pandemia porque no tienen equipos ni camas suficientes, porque los trabajadores están tercerizados, mal pagados y con pagos retrasados, como Fabián Palacios, y porque buena parte del sistema depende de empresas privadas y el sistema de salud público ha tenido poca inversión de recursos para prepararse para crisis como estas. 

La alta complejidad se le entregó al sector privado, es decir, que hoy dependemos nosotros, la cama UCI depende del sector privado, depende de una alerta naranja para poder nosotros decidir sobre la cama UCI de ellos, porque ellos son lo que determinan cuáles son sus camas UCI y qué hacen con sus camas UCI. La gente está falleciendo en las casas. […] Eso indica que no estamos preparados porque tenemos preparado por supuesto que no tuvieran esta situación, no podemos culpar ahora a que la gente no se quiere confinar. 

Y es que aunque los tres últimos gobiernos de Barranquilla, todas bajo el mandato del Clan Char, intentaron vender a la ciudad como un ejemplo nacional en materia de salud y de obras públicas, la pandemia reveló que la realidad era otra. Y a esa realidad, además, se sumó una seguidilla de errores que dejaron a la ciudad, en la dramática situación en la que está hoy. Errores como que hubo poca prevención y la toma de decisiones fue lenta por eso, el confinamiento inicial no funcionó. Como que hubo mucha presión para reactivar la economía, lo que terminó lanzando a muchas personas a la calle. Y, finalmente, que en la ciudad se movió una profunda desinformación que ha sido alimentada principalmente por los mensajes contradictorios que han enviado los dirigentes de la ciudad, contó La Silla Vacía

Por eso, y porque nuevamente el Alcalde de la ciudad vuelve a hacer anuncios de reactivación rápida de la economía, justo cuando hasta ahora empiezan a disminuir los casos, la preocupación aumenta. 

Y esa preocupación se expresa sobre todo en los médicos y en el personal de la salud que sigue estando en la primera línea de atención del coronavirus y todavía, sin suficientes garantías de seguridad. A todos ellos, Ana Contreras, la viuda de Fabián Palacios les envía este mensaje: 

Bueno le diría a los médicos que están en condiciones similares a las de mi esposo que luchen. Que no callen, que denuncien. Que luchen porque las condiciones laborales de ellos sean mejores. Que no se dejen comprar por cualquier cosa. Que la vida de ellos vale más. Y que su labor es muy importante. Que salga a la luz la realidad, la realidad de las condiciones precarias que hay en este país con respecto a la contratación de los trabajadores de la salud. Con respecto al trato que les dan laboralmente. Y que sigan trabajando para que esas condiciones mejoren. Que no sean unos pocos los que hagan eso, que no sean unos pocos lo que alzan la voz, sino todos.

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