Marea roja: cinco conclusiones sobre la primera juntanza por los derechos menstruales

En Colombia se está cocinando una ley por los derechos menstruales. El camino es largo, pero, si se aprueba, significaría un enorme avance para reducir la violencia menstrual que atraviesan mujeres, hombres trans y personas no binarias.

por

Lina Vargas Fonseca y Carolina Lenis


21.04.2022

Ilustración: Stefania López

Que de la menstruación no se habla. Que es una enfermedad o algo sucio. Que cuando una niña empieza a menstruar se convierte en mujer y su cuerpo está al servicio de la reproducción. Que sangrar es una cosa femenina. Que en algunos lugares de trabajo y colegios no existen baños con agua limpia ni papel higiénico. Que muchas niñas no reciben una buena nutrición y eso les causa retrasos o sangrados abundantes. Que hay poco conocimiento del cuerpo propio. Que hace falta educación frente al tema. Que las consultas médicas se limitan a registrar cuándo fue el último periodo. Que se recetan anticonceptivos para regular el ciclo sin informar sobre los efectos secundarios. Que la industria del cuidado femenino continúa higienizando el cuerpo menstruante a través de desodorantes, jabones íntimos y paños. Que los proyectos de ley al respecto son relegados en los debates. Que las políticas públicas no tienen en cuenta a los hombres trans ni a las personas no binarias que también menstrúan. 

De esto se habló el pasado 30 de marzo en la primera de varias juntanzas para discutir sobre la elaboración de un proyecto de ley integral por los derechos menstruales en Colombia. Convocada por la organización Tyet, pionera en educación menstrual y autonomía femenina, y Temblores ONG, hubo diez ponencias que empezaron al final de la tarde en una sala de conferencias de un restaurante al norte de Bogotá y se extendieron hasta las ocho de la noche.

“Construir una ley integral por los derechos menstruales en Colombia es un reto que supone integrar al sector público y privado, expertas, colectivos, asociaciones y organizaciones. Es un proyecto de ley extenso que construiremos escuchándonos y sincronizando criterios”, dijo la antropóloga Isis Tíjaro, autora del libro Nuestra reglas, de un proceso tedioso a un ciclo menstrual poderoso (2021) y directora de la organización Tyet. Para ella, la menstruación, más allá de un sangrado periódico, es una experiencia que se consolida a partir de la vida íntima, cultural y política de una persona y repercute en su salud física, emocional, mental y espiritual. 

“No es una problemática socioeconómica, sino una sociocultural que viven las niñas rurales y también las que estamos acá sentadas” — Isis Tíjaro

Copyright Sylvana Castro – Coordinadora de comunicaciones – Temblores ONG

Y, aunque la mitad de los seres humanos menstrúa, no existen garantías suficientes para asegurar que esa experiencia sea informada, saludable, digna, libre de violencia, temores y discriminación. Ese es el principal objetivo del futuro proyecto de ley que podría cambiar la realidad de niñas, niñes, mujeres, hombres trans y personas no binarias pues, como explicó Tíjaro, “No es una problemática socioeconómica, sino una sociocultural que viven las niñas rurales y también las que estamos acá sentadas”.

Según cifras del DANE, en 2021 el 15% de las mujeres en Colombia enfrentó barreras para gestionar su menstruación: 691.000 no tuvieron los recursos económicos necesarios para adquirir elementos de higiene menstrual, 11.500 dijeron usar telas o trapos, ropa vieja, papel higiénico, papel o servilletas, mientras que 280.000 declararon haber tenido impedimentos para acceder a un baño limpio. 

Cerosetenta asistió a la juntanza y estas fueron las cinco conclusiones que resaltamos del encuentro. 

Uno: Por los derechos menstruales

Aunque van de la mano, los derechos menstruales no son lo mismo que los derechos sexuales y reproductivos, por lo que requieren de políticas públicas y garantías jurídicas propias. 

Entre ellos está que las personas puedan decidir sobre sus cuerpos y, si lo necesitan, sobre el tratamiento de dolencias o condiciones físicas y emocionales derivadas de su experiencia menstrual. Acceso a instalaciones con agua limpia e implementos para la gestión del sangrado (una garantía que no suele darse en colegios, lo que lleva al ausentismo escolar). Información. Una educación menstrual integral y entornos donde la menstruación no sea un estigma. 

El incumplimiento de estos derechos implica que las personas no puedan educarse, trabajar o acceder a la salud, es decir, que se violen sus derechos humanos.

Dos: Implementar lo que la Corte ordenó 

Colombia cuenta con tres sentencias de la Corte Constitucional: la C117 de 2018, en la que se exonera de impuestos a las toallas higiénicas y tampones, la C102 de 2021, que aplica la misma medida a las copas menstruales y otros productos y la T398 de 2019 sobre gestión menstrual para mujeres habitantes de calle. Sin embargo, falta implementarlas. 

La última de las tres sentencias fue la respuesta a una tutela a nombre de Martha Durán, una habitante de calle que vivía en Bogotá sin garantías para acceder a materiales ni gestionar su sangrado menstrual de manera digna. Luego de revocar el fallo en primera instancia, la Corte ordenó el amparo de sus derechos fundamentales, sexuales y reproductivos, que la Secretaría Distrital de Integración Social le entregara insumos menstruales cada vez que los solicitara y que se diseñara una política pública de manejo de higiene menstrual para las habitantes de calle. 

De allí surgió la Estrategia Distrital de Cuidado Menstrual con la que se propuso, entre otros, crear infraestructura y condiciones para la higiene menstrual y promover la educación. Pero, según una veeduría realizada por Cam López, integrante de Temblores ONG, existen fallas en la estrategia. Por ejemplo, la mayoría de la información circula en folletos, a pesar de que el analfabetismo de las habitantes de calle es del 87%. Ellas tampoco cuentan con baños públicos accesibles: hoy solo existe uno en Bogotá. 

Tres: No es solo repartir copas 

Cualquier campaña o política pública de gestión menstrual debe trascender el suministro de materiales y abordar asuntos como el cuerpo y la infraestructura sanitaria. Quienes menstrúan tienen derecho a decidir sobre el tipo de producto que quieren usar para recolectar y absorber la sangre, conocer de qué está hecho y cómo fue fabricado y, aunque algunos como las copas o esponjas generan un menor impacto ambiental “las personas que menstruamos no podemos permitir que nos caiga otra culpa más: la que señala a nuestros cuerpos como responsables de la contaminación ambiental. La responsabilidad es de la industria que fabrica esos productos y de la violencia estructural y cultural”, dijo Isis Tíjaro. 

“La menstruación nos atraviesa el cuerpo, aunque no lo podemos decir públicamente, todo bajo imaginarios cisgeneristas, sexistas y biologicistas de que los hombres no menstrúan” — Danilo Donato

Cuatro: Los hombres trans también menstrúan

En la práctica a las personas con experiencia de vida trans y no binarias no se les permite hablar sobre menstruación, dijo Danilo Donato, activista e integrante de la Fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans). “La menstruación nos atraviesa el cuerpo, aunque no lo podemos decir públicamente, todo bajo imaginarios cisgeneristas, sexistas y biologicistas de que los hombres no menstrúan. No somos nosotres quienes portamos la voz sobre nuestras propias experiencias de vida y de habitar nuestros cuerpos. La formulación de políticas públicas sin nosotres nos impone una visión del mundo que no es la nuestra”. Cuestiones tan elementales como que los materiales de gestión menstrual no se restrinjan a los baños para mujeres son parte de un enfoque de género que hace falta.

Cinco: La fuerza de la juntanza

La próxima juntanza por los derechos menstruales se realizará en junio y la idea para entonces es sumar voces de sectores públicos y privados que contribuyan a elaborar el proyecto de ley. El Programa de Menstruación Consciente de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia (Comfama) es un buen ejemplo de esas voces que se pueden integrar. En él trabaja la abogada feminista y educadora menstrual Juana Botero, quien viajó desde Medellín para contar que el programa nació de mujeres de distintas áreas que se reunieron a hablar sobre sus cuerpos y sobre la menstruación y que de allí surgió el primer subsidio menstrual en Colombia para toallas reutilizables, calzones absorbentes y copas. 

“Al ser una agenda relativamente nueva en nuestro país y en el mundo, tenemos la oportunidad de nutrirla desde el principio y crear un cimiento que perdure en el tiempo”, concluyó Isis Tíjaro. 


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Lina Vargas Fonseca y Carolina Lenis


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