La violencia en mi clase de género

Piensen en el hombre más machista que han conocido en sus vidas. Ese que solo habla consigo mismo. Ese que ha agredido a una amiga de uno y ha salido impune. Ese que piensa que la violencia contra las mujeres es justificable. Ese que anda siempre escoltado por un combito de muñecos de resorte para que, con el vaivén de su cabeza, le aseguren que tiene razón. Ese que ‘odia a los gays’. Ese que llega al prom y es capaz de agarrarse con otro man solo porque estaba bailando con la mujer ‘que es suya’. Ese. Me volteo y veo a ese hombre en mi clase de género.

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No es Normal

12.11.2018

Por: Amalia Uribe*

 

Mediodía. Principio de semestre. Primer piso del Lleras.

 

Me pregunto cómo va a ser el enfoque de “Sexo, cultura y sociedad”, la única clase obligatoria para hacer opción en género y sexualidad en los Andes… sin duda va a ser espectacular.

 

Unos cinco minutos después de mi llegada al salón, un hombre alto, calvo, blanco y de unos cuarenta y pico años se para. Gregory, el profesor, es todo un prototipo.

 

“Hola a todos, por favor cojan una hoja y escriban una definición de las tres palabras del curso: para ustedes, ¿qué es sexo? ¿qué es cultura? y ¿qué es sociedad?”

 

Agh, obvio. Vamos a tener que empezar por aclarar la diferencia entre sexo y género y echar la carreta que uno ya se sabe de memoria … quiero profundizar, ¡qué mamera!

 

Silencio. Todos escriben con el miedo de no saber qué esperar. Pasan otros cinco minutos y empieza la discusión que me esperaba… ‘el género se refiere  a la serie de comportamientos y valores que caracterizan al ser ‘mujer’ y ‘hombre’, mientras que el sexo se refiere a aspectos biológicos que dividen a los seres entre ‘macho’ y ‘hembra’.’ Blah.

 

“Pues, la verdad a mi sí me parece que el sexo define muchos aspectos de la personalidad de las personas”, dice una voz al fondo del salón. “Los hombres producimos como 18 veces más testosterona que las mujeres, y pues… por eso somos naturalmente más fuertes. Somos mejores en los deportes competitivos, y pues sí hay muchas cosas que nosotros podemos hacer que las mujeres no porque pues, ¡reconozcámoslo! nacimos distintos.”

 

Me volteo. Es Gabriel.

 

Piensen en el hombre más machista que han conocido en sus vidas. Ese que solo habla consigo mismo. Ese que ha agredido a una amiga de uno y ha salido impune. Ese que piensa que la violencia contra las mujeres es justificable. Ese que anda siempre escoltado por un combito de muñecos de resorte para que, con el vaivén de su cabeza, le aseguren que tiene razón. Ese que ‘odia a los gays’. Ese que llega al prom y es capaz de agarrarse con otro man solo porque estaba bailando con la mujer ‘que es suya’. Ese. Me volteo y veo a ese hombre en mi clase de género.

 

Le digo que es un machista, que lo que dice es exactamente la razón por la que se necesita el feminismo. Él apenas levanta la mirada porque, obvio, se pasa la clase entera admirando sus bíceps -su otro hobbie, además de herir a otras personas-.

 

“Tú eres de esas, ¿verdad?”, me pregunta.

 

“No sé a qué te refieres”

 

“Pues de esas… ¡una feminista!”

 

“Sí, pero no a modo de insulto”, le respondo.

 

Me dan ganas de llorar, de gritar, de empujarlo y de decirle que se largue de ahí… pero no lo hago, me quedo callada. La clase se acaba y salgo furiosa. Gabriel se dedicó a ‘explicarnos’ por qué los hombres están en la capacidad de hacer muchas cosas que las mujeres no, y yo, de la rabia, apenas pude responderle. Nadie le dijo nada, ni siquiera el profesor.

 

¿Qué hace ahí? ¿por qué una persona como esta va a ir a una clase de género? ¿de verdad quiere reflexionar sobre la igualdad cuando él oprime en su día a día? ¿será un chiste?

 

No, no es un chiste.

 

Entro a la clase la semana siguiente e intentamos ‘conversar’ acerca de anticonceptivos. Yo digo que el peso de la anticoncepción se debe dividir porque tanto los hombres como las mujeres son responsables de sus actos. La clase entera se me viene encima.

 

“Si te parece que los efectos de los anticonceptivos son negativos es porque no has tenido un buen consejo médico”, alguien me dice.

 

“No hay anticonceptivos para hombres porque los efectos secundarios son muy fuertes” me dice alguien más.

 

“¡Y claro que hay anticonceptivos para hombres! Se pueden hacer la vasectomía, pero pues la verdad es que eso sí es tema de mujeres.

"Ellas son las que conciben, ellas son las que deben responsabilizarse, nosotros, de hecho, les hacemos un favor a las mujeres al ponernos un condón…"

dice Gabriel.

 

Yo respondo con todo lo que sé del tema, pero siento que nadie me escucha, que es una pelea perdida.

 

La semana siguiente volvemos a hablar de si el sexo realmente define la identidad y los comportamientos de las personas. Gabriel dice:

 

“Ay, miren, cuando la gente se pone a hablar de estos temas, yo siempre les digo: ‘si ustedes realmente quisieran ganar plata, ¿en quién invertirían? ¿En Cristiano Ronaldo o en una vieja?’”

 

“Yo invertiría en Serena Williams”, le respondo. Algunos se ríen.

 

¿Será que estoy loca? ¿cómo puede ser posible que en LA clase de género de la universidad haya un tipo así y nadie lo pare? ¿Estará haciendo el oso solo? ¿Será que la gente está de acuerdo con él?

 

5 de octubre, 2018. Brett Kavanaugh es confirmado como juez de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Me siento sola: siento que estamos peleando las mismas cinco personas contra el mundo entero y que solo nos escuchamos entre nosotras para hacernos sentir bien de vez en cuando.

 

Entro a clase y, obviamente, surge el tema. Gregory empieza a hablar de lo que significa que el mundo entero y las instituciones estén diseñadas para no creerle a la víctima y Gabriel, por supuesto, dice:

 

“Pero es que hay que tener en cuenta que muchas mujeres mienten. Aquí tengo un estudio que confirma que el 40 % de las mujeres que denuncian casos de violación se los están inventando. ¿Ven? A las mujeres no hay que creerles.”

 

Suficiente. “Les pido a todas las personas que están en esta clase que se den cuenta de la gravedad de estas afirmaciones. Gabriel, di lo que quieras sobre tu supuesta superioridad en los deportes competitivos, di lo que quieras acerca de cómo nos deberíamos vestir o no, pero esto ya es inaceptable. Por cosas como estas es que casi el 80 % de las mujeres en Colombia no denuncian sus casos de violencia sexual, es por esto que a las mujeres les da miedo hablar en voz alta y contar que fueron agredidas, es por esto que se culpabiliza a las víctimas.”

 

Me volteo a mirarlo y me manda un pico.

 

Nadie le dice nada. La clase sigue y el único que vuelve a tocar el tema es otro hombre:

 

“No es por defender a Gabriel ni nada, pero pues yo creo que sí debemos tener en cuenta los falsos testimonios. Ese es un fenómeno real y pues no hay que dar por sentado que las víctimas están diciendo la verdad”

 

Salgo llorando de clase.

 

¿Qué va a pasar si nadie nunca le dice nada a este idiota? ¿qué va a pasar cuando él (o cualquier persona de la clase) salga del aula sintiendo que está ‘bien’ decir este tipo de cosas? ¿qué va a pasar cuando estos comentarios se transformen en acciones? ¿por qué nadie se da cuenta de que las palabras cortan, violentan, matan mujeres?

 

Ya se está acabando el semestre y nada ha cambiado.

 

La clase pasada llegué con la intención de escuchar de dónde venían estos comentarios y, honestamente, queriendo entender a Gabriel. Me hice en su mismo grupo de trabajo y, después de un rato, ‘explicándome’ su razonamiento, me dijo:

 

“Yo no soy homofóbico. A mí lo que me molesta es cuando son ‘locas’. Me dan ganas de decirles ‘¡sean hombres!’ Esos queers, esos drags queens, toda esa mierda… yo lo llamo mierda porque lo detesto.

 

Esos que se visten como mujeres, se ponen pelucas y se maquillan así muy paila… ese tipo de travestis que le gritan en la calle por marica: con eso es con lo que sí no estoy de acuerdo. Es que si a mí mi hijo me llega vestido con una peluca, maquillado como una vieja, con labial, con un top de mujer y una falda, lo echo de la casa. Te lo juro. Y no le vuelvo a hablar hasta que se vista como una persona normal.”

 

Y el discurso de odio seguía:

 

“Es que es por cosas como estas que ganó Bolsonaro en Brasil: la gente se estaba mamando de la izquierda, de la izquierda extremista liberal, los venezolanos se les estaban entrando y la gente se estaba mamando (…) y a mí me alegra que Bolsonaro haya ganado, me alegra que Duque sea el presidente y que Trump sea el de Estados Unidos.”

 

No me lo podía creer. Nadie dijo nada. Y cuando volvimos a tocar el tema de la homosexualidad, dijo:

 

“Perdona, pero es que si tu te das un beso con un hombre es porque te gusta. Por ejemplo, a mi el fin de semana pasado un gay intentó caerme ¿y sabes lo que hice? pues le pegué un puño, porque le tenía que mostrar que yo sí no quería eso.”

 

“¡Eres un homofóbico! ¿Y no te llamaron a la policía? Porque pegarle a alguien es ilegal, ¿sabes?”, alguien respondió.

 

“¡Ay! ¡Ahora la niña se alteró! ¡Ya no se le puede hablar!”. Unos machitos atrás se ríeron.

 

¿Cómo voy a poder ser tolerante con la intolerancia? Este es, supuestamente, un curso épsilon. El componente ético que plantea es el de escuchar respetuosamente las opiniones de los otros, pero realmente me pregunto:

si una persona piensa que todos los judíos deben ser exterminados porque son una “raza inferior”, ¿es una opinión respetable?

 

Si alguien piensa que los negros no son humanos, ¿es respetable?

 

Si alguien piensa que no hay que creerles a las mujeres cuando denuncian casos de violencia sexual, o que se debe ser violento con el  homosexual o con la “loca”, ¿es respetable?

 

No. Esto es violencia y no deberían tener cabida en la universidad: se está promoviendo la homofobia, el machismo y la xenofobia en un salón de clase. No es suficiente una respuesta de la clase para contrarrestar todo este odio. Debería haber una respuesta institucional contra la incitación a la violencia y la intolerancia.

"No, Gabriel, Bolsonaro no ganó en Brasil por la “izquierda extremista liberal”, sino porque existen machos como tú que tienen jodido al mundo, y todos tenemos que unirnos para impedir que esto siga pasando, para impedir que discursos de odio pasen desapercibidos bajo el lema de “todas las opiniones son respetables”."

Invito a todxs “esos” feministas a ser intolerantes con la intolerancia, a responder con fuerza; porque estos machos imbéciles no pueden seguir gobernando el mundo. 

 

* Amalia es antropóloga en proceso y feminista (de esas furibundas).

Esto me produce

  • Qué hueso
    32
  • Ojalá lo lean
    81
  • Para grabárselo
    28
  • AMO
    178
  • Uy, qué jevi
    75
  • Que la fuerza nos acompañe
    59
  • KK
    62
  • Johanna

    Amalia: de verdad qué horror… y creo que si bien Gabriel es un típico macho imbécil, el resto de tu clase deja mucho qué desear… ¡Empezando por el profesor!

  • Arnializ Braavos

    Que rabia me da, me enerva la sangre ese hombre, no lo conozco, pero le detesto, son personas con tan poca empatia, con un cerebro tan vacío y carente de pensamientos racionales que es imposible llegar con ellos a un acuerdo, o siquiera entablar una conversación. Por gente como él, tan irracional e irrespetuosa es que Colombia está como está.

  • Felipe villamil

    Qué mal que existan tipos como estos. Creo que la clase también está creada para encontrar personas como Amalia que tengan el valor de quejarse y que tomen la iniciativa para cambiar las cosas ¿Hablaste con el profesor al respecto? ¿Qué propondrías para que no se fomenten ni se reproduzcan esos discursos de odio en el aula de clase?

  • MARIA FERNANDA AGAMEZ NEGRETE

    Que valiente eres Amalia: en cada párrafo sentí irá y decepción al saber qué aún tenemos que convivir con este tipo de personas. Eres valiente porque con argumentos demostraste el errado camino por el que ha basado su pensamiento crítico.

    Definitivamente tú, eras YO en esa clase. Me reconforta tú representación feminista.

  • Sebastián

    Gracias por el testimonio Amalia, es muy valioso hablar sobre estas situaciones para que no sigan pasando como si nada. Creo que en este caso falla el profesor, él debería poder garantizar una discusión en donde quepan diferentes puntos de vista, pero sin permitir violencia ni discursos de odio. Con su silencio o indiferencia es cómplice de que el machismo y la homofobia sigan reproduciéndose en las aulas.

  • Bridgebuilder

    Mi admiración y una flor para Amalia… //Carlos Andrés

  • Angelica Cocoma

    Amalia muchas gracias por publicar esta historia. Personas como tú ayudan a desnaturalizar este tipo de violencias. Sí. Los comentarios misóginos, transfóbicos y homofóbicos entre otros son mensajes de odio. Son mensajes que de ninguna manera deberías tener que soportar. Ojalá que la Universidad de los Andes se tome estos mensajes en serio e investiguen si esta persona no ha agredido a estudiantes gays, trans o a mujeres dentro de la universidad. Somos muchas las personas que te apoyamos y te admiramos profundamente. Cuando luchas por una persona luchas por todas. No te conozco, pero te mando un abrazo feminista muy fuerte.

  • Natalia Palacio

    Me siento tal cual como tu Amalia, más veces de las que me gustaría admitir, en muchas clases y espacios en los que se supone no debería pasar. Y me considero feminista, pero muchas veces me rindo, lo dejo pasar porque ya mil veces he perdido mi tiempo o peor me he sentido humillada por expresar lo que pienso. Con un juicio de valor pueden tumbar todo un argumento, y a eso juegan. Te admiro por no permitir que este man te aplacara, porque conmigo muchas veces lo han hecho. Vere esto como una señal para no seguir permitiendolo.

  • https://www.facebook.com/app_scoped_user_id/YXNpZADpBWEVnQ1BGWG12MXVpNnBBdHlDWkV6Sm1hYm5ZAeTlra1dURjVzeWl3WXJDZAElLR0txZA3lOR0Q0RlJCWThuaWlKZATlENWoxYy1XV1dPUlE1YXBhUkpMclJhY1ZAoQ1VVeHF6cTdL Juan Felipe Mejia

    Espero no quedar como abogado del diablo aquí, honestamente creo que por la forma en la que el tipo se expresa si es un completo idiota, pero aunque no estoy de acuerdo con cosas como sus comentarios homofóbicos, denigrantes y violentos hay ciertas cosas con las que si estoy de acuerdo. Creo que ya es hora de cambiar el discurso de la “igualdad de genero” porque lo considero incorrecto. Sí, hombres y mujeres debemos tener acceso a los mismos derechos, deberes y oportunidades pero no por eso somos iguales, biologicamente claramente somos distintos y nuestros cuerpos están dispuestos para cumplir funciones diferentes; en algunos casos esto favorece a las mujeres, en algunos otros a los hombres. Ahora ¿Esto significa que algún genero deba estar por encima del otro? Definitivamente no, pero ignorar estas diferencias y sentirte ofendida cuando alguien lo trae a colación no creo que sea lo correcto, a nivel hormonal muchos de nuestros comportamientos si están dictados por el sexo.

    Segundo, y espero que por esto no me venga todo el mundo encima, pero el tema de los falsos testimonios es algo real y tal como lo hizo tu compañero se puede comprobar con estadísticas. ¿Se debe llegar a decir que no se les puede creer a las mujeres en ningún caso cuando denuncian violación? Definitivamente no, la violación es un delito horrible y siempre se debe tomar con la seriedad que corresponde, pero ¿También se debe llegar a asumir que cualquier persona acusada de violación es inmediatamente culpable? Creo que tampoco es el camino que se debe tomar. Ambas versiones deben ser igual de escuchadas en orden de que haya un sistema justo en este tipo de casos. Asumir que “El acusado es culpable hasta que se demuestre lo contrario” es un camino demasiado peligroso que tomar. Ser acusado, judiciallizado y sentenciado por una falsa violación es tan grave como ser victima de violación y a veces en su discurso de creerle a la victima se olvidan de escuchar al acusado cuya versión es igual de valida.

    • Julie

      Estoy de acuerdo contigo, mi novio es de esos hombres que habria hecho exactamente el mismo comentario en la clase acerca de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, pero si con eso fuera suficiente para que la autora lo tachara de machista, se estaría equivocando. Él no odia a los gays ni travestís, no votó por duque y odia a bolsonaro y trump y es el hombre menos celoso y posesivo con el que he estado. Simplemente hay cosas que no se pueden negar, con un examen de sangre basta para saber que hay diferencias entre hombres y mujeres y esto no es “un discurso de odio”. En cuanto a lo de las violaciones falsas también ocurre, aunque es poco común y no creo que sea el 40%, pero como mujer se que hay mujeres así de dañinas y son capaces de dañar la vida de un hombre así que como ellos son capaces de dañar la nuestra. No es tema de género, es de comportamiento humano y nuestra capacidad de hacerle mal a los demás.

  • Alguien

    Estoy de acuerdo con Juan Felipe, Amalia. Te voy a exponer mi situación personal para que no vayas a pensar que soy una mujer que apoya a los hombres maltratadores, homofóbicos o xenofóbicos. Mi papá tuvo una educación militar y es de orígenes de Santander, de entrada te darás cuenta que su visión en la vida tiende a ser patriarcal y machista. En mi infancia tuve que presenciar casos de violencia sicologica y fisica interfamiliarmente hablando. En muchas ocasiones por decisión personal, no acudí a ninguna fuente de auxilio o red de apoyo porque como dices, en efecto me sentía insegura de hacerlo por falta de conocimiento y temor de perder a mi papá. Soy consciente en este momento, que nadie debió haber permitido eso para mi mamá, ni para mí, pero fue la realidad de mi vida y he tenido que lidiar sicología y emocionalmente con muchas inseguridades a causa de esto.

    Yo considero que podría quedarme toda la vida a la defensa de nuestros derechos, escribir como tú sobre hombres que nos oprimen y son ignorantes sobre su trato hacia el género femenino. Sin embargo, he aprendido que la mejor ‘píldora’ que hay para aquellas que hemos realmente pasado por esto, es la reconciliación con las perdidas sicologicas y emocionales – afectivas. Es admitir que fue injusto vivir eso, pero que podemos ser actoras en nuestro estado de víctimas y perdonar para salir adelante con la esperanza de que tenemos un futuro mejor (así no lo parezca).

    En la vida te encuentras con lo malo, y con lo bueno también. Me atrevo a decir que el pensamiento feminista debe partir por aquellas que han perdonando a sus victimarios y han decidido empezar un enfrentamiento no contra las personas, pero si contra sus malas acciones. El feminismo no tiene sentido si lo expones como un medio para negar la realidad biológica de nuestros cuerpos, y mucho menos si lo expones para discutir sobre la homofobia.

    Hay tres niveles que se entremezclan para quienes están iniciando en este tema. El primero, las inclinaciones sexuales son decisiones que toman las personas a partir de contextos sociales en los que están inmersos. Nadie nace homosexual, es una decisión que parte de tu capacidad de voluntad. El segundo nivel es la realidad científica sobre la identidad de género, sobre los que hay muchos casos específicos que personas nacen con alteraciones hormonales y se inician estudios sobre la inclusión social y tratamiento sicológico de estas personas. El tercer nivel, que es aquel que si se entreteje con el feminismo y es la adquisición de voz para las desigualdades femeninas frente a una sociedad discriminante casi que construida históricamente por hombres.

    En la vida, hay que aceptar la historia porque esto es lo que construye la memoria, Amalia, por efecto, los cambios. Las personas no cambian por una lucha feminista de violencia que ataca a los hombres o les hace creer que podemos más que ellos mediante discursos que solo demuestran nuestra falta de confianza y de madurez frente al tema.

    Los verdaderos cambios se hacen a partir del ejemplo, a partir del hacer y muchas veces del hacer en silencio pero con determinación y en unión con personas que actúen caminando hacia una meta de igualdad, respeto tolerancia, inclusión y amor hacia los demás. El feminismo no es hacer valer tus derechos e irte sobre las personas que no piensan como tú. Muchas personas no han pasado por lo que tú si, como así tú tampoco sabes qué está sucediendo en la casa de Gabriel. Es muy probable que en su casa esté viviendo eso, es probable que alguien le haya enseñado eso por el ejemplo que le han dado.

    Espero que entiendas que es un tema de educación para las mujeres y los hombres. Han pasado muchos años en el que los hombres se han reconocido mundialmente en sus profesiones y demás ámbitos, pero ahora que hemos visto nuestro potencial es momento de que busques un espacio para ayudar a otras mujeres, a hacerlo ayudándolas a conocer su valor y posibilidades. Más adelante vendrá la recompensa en la que los hombres valoren nuestra valentía de superación social; o no, pero por lo menos ayudaste a otras personas y no te concentraste en criticar.

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