La historia importa en tiempos de crisis

Historiadores de distintas universidades participan activamente de las movilizaciones y los distintos ejercicios de ciudadanía activa en tiempos de paro. Entender el pasado espeso de las demandas del presente es preciso para el futuro.

Sandra Sánchez López

Historiadora y analista de medios, profesora del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER) de la Universidad de los Andes, especialista en las relaciones entre los medios de comunicación, el periodismo y algunas categorías de poder, especialmente género y clase, desde una perspectiva histórica.

14.12.2019

Su mirada está dirigida al pasado. Su material de trabajo está en los archivos, esos repositorios de soporte documental sobre otros tiempos. Qué, quiénes, cómo y por qué sucedió y dónde configuran el repertorio básico para su narrativa del ayer. Y, sin embargo, a los historiadores les importa el presente y el futuro. Es precisamente por eso que observan sin remedio el pasado, con la convicción de un creyente acérrimo en la necesidad de desentrañar las causas y trayectorias de lo que vivimos hoy como sociedad, si queremos construir democracia ahora y en lo que viene.

Durante las últimas tres semanas, cuando el país ha estado sumergido en las manifestaciones y demostraciones de descontento que el paro del 21 de noviembre inauguró, historiadores de diferentes instituciones en Bogotá han reaccionado a favor de las exigencias de quienes se han movilizado. Con ello, han reactivado su compromiso de hablar más allá de la academia y de hacer públicas sus preguntas y visiones sobre Colombia de cara a la coyuntura. “Lo que está sucediendo es una respuesta a la amenaza bajo la que están muchos de los logros del pasado, que con luchas largas y difíciles se obtuvieron”, dijo Paolo Vignolo, profesor del Departamento de Historia de la Universidad Nacional. “Estamos en un momento en el que tenemos un mínimo común, hay un tejido construido, que antes era impensable tener; dimos pasos adelante y no vamos a dejar que eso se eche para atrás”, comentó.

Este compromiso de los historiadores no es inédito. Por ejemplo, en octubre de 2016, el resultado del Plebiscito precipitó también sus acciones más allá de los salones de clase y las publicaciones de revistas indexadas, y renovó así sus votos con la Historia Pública, una rama de la Historia que pretende la articulación de la investigación con el contexto presente, real, de la sociedad y la política. Aunque esta Historia Pública es el patito feo de la disciplina y por lo mismo significa pocos si no nada de puntos ni de prestigio en el quehacer de los historiadores, los que están activos desde el Plebiscito y por lo mismo hoy en las protestas defienden a capa y espada uno de sus principios: salir a la calle, interactuar con lo ciudadanos, para construir colectivamente la función de la historia como memoria e identidad para todos. “A pesar de que el sistema de medición del trabajo de los historiadores ignora casi por completo su labor en lo público, es a través de esto con lo que más hacemos país”, aseguró Constanza Castro, profesora del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes. 

Los proyectos de trabajo público liderados por historiadores como “Clase a la calle”, “Historia entre todos” e “Historias al aire” recobran pertinencia y retoman fuerza en estos días, de la misma manera en que lo hicieron antes, respondiendo a los resultados del Plebiscito 2016 que dejaron truncadas las expectativas de quienes esperaban la refrendación electoral de la paz. “Clase a la calle”, una apuesta interinstitucional, en cabeza de Ana María Otero Cleves, profesora del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes, busca reaccionar rápidamente frente a la coyuntura y contextualizar desde diversas disciplinas de las humanidades y de las ciencias sociales el debate que se da en redes sociales y otros medios de divulgación; se hace con la colaboración de profesores de distintas universidades que disponen sus cátedras en plazas y parques y convoca al debate horizontal, con la participación de ciudadanos que se suman sin ningún requisito a las sesiones y encuentros en el espacio público.

A pesar de que el sistema de medición del trabajo de los historiadores ignora casi por completo su labor en lo público, es a través de esto con lo que más hacemos país

También interinstitucional, “Historia entre todos” es un proyecto liderado por Constanza Castro. Inició como plan de la Red de Bibliotecas del Distrito, pero ya ha viajado fuera de la capital para poner a prueba en algunas zonas veredales de transición una pedagogía para la paz desde la historia; a través de talleres que se diseñan desde enero de 2017, este proyecto incentiva un proceso de apropiación del pasado por parte de diferentes comunidades para pensarse a sí mismas históricamente y fomentar acciones en el presente. “Historias al aire” es un programa de podcast creado por Catalina Muñoz, también profesora del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes, cuyo objetivo es la activación de la participación política desde múltiples orillas y alrededor de la historia y la memoria; la creación de piezas sonoras se hace con la intención de circular ampliamente un conocimiento que se reconstruye de manera colectiva entre académicos, maestros de escuelas normales y estudiantes de todos los niveles. Aquí pasado, presente y futuro van de la mano.

Así como estos proyectos, los historiadores también han organizado disciplinadamente ejercicios puntuales de expresión de descontento en el marco del paro y las protestas subsiguientes. Replicando demostraciones que ya habían visto la luz –por ejemplo en 2008, en la era presidencial de Uribe–, miembros de Chispa, Colectivos de Historia Pública y Abierta, convocaron a una discusión en uno de los ya emblemáticos espacios de estas jornadas, el Parque de los Hippies, el pasado 6 de diciembre. El llamado se hizo para relegitimar la importancia de la protesta como recurso históricamente ineludible para el cambio y para garantizar una sociedad mas justa.

La reunión tuvo lugar el día en que se cumplían los 91 años de la Masacre de las Bananeras. “Hay por lo menos 91 años de razones para el paro; son décadas de esperanzas frustradas y de metas inalcanzadas las que nos reúnen acá”, afirmó Francisco Ortega, profesor del Departamento de Historia de la Universidad Nacional. Insistió también en que la historia es “densa” y que conocerla, volver sobre ésta y comprenderla es central en momentos de crisis porque “construimos presente sobre la base del pasado, sobre lo que pudo haber sido y aún no se ha cumplido y sobre aquello que entonces podemos actualizar en las protestas y las exigencias que hacemos ahora”. Para Nicolás Pernet, historiador de la Universidad Nacional, “aunque hoy como en 1928 se trate la movilización como un problema de orden público, sin que se atiendan directamente las peticiones, las manifestaciones organizadas sí surten efecto; insistir es importante, así como lo fue en el pasado cuando las protestas de 1918 llevaron a las de 1924 y a las de 1928, generando cambios”.

Por qué las instituciones llamadas a la historia y a la memoria están siendo manejadas de manera poco transparente, desvirtuándose y negándose el pasado

La convocatoria de Chispa del pasado 6 de este mes también puso de relieve un tema ampliamente discutido, pero que sigue sin resolverse para muchos de manera satisfactoria por parte del Gobierno del actual presidente, Iván Duque Márquez. “¿Por qué hay un gobierno que pone en los cargos directivos de las bibliotecas, los archivos, los museos y otras instituciones claves para la construcción del pasado a funcionarios que niegan la historia y la memoria?, cuestionó Amada Carolina Pérez, profesora del Departamento de Historia de la Universidad Javeriana. “¿Por qué hay un gobierno que fomenta con esto la política del olvido? ¿Cuáles son sus intereses? El paro también nos sirve para pensar sobre esto”, subrayó como parte de las críticas directas a Duque.

En esa misma línea, Sebastián Vargas, profesor de Historia de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, aseguró que la movilización de los historiadores también cumple con la función de seguir reclamando “por qué las instituciones llamadas a la historia y a la memoria están siendo manejadas de manera poco transparente, desvirtuándose y negándose el pasado”. Vargas se refería explícitamente al caso de Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH. “Acevedo es un negacionista, y está minando el trabajo de otros de años, con el fin de borrarlo del todo”, anotó. Para Vargas, es una obligación de los historiadores sumar a la agenda de reclamos de estos días el tema de la memoria. “Si no hacemos algo frente a esto, perderemos las bases para el presente y el futuro”, dijo.

Cinco aportes de la mirada histórica en la coyuntura:

Ofrece puntos de referencia concreta –por ejemplo las Bananeras– y paralelos para evaluar el presente, investigados desde el archivo y la interpretación rigurosa.

Pone de manifiesto que las demandas de hoy son el resultado de procesos de larga duración y de estructuras que reclaman ser consideradas a profundidad, antes de que se lancen soluciones inmediatistas.

Muestra que los actores del pasado ganaron espacios de participación a través de estrategias de ampliación de esos mismos espacios políticos antes contraídos y que hoy se dan por sentados. Así, concientiza sobre cómo los derechos de hoy, son derechos ganados a pulso en el pasado.

Forja un criterio para plantear soluciones, como lo anota Pérez, “no desde el recuerdo nostálgico, sino movilizador, para retomar caminos que se reconocen, pero que antes quedaron sin explorar”.

Hace responsables a los ciudadanos mismos de su acción como sujetos históricos desde el presente: les recuerda cómo lo que hacen hoy, tendrá repercusiones futuras, así como las tienen las acciones de los actores del pasado.

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