Impresiones de Claveles Rojos

El lugar: la galería Valenzuela Klenner, la exposición: Claveles rojos: relatos de un conflicto, las sensaciones: indignación, conformismo, tristeza, indiferencia, espectáculo, impotencia, patriotismo y odio. Baudelaire, cuando todavía los periódicos no estaban acompañados de imágenes escribió: “Es imposible echar una ojeada a cualquier periódico, no importa de que día, mes o año, y no encontrar […]

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María Paula Martínez

14.10.2011

El lugar: la galería Valenzuela Klenner, la exposición: Claveles rojos: relatos de un conflicto, las sensaciones: indignación, conformismo, tristeza, indiferencia, espectáculo, impotencia, patriotismo y odio.

Baudelaire, cuando todavía los periódicos no estaban acompañados de imágenes escribió:

“Es imposible echar una ojeada a cualquier periódico, no importa de que día, mes o año, y no encontrar en cada línea huellas más terribles de la perversidad humana… Todos los periódicos, de la primera línea a la última línea, no son más que una sarta de horrores. Guerras, crímenes, hurtos, lascivas, torturas; hechos malévolos de los príncipes, de las naciones, de los individuos: una orgía de la atrocidad universal. Y con ese aperitivo repugnante el hombre civilizado riega su comida matutina.”

El poeta maldito describió el desayuno de todos los colombianos, la cena, el entredía, las medias nueves y las onces. Por todos lados y a todas horas estamos ultrasaturados de imágenes que adormecen nuestra capacidad de compasión y alimentan la indiferencia.

Ver imágenes de conflicto es siempre una ejercicio de sensibilidad. Recordar que lo último que se puede perder es la capacidad de asombro. Que como espectadores tenemos una responsabilidad frente a la imagen. Vivimos, como dice Susan Sontag, en la sociedad del espectáculo, somos ciudadanos modernos que convertimos la guerra en entretenimiento, “consumidores de la violencia como espectáculo, los adeptos a la proximidad sin riesgos, que han sido instruidos para ser cínicos respecto a la posibilidad de la sinceridad”.

El trabajo de Stephen Ferry es una píldora contra la seducción de la guerra. Un antídoto que nos sana la capacidad de reflexión de nuestra historia bélica. Del lazo tan colombiano que existe entre la fiesta y la muerte. La delgada línea que separa lo legal de lo ilegal.

Libro recomendado: Violentología, Stephen Ferry (por salir en el 2012) y Ante el dolor de los demás  de Susan Sontag.


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